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Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

La guerra y el valor de la vida

“Misiles y drones rusos bombardearon Ucrania durante la noche del miércoles, causando la muerte de al menos 17 personas y dejando decenas de heridos en uno de los mayores ataques aéreos de la guerra”, escribía ayer Financial Times. La guerra de Estados Unidos contra Irán y la de Israel contra Líbano han copado tanto las portadas y el interés mediático internacional que la guerra de Ucrania ha caído prácticamente en el olvido. El sufrimiento continuo que implica la guerra para la población civil solo es noticia en momentos puntuales, generalmente cuando actores internacionales pueden utilizar políticamente esa miseria humana, o cuando alcanza niveles como los que se han vivido en lugares como Gaza o Sudán. Desde el alto el fuego, las protestas propalestinas han decaído y con ellas la exigencia a Israel de cumplir con sus compromisos, entre los que se encuentra permitir el acceso a ayuda humanitaria, alimentos o material de construcción para paliar la trágica situación en la que malviven centenares de miles de personas en tiendas de campaña. El caso de Sudán es aún más sangrante. Por su magnitud, la cantidad de personas en ese tipo de situaciones que bordean la hambruna provocada es superior a la de Gaza sin que se haya producido nunca grandes manifestaciones en defensa de un pueblo atrapado en la guerra civil de dos ejércitos sin gran apoyo popular.

En ocasiones, el desinterés que se acumula durante años se une al intento de los países desarrollados de mostrarse como defensores humanitarios al rescate de los pueblos y las nobles intenciones muestran con su imagen el aspecto propagandístico de los actos. Encabezado por solo un actor africano, la Unión Africana, junto a cinco actores occidentales de mayoría blanca -Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea-, 60 países y toda una lista de organizaciones internacionales han prometido 1.300 millones de euros para ayuda humanitaria -cantidades que muy probablemente nunca se entreguen- y han buscado soluciones para Sudán sin tener en cuenta la realidad de Sudán, que no contó con participación oficial. La foto de familia, con representantes fundamentalmente blancos, daba un toque añadido de ironía a este “Encuentro de Berlín”, un acto que rápidamente recordó a la Conferencia de Berlín en la que las potencias europeas se repartieron África. La historia no se repite, pero ciertos aspectos perviven.

Las conversaciones entre Estados Unidos y Rusia, que se iniciaron hace más de un año con un encuentro entre delegaciones lideradas por Marco Rubio y Sergey Lavrov en Estambul sin la presencia de Ucrania, causaron en Kiev temor a que las negociaciones sobre la guerra fueran a producirse de esa manera, sin su opinión. El nerviosismo era infundado. Como puede observarse desde 2022, la población ucraniana ha recibido unas condiciones de asilo y refugio que no se han ofrecido a la población damnificada de otros conflictos bélicos, algunos, como el de Sudán, mucho más duros para la población civil. El trato a la población ucraniana, como debería tratarse a todas las víctimas de conflictos, no se debe únicamente a la piel blanca de la población, aunque el escaso rechazo social a absorber miles de familias extranjeras en países europeos en tiempos de odio a la inmigración muestra que la cuestión racial ayuda, sino que es fruto de la utilidad de esa población con fines políticos. Las caras cansadas de menores, mujeres, ancianos y algunos hombres que habían podido huir del reclutamiento obligatorio eran útiles en febrero de 2022 para justificar una movilización de recursos sin precedentes en una guerra proxy que daba la oportunidad de luchar contra un enemigo histórico de forma indirecta y sin sufrir las consecuencias.

En las últimas horas, Rusia ha publicado una lista de instalaciones de producción militar en la que diferentes compañías europeas producen drones, munición y otras formas de armamento para Ucrania. La advertencia buscaba mostrar que la guerra de Ucrania es cada vez más un conflicto directo de Occidente contra Rusia y destacar la amenaza de que esas circunstancias den lugar a un choque militar. Poco amigo de las sutilezas, el expresidente Medvedev acudió a las redes sociales para, en su estilo, lanzar una amenaza que debe ser consciente de que Moscú no va a cumplir. “La declaración del Ministerio de Defensa ruso debe tomarse literalmente: la lista de instalaciones europeas que fabrican drones y otros equipos es una lista de objetivos potenciales para las fuerzas armadas rusas”, escribió para añadir que el momento en el que “se materialicen los ataques depende de lo que pase a partir de ahora. ¡Que duerman bien, socios europeos!”. Pese a las palabras, ningún acto ruso apunta a que haya cambiado un ápice de su postura, que pasa por evitar a toda costa un choque con Occidente y conseguir llegar a un acuerdo, cada vez más difícil cuando se dan pasos como permitir -o hacer la vista gorda ante- el uso del espacio aéreo comunitario a los drones ucranianos.

La naturaleza proxy de la guerra implica que cualquier paz ha de tener en cuenta a esos actores que participan indirectamente en este conflicto y de quienes depende la arquitectura de seguridad de la Europa del futuro. Por motivos políticos, esos países no ven a Ucrania como observan a Sudán o a Gaza y siempre han tenido en cuenta las exigencias ucranianas. En ocasiones, los países europeos han sido aún más radicales que Ucrania. La parte Demócrata o más anti-rusa del establishment estadounidense afirma falsamente que Washington ha abandonado a Kiev. Esta narrativa se nutre de palabras como las de JD Vance, que esta semana ha declarado que el cese de la asistencia a Ucrania ha sido uno de sus “momentos de mayor orgullo”. Sin embargo, el abandono de Estados Unidos no es realmente una medida contra Ucrania sino contra la Unión Europea, que ahora paga por las armas que Washington enviaba como asistencia militar hasta la llegada al poder de Donald Trump. La tranquilidad con la que Volodymyr Zelensky menciona la posibilidad de que países como Alemania cooperen en la voluntad ucraniana de que los hombres refugiados en la UE retornen al país y exige más financiación con la que seguir luchando varios años más muestra la certeza de Kiev de que Ucrania nunca será tratada como Palestina, Sudán, Líbano o Irán.

Solo la población de Donbass, ucraniana solo cuando es útil para justificar la continuación de la guerra hasta la recuperación de la integridad territorial según las fronteras de 1991, ha vivido un bloqueo con el que se intentó utilizar el arma económica para provocar hambre. Fue así con la connivencia de los países europeos, que nunca vieron en ello una muestra de crueldad ni una infracción del acuerdo de paz. Ucrania nunca vivirá una situación de asedio como la que ha vivido la población palestina de Gaza o determinadas zonas de Sudán, una vejación que solo se permite contra los pueblos o países que no son política o geopolíticamente útiles contra un enemigo. Quienes defienden a la población agredida en Líbano, Irán o Gaza no recibirán de países como España, que afirma tener una misma postura en Ucrania, Palestina o Irán, misiles para que su defensa aérea pueda derribar los cazas y drones que se disponen a bombardearles. Y Ucrania seguirá recibiendo la solidaridad que se niega a otros países, acompañada de la condena en cada ataque, en cada bombardeo. Así ocurrió ayer y ocurre a diario, generalmente con palabras mucho más duras que las utilizadas en referencia a los ataques estadounidenses o israelíes en Irán, Gaza o Líbano, donde, en unos pocos minutos, con solo un bombardeo fueron asesinadas más de 300 personas en Beirut.

“Por qué muchos países de la Unión Europea y el Reino Unido son extraordinariamente belicosos en la guerra Ucrania-Rusia es fácil de entender si se piensa en los términos más simples posibles. Para ellos, el coste en pérdidas humanas o en infraestructuras destruidas es nulo. Sí soportan el coste financiero, que se compensa con los activos rusos incautados. El valor implícito que dan a las vidas ucranianas es cero. El valor implícito de las vidas rusas es negativo, porque creen que hay un conflicto fundamental entre Europa y Rusia: Napoleón, Guerra de Crimea, Hitler, Guerra Fría. Cuatro grandes guerras en 200 años. Como los muertos rusos son un plus y los muertos ucranianos son un cero, cuanto más dure la guerra, mejor”, escribió hace unas semanas Branko Milanovic, resaltando el interés geopolítico de los países europeos por Ucrania y su voluntad de luchar hasta el último ucraniano. Pero aun así, esas muertes son útiles a nivel mediático y de condena. “La ONU denuncia que las cifras de víctimas civiles en Ucrania se duplicaron en marzo respecto a febrero, «alcanzando su nivel más alto desde julio de 2025»”, condenaba la semana pasada Europa Press. La ONU denuncia la muerte de 211 civiles a uno y otro lado de la línea del frente, una cantidad más baja que la sangre derramada por Israel en Beirut en una hora del pasado miércoles.

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