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Quid pro quo

En 2020, cuando luchaba contra Joe Biden, un candidato al que no quería nadie pero que, como Zelensky, consiguió llegar al poder con una campaña en la que insistía simplemente en que no era su oponente, Donald Trump trató de conseguir del presidente ucraniano el kompromat -material comprometido- con el que acabar con cualquier posibilidad de victoria Demócrata. Zelensky había llegado al poder apenas unos meses antes con una campaña en la que únicamente tuvo de dejar hablar a Petro Poroshenko, que en sus cinco años de mandato se había deslegitimado tanto que el aspirante apenas tuvo que esforzarse para derrotarle. La legislatura de Zelensky comenzó con una falsa esperanza que nadie debió creer, pero que caló incluso en Rusia: si el nuevo presidente quería diferenciarse de su predecesor, tenía que prometer, como hizo para después no cumplir, limitar las leyes nacionalistas y lograr un compromiso con Moscú para detener la guerra en Donbass. Ese discurso dio a Zelensky una abrumadora victoria en las elecciones presidenciales y la mayoría absoluta en el Parlamento, otorgándole el control político absoluto del país y la fortaleza de permitirse decir que no al entonces presidente de Estados Unidos. Ayudó, sin duda, que Zelensky y su equipo percibieran que las posibilidades de reelección de Trump eran escasas.

Ucrania no ayudó a Donald Trump suministrando los datos que el Partido Republicano buscaba para probar la corrupción de la familia Biden y que tenían uno de sus escenarios preferidos en Ucrania. Allí, Joe Biden se había jactado de haber dado a Ucrania la orden de cesar al Fiscal General del Estado y su hijo Hunter, que carecía de la cualificación para el puesto, había sido obsequiado con un lucrativo cargo en el consejo de administración de Burisma, la mayor empresa privada del sector del gas, algo que siempre pareció un pago por los servicios prestados. Burisma debía ser la carta escondida en la manga de Trump, que ofrecía a Ucrania apoyo de Estados Unidos a cambio de ese material comprometido con el que compensar la mala situación económica con la que el presidente Trump se aproximaba a las elecciones, una circunstancia que hacía prácticamente imposible su victoria. Su derrota se debió a la coyuntura económica vinculada a la pandemia y al malestar social que se había creado durante el verano por el asesinato de George Floyd, las posteriores manifestaciones de Black Lives Matter y la movilización social y política que eso generó. Sin embargo, Donald Trump nunca dejó de reprochar a Zelensky que no le ayudara en su misión de derrotar a Joe Biden. El quid pro quo que, a la desesperada, a las puertas de la derrota, buscó Donald Trump se convirtió muy pronto en una alianza Biden-Zelensky que dio grandes réditos al presidente ucraniano, cuando su homólogo estadounidense reaccionó con rapidez y entusiasmo en el momento en el que le notificó que no necesitaba “un transporte, sino munición”. Sigue leyendo

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