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Donetsk, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Guerra de ciudades

Drones y misiles siguen siendo los principales protagonistas de la guerra de Ucrania, en la que el componente de espectáculo y el conflicto mediático son tan importantes como los daños que causan al oponente esos proyectiles. Ayer, Rusia inauguraba el Foro de San Petersburgo, una cita anual en la que la Federación Rusa exhibe músculo y presenta sus debates económicos, una reunión venida a menos que, en esta ocasión, el Kremlin ha tenido que completar, no solo con la presencia de figuras que no están en la primera línea de la política desde hace muchos años, como Gerhard Schöder, sino con todo tipo de influencers del mundo MAGA o incluso a la derecha del trumpismo que nunca pueden ser considerados buena compañía. Al contrario que cuando Ucrania celebra sus citas políticas importantes, como la conferencia “YES!”, Yalta European01.2 Strategy, que Kiev aprovecha para atraer a figuras, generalmente de segundo plano, de la política europea y estadounidense para reivindicar que “el año que viene en Yalta”, los drones hicieron acto de presencia específicamente para obstaculizar la celebración del foro, para amedrentar a sus asistentes o directamente para mofarse de Rusia en las redes sociales.

“Nuestras sanciones de largo alcance, llevadas a cabo por los guerreros del Servicio de Seguridad de Ucrania, las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, las Fuerzas de Operaciones Especiales, la Inteligencia de Defensa de Ucrania y el Servicio Estatal de Guardia Fronteriza de Ucrania, han dado buenos resultados. Instalaciones importantes en territorio ruso fueron atacadas anoche”, escribió ayer por la mañana Volodymyr Zelensky con su habitual sorna y cierto toque de superioridad moral. Como es habitual, Zelensky utiliza la expresión sanciones de largo alcance para referirse a los drones ucranianos, que tantos problemas están causando en Rusia y que dejan imágenes espectaculares como el humo que cubría el cielo del lugar en el que Vladimir Putin debía inaugurar el foro, como posteriormente hizo, sin que el ataque ucraniano a gran escala modificara la celebración de los eventos previstos. La importancia del foro y de la propia ciudad de San Petersburgo, hace que existan más imágenes de lo habitual sobre los efectos del ataque, el intento de un policía de derribar drones con su arma reglamentaria o la forma en la que una de las aeronaves ucranianas es desviada por la guerra electrónica rusa para caer al mar sin causar daños.

La realidad puede entenderse de dos maneras. Desde el punto de vista ruso, pese a un ataque a gran escala en el que Ucrania echó el resto para interrumpir un acto en el que iba a participar la plana mayor de la política institucional rusa, incluido su presidente, la imagen no fue de pánico ni se modificaron los eventos previstos. Sin embargo, eso no puede borrar las imágenes de los asistentes llegando al recinto y, a sus espaldas, el humo negro que se elevaba al cielo desde una refinería cercana. Los ataques ucranianos, como el de ayer, no se están centrando en las infraestructuras de exportación de crudo, sino en las refinerías, un objetivo sensible y difícil de defender frente a los drones. El hecho de que el ataque de ayer activara las alarmas en ocho de las quince regiones de Estonia por presencia cercana de drones vuelve a hacer surgir la pregunta de cuál es realmente la trayectoria que toman las aeronaves no tripuladas ucranianas en sus ataques en el Báltico.

En cualquier caso, los problemas rusos se limitan actualmente al refinado de crudo, algo que está causando dificultades de suministro en lugares como Crimea y, según algunas informaciones, empieza a ocurrir en lugares con mayor demanda como Moscú o San Petersburgo. “Rusia está exportando la mayor cantidad de crudo desde su invasión de Ucrania en 2022, ya que el récord de ataques de Kiev a las refinerías de petróleo de su vecino obligan a  que más barriles de petróleo entren en el mercado global (Moscú tiene un problema con el suministro de productos refinados, pero está ganando $$$ vendiendo el crudo)”, explicaba ayer el experto de Bloomberg Javier Blas. La guerra de Estados Unidos contra Irán, que Zelensky ha apoyado activamente, está siendo un salvavidas importante para la economía rusa a pesar de los problemas que está sufriendo a causa de los ataques ucranianos, que han aumentado notablemente desde que Donald Trump decidiera desviar toda la atención mundial al estrecho de Ormuz. Según Reuters, los ingresos por venta de petróleo y gas de la Federación Rusa han aumentado un 32,4% con respecto al año pasado.

Desde el punto de vista ucraniano, los daños causados en las refinerías rusas son un elemento con el que defender ante sus aliados que continúen financiando la guerra y las imágenes de ayer son una victoria mediática que explotar para la propaganda. “Los rusos no estaban preparados mentalmente para la posibilidad de que drones —y a veces misiles— llegaran a gran escala. Para ellos, esto es un shock. Su sociedad no está ni preparada ni dispuesta a aceptarlo. Creían que esto nunca podría suceder porque son muy fuertes, muy poderosos, y todos les tienen miedo. Resulta que no es así”, afirmó ayer Budanov pese a que no hubo ningún signo de nerviosismo ni sorpresa por parte de las autoridades rusas, que han aceptado ya que no son capaces de proteger tal y como deberían ciertas infraestructuras que el tercer ejército del mundo debería poder cuidar. Teniendo en cuenta que Ucrania ha dejado claro que trata de llevar al extremo la tensión en el Báltico, el ataque de ayer no puede considerarse sorprendente.

Presidente de guerra desde el mismo día en el que tomó posesión del cargo, Zelensky, al igual que Budanov, ahora mismo su mano derecha, se aprovecha de cada imagen de los éxitos ucranianos en Rusia, generalmente sin admitir los daños sufridos en Ucrania y sin tener en cuenta las víctimas mortales que implican los ataques con drones y misiles o incluso la artillería de precisión. Ayer, el episodio más mencionado por las autoridades rusas fue el ataque en el que un bombardeo ucraniano impactó directamente contra un autobús en Donetsk. Calificado de “cínico” por María Zajarova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, el bombardeo causó siete víctimas mortales y una docena de personas heridas, todas ellas civiles que, como la veintena de estudiantes asesinadas hace poco más de una semana en Lugansk, no obtendrán los titulares y condenas que sí han obtenido las 22 víctimas de los ataques rusos de los últimos días.

En este contexto de gran capacidad de las partes de causar destrucción en su oponente, es de esperar que continúe la actual escalada en la retaguardia. Un día antes del ataque contra San Petersburgo y otras regiones rusas, los misiles causaron graves daños en las infraestructuras industriales de Ucrania a causa del segundo gran bombardeo en apenas 48 horas. A lo largo del día de ayer, los misiles de Moscú volvieron a atacar infraestructuras industriales y militares ucranianas en ciudades como Dnipro. Pese a la alegación ucraniana de haber derribado todos salvo un misil ruso, los impactos que se produjeron desmienten ese triunfalismo. Ninguno de estos ataques se ha producido, como Rusia advirtió que haría, contra centros de mando ucranianos. El mando ruso sigue centrándose en la progresiva destrucción de la industria militar de Ucrania, sus bases militares y los lugares desde lo que se disparan los drones. Pese a lo que han afirmado varios analistas, no hay escalada ni cambio de actuar de Moscú o de Kiev.

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