“Condeno la incursión de un dron ruso en Rumanía que ha impactado en un edificio residencial causando heridos. Toda mi solidaridad y apoyo a Rumanía, Toiu Oana, socio de la UE y aliado de la OTAN. España seguirá apoyando la paz en Ucrania y la seguridad europea”, escribió ayer en las redes sociales el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, dirigiéndose a su homóloga rumana. El mensaje de Albares es un buen resumen de la oleada de tuits de condolencias y apoyos que recibió ayer Bucarest a raíz de un incidente en el que un dron ruso violó el espacio aéreo rumano, impactó en un edificio residencial e hirió a dos personas. Pese a la cantidad y el tono de los titulares, no hubo víctimas mortales. Condenar los hechos, destacar que se trata de los intocables cielos de la UE y de la OTAN y reafirmación del apoyo a Ucrania han sido los elementos que los y las diferentes dirigentes de los países e instituciones europeas utilizaron ayer para completar la serie de comunicados prácticamente idénticos y que complementan bien los publicados hace exactamente una semana, cuando el nerviosismo relacionado con los drones y el espacio aéreo se encontraba en el Báltico.
En aquel momento, los países europeos y la OTAN acusaron a Rusia de imprudencia, de estar testando la paciencia de la Alianza y de actuar de forma irresponsable, quizá preparando una actuación más amplia. Para los países bálticos, Polonia y Ucrania, cualquier actuación rusa cerca de Lituania, Letonia o Estonia es signo de la intención de futuras invasiones. Todo era, como de costumbre, culpa de Rusia, a pesar de que la histeria colectiva causada en esos países no se debía a la presencia en el espacio aéreo de drones rusos, sino ucranianos. El fuego amigo también era responsabilidad rusa, no solo por haber iniciado la guerra -argumento para el que hay que olvidar los ocho años anteriores a la invasión de Ucrania-, sino porque se daba credibilidad a la teoría de Kiev, que alega, sin la más mínima necesidad de pruebas, que es Rusia quien deliberadamente desvía los drones para que impacten en los países bálticos.
El actual incidente, en el que un dron ha causado daños en un edificio civil en la localidad de Galați, solo ha reafirmado el discurso de hace una semana y se enmarca en una campaña europea que busca endurecer las sanciones y el discurso contra Rusia en paralelo al aumento del flujo militar y enaltecimiento de unos éxitos ucranianos más imaginarios que reales. El objetivo final es justificar la continuación de la actual dinámica de guerra hasta lograr una posición negociadora en la que Ucrania pueda dictar los términos. En este sentido, la continuación de la guerra en los lugres más comprometidos es favorable a la Unión Europea y el Reino Unido, los actores más beligerantes y con una retórica más dura de todos los que participan directa o indirectamente en el conflicto.
Situada al otro lado del río Danubio a escasos kilómetros de la ciudad ucraniana de Izmail, Galați ha resultado una víctima accidental de los ataques contra las infraestructuras portuarias de Ucrania en el río. La cercanía de ambas ciudades y el intento ruso de destruir las infraestructuras de exportación ucranianas -como Ucrania se jacta de hacer en Rusia- implica un riesgo aumentado para las localidades rumanas al otro lado. Sin embargo, el hecho de que haya violado el espacio aéreo de la Unión Europea un único dron ruso indica, sin mucho lugar a dudas, que no se trata de un ataque deliberado, un intento de Rusia de probar las defensas de la OTAN o de comprobar si se invocará el Artículo V de defensa colectiva de la Alianza como afirmaban ayer algunos analistas. “Temprano esta mañana, un edificio de apartamentos en Rumanía fue alcanzado por un dron mientras Rusia atacaba la infraestructura ucraniana cerca de la frontera. El secretario general de la OTAN está en contacto con las autoridades rumanas. Condenamos la imprudencia de Rusia, y la OTAN continuará fortaleciendo nuestras defensas contra todas las amenazas, incluidos los drones”, afirmó ayer la portavoz de la Alianza. No hay en la condena ningún signo de que el impacto, a todas luces accidental, de un dron ruso vaya a causar ningún cambio militar por parte de la OTAN o los países miembros.
“Rusia probablemente no tuvo la intención de golpear a Rumanía. Pero al planificar sus ataques contra Ucrania, no le importa si Rumanía resulta alcanzada de vez en cuando, calculando (correctamente, hasta ahora) que no habrá un precio que pagar por ello”, argumentó el periodista Yaroslav Trofimov, corresponsal jefe de The Wall Street Journal, que acostumbra a destacarse por exigir más dureza contra Rusia. Después de cuatro años de movilización masiva de recursos a favor de Ucrania y sanciones contra Rusia, es difícil defender que Moscú no ha pagado ningún precio por esta guerra.
La reacción de los países que se consideran colectivamente afectados no será militar -nadie quiere ir a la guerra contra Rusia por Ucrania, por Estonia o por Rumanía-, sino política. “Finlandia condena el ataque con drones de Rusia, que impactó un edificio residencial en Rumanía. La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania adopta formas cada vez más amplias. Finlandia apoya a su aliado Rumanía y continúa fortaleciendo a Ucrania en su lucha defensiva. La situación se aborda conjuntamente en la alianza”, escribió Alexander Stubb, presidente de Finlandia, escenario del primero de los crecientes incidentes con drones que se han producido recientemente en el norte de Europa.
“Rusia no puede violar el espacio aéreo europeo con impunidad”, afirmó, en la misma línea de condena Kaja Kallas, a lo que el canciller Merz añadió que “la imprudente incursión de drones de Rusia en Rumanía muestra una vez más la disposición de Rusia a escalar. Alemania está con nuestros aliados de la OTAN. El incidente subraya nuevamente la necesidad de una sólida postura de la OTAN en el flanco oriental. Estamos listos para defender cada pulgada del territorio aliado”. Cualquier acto ruso, sea muestra de debilidad o de fortaleza, es susceptible de convertirse en argumento para un nuevo paquete de sanciones -Kallas anunció el jueves el 21º- o de asistencia militar a Ucrania. La estrategia política de la Unión Europea se limita a utilizar cada noticia del día para reafirmarse en la idea de luchar contra Rusia mientras sea necesario, sin importar excesivamente cuáles sean las consecuencias para Ucrania, ni el hecho de que cada aumento de los ataques ucranianos -lo que Zelensky califica de sanciones de larga distancia- implica una respuesta equivalente rusa y un consiguiente aumento del peligro.
Entre las condenas de la UE, destaca un verso suelto, Robert Fico, para quien cada empeoramiento es una prueba de que es preciso buscar la paz. “Hace unos días, declaré que en ausencia de diálogo entre la Unión Europea y la Federación Rusa, cualquier dron extraviado podría llevar a una escalada de tensiones que tal vez no podamos manejar. En relación con el incidente del dron, expreso mi plena solidaridad con el Gobierno rumano, pido moderación en la emisión de declaraciones incendiarias y, una vez más, insto a la apertura inmediata de un diálogo entre la Unión Europea y la Federación Rusa”. La reacción del presidente de Eslovaquia es similar a la postura que hace unos días sostuvo Angela Merkel, que calificó de correcto el rearme como método de disuasión, pero exigió que venga acompañado del diálogo con el que resolver la guerra actual. Sin embargo, esta postura es absolutamente minoritaria en el establishment político de la UE, más preocupada por seguir buscando una victoria imposible y justificar el aumento del gasto militar y reconfigurar políticamente el espacio europeo que por lograr la paz.
“El Cónsul General de la Federación de Rusia en Constanza ha sido declarado persona non grata, y el Consulado General de la Federación de Rusia en Constanza será clausurado”, informó Nicușor Dan, presidente de Rumanía. El incidente no solo sirve para justificar más sanciones o más asistencia militar a Ucrania, sino también para ahondar en la fractura continental que, desde Occidente se espera que se perpetúe más allá de la guerra en el escenario de paz armada con el que los países europeos pretenden justificar la militarización y Estados Unidos aspira a subordinar a Europa en materia energética, tecnológica y de seguridad.
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