“Estoy agradecido a todos los diputados que ratificaron tan rápidamente el acuerdo con la Unión Europea sobre los 90.000 millones de euros en apoyo a Ucrania para los próximos dos años. Estos fondos fortalecerán nuestra resiliencia y ayudarán a proteger la vida de nuestra gente, a reconstruir lo que ha sido destruido por los ataques rusos y a defender nuestra independencia”, escribió ayer Volodymyr Zelensky, que calificó la votación como “una de las votaciones más importantes, una que demuestra el carácter constructivo de nuestro trabajo conjunto y nuestra disposición a escucharnos mutuamente”. Pese al actual -y totalmente infundado- triunfalismo de Kiev y sus aliados europeos, que sin ninguna evidencia real afirman que Ucrania le ha dado la vuelta a la guerra, la situación del país no ha cambiado: el frente sigue estático, los bombardeos mutuos en la retaguardia aumentan (aunque la prensa occidental se centre más en los éxitos ucranianos) y la situación económica sigue siendo de total y completa dependencia. Ucrania acaba de garantizarse esos fondos europeos, que deben financiar dos años más de guerra, pero Kiev ha comenzado ya a buscar más financiación y más armas. La independencia y soberanía de Ucrania se manifiesta en las giras de recaudación que habitualmente realiza Zelensky, la última de las cuales le ha llevado a Suecia.
El recibimiento sueco al presidente ucraniano ha seguido también la misma rutina de cada gira: enaltecimiento de la unidad y resiliencia de Ucrania, análisis selectivo de los acontecimientos y anuncios de un gran paquete de asistencia militar con el que garantizar que esta guerra no pueda nunca quedarse sin armas. Estocolmo anunció ayer un paquete de 2.700 millones de euros, 400 millones de ellos para la producción de drones. El paquete incluye también 16 aeronaves AS39 Gripen. Utilizando 2.500 millones de euros del crédito europeo, Ucrania podrá adquirir otros 20 cazas Gripen con los que reforzar su aviación, una prioridad teniendo en cuenta la creciente importancia de la guerra aérea. “Creo que para diciembre-enero, tendremos los primeros Gripen para nuestros pilotos ucranianos”, se jactó Zelensky. Las fechas que se manejan dan por hecho la continuación de la guerra a largo plazo a pesar de que, apenas 24 horas antes, el presidente ucraniano había puesto como fecha límite noviembre, dando a entender que Rusia o Estados Unidos buscarían la paz tras las midterms estadounidenses. La lentitud con la que las industrias militares producen el material que posteriormente se envía a la guerra implica que nada de lo que se anuncia en un momento dado va a resolver los problemas del presente, sino que aspira a dar el servicio necesario en un futuro a medio plazo. A pesar de que en 2023, cuando Ucrania comenzó la campaña para obtener aviación occidental, Volodymyr Zelensky alegaba que si Ucrania tuviera cazas F16 Rusia no tendría “nada que hacer”, la recepción de esos cazas estadounidenses y de otros países de la OTAN no ha cambiado el equilibrio y la superioridad en los cielos sigue siendo rusa. Sin embargo, ese argumento no es suficiente para que Ucrania modere su discurso y deje de centrar su narrativa en la superioridad -técnica y puede que moral- del material occidental sobre el ruso.
“Puedes hacer mucho con los cazas Gripen. Pero están construidos para una sola cosa. Buena suerte, Ucrania”, escribía ayer la cuenta oficial de noticias del primer ministro sueco. El mensaje estaba acompañado por un vídeo con el que Suecia da cuenta de su imagen de Ucrania. Las imágenes comienzan, como no puede ser de otra manera, con las grandes manifestaciones de Maidan, prosiguen con las declaraciones proeuropeas de dos mujeres y posteriormente pasan ya a la toma de posesión de Zelensky, para terminar con los bombardeos de la invasión rusa y posterior guerra a gran escala. La selección de las imágenes y la exclusión de ciertos temas es casi tan relevante como el paquete de asistencia militar de ayer. Suecia se centra en trazar una línea directa entre Maidan, la invasión rusa y la necesidad de enviar a Ucrania asistencia militar como los deseados cazas. No hay en el vídeo sueco ninguna referencia a las manifestaciones de Crimea, donde la población se rebeló contra el cambio irregular de Gobierno y miró a Rusia en busca de protección, o a la movilización civil y armada de Donbass, donde Ucrania decretó la operación antiterrorista para dar inicio a una guerra que, en la visión europea, no comenzó hasta 2022. Esa visión de los hechos presenta a una Ucrania liberal, democrática y europea frente a la violenta y oscura Rusia que desde 2014 buscaba la guerra, una narrativa útil a la hora de justificar la continuación de la movilización de asistencia militar en busca de una victoria que no llega, pero que los países europeos han decidido que tiene que volver a ser el centro de su argumentario.
Sin ninguna intención de aceptar el tipo de acuerdo que Estados Unidos le ofrece, Ucrania está cómoda en esa disyuntiva. Exagerar los éxitos de sus ataques con drones en territorio ruso es la clave para defender que la actuación que se precisa actualmente es aumentar el suministro militar y económico a Kiev e insistir en el endurecimiento de las sanciones contra Rusia. Como en el vídeo sueco, la versión ucraniana oculta una parte. El aumento de los ataques ucranianos contra territorio ruso solo puede considerarse un éxito si se ignoran las dificultades que Ucrania está teniendo contra los drones y misiles rusos. “Europa tiene sus propias herramientas para defenderse contra misiles de crucero, pero cuando se trata de amenazas balísticas, la situación es mucho más difícil. Nos vemos obligados a depender principalmente de Estados Unidos”, afirmó Zelensky en Suecia, admitiendo implícitamente las dificultades en la defensa aérea.
En realidad, los problemas de Ucrania no se limitan a la falta de producción propia en la Unión Europea, sino que se extienden a la postura que ha tomado Estados Unidos con respecto a la guerra, complicada aún más por la situación en Oriente Medio. Hace un año, Washington decidió pasar de proveedor de asistencia militar a lucrarse con la venta de material a la OTAN, que posteriormente envía ese material a Ucrania. La guerra de Irán, que Zelensky ha apoyado activamente, ha supuesto un revés para Kiev, que ha tenido que comprender que existe una diferencia clara entre un país aliado y un proxy. El intenso uso de misiles para la defensa aérea por parte de los países árabes aliados de Estados Unidos contra Irán ha dejado una escasez de esas armas, especialmente los misiles PAC3 para los sistemas Patriot. Limitado el suministro de esos misiles en el mercado, Estados Unidos ha dejado clara la jerarquía de países: los aliados árabes son prioritarios frente al proxy ucraniano, al que Washington no le niega armamento, pero que queda en un segundo plano.
“Debido a la guerra en Irán, el suministro de misiles Patriot se ha vuelto más complicado”, afirmó Zelensky en su discurso. “El martes envié una carta especial al presidente de los Estados Unidos y al Congreso, delineando cada aspecto de lo que se necesita: cómo un suministro suficiente de misiles Patriot y sistemas podría ayudar a poner fin a esta guerra”, anunció el presidente ucraniano. Con su inmensa capacidad de exigir aparentando estar ofreciendo ayuda, el presidente ucraniano, consciente de que la escasez de misiles Patriot hace inviable demandar a Estados Unidos un rápido aumento de su suministro, aspira a algo más. “Esperamos fervientemente que Ucrania reciba licencias para producir misiles Patriot PAC-3, para que también podamos ayudar a otros países que podrían enfrentar esta necesidad, como ahora vemos en Oriente Medio. Todos lo necesitan”, proclamó Zelensky. La capacidad de producción implicaría una cierta autonomía de Ucrania con respecto a Estados Unidos, algo que difícilmente puede satisfacer a Washington, para quien el control de aliados y oponentes es un aspecto clave en las relaciones internacionales y que se lucra con la venta de la munición, no de la licencia de producción. Para convencer a Washington, Zelensky apela al argumento de la adulación. “El mundo sería un lugar mucho más oscuro si no fuera por el liderazgo y la determinación americana”, escribe el presidente ucraniano en su carta a Estados Unidos, en la que combina agradecimiento con exigencia. “Esto es más grande que Ucrania. Es una lección importante para la seguridad de toda la comunidad euroatlántica y para los aliados de Estados Unidos alrededor del mundo, que podrían enfrentarse algún día a las amenazas de los aliados y proxis de Rusia”, insiste en la parte centrada en el miedo tras describir el uso de drones iraníes Shahed y el terrorífico ataque ruso del pasado sábado, ese que, con 100 misiles, causó menos víctimas mortales que la artillería ucraniana contra una residencia de estudiantes en Lugansk.
“Para nosotros, para una nación luchando por su supervivencia”, afirma Zelensky con la hipérbole como bandera, “apenas hay algo más doloroso que ver baterías Patriot sin misiles”, añade para, tras la dosis de sentimentalismo, exigir la concesión de una licencia para producir esa munición. “Lo que Ucrania necesita es paz”, insiste Zelensky, no la expansión de la guerra rusa de misiles”. Para reducir esa guerra aérea, que aumentó en respuesta a los crecientes ataque con drones ucranianos, Ucrania no busca negociación, ni una resolución de la guerra, sino más munición. “La vida prevalecerá”, sentencia en su carta, sin precisar qué vidas merecen la pena y cuáles, como cada persona al otro lado del frente, pueden ser deshumanizadas para justificar medidas que solo van a conseguir más muerte y más destrucción.
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