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Héroes de la nueva Ucrania

“Hace poco, Lukashenko dijo que ya era hora de que los presidentes de Ucrania y Bielorrusia se reunieran. La cosa tuvo un giro bastante interesante: Lukashenko lo dijo, pero fue Svetlana Tijanovskaya quien acudió”, bromeó ayer en un discurso Volodymyr Zelensky. Después de grandes tensiones con Bielorrusia, país al que Kiev acusa periódicamente de estar a punto de invadir Ucrania, Zelensky quiso recibir a quien trató de mantener una ficción como la de Juan Guaidó en Venezuela y sigue aprovechándose de las ansias expansionistas de la Unión Europea para perpetuar esa farsa. En ella, Bielorrusia es la tiranía y Ucrania el modelo a seguir, por lo que el resultado de la guerra es el preludio directo para el cambio automático de las fortunas de Minsk y, sobre todo, de la propia Tijanovskaya.

“Ucrania no solo está luchando por sí misma, sino por todas las naciones que durante demasiado tiempo han vivido a la sombra del imperio. Está luchando por el derecho a vivir en libertad, en paz y con dignidad. Y el destino de Bielorrusia depende del éxito de Ucrania. Para mí, la pregunta no es si Ucrania ganará. La única pregunta es cuándo. Y eso depende de cuánto hagamos hoy para acercar ese momento”, afirmó Tijanovskaya, que pese a insistir en haber visto “el precio” que Ucrania está pagando por esa libertad que afirma esperar, plantea una receta de más guerra y, por lo tanto más destrucción, mal necesario para conseguir la ansiada victoria. “Estoy convencido de que una Bielorrusia libre y una Ucrania victoriosa reconstruirán la asociación y la cooperación entre nuestras ciudades, regiones y pueblos”, sentenció en su idealista discurso.

El recibimiento que Zelensky ha dado a la opositora y disidente bielorrusa no ha sido la única farsa que se ha producido en Ucrania estos últimos días. De la misma manera que se está presentando la guerra como un conflicto entre democracia y autoritarismo, la narrativa insiste también en darle un importante matiz de guerra de liberación nacional, aspecto que personas como Tijanovskaya utilizan en su beneficio para consolidar sus ambiciones políticas. En este sentido, los más de doce años transcurridos desde la victoria de Maidan han supuesto un arduo trabajo de sustitución de las visiones de la historia y de la cultura que hasta entonces habían sido mayoritarias para imponer unas ideas que solo eran dominantes en la parte más nacionalista del país. Las dos guerras -la de Donbass y la actual contra Rusia- han servido de catalizador de unos acontecimientos promovidos por el Estado, pero que, hasta entonces, habían chocado con el rechazo tanto interno como externo. Durante los últimos meses de la única legislatura de Viktor Yuschenko, el Parlamento otorgó a Stepan Bandera el título de “Héroe de Ucrania”, algo que solo fue bien recibido por el oeste del país, donde desde los años 90 habían proliferado los monumentos nacionalistas a medida que se destruían los últimos resquicios soviéticos.

Si hasta 2014 una de las imágenes que identificaba las ciudades ucranianas en gran parte del país eran las estatuas de Lenin, la parte nacionalista del país, especialmente Galizia, habían sustituido al primer líder soviético por Stepan Bandera, cuyo título de “Héroe de Ucrania” fue revocado rápidamente por Viktor Yanukovich por convicción propia, porque no era una figura mayoritariamente admirada y también porque incluso el Parlamento Europeo había exigido que así fuera. La consolidación de Bandera, líder de una de las dos facciones de la Organización de Ucranianos Nacionalistas (OUN) tuvo que esperar a los años de guerra de Donbass, utilizados bajo el argumento de guerra contra Rusia y el pasado común con Moscú, para oficializar el discurso nacionalista como única narrativa nacional aceptable.

La invasión rusa eliminó la poca representación política no nacionalista que existía en Ucrania y ha facilitado aún más el fortalecimiento de grupos de extrema derecha como actores políticos aceptables yla consolidación de la reescritura de la historia en clave nacionalista. Recientemente, Volodymyr Zelensky había dado orden a su Gobierno de preparar un mausoleo para repatriar los cuerpos de los héroes de Ucrania, figuras de mediados del siglo pasado a las que se considera precursoras de la actual lucha de liberación nacional. También contra Moscú, esas figuras como Stepan Bandera y otras muchas que llegaron a Ucrania durante los tiempos de la guerra, lucharon contra la Unión Soviética de la mano de la Alemania nazi.

En diferentes sectores de un cementerio de Múnich, las tumbas de Stepan Bandera o Yaroslav Stetsko, el hombre que proclamó la restauración del Estado ucraniano “bajo los auspicios del führer”, son lugares de peregrinación de una parte del nacionalismo ucraniano. Rival por el liderazgo de OUN, Andriy Melnyk, cabeza de la facción que con más ansia apoyó iniciativas alemanas como la creación de la División Galizia de la SS, se encontraba enterrado junto a su esposa en Luxemburgo, desde donde ha sido repatriado esta semana para ser trasladado a Ucrania. Sin necesidad de explicar la contradicción, Zelensky, de origen judío y que en el pasado se había mostrado orgulloso de la lucha de su abuelo como parte del ejército soviético en la Segunda Guerra Mundial, presidió el acto, un ejemplo de enaltecimiento de una figura que, como su grupo, colaboró con el nazismo. “Occidente está tan inmerso en apoyar el revisionismo del Holocausto/nazismo como un subproducto necesario de la Guerra Fría del Imperio con Rusia que ya nada sorprende. Si alentar el fascismo ucraniano mugriento ayuda a motivarlos a matar rusos, entonces está bien. Nuestros medios fielmente mantienen la omertà”, escribió el periodista estadounidense Mark Ames. Hace unos años, una parte del país habría mostrado su rechazo y existirían algunos partidos que rechazaran abiertamente el enaltecimiento de personas como Melnyk o Bandera. La coyuntura actual hace imposible cualquier oposición dentro del país.

“Rompiendo el molde de una relación a distancia, el presidente de Ucrania hace volar de vuelta a los fascistas muertos que sus predecesores admiraban de lejos”, comentó en las redes sociales Oleksiy Kuzmenko, experto en la extrema derecha actual. “Hoy, como judía ucraniana y experta en el Holocausto, me siento profundamente avergonzada. Nunca pude haber imaginado que en mi país —el país donde los nazis asesinaron a un millón y medio de judíos, el país de Babyn Yar, el mismísimo símbolo del Holocausto en la Unión Soviética, un país que afirma luchar por la «libertad y la democracia»— un colaborador nazi y líder de la OUN como Andriy Melnyk sería enterrado con todos los honores estatales”, escribió la historiadora ucraniana -actualmente en Estados Unidos- Marta Havryshko. “Acuso al presidente Zelensky de distorsionar el Holocausto y de blanquear el papel de la OUN en la violencia antijudía. 1 de enero de 1942. Tras la masacre de Babyn Yar, donde los nazis asesinaron a más de 33.000 mujeres, niños y hombres judíos, Andriy Melnyk, líder de la OUN, emitió un mensaje de Año Nuevo a sus seguidores”, añadió al día siguiente.

“En los soldados alemanes vemos a aquellos que, bajo el liderazgo de Adolf Hitler, expulsaron a los bolcheviques de Ucrania; estamos conscientemente y sistemáticamente obligados a ayudarles en su cruzada contra Moscú, sin importar las dificultades”, afirmó Melnyk según cita la historiadora ucraniana. Los seguidores de Melnyk participaron en pogromos y en algunas de las acciones más terroríficas de lo que suele calificarse el Holocausto con balas. “Para la primavera de 1943, el Holocausto en Ucrania estaba casi concluido. Los vecinos judíos habían desaparecido —asesinados ante los ojos, y a menudo con la asistencia, de los seguidores de Melnyk—. Y fue precisamente entonces cuando Melnyk apoyó la creación de la División Waffen-SS Galizien, cuyos miembros juraron lealtad a Adolf Hitler”, ha insistido Havryshko en referencia a la división ucraniana de las SS, la misma en la que luchó Yaroslav Hunka, hace tres años homenajeado en el Parlamento de Canadá, o una parte relevante de la primera diáspora nacionalista ucraniana en Occidente después de la Segunda Guerra Mundial. De esa división procedían, por ejemplo, los primeros “estudiantes ucranianos” llegados a España del campo de detención británico de Rimini.

“Creemos que el nuevo orden de Adolf Hitler en Europa es el verdadero orden y que Ucrania es una de las vanguardias”, afirmó Andriy Melnyk en 1943 según cita uno de los historiadores que con mayor detalle ha estudiado la OUN, Grzegorz Rossoliński-Liebe. Como destacaba el académico ucraniano-canadiense Ivan Katchanovski, esa frase contrasta con la pronunciada por Volodymyr Zelensky en el homenaje de Estado en el que ha sido enterrado esta semana en Ucrania en presencia de su presidente. “El coronel Andriy Melnyk regresó a una Ucrania diferente, no a la que se vio obligado a abandonar, sino a la que había soñado”.

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