Para los pueblos, la guerra es miseria, sangre, emigración, pérdida de seres queridos y miedo a ser reclutados, generalmente los hombres, especialmente aquellos en edad militar. En el caso de Ucrania, la movilización general con la que el Gobierno reaccionó a la invasión rusa de febrero de 2022 implica la prohibición de salida del país a hombres en edad militar, con la excepción de los más jóvenes, a quienes Zelensky ha tratado de ganarse en los últimos meses flexibilizando ligeramente esa medida. El discurso de unidad de la nación y de defensa de la patria ha hecho que el el Gobierno y los medios de comunicación occidentales presenten al pueblo ucraniano como una sociedad armada y dispuesta a seguir luchando mientras sea necesario o, quizá, mientras los aliados europeos consideren que es preciso. Aunque las imágenes de hombres siendo cazados por la calle o tratando de huir del reclutamiento han sido constantes desde 2022 y existían incluso antes, el paso del tiempo ha hecho imposible ocultar su cantidad y, en ocasiones, brutalidad.
Personas abordadas por los agentes de reclutamiento en sus puestos de trabajo, en los supermercados, en el transporte público o huyendo a pie por las calles de las ciudades y pueblos de Ucrania han sido dogma a lo largo de toda la guerra, incluso en los momentos en los que la opinión de continuar la guerra hasta lograr una mejor situación negociadora era ampliamente mayoritaria. La unidad de Ucrania se traducía en querer que otros ucranianos siguieran luchando, pero tratar de evitar ser enviado al frente. El paso del tiempo, el agotamiento, las bajas y el miedo a ser enviados a la zona de muerte en la que se han convertido tanto el frente como una franja cada vez más amplia de zonas aledañas, en las que los drones enemigos son capaces de detectar cualquier movimiento y matar antes incluso de acercarse a la primera línea han hecho aumentar las huidas a través de la frontera. A finales del año pasado, el dato oficial ofrecido por Ucrania, posiblemente subestimado, era de dos millones de hombres evadiendo el reclutamiento en una especie de clandestinidad, un dato que duplica el de hace doce meses.
“Rumania está rescatando a un hombre de 25 años con diabetes dependiente de insulina que huyó de Ucrania y se perdió en las montañas. Solo otro ejemplo de hasta dónde están dispuestos a llegar los hombres ucranianos por un sabor de libertad”, escribió la semana pasada la historiadora ucraniana Marta Havryshko en referencia a un vídeo en el que un helicóptero rumano rescataba a un hombre evidentemente enfermo que huía de la posibilidad de ser enviado al frente de esta guerra cuyo final sigue sin estar a la vista. La fuga hacia la frontera comporta numerosos riesgos: los propios de tener que huir a través de los Cárpatos o cruzar los ríos Tisza o Dniéster y la posibilidad de ser interceptados por las autoridades ucranianas, en cuyo caso el reclutamiento es automático.
Recientemente han aumentado también las noticias sobre la resistencia de los hombres al reclutamiento, algo que no es nuevo y ha podido seguirse por medio de vídeos publicados en las redes sociales a lo largo de toda la guerra. Esas imágenes eran generalmente negadas por las autoridades ucranianas, que sugerían que todo se trataba de una maniobra de la propaganda enemiga. “Otro video más de conscripción forzada en mi Lutsk natal en el oeste de Ucrania. El número de estos videos y la violencia durante la conscripción forzada han aumentado significativamente en los últimos tiempos. Los propagandistas de la guerra para que dure, los últimos ucranianos, ignoran esto o afirman falsamente que los videos son falsificaciones rusas”, escribió el domingo Ivan Katchanovski. “El centro regional de movilización de Volinia, en Ucrania, ha declarado que un grupo de menores intentó impedir que una banda de reclutadores forzados llevara a cabo la movilización forzosa de un hombre en Lutsk, y que las fuerzas del orden están «buscando a estos menores». Zelensky concede a estas bandas de reclutadores total impunidad por la captura ilegal, las palizas y la detención de hombres ucranianos con fines de movilización forzosa”, añadía el académico ucraniano-canadiense.
El cambio actual posiblemente no sea el aumento de esos ejemplos, sino el hecho de que sean tan evidentes que incluso son recogidas por la prensa occidental. “No hay semana en Ucrania sin que los medios de comunicación informen de una nueva agresión contra las patrullas de reclutamiento que peinan las calles del país”, escribe en su último artículo publicado en El País el periodista Cristian Segura en referencia a lo que se conoce como press gangs, bandas de presa que se dedican a capturar potenciales guerreros por la libertad de Ucrania. “El último hecho que conmocionó a la opinión pública sucedió el 2 de abril en Lviv, en el oeste de Ucrania. Oleg Avdiev, oficial de una patrulla de la TCK, fue asesinado de una cuchillada en el cuello. El homicida era un agente de aduanas que acompañaba a su hermano. La patrulla estaba identificando a este último cuando el hombre les atacó. Avdiev, de 52 años, había representado a Ucrania en dos Juegos Olímpicos de Invierno (Nagano 1998 y Salt Lake City 2002) en la modalidad de luge. En Lviv ya se produjo el 11 de enero otro apuñalamiento contra un oficial de la TCK [la oficina de reclutamiento]”, explica el artículo, que admite que “las agresiones de civiles contra las patrullas de reclutamiento en Ucrania se triplican en un año”. En uno de sus últimos artículos, en el que afirma que “en las calles, se está gestando algo que algunos califican de guerra civil”, Peter Korotaev reporta tres apuñalamientos en solo cuatro días.
Curiosamente, la imagen con la que el medio ilustra la noticia es la misma con la que la Agencia EFE anunciaba que “Kiev prepara cambios en el sistema de movilización ante la escasez de tropas”. “Según el ministro de Defensa, Mijailo Fédorov, las autoridades preparan una «reforma integral de la movilización» para ofrecer soluciones a los problemas acumulados y mantener la capacidad de defensa del país. Aunque aún se desconocen los detalles, se espera que la reforma ofrezca más incentivos a los soldados actuales y futuros, con el fin de atraer a más reclutas, aliviar las tensiones entre los reclutadores y los civiles y reducir el número de desertores”, escribía la agencia, que en el artículo explicaba también que “las autoridades aún buscan un mecanismo eficaz para afrontar el problema. Algunos abogan en Ucrania por imponer penas más severas para que los posibles desertores se lo piensen dos veces”. Es curiosa la elección de una imagen con el logo de la Tercera Brigada de Asalto para ilustrar el artículo sobre las novedades que pretende implementar el ministro amigo de la tecnología y conocido por la gamificación de la guerra, cuya visión en este sentido es muy similar a la de la brigada de Biletsky, que desde hace años es un exponente claro de la exigencia de modificación de las formas de reclutamiento. La visión de Azov, de donde nace la Tercera de Asalto, ahora Tercer Cuerpo del Ejército de las Fuerzas Armadas de Ucrania, es la necesidad de descentralización, es decir, dejar en manos de las brigadas y ejércitos su propia movilización. Biletsky cuenta hoy con un ejército de 50.000 soldados tras la anexión de diferentes unidades, que se han sumado a su Tercera Brigada y que rápidamente han sido sometidas a los cambios obligatorios en sus mandos para dejar las posiciones decisivas a personas cercanas al líder espiritual del movimiento Azov. Su mano derecha, Maksym Zhoryn, ha declarado pública y repetidamente la necesidad de imponer castigos severos e incluso físicos a quienes osen evitar el reclutamiento o huir del país.
“Hay alrededor de un millón y medio o 2 millones de evasores del reclutamiento…En el frente, creo que hay unas 100.000 o 200.000 personas luchando. Si se toma esta cifra de 2 millones y se divide entre 100.000 o 200.000, se ve que este recurso de movilización permite librar una guerra durante al menos 10 años. Eso es lo que se quiere decir. Ese es el cálculo”, ha afirmado recientemente el diputado del partido de Zelensky Oleksadr Merezhko, que poco antes había insistido en que “Ucrania tiene suficientes reservas de movilización para seguir luchando durante diez años, o incluso más”. La escasez de tropas y el intento de evitar el reclutamiento dejan poco lugar a dudas sobre cómo Ucrania pretende seguir reponiendo sus filas.
“El jefe de la administración presidencial, Kyryllo Budanov, declaró el día 3 que no hay que esperar cambios sustanciales a raíz de los recientes rumores sobre una reforma del sistema de reclutamiento. Mientras la guerra continúe, afirmó, «el ejército necesita capital humano» y «si la gente no se alista, habrá que movilizarla». Capital humano, sin duda”, escribe Peter Korotaev citando al exlíder de la inteligencia militar de Ucrania. Recientemente, Budanov se ha destacado por unas declaraciones que reflejan el momento que se vive actualmente. “Tenemos un héroe: alguien que lucha, está realmente en la primera línea derramando sangre. Y al mismo tiempo, un héroe que graba videos sobre cómo le dijo a la oficina de reclutamiento que se vaya al infierno. Y ambos son héroes simultáneamente. Este es un problema aterrador”, afirmó quien se hizo con el puesto de Andriy Ermak, cuando el hombre más cercano a Zelensky cayó en desgracia salpicado por un caso de corrupción. Las palabras de Budanov son una admisión implícita de que el discurso de unidad del pueblo en defensa de la lucha en algo que se presenta como una guerra de liberación nacional es falso, algo lo suficientemente relevante para que el jefe de la Oficina del Presidente lo considere un problema de presente y, sobre todo, de futuro. “¿Qué pasa cuando todos se convierten en evasores del servicio militar? ¿Seguirá Ucrania en el mapa político del mundo? No, no seguirá. No existirá, incluso el nombre desaparecerá. No quedará nadie para vivir aquí. Se lo llevarán todo”, se lamentó Budanov. El problema no es el motivo por el que la población huye o que se defienda de quienes tratan de enviarlos a la muerte. El problema es que, si la situación continúa, Ucrania perderá tanta población que no será fuerza política en el mapa mundial, es decir, que no podrá enviar suficiente población al frente para morir matando.
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