A principios de este año, la activista ucraniana Hanna Hopko entrevistó a Olena Semenyaka en su canal de YouTube (“Суб’єктивно, але правдиво”/“Subjetivo, pero veraz”) bajo el título: Europa al borde del colapso. Ucrania, el último escudo contra el Kremlin. La propia realización de la entrevista resulta reveladora en la medida en que expone la normalización e integración de la ultraderecha ucraniana en la lógica de desarrollo del estado y de la sociedad ucraniana, poniendo de manifiesto la nueva interconexión de esa ultraderecha con los sectores más vinculados al establishment.
No en vano, Hanna Hopko forma parte del mundo que se integra en el ala activista pro-europea en Ucrania. Exdiputada y antigua presidenta del Comité de Asuntos Exteriores de la Verkhovna Rada, ha formado y forma parte de distintos foros pro-occidentales y otanistas. Es miembro, en particular, del Consejo Asesor Internacional del Warsaw Security Forum, uno de los principales foros mundiales en favor de la agenda de la OTAN. En ese marco comparte su proyecto con conocidos halcones a favor de la guerra como el teniente general retirado estadounidense Ben Hodges o el general retirado (Sir) Mark Carleton-Smith, así como con personajes políticos directamente vinculados a la gestión occidental de los sucesos ligados al golpe de 2014 en Ucrania, como la Baronesa Catherine Ashton, entonces Alta Representante de la Unión Europea para asuntos exteriores y políticas de seguridad.
Hopko lidera numerosas acciones dirigidas a extender la política de victoria ucraniana en la guerra contra Rusia, política que, en su visión personal, claramente expresada en su dirección de la entrevista, implica de facto la destrucción de la actual Federación Rusa, presentada como un estado “no orgánico”, “artificial” y “prisión de pueblos”.
PARTE 1: El diagnóstico de Semenyaka
A lo largo de la entrevista, Semenyaka mostró su nuevo perfil técnico-académico y, ya lejos de su antigua posición al frente del movimiento Azov o del Cuerpo Nacional, fue presentada por Hopko como analista política y activista vinculada a debates sobre identidad nacional, geopolítica y seguridad europea. La presentadora recordó, no obstante, su vínculo con la Tercera Brigada de Asalto de Andriy Biletsky y con el movimiento Intermarium, aspectos ambos que aseguran la continuidad de su papel histórico como destacada representante de los movimientos impulsados por la ultraderecha ucraniana.
El objetivo central de la entrevista era abordar una reflexión sobre el papel geopolítico de Ucrania en la nueva realidad internacional que se está configurando día a día en torno a la guerra con la Federación Rusa. Con mayor perspectiva de futuro, en particular en el contexto de la transformación del sistema de seguridad europeo, Hopko pretendía igualmente abordar la integración futura de Ucrania en las estructuras euroatlánticas y analizar la reconfiguración del equilibrio geopolítico en Europa tras la invasión rusa de 2022. En ese marco, y en coherencia con su línea político-filosófica tradicional, Semenyaka desarrolló varias ideas de interés que conviene recoger, dado el peso creciente de la ultraderecha ucraniana en la delimitación de la política real del Estado ucraniano y, a través de ella, en la redefinición del propio proyecto europeo.
Ucrania en la crisis geopolítica mundial del primer cuarto del siglo XXI
La parte central de la reflexión de Semenyaka se vincula al papel que asigna a Ucrania en el contexto de la crisis geopolítica que tiene su origen en los acontecimientos de 2014 en ese país y en la lucha por el control político de la línea de frontera que, al sur de los países bálticos, une a Ucrania con Moldavia, Georgia y Armenia.
Al analizar esta crisis, la principal tesis de la activista ucraniana es que “estamos realmente en el umbral de una posible tercera guerra mundial” en el que está en juego la redistribución del mundo y vuelven a aparecer “nuevas tendencias totalitarias”. En ese escenario, a Ucrania le corresponde “una gran misión histórica”. Esta misión está explícitamente asociada, por una parte, a “la realidad del colapso del orden internacional tal como lo conocíamos”, atribuible a los países “depredadores” entre los que se sitúa fundamentalmente a Rusia y China (aunque probablemente también, y sin hacerlo explícito, a Estados Unidos).
En esta visión, las obras de Ernst Jünger, que se consideraban situacionales, están recuperando relevancia. Para la exlíder del Cuerpo Nacional, el conflicto geopolítico actual, como señalaba Jünger, se vincula en una perspectiva teórica con el este “y su epicentro, una vez más, es Rusia, China”. Según la activista, el hecho de que el coloso nazi fuera doblegado no afectó a la propagación global de estas tendencias totalitarias asociadas al este. Es lo que Semenyaka retoma con el discurso de “la bolchevización de Occidente” que predijo Jünger, es decir, “la propagación de estas tendencias [autoritarias] en el mundo libre occidental”. Es lo que, de nuevo, “está ante nosotros”, lo que viene a equivaler a lo que se presenta por parte de las elites ucranianas como la “guerra a gran escala”. Con ello Semenyaka convierte a Ucrania en el centro de la nueva aventura oriental totalitaria contra Europa y el resto del mundo occidental.
Pero la participación directa en ese conflicto a gran escala, en realidad a escala bélica mundial, es un paso que “aún no han dado nuestros socios occidentales”. De ahí que, por otra parte, apenas algo más implícitamente, la misión histórica que Semenyaka atribuye a Ucrania se vincula al papel impulsor de la posible opción por la guerra (esa posible tercera guerra mundial) para la que Semenyaka no ve preparados a los socios internacionales de Ucrania, apenas -entre ellos- a quienes han apoyado a Ucrania o al sector militar de Semenyaka desde prácticamente 2014. El resto apenas está despertando, y muy lentamente, según la ideóloga del movimiento pro-Biletsky.
Semenyaka vincula las dudas existentes a la calma temporal vivida en Europa en la última parte del siglo XX y que quedó asociada a la visión del “fin de la historia” que teorizó Francis Fukuyama. Se trata de una interpretación del mundo moderno que ha prevalecido relativamente hasta hace poco y que “en realidad es una ilusión” porque este periodo de calma sólo ha marcado una excepción en la historia de Europa. “Antes de esto entendíamos perfectamente cómo era el proceso histórico”, sostiene la activista, y “debemos estar preparados para ello”, esto es, para recuperar la dinámica de conflicto violento que parece constituir uno de los rasgos esenciales de la lucha por el poder en Europa.
En este contexto, Semenyaka es consciente del papel histórico que, en este momento, le atribuyen al Estado ucraniano las elites europeas y así afirma -olvidando que Rusia también es Europa y su ejército supera en tamaño e iguala en experiencia al ucraniano- que “Ucrania es sin duda un puesto militar avanzado de Europa, con el ejército más grande y experimentado”. En la percepción de quien en su momento impulsó el movimiento Reconquista, la vocación del Estado en Ucrania es “formar primero un escudo regional europeo, reformar la Unión Europea sobre esta base y, por supuesto, preparar a todo el mundo occidental para un período de turbulencia, comprendiendo también, con sobriedad, que ese mismo mundo occidental, representado por los Estados, es actualmente uno de los agentes de dicha turbulencia”.
“Por supuesto, nuestro cuerpo diplomático y nuestros servicios de inteligencia deben apoyar este vector estratégico”, continúa Semenyaka, vinculándolo al papel específico que le corresponde hoy a Ucrania y “que se centra, naturalmente” en ese papel de Ucrania “como puesto avanzado militar de Europa, primero en la región y luego en toda Europa”. Lo que implica “desarrollar una coordinación más estrecha con nuestros vecinos, contrarrestar la influencia rusa en Polonia, interactuar más activamente con los países bálticos, que son nuestro principal lobista en Estados Unidos y otros países, para forjar una cooperación de defensa más estrecha en la región, que sirva de ejemplo para toda la Unión Europea”. Para Semenyaka la propuesta franco-británica de “despliegue de fuerzas de mantenimiento de la paz no es suficiente”.
La bolchevización del mundo y el giro conservador en Europa
Valorando una de las tendencias políticas recientes de mayor interés para Hanna Hopko, el giro conservador en Europa, en otro eje de la entrevista Semenyaka comenta en detalle la evolución de los partidos “populistas de derecha” europeos y el aumento del potencial electoral de estos grupos, a pesar de la presión -incluso de naturaleza judicial- que sufren en algunos países.
Semenyaka menciona los factores objetivos que contribuyen al crecimiento de esta derecha populista. En referencia a la AfD alemana, señala así que “incluso los inmigrantes asimilados, incluso los representantes del movimiento LGBT que buscan protección de los islamistas, votan por ellos … también están echando raíces en Alemania Occidental”. Estos procesos, con tendencias similares en Francia o en Gran Bretaña, según Semenyaka, “se basan en tendencias objetivas”, por ejemplo “las tendencias de preocupación por la política migratoria” o por la seguridad. Semenyaka se une a la tendencia de la extrema derecha occidental de utilizar cuestiones de género e incluso al movimiento LGBTQ -contra el que Azov se manifiesta en Kiev cada vez que puede- para apuntar contra el chivo expiatorio actual, la población musulmana. De esta forma, para la teórica de la revolución conservadora, el ascenso global de la derecha populista responde a preocupaciones sociales reales y se mantiene pese a su estigmatización institucional.
Sin embargo, estas tendencias y factores objetivos son elementos que “la Federación Rusa, a su vez, está tratando de utilizar”. Semenyaka sostiene que las contradicciones políticas en Europa son aprovechadas estratégicamente por actores externos como Rusia. En este contexto, la tesis de “la bolchevización de Europa” es una hipérbole en el discurso de Semenyaka en el que pretenden maximizarse los riesgos asociados a las tendencias señaladas. Según ella, se observa en el mundo, en especial desde la Revolución bolchevique, “la creciente influencia de la política rusa, que utiliza la llamada internacionalización” con “la pretensión de cambiar el orden mundial”. Superada en los años 90 la división de esferas de influencia con Occidente posterior a la Segunda Guerra Mundial, “tras el colapso de la Unión Soviética y su desintegración temporal”, en el siglo XXI Rusia “ha vuelto a la escena internacional, esta vez como potencia mundial” (pensando probablemente en su indiscutible poder militar). Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
La efectividad de este proyecto neobolchevique se basa sin duda en espías o grupos de presión y, según Semenyaka, se “deberían abordar activamente estos grupos de presión rusos para expulsarlos de los servicios secretos, ya que han estado presentes de forma muy activa durante mucho tiempo. Así que en Alemania, y especialmente en Austria, así como en Italia y Francia, todo esto es un gran problema que nuestros aliados deberían abordar si no le prestamos la atención y el poder suficientes en este momento”.
Pero también es necesario confrontar influencias rusas más blandas en Occidente, desarrolladas a través de la penetración en las universidades o en el ámbito público, ámbitos en los que persisten, según la exlíder del Corpus Nacional, las “simpatías tanto por el proyecto soviético como por el conservadurismo ruso”. Se trata de una evidencia que puede observarse en la esfera pública en Alemania, Francia o Italia, pero también, más específicamente en su entorno universitario, en los Estados Unidos. Según Semenyaka, en su estrategia de internacionalización, Rusia “es capaz de movilizar e instrumentalizar a representantes de las élites obreras y migrantes”, así como de intervenir “a nivel de los países del Sur global, especialmente en África, a la par de China, o incluso más”. Es una estrategia que ahora “también la está implementando a nivel de bloques enteros”. Es preciso afrontar estas influencias sutiles “a las que solemos ignorar”, sostiene la activista. De la misma forma que a mediados del siglo pasado se acusaba a la Unión Soviética de utilizar la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos, que se hacía pasar por una democracia plena, cualquier relación que Rusia mantenga con países del Sur Global es presentada como una conspiración contra el mundo occidental, una postura en la que Semenyaka coincide con el establishment político liberal europeo y estadounidense.
En este sentido, el debate europeo relativo al apoyo militar a Ucrania está atravesado por marcos ideológicos contrapuestos a los intereses ucranianos, poniendo Semenyaka el ejemplo de Jürgen Habermas, quien, preocupado por el renacimiento del patriotismo político-militar, “abogó por no ayudar a Ucrania con armas, pues a los alemanes les aterraba nuestra sombría disposición a morir por la propia tierra, mientras que para ellos esto se asociaba con el pasado nazi y se conformaban con un patriotismo puramente constitucional y el paraguas nuclear de la OTAN”. Citando a su supervisor científico, Anatoliy Yermolenko, director del Instituto de Filosofía de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, Semenyaka señala que “nuestra postura es que, en términos de la filosofía comunicativa práctica de Habermas, es necesario poner un límite en algún punto, porque si nos apuntan con armas, ya no podemos guiarnos por el principio del argumento más contundente”.
La preocupación de Habermas tiene que ver, según Semenyaka, con el hecho de que “la guerra siempre se asocia con el despertar de ciertos valores conservadores naturales: la defensa de la patria, cierta solidaridad, y esto representa, sin duda, un auge para los potenciales partidos conservadores de derecha”. Por ello es clave para Semenyaka tratar de ajustarse a estas tendencias en la defensa de la estrategia ucraniana. De esa forma creció, al fin y al cabo, un movimiento como Azov, aprovechándose de las posibilidades de atacar militarmente a un enemigo, Rusia -en realidad la población de Donbass- y afianzándose en las instituciones colocando su discurso, antes marginal, como discurso nacional.
Se trata así de distinguir entre conservadurismos europeístas positivos y negativos, afirmando la activista neoconservadora que es “muy importante que distingamos … a los políticos conservadores que podrían convertirse en líderes de la unificación europea, la restauración del bloque político-militar europeo, que se está volviendo posible por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial” de los liderazgos o poderes influenciados por el Kremlin, entre los que se situarían en Europa los pseudosoberanistas al estilo del ya derrotado Orbán que operan en coordinación o sintonía con el Kremlin, o de aquellos partidos que “simplemente carecen de la voluntad política” de participar de la estrategia ucraniana. Respecto a estos movimientos, Semenyaka concluye que “hay cierto potencial pro-ucraniano, pero, por supuesto, todavía no lo estamos desarrollando”.
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