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Minsk, el acuerdo nuclear iraní y el significado de la palabra negociar

“El mando militar de Ucrania ha acusado a Rusia de violar repetidamente una tregua para conmemorar el Sábado Santo ortodoxo con casi 470 incidentes que van desde ataques aéreos y ataques con drones hasta bombardeos”, escribía ayer por la mañana AFP con el titular más previsible del día. Pese a la reducción de actividad que suponen este tipo de iniciativas, ninguna de las muchas treguas pactadas por las partes o anunciada por una de ellas a lo largo de los doce años de escenario bélico se han cumplido completamente. Parte del juego mediático dependiente de los intereses de cada momento, Kiev, Moscú, Donetsk y Lugansk han resaltado en cada momento aquello que más les interesaba teniendo en cuenta la situación política y al margen de la realidad del fuego en el frente. En los momentos en los que era preciso argumentar que existía alto el fuego porque había sido planteado como prerrequisito para la continuación del proceso diplomático, la artillería no era obstáculo para alegar que existía silencio en el frente. Cuando, por el contrario, el objetivo era ralentizar el proceso para evitar tener que realizar concesiones o arriesgarse a un avance en el proceso diplomático, la misma artillería era una gran herramienta para culpar del bloqueo a la otra parte.

Ayer, con toda la atención puesta en el final de las conversaciones de Islamabad, Rusia y Ucrania realizaron el habitual cruce de acusaciones con cifras de infracciones, un recuento absolutamente inútil teniendo en cuenta la brevedad de la tregua. Las condiciones son diferentes a los tiempos en los que las partes en guerra actualizaban a diario los bombardeos ajenos en una secuencia de siete años de incumplimiento militar de la tregua, inviable sin un marco político que la sostuviera y que avanzara a una negociación política real. En general, ese tiempo transcurrido entre comunicados sobre los ataques ajenos y acusaciones de que era la otra parte la que había imposible un acuerdo remiten a las palabras del presidente y el vicepresidente de Estados Unidos para justificar que todo lo ocurrido en Islamabad durante las 21 horas que las delegaciones estuvieron reunidas era, en realidad, un ejercicio de coerción para imponer unos términos decididos de antemano. “Consigamos un trato o no, me da igual porque ya hemos ganado”, afirmó en Washington Donald Trump, cuya insistencia en que se ha producido una victoria histórica de Estados Unidos, que generalmente acompaña de datos o éxitos existentes únicamente en su mente, es la constatación de que la Casa Blanca sigue sin lograr su objetivo. “Irán no aceptó las exigencias de Estados Unidos”, sentenció Vance antes de abandonar Pakistán tras 21 horas de encuentros y las primeras conversaciones de alto nivel entre los gobiernos de Washington y Teherán en 47 años. Sigue leyendo

Reportes del frente archivados.

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