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El camino euroatlántico

“Con la salida del obstruccionista Viktor Orbán, ya incapaz de servir como peón de Putin, Ucrania y Moldavia darán un paso decisivo hacia la adhesión a la Unión Europea el lunes, al embarcarse en la primera fase de las negociaciones de adhesión”, escribió la semana pasada el exdirector de Human Rights Watch y habitual comentarista político Ken Roth. Sus palabras son el perfecto reflejo de la forma del establishment occidental de analizar cualquier cuestión internacional en términos de cómo afecta a Rusia o cómo el Kremlin puede influir en ella. Y aunque Moscú no se ha cansado de insistir en que, si la UE sigue siendo únicamente un bloque político y no uno militar, Rusia no tiene mayor inconveniente en que Ucrania se convierta en miembro, los medios y la clase política presentan cada paso de Kiev hacia la Unión como un fracaso del Kremlin. En cierta forma, Rusia tiene en este aspecto una aliada inesperada, una tendencia tan atlantista que no quiere avanzar hacia una solución de seguridad comunitaria, ya que eso sería redundante y restaría importancia a la OTAN. Ese precisamente ha sido el argumento que recientemente ha expresado Kaja Kallas.

“No apoyo la creación de un ejército adicional de la UE, ya que cada Estado miembro cuenta ya con sus propias fuerzas armadas. Además, 23 países de la UE son miembros de la OTAN. Si estas fuerzas participan en la OTAN, no pueden utilizarse en otros lugares al mismo tiempo. La creación de un ejército paralelo tampoco es una opción”, ha expresado recientemente la cuestionada líder de la diplomacia comunitaria, más preocupada por la salud de la Alianza Atlántica que por la institución supranacional a la que pertenece. Más allá de la realidad de que un ejército europeo tendría unos objetivos similares a los de la OTAN y se diferenciaría fundamentalmente en la ausencia de Estados Unidos, el rechazo a un ejército europeo responde al fanatismo de algunos países que se han adherido a la Unión Europea en las últimas décadas y cuya lealtad es más cercana a Washington que a cualquier otra capital europea. Entre ellos está, por supuesto, Estonia, cuya exprimera ministra tiende a confundir los tan repetidos valores europeos con los objetivos y formas de actuar de la OTAN. De ahí que, por motivos muy diferentes, la interpretación de la UE como un bloque político subordinado a la OTAN pero sin una coordinación militar propia de sus Estados miembros haga que no sea percibido por Moscú como una amenaza. Sin embargo, la identificación entre las dos estructuras implica que cada vez sean más indistinguibles y que, por lo tanto, países que aspiran a la adhesión interpreten como un pack unificado el “camino euroatlántico”, exigiendo la entrada tanto en la OTAN como en la UE. Sigue leyendo

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