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Éxitos y fracasos

Sin ningún avance del que jactarse, Estados Unidos sigue abriendo la puerta a la posibilidad de reiniciar el proceso de diálogo con Rusia y Ucrania con el que el equipo de Trump esperaba resolver una guerra que nunca han sabido comprender. “En las próximas semanas se van a realizar algunos esfuerzos para ver si podemos reanudar las conversaciones entre Rusia y Ucrania y poner fin a esta guerra. También somos conscientes de que ambas partes tienen unas líneas rojas bastante firmes y, hasta que no logremos acercar un poco más esas líneas rojas, no habremos llegado a ese punto”, afirmó Marco Rubio en una entrevista concedida a Fox News que apunta a nuevas reuniones, viajes de Kushner y Witkoff, pero posiblemente pocos cambios en la dinámica de la guerra y de la diplomacia, perpetuamente bloqueada ante la percepción de las partes de que continuar luchando es la vía para obtener una mejor posición negociadora. Rusia, que apuesta por la guerra terrestre y por conseguir el control de Donbass para posteriormente ofrecer a Ucrania congelar el frente y resolver las cuestiones políticas desde su objetivo de lograr recuperar el control de Donetsk y Lugansk, sigue avanzando lentamente en su aproximación a Krasny Liman por el este y Kramatorsk por el sur. Ucrania, por su parte, insiste en la guerra aérea para minar la economía rusa, desestabilizar el país y obligar al Kremlin a cruzar su línea roja de aceptar un alto el fuego como prerrequisito para una negociación en la que tendría el apoyo de los países europeos y aspiraría a unas condiciones que no se corresponden con el equilibrio de fuerzas que muestra el frente.

Parte integral de esta táctica es contar con el material necesario para responder al inevitable contraataque aéreo ruso que siempre iba a producirse a causa del endurecimiento de los ataques ucranianos. En los últimos días, además de paralizar prácticamente las exportaciones marítimas de Ucrania y destruir el grueso de gasolineras en la zona Pavlograd-Járkov, una actuación que pretende cortar una línea de suministro militar básica para Ucrania, Rusia ha sido capaz de alcanzar objetivos importantes. Según apuntaba esta semana The Guardian, “una fábrica de drones en Kiev, destruida el viernes por un misil balístico ruso, era propiedad de una empresa estadounidense registrada en Delaware, en lo que parece ser la primera vez que Moscú ha atacado a una empresa de defensa estadounidense en el conflicto. Terminal Autonomy fabrica drones de «ataque en profundidad» de precisión con sistemas de guía resistentes a las señales de interferencia rusas”. “La expresión «autonomía terminal» se refiere a la fase final del ataque de un dron kamikaze, en la que la inteligencia artificial toma el control del arma después de que las fuerzas defensoras interfieran las ondas de radio o el servicio de telefonía móvil”, añadía el medio británico. Ucrania, especialmente bajo el liderazgo del recién cesado ministro Fedorov, ha enfatizado el uso de tecnología, drones e inteligencia artificial, aspectos con los que ha conseguido éxitos, pero que también son objetivos que Rusia tiene la capacidad de destruir y la inteligencia para hacerlo. Sigue leyendo

Reportes del frente archivados.

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