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Diplomacia del espectáculo

Desde el 7 de abril, los medios occidentales se han centrado en seguir a diario el proceso de negociación para resolver la guerra de Estados Unidos contra Irán. Ha sido un tiempo de vaivenes, amenazas, imposición del bloqueo naval -un acto de guerra incompatible con un alto el fuego- y una catastrófica situación que, con total impunidad, ha causado Israel en el Líbano, teóricamente también incluido en la negociación. Estados Unidos ha continuado exigiendo a Irán unos términos de capitulación mucho más allá del marco pactado con la intermediación de Pakistán y que hizo posible la continuación de la diplomacia y la declaración de la tregua. Las terribles imágenes que a diario llegan desde el sur del Líbano, con los bombardeos de la ciudad histórica de Tiro o la captura propagandística del castillo de Beaufort -escenario de duras batallas en el siglo XII durante la época de las cruzadas y estratégico entonces por su posición en altura- contrastan con la aparente tranquilidad de Irán, donde los bombardeos son limitados y Teherán ha hecho un gran esfuerzo por iniciar la reconstrucción de sus infraestructuras civiles y militares. Aun así, la diplomacia no ha avanzado en dos meses en los que, pese a constantes presagios de acuerdo, a cada momento en el que se anunciaba un paso decisivo inminente le ha seguido otro de amenazas de ruptura del proceso de diálogo.

El fin de semana, en una entrevista concedida a Fox News y conducida por su nuera Lara Trump, el presidente de Estados Unidos planteó los dos objetivos que Washington quiere conseguir con la guerra: que Ormuz esté abierto y el tránsito no se vea interrumpido por ningún tipo de peaje y que Irán jamás vaya a tener acceso a armas nucleares. En otras palabras, la Casa Blanca busca resolver el problema que ella misma causó con la guerra y volver al  28 de febrero, cuando Ormuz estaba abierto al paso de cualquier buque sin que Irán interfiriera en el tráfico. Por otra parte, Donald Trump insiste en que Irán pronuncie las mismas palabras que ya pronunció con el acuerdo de 2015, ese que el actual presidente rompió unilateralmente, ya que consideraba que suponía un camino directo a que Irán adquiriera armas nucleares. “Irán reafirma que, en ninguna circunstancia, Irán buscará, desarrollará ni adquirirá armas nucleares”, afirmaba el punto III del preámbulo del acuerdo nuclear de 2015 y que quería ser tan claro que en ese compromiso se mencionaba el nombre del país en dos ocasiones.

Pese a esa lógica de objetivos aparentemente moderados, la diplomacia se encuentra actualmente al borde del colapso. Esa percepción puede ser engañosa, ya que, en dos ocasiones, Estados Unidos optó por la fuerza militar en momentos en los que el acuerdo nuclear estaba, como afirmó el ministro de Asuntos Exteriores de Omán el 27 de febrero, “al alcance de la mano”. La apariencia de ruptura diplomática puede no corresponderse con la realidad y ser simplemente una herramienta de presión máxima para amedrentar a Teherán y conseguir unas concesiones más duras de lo que indica el resultado de la guerra y las cartas que cada una de las partes tiene actualmente.

A lo largo de este tiempo, Estados Unidos ha jugado al mismo juego que utilizó Ucrania durante siete años: partir de un acuerdo con postulados sencillos y perfectamente viables, para tratar de hacer de ese pacto de mínimos la capitulación del enemigo al que no había conseguido derrotar. El modus operandi de Kiev fue reescribir los acuerdos y entendimientos en busca de endurecer las concesiones que exige a la otra parte y limitar las propias. Durante siete años, Ucrania exigió a Rusia la entrega del control de la frontera con Donbass. Lo hizo siempre sin ofrecer nada a cambio. De la misma manera que Estados Unidos exige ahora a Irán que reabra Ormuz sin comprometerse, por ejemplo, a levantar ciertas sanciones contra Irán o a liberar parte de los fondos iraníes congelados en países como Qatar, Kiev rechazaba ofrecer a cambio del control de la frontera, por ejemplo, el levantamiento del bloqueo o la reanudación de pagos de pensiones o prestaciones sociales en Donbass.

Los actos tienen consecuencias y el uso de la guerra militar o económica contra un país implica un cierre de filas que pudo comprobar Rusia con la reacción nacionalista ucraniana en 2022, pero que también han sentido Estados Unidos y Ucrania. Las imágenes de mujeres iraníes, muchas de ellas jóvenes, con vestimenta occidental y sin hijab en las manifestaciones diarias en apoyo al Estado han llamado mucho la atención en los medios, que acostumbraban a ilustrar los artículos sobre Irán con el perfil de mujeres cubiertas con el tradicional chador negro pasando por delante de los murales de la antigua embajada de Estados Unidos. Ahora, algunas de esas mujeres portan retratos del asesinado ayatolá Jameneí en esas movilizaciones de defensa de la nación frente a la segunda agresión externa de dos potencias nucleares.

En el caso ucraniano, Zelensky trata de explicar estos días por qué hombres jóvenes nacidos en territorio ucraniano luchan contra las Fuerzas Armadas de Ucrania. “Les enseñan a los niños a odiar a su país, a odiar a su gente”, afirmó Zelensky en una aparición en Face The Nation en la que llamó a la periodista a “imaginarse a jóvenes ucranianos, muchachos yendo al campo de batalla y matando a otros ucranianos”. “Utilizan todos los instrumentos para matar a Ucrania y a los ucranianos”, sentenció Zelensky, que con sus palabras intenta no admitir que hay una parte de guerra civil en el conflicto rusoucraniano. Rusia no ha tenido que adoctrinar a la población para que el pueblo de Donbass fuera consciente de que el que era su Gobierno lanzó una operación antiterrorista, que envió a matar el 9 de mayo a los hombres de negro que hoy en día son los ejércitos privados de Andriy Biletsky y Denis Prokopenko; que Kiev detuvo el pago de pensiones, salarios públicos y prestaciones sociales en el verano de 2014 para no reanudarlo jamás y que, de no ser por los fondos que llegaban de Rusia, la catástrofe humanitaria en Donbass habría sido masiva. ¿De qué lado tendrían que luchar esos jóvenes ucranianos -muchos de ellos niños en 2014- a los que Ucrania dejó atrás y, en lugar de buscar una resolución política, envío un ejército para el que había inventado una operación antiterrorista?

En el juego de la diplomacia, las apariciones mediáticas son una parte esencial y ese es el ambiente en el que mejor se mueven tanto Donald Trump como Volodymyr Zelensky. El lunes, Donald Trump lo utilizó tanto para decir que el acuerdo estaba al caer como para insistir en que, si son ciertas las informaciones de que Irán ha suspendido los contactos diplomáticos a causa de los ataques israelíes contra el Líbano, “no pasa nada” porque “ya hemos hablado demasiado”. Además de para recordar que muchos de los hombres que luchan en el frente sur y este son ucranianos, Zelensky utilizó el altavoz mediático de la CBS para exigir la visita de Steve Witkoff y Jared Kushner, un nuevo espectáculo mediático que no va a dar ningún resultado tangible. Como en Irán o en Gaza, la capacidad de la dupla negociadora de Trump se limita a tratar de alcanzar acuerdos comerciales en busca del lucro de sus familias. “Si quieren ir a Moscú, esta vez tienen que venir primero a Kiev y luego a Moscú”, recalcó con una propuesta vacía teniendo en cuenta que las exigencias de Ucrania son tan maximalistas como las de Estados Unidos contra Irán.

“Por su parte, los rusos han dejado claro discretamente que están cansados de las visitas periódicas del enviado especial del presidente, Steve Witkoff, y del yerno de Trump, Jared Kushner, según personas familiarizadas con las negociaciones. Afirman que quieren un proceso diplomático estable, con grupos de trabajo y reuniones periódicas. También quieren un embajador estadounidense en Rusia, un puesto que, sorprendentemente, lleva vacante casi un año”, escribía el fin de semana The New York Times. Rusia, como Irán en el teatro de operaciones militares de Oriente Medio, está cansada del tipo de diplomacia con la que operan Washington y Kiev.

“He tenido casos en los que tenía todo listo con Putin y Zelensky no quería llegar a un acuerdo, lo cual me sorprendió”, afirmó Donald Trump hace cinco meses en una entrevista en la que también insistió en que “luego he tenido casos en los que ocurría lo contrario. Creo que ahora ambos quieren llegar a un acuerdo, pero ya lo veremos”, unas palabras que han resultado ser tan realistas como su insistencia en que el objetivo de la guerra contra Irán es un acuerdo nuclear. El tiempo y la destrucción que se ha producido en contextos en los que gran parte de la lucha podría haberse evitado recuerda que ninguna de las dos guerras va a terminar con la capitulación de una de las partes. La diplomacia será imprescindible. La duda es si los actores estarán en algún momento a la altura o si continuará la diplomacia del espectáculo.

Reportes del frente archivados.

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