Dos dogmas dominan el discurso actual sobre la guerra de Ucrania. Por una parte, Kiev está ganando, todo está bajo control y, en términos militares, su innovación y producción supera a Rusia en los aspectos más importantes. Esta idea queda perfectamente resumida en la última entrevista concedida por el presidente finlandés Alexander Stubb, que la repite, prácticamente con las mismas palabras, cada vez que tiene ocasión. “Ucrania está matando a 30-35.000 rusos al mes; Rusia no puede reemplazar las pérdidas. Alrededor del 95% de las bajas son causadas por drones. Ucrania está recuperando terreno y en marzo lanzó más drones y misiles contra Rusia que al revés. Esto ya no es caridad, Occidente necesita el saber hacer de Ucrania”, afirmó el dirigente finlandés, que se aferra a unas cifras fruto de la tarea de desinformación ucraniana, interesada en exagerar las bajas enemigas mientras esconde las propias. Las ganancias territoriales ucranianas son escasas y se producen en frentes secundarios, mientras que los principales éxitos que se pueden apuntar los drones son el intento de destrucción de las infraestructuras de exportación petrolíferas rusas en un momento en el que el mercado global necesita que todo el petróleo disponible esté en el mar para paliar el alza de precios.
Stubb se refiere también, como hacen actualmente todos los y las dirigentes de los países europeos y la UE, a que Rusia no puede reponer esas inmensas pérdidas que nadie indica dónde se producen exactamente, ya que no hay grandes batallas en las que puedan causarse tales bajas. “Mientras tanto, el jefe de gabinete de Zelensky, Budanov, dice que Rusia no tiene escasez de tropas y lamenta los propios problemas de Ucrania con la movilización”, comentaba el periodista opositor ruso Leonid Ragozin para remarcar que ni siquiera la inteligencia ucraniana, con un claro interés por destacar cualquier mínimo problema ruso en el reclutamiento, afirma lo que insisten las élites políticas europeas. “Las guerras no se ganan sin personas”, ha llegado a decir Kirilo Budanov, que actualmente juega el papel de poli bueno frente al malo que sigue interpretando Zelensky. “Existe un abismo creciente entre la fantasía de los halcones europeos respecto a Ucrania y la realidad en el terreno, según la evaluación de los funcionarios ucranianos”, insistía Ragozin, cada vez más molesto por la creciente disonancia entre la realidad objetiva que trasciende del frente y el discurso de los países europeos, un alejamiento de los hechos similar al que a diario muestra Donald Trump con sus proclamas de gran victoria en Oriente Medio.
La segunda gran idea que domina el discurso europeo es que Rusia se encuentra al borde del colapso. Quienes mantienen a flote la economía ucraniana a base de subvenciones y tras meses de discusiones aún no han conseguido emitir deuda por valor de 90.000 millones de euros para que Kiev pueda luchar dos años más insisten en que Rusia no está soportando tan bien como afirma las consecuencias económicas de la guerra y tiene que inventar los datos para alegar lo que cualquier visitante del país puede observar con sus propios ojos: la guerra mueve la economía. “El jefe de inteligencia militar de Estocolmo dijo que Moscú está manipulando sistemáticamente los datos para engañar a los aliados occidentales de Ucrania y hacerles creer que su economía ha resistido la presión de su derrochador gasto en la guerra y las sanciones occidentales”, escribía ayer Financial Times, que presentaba el artículo como una gran exclusiva. Teniendo en cuenta que presentar información de inteligencia como noticia es la definición de desinformación y Suecia es uno de los países que han mantenido una postura más firme a favor de la guerra hasta el final, lo cuestionable de la noticia no se limita a su calificación de exclusiva. “Esto es una transmisión acrítica de una narrativa desacreditada plantada por una parte interesada con el único objetivo de prolongar la guerra en Ucrania. Debería marcarse como un anuncio. Rusia lleva acabada desde hace 25 años, según la revista The Atlantic, pero, por algún motivo, los agresores rusos están capturando más y más territorio ucraniano día tras día”, se quejaba Ragozin.
En este contexto en el que, según el discurso oficial, Rusia se encuentra en caída libre en términos económicos, superada en drones y misiles y sin poder reponer sus filas de muertes masivas diarias, Kiev sigue necesitando enormes cantidades de financiación para mantener un aspecto de país con economía propia, Zelensky exige cada vez más munición para la defensa aérea y varios países se plantean cómo lograr que los ucranianos refugiados en el país vuelvan a Ucrania, donde serían inmediatamente movilizados. El lunes, The Times publicaba una iniciativa irlandesa para estimular el retorno de la población refugiada de Ucrania, un indicio de que son, especialmente los hombres en edad militar, más útiles para los países europeos en el frente que en la retaguardia lejana.
“Tendrán que marcharse porque vamos a rescindir los contratos. Y el calendario es lo fundamental en este caso. Tenemos una línea de actuación clara. Quiero que ese calendario se cierre en los próximos 12 meses. Tenemos que cerrarlo como una decisión del Gobierno”, afirmó el ministro de Migración de Irlanda, Colm Brophy, en referencia a los contratos de alojamiento para los que la población ucraniana recibe actualmente 600€ al mes, por debajo de los 800€ que han llegado a percibir, pero más que los 400€ que recibían inicialmente. Como Alemania, que específicamente quiere incentivar el retorno de los hombres en edad militar, también Irlanda busca reducir su población refugiada ucraniana. Aunque la guerra sigue siendo el principal proyecto geopolítico europeo y persiste la voluntad de sostener la batalla financiando la compra de armas y pagando los salarios de los soldados que luchan en nuestro nombre, se ha reducido la de garantizar el bienestar de quienes han huido del país para evitar morir en el conflicto.
La Unión Europea tampoco parece dispuesta a garantizar a Ucrania su deseo de una adhesión rápida y privilegiada, que Kiev basa en su posición como frontera exterior de la democracia frente al autoritarismo y barrera imprescindible para garantizar la defensa del continente. “El presidente Volodymyr Zelensky considera que la adhesión a la UE es uno de los principales alicientes de cualquier acuerdo de paz y aboga por que su país se incorpore al bloque ya en 2027. Sin embargo, los miembros más importantes de la UE se han mostrado reacios a las propuestas de la Comisión Europea de acabar con el lento y burocrático proceso de adhesión para ofrecer a Kiev beneficios inmediatos”, afirmaba el lunes Financial Times en un artículo en el que apuntaba a los países que rechazan la adhesión inmediata de Ucrania. Aunque los bloqueos suelen achacarse a países díscolos como la Hungría de Orbán o la Eslovaquia de Fico, las decisiones de mayor relevancia suelen llevar el nombre de las grandes potencias. Como en la OTAN, donde ni Estados Unidos, ni Alemania han sido nunca partidarios de acelerar la entrada de Ucrania, también en la UE son los países más potentes los que frenan el ritmo.
“Alemania y Francia han pedido que se conceda a Ucrania ventajas «simbólicas» en una fase previa a la adhesión que excluye las ayudas agrícolas de la UE y el derecho a voto”, indica el artículo, que da a entender que sigue adelante la idea de adhesión light de la que hablaba hace unos meses Politico y que molestó a Kiev, que exige una participación completa e inmediata en la Unión Europea. Financial Times, que ha tenido acceso a los documentos, afirma que “Alemania aboga por un estatus de «miembro asociado», en virtud del cual Kiev participaría en las reuniones ministeriales y de los líderes, pero no tendría derecho a voto ni «aplicación automática» del presupuesto común de la UE”, mientras que “Francia denomina a esta forma de adhesión a medio camino «estatus de Estado integrado», en virtud del cual el acceso a la «Política Agrícola Común y a la financiación europea, como la política de cohesión… debería posponerse hasta una fase posterior a la adhesión»”.
“Es importante que Ucrania sea miembro de la UE y eso es algo que deseamos fervientemente. Francamente, la UE en sí misma es mejor que la OTAN, tanto desde el punto de vista económico como en materia de seguridad, y la UE solo saldrá beneficiada de contar con Ucrania como miembro. Nuestro ejército de 800.000 efectivos y nuestras tecnologías no harán más que fortalecer a la UE, lo cual redunda en interés tanto de la UE como de Ucrania”, ha insistido Zelensky.
Ucrania es necesaria para conocer la forma en la que se hace la guerra moderna y para que siga luchando mientras sea necesario, pero no como socio que precisaría de enormes cantidades de inversiones para la reconstrucción y que supondría una competencia que ciertos países -Polonia entre ellos- no desean en la única materia no bélica en la que se considera superpotencia, la agricultura. Ucrania es vista -y utilizada- como una herramienta, no como un aliado.
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