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Alemania, Armas, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Proteger la vida

“Alemania es un líder clave en el apoyo a Ucrania y en la protección de vidas: es Alemania la que ocupa el primer lugar en Europa en términos de asistencia a nuestra defensa. Todos vemos cómo pueden cambiar los sentimientos geopolíticos y cuánto depende de la capacidad de Europa para defenderse a sí misma: por su forma de vida y sus valores. Es importante que Alemania siga siendo fuerte, siga comprometida y sea verdaderamente capaz de defender los intereses de Europa y de los europeos”, escribió el martes Volodymyr Zelensky sobre su primera parada de la gira europea que realiza actualmente. Poco antes, el canciller alemán y el presidente ucraniano habían anunciado un nuevo paquete de asistencia militar a Ucrania.

El estallido de esperanza en este sentido ha venido de Hungría, donde la UE planea no modificar las medidas económicas impuestas contra el Gobierno de Orbán hasta que Peter Magyar cumpla su promesa de aprobar la emisión de deuda que la Unión Europea debe realizar para poder suministrar ese préstamo de 90.000 millones de euros con el que las Fuerzas Armadas de Ucrania podrán continuar la guerra durante otros 24 meses. A esa financiación se unirán los 60.000 millones de dólares que Mark Rutte afirma que aportarán este año los países miembros de la OTAN en una asistencia que se centrará especialmente en defensa aérea, drones y munición de largo alcance. En la narrativa de Zelensky, y cada vez más en la europea, la única forma de proteger vidas es proveer al ejército ucraniano de las armas con las que luchar contra Rusia y hacerlo, según la planificación, durante dos años más.

Cuatro años después de la invasión rusa y doce después del inicio de la guerra en Donbass, la única iniciativa europea para conseguir el final del conflicto ha sido el acuerdo de Minsk, impulsado por Angela Merkel, defendido solo retóricamente por algunos de los países europeos, vilipendiado por otros y utilizado solo para culpar a Rusia y justificar la imposición de sanciones, haciendo menos probable una resolución. La invasión rusa de Ucrania tras siete años de incumplimiento del acuerdo permitió a Ucrania y los países europeos renegar completamente de una hoja de ruta en la que nunca creyeron y que Kiev jamás iba a implementar. Es más, el propio Volodymyr Zelensky ha afirmado haber comunicado a Angela Merkel y Emmanuel Macron que los acuerdos de Minsk eran inviables para Ucrania, una forma sutil de anunciar que Kiev no tenía intención de implementar una hoja de ruta que siempre trató de reescribir o retrasar. Por aquel entonces, el apoyo alemán al acuerdo hacía imposible para Ucrania repudiarlo, por lo que la diplomacia de dilación fue la táctica a seguir durante los siete largos años que Kiev sometió a Donbass al régimen de ni guerra ni paz. La condena no fue solo militar, ya que el bloqueo económico y la negativa a reanudar el pago de pensiones a la población residente en la RPD y la RPL obligó a hombres y mujeres ancianos a arriesgar su salud y cruzar el frente para percibir sus prestaciones ucranianas, de por sí míseras, o a la pobreza de subsistir únicamente con las que gracias a la financiación rusa comenzaron a pagar las repúblicas de Donbass. Ya entonces, proteger a la población se limitaba a la guerra, aunque se hiciera generalmente desde una retórica de defensa de los mismos acuerdos de paz a los que se había renunciado de facto varios años atrás.

Con la voluntad clara de esperar tiempos mejores y negociar en posición de la fuerza que le da a Kiev el apoyo de sus aliados, con la certeza de saber que en esta guerra nunca escasearán las armas ni la financiación, Zelensky observa tranquilo las perspectivas de futuro. Estados Unidos, distraído en América Latina, en Oriente Medio, publicando memes de creación del culto a la personalidad de su líder o planeando el “gran abrazo” que le dará el presidente Xi Jinping en la visita de Trump a China, ha dejado de exigir a Ucrania la celebración de elecciones. El papel de Zelensky como héroe de guerra está asegurado durante un tiempo más y ni siquiera será necesaria la incertidumbre que siempre suponen unas elecciones, especialmente si hay que enfrentarse a otra figura enaltecida en la batalla. Aunque ha causado daños gravísimos este invierno, Rusia no ha logrado un fuerte avance en el frente, que sigue prácticamente estático. Los daños en las infraestructuras energéticas han perjudicado fundamentalmente a la población civil, una preocupación menor con la que las autoridades ucranianas pueden vivir perfectamente a pesar de las dramáticas situaciones que ha causado. Con la industria descentralizada, es decir, externalizada a otros países, la falta de energía solo incide parcialmente en la producción militar, prioridad absoluta del Gobierno ucraniano y motivo por el cual cada viaje de Zelensky viene acompañado de acuerdos de producción conjunta, que en el futuro pueden suponer el uso de Ucrania como reserva productiva de mano de obra cualificada y extremadamente barata, pero que ahora suponen la producción europea para que Ucrania pueda disponer de armas con las que seguir muriendo y matando en nuestro nombre.

Sin embargo, para ello es preciso mantener la cifra de soldados movilizados incluso a pesar de las últimas noticias que ha dado Zelensky. Esta semana, en uno de sus muchos mensajes a la ciudadanía, el presidente ucraniano ha anunciado que, sin participación alguna de la infantería, robots han sido capaces de capturar posiciones rusas. Sustituir a los soldados humanos por robots ha sido una de las máximas de Andriy Biletsky, el líder del movimiento Azov, que comenzó en 2014 como un simple hombre de negro que actuaba con sus secuaces al servicio de las autoridades en Járkov y que ha ascendido a general de brigada de un ejército en el que su influencia cada vez parece ser mayor.

Una de las grandes ideas de Biletsky y su círculo ha sido siempre obligar a la población masculina a permanecer en el país, aunque hubiera que hacerse por medio de la fuerza. Para Azov, la guerra va más allá del frente y no se dirige únicamente contra el enemigo al otro lado de las trincheras. Exigir el retorno de los refugiados ha sido también algo que se ha repetido a lo largo de los años, idea que ha retornado esta semana en la rueda de prensa de Zelensky y Friedrich Merz. “Hay un montón de cosas sombrías por ahí, pero el canciller alemán obligando a hombres ucranianos a morir en la línea de frente es más sombrío que la mayoría”, comentó el periodista opositor ruso Leonid Ragozin en referencia a las declaraciones del canciller alemán, que había afirmado que “colaboraremos estrechamente” con Ucrania “en lo que respecta a los ciudadanos ucranianos que han buscado refugio en nuestro país y facilitaremos su regreso a casa”. “Es crucial que esos hombres estén ahí para ayudar a su país”, añadió el líder alemán, que parecía adherirse a la idea de equiparar ciudadanía con lucha en el frente que siempre ha defendido la extrema derecha.

“¿Deportará Alemania a los hombres ucranianos en edad de reclutamiento?”, se preguntaba el medio ucraniano Strana, que, sin embargo, añadía que “en realidad, esta posibilidad es muy poco probable. Para empezar, por el hecho de que no hay ninguna base legal para deportar a los hombres ucranianos que viven legalmente en Alemania. Como miembro de la UE, Alemania está obligada a cumplir con las normas europeas. Incluso en lo que respecta al estatus de protección temporal para los ucranianos, en el que no se hacen distinciones por sexo ni edad”. “Este estatus estará vigente hasta marzo de 2027 y, al menos hasta esa fecha, no puede haber cambios para los hombres ucranianos en los países de la UE (como referencia, Suiza, Noruega y el Reino Unido no forman parte de la Unión Europea y establecen restricciones independientemente de las normas de la UE)”, añade el medio, que argumenta también que no existe la mayoría necesaria para modificar las normas y que, incluso aunque se retirara la protección temporal a los ucranianos en edad de luchar en nuestro nombre, una deportación masiva sería absolutamente impensable. En 2021, los países europeos, incluida Alemania, deportó a hombres a Afganistán hasta apenas unos días antes de la caída de Kabul, cuando la guerra se encontraba en su fase más peligrosa y la caída del Gobierno sostenido por Occidente era evidente. Sin embargo, nadie podría imaginar que se actuara de esa manera con la deportación de poblaciones europeas.

El mensaje de Friedrich Merz no es el anuncio de que los agentes de reclutamiento de Zelensky podrán recibir a los hombres que habían huido de la guerra refugiándose en Alemania, pero si es una advertencia de que la protección europea tiene sus límites. En realidad, se trata de una declaración que pretende resaltar la obligación de los hombres ucranianos de permanecer en el país, someterse a la movilización y arriesgarse a dar su vida por una guerra que parece no tener fin y en la que existe una zona de muerte en la que cualquier momento puede ser el último. Alemania no puede expulsar a los hombres refugiados y posiblemente tampoco limitar la acogida de más ucranianos que huyan del frente en el futuro, pero su canciller ha dejado claro que Berlín no quiere recibir a más población masculina ucraniana, de la que espera que permanezca en el país para cumplir su labor cívica de aceptar ser enviados a la guerra.

“En cuanto a los jóvenes que se encuentran en el extranjero, se dividen en diferentes categorías. Estoy de acuerdo contigo”, respondió Zelensky a Merz, “en lo que respecta a aquellos en edad de ser movilizados que se marcharon temporalmente pero acabaron quedándose durante años, así como a los que se marcharon infringiendo la ley; los organismos competentes de ambos países deben ocuparse de ello”. El deseo de Ucrania es evidente, que Alemania colabore en el retorno de esos potenciales reclutas. “A nuestras Fuerzas Armadas les gustaría que regresaran porque es una cuestión de justicia. Nuestro personal en el frente necesita rotación. Aunque nuestros soldados son fuertes, tienen familias. La responsabilidad debe ser compartida por todos los ciudadanos”, sentenció. La guerra como deber ciudadano.

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