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Hacia otra propuesta inviable

Mucho se ha dicho ya de la reunión del 9 de octubre, en la que Ucrania acudió a Miami para avanzar en la única negociación que es de su interés: aquella en la que pretende determinar junto a sus aliados los términos que posteriormente se intente imponer a Rusia. Un detalle que no se ha analizado en exceso es el hecho de que Ucrania no acudiera sola a Florida, sino que lo hiciera de la mano de sus principales aliados continentales, sin los que su fuerza negociadora en esta diplomacia interna del bloque atlantista es limitada. En Miami, tanto Kiev como los representantes europeos se vieron sorprendidos, no por los términos de la negociación, sino por un acuerdo Rusia-Estados Unidos en el que no habían tenido voz ni voto. La inquietud que se ha visto desde entonces ha sido evidente. Zelensky ha sido incapaz de mantener la compostura, empeorando la situación a base de ofender aún más a Donald Trump, sin conseguir mantener una narrativa coherente para responder a un obstáculo de uno de sus aliados y presionar a Washington en una especie de negociación realizada a través de la televisión para exigir de su aliado unos términos más duros contra Rusia. Aunque algo más comedidos y menos desencajados que el líder ucraniano, cuyo semblante dejaba ver la traición que considera haber sufrido de su socio más importante, los dirigentes europeos han optado también por el control de daños.

Sin embargo, pese a las duras palabras que se han pronunciado estos días, todo indica que el acuerdo entre Trump y Putin para suministrar diésel ruso “al mercado americano y mundial” es parte de una negociación más amplia que ya presagiaban los medios estadounidenses días antes de la llamada telefónica entre los dos presidentes. The New York Times informaba de la voluntad de Estados Unidos de reanudar las relaciones económicas con Rusia, evidentemente en el sector de la energía, antes de la finalización de la guerra, algo que se utilizaría como incentivo para conseguir una postura más flexible por parte de Rusia en una negociación. Siempre dispuestos a ver en cada paso una trampa rusa, analistas del sector más beligerante consideraron esa idea un intento ruso de coaccionar a la Casa Blanca. “Los enviados del presidente Donald Trump comunicaron el viernes a las autoridades ucranianas que un acuerdo para permitir las exportaciones rusas de gasóleo forma parte de un intento por atraer a Rusia de nuevo a la mesa de negociaciones, tras el fracaso de los esfuerzos anteriores por iniciar conversaciones sostenidas para poner fin a la guerra”, escribía el lunes Reuters confirmando lo que siempre debió ser una evidencia. “Estados Unidos transmitió a los ucranianos que el acuerdo sobre el gasóleo podría ayudar a «suavizar» la postura de Moscú, en parte porque «envía una señal de que Trump está dispuesto a hacer cosas» con Rusia”, añadía la agencia citando a una de las tres personas conocedoras del contenido de la reunión que son las fuentes de la información. Sigue leyendo →

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