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¿Por qué Europa teme a Zakharchenko?

zakhPor Nahia Sanzo

La exagerada reacción de la Unión Europea ante las elecciones celebradas el pasado domingo en las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk han dejado en evidencia, una vez más, la incapacidad de la Unión para mostrar una política, interior y exterior, coherente con los valores que dice son su base. Más centrada en asegurar el suministro de gas para los meses de invierno, algo que, en el caso del tránsito a Europa, nunca ha estado en duda, la Unión Europea ha dado vía libre al Gobierno ucraniano para llevar a cabo una llamada operación antiterrorista que, según las estimaciones de Naciones Unidas, ha costado la vida a más de 4.000 personas y ha convertido a alrededor un millón de personas en desplazados internos o en refugiados en la vecina, y supuesta agresora, Rusia.

Europa, empeñada en imponer el plan Ahtisari en alguna parte, se levanta y protesta ante la convocatoria de elecciones en los territorios controlados por los “rebeldes pro-rusos” aduciendo que son contrarias al protocolo de Minsk no por su fondo sino por su forma. La legitimación de la idea de las repúblicas populares, no solo por los resultados de dichas eleccioens, sino por las muestras de apoyo popular que implica la participación, han causado miedo en Kiev y en Bruselas. Ni la Unión Europea ni el Gobierno ucraniano han ido más allá de argumentar que las elecciones debían celebrarse el 7 de diciembre tal y como dice la ley adoptada por la Rada ucraniana sin negociación o acuerdo alguno con los representantes de las regiones a las que afecta. Ucrania buscaría así, según ha denunciado la cancillería rusa, alargar el proceso para que los problemas de la región pasaran factura a los candidatos en forma de una baja participación, que se utilizaría para deslegitimar las elecciones.

Provocar divisiones internas en las repúblicas populares y forzar a Rusia a rechazar a los líderes de estas ha sido parte del alto el fuego desde el momento de la firma del Protocolo de Minsk, que en la práctica hacía a Ucrania admitir que no había sido capaz de lograr una victoria militar, pero que daba al Gobierno de Poroshenko una ventaja en el aspecto político. Contra todo pronóstico, y posiblemente bajo presión rusa, Zakharchenko y Plotnitsky aceptaban otorgar al Gobierno ucraniano el poder para dictar las leyes que habían de marcar el desarrollo del proceso de paz y negociación, ese que en realidad nunca ha comenzado. Ucrania, que se veía obligada a una descentralización mínima, aceptaba ver a “rebeldes pro-rusos” en las alcaldías de las ciudades, pero de ninguna manera iba a aceptar que esto se tradujera en un mayor poder que se asemejara a un Estado o incluso a una autonomía.

El alto el fuego no ha acabado de forma oficial, pero tras los ataques continuos en los alrededores de Donetsk en las últimas horas, que han costado la vida a dos adolescentes cuyo único crimen era jugar al fútbol en los campos de un colegio, es difícil argumentar que la tregua continúe. Y en este tiempo, Ucrania no ha logrado gran parte de los objetivos que buscaba con su firma en Minsk. Puede que su ejército se haya reforzado, sus movimientos en las últimas horas hace pensar que pronto podrán demostrarlo, pero los objetivos políticos implícitos en la firma ucraniana de los acuerdos no se han cumplido. Poroshenko disolvió la Rada con la idea de que una gran victoria electoral le otorgaría una legislatura cómoda y sin oposición, pero el gran resultado de Yatseniuk le ha condenado a una convivencia con quien se perfila como su gran rival a medio plazo. La posición de poder de Yatseniuk, líder del Gobierno con el que se inició la guerra y con una posición más radical en todo lo que se refiere a la búsqueda de acuerdos, puede complicar aún más la ya difícil situación política.

Más allá de las dificultades de Gobierno que pueda suponer el resultado electoral en Ucrania, los datos de participación son aún más preocupantes, especialmente cuando se comparan con el aparente entusiasmo con el que la población de Donbass acudió a las urnas con el único objetivo de legitimar a los gobiernos de las repúblicas populares. Mientras los datos de participación en las regiones del este y el sudeste, especialmente el Donbass bajo control ucraniano, muestran a una Ucrania dividida, los resultados, y especialmente las imágenes de largas colas para votar en Donetsk y en Lugansk muestran lo contrario, algo con lo que no contaba ni Ucrania ni sus socios occidentales, que contaban con que el débil aparato político de las repúblicas populares se colapsara en luchas internas. Incluso aunque se cumpliera la ley con la que la Rada había de otorgar un status especial a Donbass para los próximos tres años, Ucrania contaba con que la incapacidad de los rebeldes para gobernar sus ciudades hiciera mella en la población, que finalmente olvidaría los bombardeos, las humillaciones y los insultos. Casi dos décadas después de la guerra, Abjasia, cuya guerra puede considerarse un caso comparable, aún no ha olvidado los bombardeos del ejército georgiano. Las heridas siguen siendo visibles, tanto en la población como en las fachadas de muchos edificios en los que ha quedado la huella de la artillería. No hay nada que hiciera pensar que la población de Donbass fuera a olvidar esta guerra en los tres años que debía durar el autogobierno municipal. Hay demasiadas evidencias de los crímenes del ejército ucraniano para culpar de todo ello a los rebeldes.

Tras las elecciones, Rusia considera legitimado el poder de Zakharchenko y Plotnitsky, aunque esto no suponga reconocimiento de las regiones como Estado. Pero este reconocimiento, unido a otros hechos como que Rusia apenas se moleste ya en esperar que Ucrania colabore en la entrega de ayuda humanitaria, han causado cierto pánico en Kiev, que ha respondido a su estilo. Por una parte, Yatseniuk afirmaba la disposición del Gobierno a comprar carbón de Donbass en lugar de sustituirlo por importaciones. Se afirmaba también que Kiev no cortaría el suministro de gas o de electricidad a la zona, aunque no lo haría gratis. Kiev se plantearía reducir el coste de las partidas sociales de la zona una vez recuperado el control sobre ella. Kiev suspende también todo pago de beneficios sociales a las zonas controladas por quienes llama «terroristas», dejando la duda de si considera también terroristas por asociación a las miles de personas que les han votado. Kiev sigue intentando, sin éxito por el momento, que la población rechace la idea que representan Zakharchenko y Plotnitsky. Y a la vez, el Gobierno instala puestos de control de pasaportes que se asemejan peligrosamente a puestos fronterizos, lo que hace pensar que incluso Kiev ve ya lo inevitable de la situación.

El reconocimiento ruso de las elecciones del 2 de noviembre preocupa a Ucrania y a sus socios europeos porque supone un cambio sustancial. Mientras que hasta ahora podrían afirmar que Zakharchenko y Plotnitsky carecían de la legitimidad necesaria para convertirse en parte de la negociación, esta postura es más complicada ahora. Perdida cierta iniciativa política en este proceso, y sin expectativas de poder derrotar por lo político a unas repúblicas populares que se han mantenido más firmes de lo esperado en este aspecto, Ucrania vuelve a valorar la solución militar.

Ante el temor de tener que aceptar a esos que siguen llamando terroristas como interlocutores, Poroshenko y Yatseniuk vuelven a exigir que las negociaciones vuelvan al formato de Ginebra, incluyendo a Estados Unidos y la Unión Europea y excluyendo, otra vez, a los representantes de la zona en disputa. Si Ucrania aceptó el proceso de Minsk, en el que aceptaba negociar con Rusia como iguales, esperando que fuera el Kremlin el que presionara a las repúblicas populares a aceptar los términos del acuerdo, el fracaso de este proceso hace a Ucrania volver a necesitar la proteción de sus socios occidentales a la hora de volver a exigir nuevas condiciones a Moscú. Con esta idea, Ucrania muestra cuál es en realidad el temor de los países occidentales a Zakharchenko o a Plotnitsky. Zakharchenko, un electricista vestido de militar, ha conseguido, con su ejército improvisado, poner en evidencia al ejército de un país de más de 40 millones de habitantes, sino que ha puesto de manifiesto, no solo la debilidad política y militar de Ucrania, sino también la debilidad política de la Unión Europea, que ha sido incapaz de aportar soluciones para el conflicto una vez que la presión, amenazas y sanciones a Rusia han demostrado ser un fracaso.

Comentarios

2 comentarios en “¿Por qué Europa teme a Zakharchenko?

  1. De Nuevo un excelente trabajo de Nahia Sanzio. Ahora espero siempre tus contribuciones con mucho interés. Gracias por el trabajo bien hecho, que refiriéndose a lo que ocurre en Ucrania-Rusia es poco frecuente encontrar en los medios españoles, o en el resto de los medios dominantes en Euro-Atlántida… Como decíamos en mis tiempos de estudiante, todos ellos están vendidos al Capital, son la Voz de su Amo, servidores del Ciudadano Kane de turno (i.e. Nicholas Breuggen, del ECFR). Saludos, de Andrés Barrera.

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    Publicado por spartacus3011 | 07/11/2014, 11:44

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  1. Pingback: ¿Por qué Europa teme a Zakharchenko? | Lejos del tiempo - 07/11/2014

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