Entrada actual
Donetsk, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Irán, Israel, Rusia, Ucrania, UE, Unión Europea

Diplomacia de enfrentamiento

El miércoles, tras un largo periodo de silencio, Vladimir Putin y Donald Trump mantuvieron una conversación telefónica en la que trataron, según la escasa información que ha trascendido, temas como Irán, Ucrania y la cooperación económica entre los dos países. Teniendo en cuenta el equipo negociador que Estados Unidos ha preparado para ambos escenarios, los empresarios Steve Witkoff y Jared Kushner, es evidente que los negocios son parte de cualquier intento de resolución por parte de la actual Casa Blanca, que aspira a lucrarse de todos los conflictos en los que participa directa e indirectamente y también en aquellos en los que media supuestamente como un actor imparcial. Según Yuri Ushakov, los dos presidentes coincidieron en su visión sobre el conflicto ucraniano, algo parcialmente confirmado por los comentarios de Donald Trump, que insistió en su percepción de que Vladimir Putin “estaba dispuesto a llegar a un acuerdo hace ya un tiempo. Creo que algunas personas le pusieron trabas para que llegara a un acuerdo”. Puede entenderse de esas palabras un nuevo reproche a Volodymyr Zelensky, a quien el presidente de Estados Unidos culpa sistemáticamente del bloqueo del proceso de negociación.

El principal resultado de la llamada telefónica fue la propuesta de Vladimir Putin de un breve alto el fuego para el 9 de mayo. “He dado instrucciones a nuestros representantes para que se pongan en contacto con el equipo del presidente de los Estados Unidos y aclaren los detalles de la propuesta rusa de un alto el fuego a corto plazo. Ucrania busca la paz y está llevando a cabo las gestiones diplomáticas necesarias para poner fin de verdad a esta guerra. Aclararemos de qué se trata exactamente: si se trata de unas pocas horas de seguridad para un desfile en Moscú, o de algo más. Nuestra propuesta es un alto el fuego a largo plazo, una seguridad fiable y garantizada para la población, y una paz duradera. Ucrania está dispuesta a trabajar en este sentido en cualquier formato digno y eficaz”, escribió Zelensky para enmarcar la propuesta de alto el fuego únicamente en la necesidad rusa de mantener la seguridad durante la celebración del Día de la Victoria. Sin duda, Rusia -consciente de que las capacidades ucranianas de ataque con drones de larga distancia han mejorado en el último año y sin ninguna certeza de que Kiev no vaya a buscar una victoria simbólica contra Rusia el día más sagrado del calendario- busca un alto el fuego ese día. Sin embargo, el alto el fuego del Día de la Victoria ha sido una constante a lo largo de esta guerra.

Volodymyr Zelensky ha aprovechado la coyuntura para insistir en la idea que los países europeos trataron de imponer exactamente hace un año, el 8 de mayo, Día de Europa. En su visita a Kiev, los aliados europeos de Ucrania dieron a Rusia 48 horas para aceptar un alto el fuego. Lo que los líderes continentales ofrecían era una negociación futura definida en los términos más vagos posibles. En otras palabras, se buscaba un alto el fuego que permitiera a Ucrania recuperarse, pero sin ninguna perspectiva de lograr una resolución del conflicto, lo mismo que Zelensky ha defendido y, a juzgar por sus palabras, sigue defendiendo. Ese es el escenario ideal para Zelensky, ya que conseguiría la protección que busca de sus aliados occidentales sin necesidad de realizar concesiones territoriales ni aceptar las pérdidas ya incurridas. Por esos mismos motivos, Rusia rechaza abiertamente esa posibilidad e insiste en la vía de Alaska, ese entendimiento que Moscú sigue insistiendo que Vladimir Putin consiguió con Donald Trump.

Se puede asumir que ese entendimiento del que no se conoce ningún detalle parta de la base que Estados Unidos ha tratado de imponer a Ucrania -unas garantías de seguridad, que ni siquiera son tan concretas como a Kiev le gustaría, a a cambio de territorio- y que Zelensky lleva meses intentando evitar. El rechazo o, cuando menos, escepticismo, no se limita a Ucrania, sino que está presente en sectores del propio Kremlin, como Sergey Lavrov o Yuri Ushakov, que se han mostrado mucho más duros que Kiril Dmitriev con las propuestas de la Casa Blanca. Pero más allá de los detalles, la forma con la que Donald Trump y Vladimir Putin desean resolver la guerra de Ucrania tiene un postulado común: ignorar la postura de la Unión Europea. Estados Unidos simplemente quiere dejar en manos de los países europeos el coste de la guerra una vez que ha logrado todos sus objetivos en Ucrania -crear una fractura continental que será permanente, expulsar a Rusia del mercado energético europeo y obtener beneficios económicos de la explotación extractivista que se ha garantizado con el acuerdo de minerales con Kiev-, mientras que Rusia busca debilitar a un rival geopolítico.

Para Kiev y Bruselas, este escenario es el más peligroso, ya quedan a merced de una decisión de las grandes potencias con soberanía propia y ante la necesidad de hacerse cargo de la seguridad de la paz armada que, aunque han buscado con ahínco, no pueden gestionar de forma autónoma sin el apoyo de Estados Unidos ni sin un rearme que, como ha demostrado esta semana Alemania, ser hará a base de grandes recortes sociales. “Cuando vemos estas llamadas entre el presidente Trump y el presidente Putin, siempre quedan muchas preguntas sin respuesta, especialmente considerando que Rusia está elogiando abiertamente la «heroica batalla» que Irán está librando conta Estados Unidos”, afirmó al día siguiente Kaja Kallas, interesada en evitar cualquier tipo de diálogo que no se produzca en los términos que la Unión Europea planteó hace un año: alto el fuego incondicional, apoyo económico y militar masivo a Ucrania y negociaciones futuras según los términos planteados por las capitales europeas y Kiev.

En un momento de crisis interna de la Alianza Atlántica, Irán es un argumento de ida y vuelta en el cruce de reproches transoceánico. Mientras, Kallas lo utiliza para resaltar que el Kremlin es el enemigo del que no hay que fiarse y con el que no hay que hablar. “No debemos humillarnos rogando hablar con Rusia”, ha insistido Kallas esta semana. Cualquier acción es posible si no se cruza la única línea roja real, la diplomacia, que también es el límite que Donald Trump evita cruzar, en su caso en Irán. Donald Trump, que afirma haber ganado la guerra de Irán, pero espera hacerlo con más margen utiliza el bloqueo naval y las amenazas económicas y militares para intentar obligar a Teherán a aceptar unos términos de capitulación similares a los que la UE quiere imponer sobre Rusia en la guerra europea. Como Kallas, Trump también dirige sus reproches. “Debería pasar más tiempo haciendo esto y menos interfiriendo en el trabajo de los que tratan de quitarse de en medio la amenaza nuclear de Irán y, por lo tanto, hacen que el mundo, incluida Alemania, sea un lugar más seguro”, afirmó Trump acusando a Friedrich Merz de interferir en la guerra de Irán recomendándole centrarse en “tratar de arreglar su país, que está roto, especialmente en la cuestión migratoria y en la energética”, “dejar de interferir” en Irán e “invertir más tiempo en poner fin a la guerra de Ucrania”, aspecto en el que, le acusó de ser “inútil”. Ese calificativo choca con la realidad de la negociación, de la que Estados Unidos ha excluido activamente a los países europeos.

En el fuego cruzado, Estados Unidos está dispuesto a llegar a un acuerdo con Rusia en Ucrania, pero exige a Moscú que no se meta en la negociación con Irán. Rusia está dispuesta a llegar a un acuerdo con Estados Unidos, exige a la Unión Europea que no interfiera en la negociación sobre Ucrania y quiere apoyar a Irán a alcanzar un acuerdo nuclear que no implique la capitulación de Teherán (por ejemplo, acogiendo el uranio altamente enriquecido de Irán para evitar la humillación de tener que entregarlo a Estados Unidos). La Unión Europea, por su parte, utiliza Oriente Medio para recordar a Donald Trump que Vladimir Putin es su enemigo y defiende para Irán la misma solución que Trump: exigir la rendición de Irán en la cuestión nuclear, misiles y política exterior, siempre rechazando, como Estados Unidos, levantar las sanciones que facilitarían que Teherán se recuperara económicamente, haciendo menos viable el cambio de régimen al que aspira toda la OTAN. Bruselas, como Kiev, plantea la misma solución para Rusia, una rendición en sus términos, una utopía irreal incluso para Donald Trump, que desde diciembre ha apartado activamente a la UE de todo el proceso de diálogo político y militar con el Kremlin. En esta red de reproches e intereses cruzados, nadie parece aún caer en la cuenta de que la vía más sencilla para llegar a un acuerdo era el diálogo directo que Kiev y Moscú entablaron en 2022 y que no fue favorecido ni por Estados Unidos ni por la Unión Europea y el Reino Unido.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

mayo 2026
L M X J V S D
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.256 suscriptores

Estadísticas del Blog

  • 2.548.018 hits