“La Familia de Zelensky se está desmoronando, con antiguos capos de alto rango difundiendo material comprometedor sobre el propio jefe. Caos y traición. Parafraseando a Kissinger, se podría decir que lo único más peligroso que ser enemigo de Zelensky es ser su amigo. O, parafraseando a Michael Corleone: mantén cerca a tus enemigos y a tus amigos en Israel. Pero al final, puede que estos últimos también resulten ser agentes”, escribía esta semana Peter Korotaev, autor de Events in Ukraine, posiblemente el blog que con más profundidad está siguiendo el día a día de la actualidad político-militar del país. Completamente olvidada en la cumbre China-Estados Unidos, en la que aspiraba a ser protagonista, con dificultades para detener los drones y misiles rusos, Ucrania ha visto esta semana cómo el retorno del escándalo de corrupción que a finales de 2025 puso en cuestión la supervivencia política de Zelensky volvía a estallar sin que el presidente sepa muy bien qué hacer.
En diciembre del año pasado, apenas unos días después de haber posado junto a Marco Rubio en la reanudación de las negociaciones y de haber acompañado a Zelensky al palacio de la Zarzuela para ser recibidos por el rey de España, Andriy Ermak perdía ignominiosamente su puesto al frente de la Oficina del Presidente de Ucrania, quizá el puesto con mayor influencia y control político en un país en el que solo una parte de las decisiones son tomadas por los representantes electos para ello. Manipulador, autoritario y controlador hasta el final, Ermak se vio sorprendido por la revuelta de quienes hasta entonces habían sido sus protegidos, que exigieron su cese a la última persona que aún intentaba defenderle, Volodymyr Zelensky.
Siguiendo a rajatabla eso de mantener a los enemigos cerca, Zelensky sustituyó a su amigo Ermak, por quien había sido su principal rival, Kirilo Budanov. “Si Zelensky destituía a Ermak, tendría más margen de maniobra y cambiaría radicalmente la situación política que le rodea”, comentaba esta semana el analista ucraniano Volodymyr Fesenko, que, añadía que el presidente “es alguien que comprende ese tipo de lógica, a pesar del apego personal que pudiera sentir por Yermak. Era él o el propio Zelensky. Y tomó su decisión”. Su decisión no fue solo dejar caer a su principal apoyo político, la persona que había centralizado el poder según las tendencias autoritarias de ambos, sino cedérselo después al exlíder de la inteligencia militar, una forma de dar aún más poder al aparato de seguridad. Quizá en un intento de obtener la protección de ese sector, Zelensky sustituyó a su círculo más cercano por el de Kirilo Budanov, que incluye, por ejemplo, a David Arajamia, el desencantado líder del partido del presidente que, en diciembre de 2025, se consideraba uno de los posibles líderes para dar un golpe parlamentario y dar un giro a la política nacional. Ahora, ambos son dos de las cabezas visibles de esas negociaciones que no avanzan y Zelensky no es capaz de pronunciar palabra sobre las nuevas grabaciones que dejan en muy mal lugar a personas cuya amistad y cercanía personal y profesional no puede negar.
“En su momento, Zelensky confiaba tanto en Ermak, el miembro más cercano de su círculo más íntimo, que los dos eran prácticamente inseparables. A menudo se decía que Ermak actuaba como si fuera el presidente. Los funcionarios ucranianos y occidentales bromeaban a veces diciendo que era el vicepresidente no electo del país, ya que redactaba planes de paz, seleccionaba personalmente a los miembros del gabinete y pasaba por encima de los generales del ejército a la hora de tomar decisiones sobre el campo de batalla”, explicaba esta semana Financial Times en un artículo con un tono general similar al del resto de publicaciones que se han realizado en otros medios. Todos ellos tienen en común que, a pesar de la evidente cercanía de Zelensky al grueso de la trama de la Operación Midas, que adjudica a su mejor amigo el sobrenombre de Ali Baba. “El martes, las agencias anticorrupción de Ucrania NABU y SAPO afirmaron que había seis sospechosos más investigados además de Andriy Yermak en lo que describieron como un esquema de lavado de dinero centrado en un desarrollo de viviendas de lujo a las afueras de Kiev”, afirmaba en las redes sociales el autor del artículo, Christopher Miller.
Durante los últimos días, se ha hablado mucho de la entrevista concedida por Iulia Mendel, exportavoz de Zelensky en sus primeros años en la presidencia, de la que se ha dicho que suponía un intento de desacreditar a Ucrania utilizando narrativas propias del Kremlin. Al margen de la capacidad de difusión del periodista Tucker Carlson, que entrevistó a Mendel, no ha habido esta semana una imagen que haya desacreditado más a Volodymyr Zelensky que Andriy Ermak escuchando del juez que sería enviado a prisión eludible previo pago de una millonaria fianza. El viernes, los medios ucranianos informaban el viernes de que Ermak permanecería en prisión el fin de semana al no haber podido reunir aún los 3,2 millones de dólares que deberá presentar para evitar la cárcel a la espera de juicio. Como explicaba Leonid Ragozin, el hecho de que ningún banco haya querido avalar de forma inmediata esa fianza, probablemente para no verse salpicados por la trama de corrupción, indica la pérdida de poder de la familia Zelensky.
La versión oficial tiende a no alejarse de uno de los lugares comunes más repetidos de esta guerra. “El juicio de Yermak podría convertirse en «un arma para Rusia», dice la embajadora de la UE en Ucrania, Katarína Mathernova”, comentaba el viernes la historiadora ucraniana Marta Havryshko. “Algunos lo percibirán como prueba de que la corrupción es, de hecho, parte del sistema”, había declarado la embajadora. Todo en Ucrania ha de entenderse en el marco de la percepción y de la necesidad de diferenciarse de Rusia y presentar todo lo negativo como una trama urdida en Moscú. En ocasiones, como ocurre actualmente, la realidad misma se transforma en un malicioso plan trazado en Rusia. En realidad, en esta ocasión, ni siquiera va a ser tan difícil. En Ucrania, cualquiera es susceptible de que sus oponentes políticos le acusen de ser espía del Kremlin, algo más sencillo en esta ocasión, no solo por sus conexiones familiares -su padre pasó por Afganistán en los años 80 en un puesto que se cree que era parte de la inteligencia-, sino por su actuación a lo largo de los años. En los meses anteriores a la invasión rusa, Ermak era el interlocutor de Dmitry Kozak para tratar de lograr la paz, algo que en Ucrania siempre se considera sospechoso. Antes, se había acusado a la mano derecha de Zelensky de haber dado a Bielorrusia la información con la que Alexander Lukashenko impidió una trama con la que se iba a hacer aterrizar un avión en el que viajaban mercenarios de Wagner para posteriormente acusarles de crímenes de guerra en Donbass. Demasiado poderoso, Ermak siempre fue blanco de las acusaciones de los miembros de otras familias políticas, tan corruptas como la de Zelensky o incluso más, por lo que su juego sucio no se centraba en el saqueo del Estado, una práctica común, sino en calificar a cualquier oponente como el enemigo interno que se prestaba a ser instrumento del Kremlin.
La supervivencia política de Zelensky en Ucrania depende en gran parte de cuál sea el resultado de la guerra y de sus logros diplomáticos a la hora de buscar una situación lo más favorable posible en la posterior negociación. Sin embargo, pese al claro intento de desmarcarse de quienes durante años han sido sus amigos, asesores o ministros y la inestimable ayuda de los medios internacionales, cada revelación sobre Ermak -especialmente si se trata de un fraude vinculado a la construcción de tres viviendas, una de las cuales se especula que era para el propio Zelensky- o Mindich deslegitima un poco más al presidente. Aunque 2019 queda ya muy lejos, la población, especialmente esa mayoría silenciosa que prefiere quedarse al margen de la guerra, recuerda la agresividad con la que el candidato Zelensky y su equipo presionaban a Petro Poroshenko con acusaciones de corrupción y anuncios de su pronta entrada en prisión.
Ahora, no es Poroshenko, sino Ermak quien pasa el fin de semana en prisión y se enfrenta a un proceso judicial en el que los oponentes de Zelensky van a echar el resto para presentar a ambos como incapaces de gestionar el país, interesados únicamente en sí mismos o personas que, simplemente, no están en sus cabales. También en esto, Ermak está facilitando el trabajo de sus enemigos. “El entretenidísimo juicio ya ha confirmado los rumores que circulaban desde hacía tiempo de que Ermak recurría habitualmente a los servicios de una bruja a la hora de decidir sobre nombramientos clave y cuestiones (geo)políticas”, relataba Peter Korotaev. “Durante la vista, la fiscalía también alegó que Yermak tenía un teléfono secreto que utilizaba para ponerse en contacto regularmente con una astróloga afincada en Kiev conocida como «Veronika Feng Shui» —identificada como Veronika Anikiyevich, de 51 años— para que le asesorara sobre los nombramientos gubernamentales. Al parecer, Ermak compartía las fechas de nacimiento de los candidatos con la astróloga, quien a su vez le indicaba al segundo hombre más poderoso de Ucrania qué nombramiento era el más propicio según los astros”, añadía France 24. El proceso va a hacerse muy largo, no solo para Ermak, sino también para Zelensky que, sin duda, va a verse salpicado por lo que puede convertirse en un circo mediático.
La guerra terminará en algún momento y tras el alto el fuego tendrán que celebrarse unas elecciones para las que, a día de hoy, la mejor preparación es la deslegitimación del enemigo. Aunque sea a base de la humillación judicial y el uso de trapos sucios con los que intentar dejar en mal lugar a los amigos del presidente y minar así las posibilidades de Zelensky de aspirar a la reelección.
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