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«Tres pilares» de la estrategia de seguridad

Con la seguridad de quien se cree capaz de lograr todo lo que se propone, Volodymyr Zelensky sigue planificando el día después de un alto el fuego que ni llega ni está negociándose actualmente. Como afirmó hace semanas Dmitry Peskov, aunque los contactos continúan a nivel bilateral, las negociaciones trilaterales Estados Unidos-Rusia-Ucrania se encuentran detenidas. No hay pese a la afirmación de ayer de Donald Trump durante su conversación con Vladimir Putin, ningún indicio de que el acuerdo esté más cerca. El bloqueo es palpable desde hace meses, ya que Washington ha optado por una propuesta de resolución de garantías de seguridad a cambio de territorio, una idea rechazada por Ucrania, que aspira a unas mejores condiciones por parte de sus aliados extranjeros. La guerra de Estados Unidos contra Irán ha atraído toda la atención de Donald Trump y su equipo negociador -Steve Witkoff y Jared Kushner-, por lo que toda la presión que la Casa Blanca infligía sobre Zelensky en busca de ese compromiso ha desaparecido. La forma en la que Washington optó por lanzar una nueva guerra en Oriente Medio, la segunda en menos de un año contra Irán, ha supuesto también una reacción europea que ha molestado al presidente de Estados Unidos, lo que ha vuelto a reabrir el conflicto interno que Mark Rutte creía haber cerrado tras el acuerdo sobre Groenlandia.

Pese a que sus objetivos son similares, acabar con la República Islámica de Irán, los países europeos se han desmarcado de la forma con la que Donald Trump y Benjamín Netanyahu han atacado el país persa en busca del deseado cambio o colapso del régimen. Salvo contadas excepciones como España, que se ha limitado al ni-ni de ni con Trump ni con el ayatolá, los países europeos no han condenado la guerra como flagrantemente contraria al derecho internacional, una agresión externa sin que mediara provocación previa y en medio de una negociación en la que era posible lograr un acuerdo. Es más, los países europeos condenaron la respuesta iraní sin necesidad de hacer lo propio con el ataque inicial, han aumentado el nivel de sanciones contra Irán y exigen la reapertura de Ormuz y concesiones duras en lo referido al programa nuclear iraní sin siquiera recordar que fue Estados Unidos quien rompió unilateralmente el acuerdo nuclear alcanzado en 2015 y que el estrecho está cerrado única y exclusivamente como represalia al ataque estadounidense. Y, sin embargo, Donald Trump sigue cargando contra los países europeos de la OTAN que, en su distorsionada imagen de una guerra innecesaria provocada por su deseo de destruir militarmente a un enemigo, se ha visto abandonado por sus aliados, los mismos a los que habitualmente trata como vasallos.

La guerra ha dado a Ucrania un protagonismo mediático muy por encima de la importancia militar que han adquirido los interceptores que Kiev ha vendido a los países del Golfo, pero ha provocado también una serie de incertidumbres entre las que destaca la fractura de la OTAN y la posibilidad de que Donald Trump pudiera anunciar medidas para vaciar de contenido a la Alianza. Pese a los rumores que han circulado en varios momentos, el presidente de Estados Unidos no puede anunciar el abandono de la Alianza, ni ordenarla por decreto o por medio de un post en Truth Social, sino que precisaría de una votación en el Congreso que no está en condiciones de celebrar. En realidad, incluso pese a haber proclamado que Europa ya no es una prioridad para Estados Unidos, Washington no va a renunciar ni a la OTAN ni a sus bases en el continente, necesarias a la hora de preparar aventuras imperiales como la actual guerra. Weisbaden, base desde la que se preparó la contraofensiva ucraniana de 2023, por ejemplo, es una de las bases desde las que se ha realizado el despliegue militar para el ataque contra Irán.

Sin embargo, Washington tiene la capacidad de no renunciar ni a la OTAN ni a las bases y, a la vez, introducir medidas de castigo contra esos aliados europeos a los que reprocha no haberse unido a su guerra de agresión. Muchas de ellas, como reducir la venta de armas, priorizar su entrega a otros aliados o retirar la posibilidad de apoyo a la célebre misión armada europea con la que Starmer, Merz y Macron quieren conseguir una presencia militar de la OTAN en la frontera rusoucraniana después de la guerra y que depende enteramente de que Washington aporte la cobertura aérea, están directamente relacionadas con la guerra de Ucrania.

Las dudas sobre el estatus de la OTAN y, ante todo, sobre el papel de Estados Unidos en la Alianza ha obligado a Zelensky a recalibrar su postura en relación con el aspecto más importante de lo que Ucrania espera conseguir con el proceso diplomático para terminar la guerra: las garantías de seguridad. Durante años, Kiev ha insistido en la participación de Estados Unidos, ya que, sin la presencia directa de Washington, ninguna garantía de seguridad era suficiente. Rusia, insistía el presidente ucraniano, solo teme a Estados Unidos. Sin embargo, la coyuntura política ha cambiado y Zelensky es consciente de que depende económica y militarmente de los países europeos, cuyo vínculo con Estados Unidos es algo más frágil de lo que se presumía. De ahí que el discurso tenga que adaptarse a las circunstancias y las exigencias de garantías de seguridad hayan aumentado en los últimos meses.

El aumento de las demandas es anterior a la guerra contra Irán y se remonta a los primeros meses de este año, cuando se anunció que había ya un acuerdo de garantías de seguridad entre Estados Unidos y Ucrania. Cualquier acuerdo, incluso aquel que aún no se ha firmado, es susceptible de ser manipulado. Ucrania no solo ha exigido su firma inmediata, sino que demanda también dar pasos para dejar claro que es vinculante. Para ello, Zelensky exige que sea ratificado por el Congreso, no solo firmado por Donald Trump. Ucrania insiste también en que los términos implican que, en caso de ataque, Estados Unidos estaría obligado a intervenir en defensa de Kiev, algo que Washington interpreta como suministro de asistencia, no necesariamente la participación directa que espera Zelensky. Pero incluso esas garantías de seguridad que Trump, al contrario que Biden en 2022, está dispuesto a ofrecer a Ucrania son insuficientes ante la nueva realidad de la relación de Estados Unidos con sus aliados europeos.

Aunque pasaron desapercibidas al producirse en los momentos más duros de la guerra contra Irán y el sur del Líbano, unas recientes declaraciones de Zelensky planteaban las exigencias de Ucrania en materia de seguridad. En declaraciones a TSN, el presidente ucraniano planteó una estrategia de seguridad basada en “tres pilares”. “En primer lugar, es fundamental que Ucrania comprenda exactamente cuál será la respuesta de los socios —y con qué rapidez se activará— en caso de que se repita la agresión por parte de los rusos. Hemos acordado que nuestra parte propondrá una visión y que los socios responderán a ese borrador. Es crucial no dejar margen para puntos débiles ni errores”, afirmó para describir el primer pilar, una repetición de lo que Ucrania exige a Estados Unidos, un compromiso claro de intervención en caso de nueva guerra.

“Queremos ampliar nuestro arsenal con los sistemas de defensa aérea que actualmente vemos funcionar con eficacia en Oriente Medio y el Golfo, sistemas de los que antes carecíamos. Si hablamos de garantías de seguridad sólidas, eso significa que necesitamos estos sistemas en cantidades suficientes”, añadió para describir el segundo pilar, directamente relacionado con el tercero, la financiación. Traducido a términos materiales, la declaración de Zelensky implica exigir a sus aliados financiación para mantener la producción de los interceptores de fabricación propia y, sobre todo, más munición para los sistemas Patriot, con los que los países de Oriente Medio han tratado de derribar los misiles iraníes y que han utilizado en enormes cantidades, provocando cierta envidia por parte de Ucrania, que nunca ha dispuesto de tal volumen de munición.

El plan de Zelensky pasa por obtener el compromiso de intervención directa de sus aliados en caso de agresión rusa, financiación perpetua al ejército ucraniano en su labor de militarización del país y suministro de aún más armamento. Y, sin embargo, ni siquiera eso es suficiente. “No creo que los rusos vayan a renunciar jamás a su deseo de volver”, alegó el presidente ucraniano, que añadió una última idea. “Pero creo que si se establece una base militar estadounidense —o una base conjunta entre Estados Unidos y Europa— en Ucrania, nuestros riesgos serán mucho menores”, añadió volviendo a una idea que ya planteó en 2021, ofrecer al Reino Unido instalar bases militares en Ucrania, y que fue interpretado por la Federación Rusa como la amenaza de introducir tropas de la OTAN en sus fronteras. Han pasado cuatro años, una guerra atroz en la que han muerto centenares de miles de personas y la solución que encuentra Zelensky es, otra vez, algo que provocó que la tensión política se convirtiera en militar.

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