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Ejército Ucraniano, OTAN, Países Bálticos, Rusia, Ucrania, UE, Unión Europea

Peligros bálticos

Sin especial interés por realizar un seguimiento diario del frente, los medios se han lanzado últimamente a promulgar la buena situación de Ucrania, que ha pasado de ser receptora de asistencia a convertirse en un socio imprescindible con capacidad, por ejemplo, de instruir a las tropas alemanas en las formas de librar la guerra moderna. Ucrania le habría dado la vuelta a la guerra contra una Rusia que, contra las cuerdas, busca la forma de dar un golpe encima de la mesa, una huida hacia adelante y un farol militar con el que intentar, a la desesperada, no perder la guerra. De esa forma se compagina con facilidad el doble discurso que siempre ha acompañado a esta guerra: la idea de que Rusia está al borde del colapso, pero, a la vez, a punto de invadir países de la OTAN.

Esta última semana, la principal disputa ha sido el estado del espacio aéreo de los países bálticos. En realidad, la cuestión no es nueva. La semana anterior, Evika Siliņa, primera ministra de Letonia, se vio obligada a dimitir ante el colapso de la coalición gobernante. Días antes, había cesado al ministro de Defensa, acusado de no haber sido capaz de defender los cielos del pequeño país. “Lo más importante para mí es el bienestar de los letones y la seguridad de nuestro país… La brutal guerra que Rusia ha desatado en Ucrania ha cambiado la situación de seguridad en toda Europa”, afirmó Silina antes de dimitir. La situación de seguridad que estos días ha cambiado es la creciente presencia de drones en el espacio aéreo báltico. Escuchando las quejas de los tres Estados exsoviéticos y Finlandia, podría parecer que se trata de drones de ataque rusos o, al menos, los señuelos Gerbera que, en ocasiones puntuales, han sobrevolado brevemente el espacio aéreo de Rumanía o Polonia. En realidad, se trata de drones ucranianos. Evidentemente, no se trata de fuego amigo, por lo que las partes han iniciado una lucha por imponer su narrativa en un contexto de reproches cruzados y aumento de la tensión militar entre la Unión Europea/OTAN y la Federación Rusa, un enfrentamiento puramente retórico, pero que corre el riesgo de escalar hacia caminos de los que es difícil regresar.

En momentos en los que la tensión política tiene la capacidad de derivar en cuestiones más peligrosas, es útil contar con unas instituciones capaces de ver las cosas con perspectiva, algo que no parece ser el caso en la Unión Europea. “Europa se mantiene unida frente a las amenazas en sus fronteras. Nuestra plena solidaridad va a todas las personas en Lituania, Letonia, Estonia y nuestro flanco oriental, que enfrentan el peligro de una actividad hostil de drones vinculada a Rusia y Bielorrusia. En momentos como estos, Europa debe seguir invirtiendo en seguridad para garantizar la estabilidad, la libertad y la paz”, escribió el miércoles Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, posiblemente la institución con un discurso más beligerante del continente. “El Parlamento pide a los países de la UE que levanten las restricciones actuales que impiden a Ucrania utilizar sistemas de armas occidentales contra objetivos militares legítimos en Rusia”, exigía en 2024, cuando incluso Joe Biden trataba de evitar una escalada mayor en la guerra, consciente de que era preciso mantener la línea entre la guerra proxy y la guerra directa.

Es difícil no entender que Rusia iba a ver en lo que el Parlamento Europeo exigía -misiles occidentales atacando objetivos en Rusia aprobados por los países occidentales, muy probablemente apoyados por inteligencia occidental y, al menos en el caso de los misiles Taurus, operados por soldados alemanes- un ataque de Occidente y no únicamente de Ucrania. Antes, en 2023, recién iniciada la contraofensiva ucraniana con la que Occidente aspiraba a romper el frente y obligar a Rusia a aceptar unos términos de capitulación, el Parlamento Europeo instaba “a la OTAN a abrir sus puertas a Ucrania”. El Parlamento Europeo presentaba como solución la expansión de la Alianza, un hecho que, guste o no, es uno de los motivos por los que los conflictos paralelos Rusia-Ucrania y Rusia-Occidente no pudieron resolverse por la vía pacífica. “El texto hace hincapié en que la integración de Ucrania en la OTAN y en la UE mejoraría la seguridad regional y mundial y reforzaría los vínculos entre Ucrania y la comunidad euroatlántica”, afirmaba la nota de prensa sobre la resolución.

Los países bálticos y Finlandia, todos ellos miembros de la UE y de la OTAN, cada vez más indistinguibles entre sí, son el escenario de la lucha retórica y el peligro físico. La disputa es sencilla: desde que comenzó la guerra de Estados Unidos contra Irán, Ucrania se ha planteado como objetivo la destrucción de las infraestructuras de exportación petrolíferas de la Federación Rusa, algo que ha dado especial protagonismo a Zelensky y le ha permitido presentar imágenes espectaculares y jactarse de las “sanciones de larga distancia” de la Federación Rusa (siempre sin mencionar que acarrean consecuencias en Ucrania en forma de endurecimientos de los ataques rusos). Aunque Ucrania aspira a atacar por todo el territorio ruso -tan inmenso que sus defensas no pueden cubrirlo con las garantías que serían de esperar del tercer ejército mundial-, el grueso de los ataques más potentes se ha concentrado en la región del mar Báltico. De la misma forma que Rusia en Ucrania, para estos ataques, Kiev utiliza sus drones de larga distancia, que intenta camuflar utilizando diferentes estrategias.

Estas últimas semanas, ha coincidido el aumento de la efectividad de los ataques con episodios en los que se han activado las defensas de la OTAN por la presencia de drones en su territorio. Eso dio lugar a una primera queja de Finlandia, retirada rápidamente en cuanto se comprobó que no se trataba de un dron ruso, sino de un episodio de fuego amigo. Los incidentes han aumentado en número y aparente peligro, ya que los sistemas de defensa aérea de la OTAN se han activado para derribar drones ucranianos en Lituania y Letonia. La reacción de los países bálticos ha sido todo lo calmada que se podría esperar. “Lituania mantiene los refugios abiertos las 24 horas tras los incidentes con drones en su espacio aéreo”, informaba esta semana Europa Press recogiendo las noticias publicadas por la prensa local. Como era previsible, los países bálticos y Finlandia han aprovechado los incidentes para exigir más apoyo a Ucrania y más presión contra Rusia. Rusia siempre es culpable, también por las incursiones de drones de ataque ucranianos en su espacio aéreo.

Las posibilidades para determinar qué está ocurriendo en el Báltico son cuatro. Si se escucha a los países de la zona, todo es sencillo: Rusia intenta forzar la máquina y provocar a la OTAN, un escenario tan irreal que no merece ser tenido en cuenta. Entre los que podrían resultar factibles está el de la intrusión accidental por parte de Ucrania, que trata de hacer volar sus drones lo más cerca posible de las fronteras de la UE para camuflarlos y que sean menos visibles a las defensas rusas. Por parte de Ucrania, la situación no admite lugar a dudas: Rusia, de la que afirma que no es capaz de defender absolutamente nada de su territorio, es capaz de desviar los drones ucranianos y dirigirlos contra los países bálticos. Rusia, por su parte, tampoco duda: Ucrania utiliza el espacio aéreo de la Unión Europea/OTAN, posiblemente con la connivencia de esos países para hacer más difícil la intercepción de los drones, con lo que explica una parte del aumento de efectividad de los ataques ucranianos y da a entender una participación occidental aún más activa que hasta ahora y un peligro de enfrentamiento directo que debería llevar a una reflexión.

En lugar de eso, la Unión Europea ofrece únicamente reproches y acusaciones. “Las afirmaciones de que los Estados bálticos permiten a Ucrania utilizar su espacio aéreo son una completa tontería, y Rusia lo sabe. Las amenazas de Moscú contra los Estados bálticos no son un signo de fuerza, sino de debilidad. Rusia está fracasando en el campo de batalla en Ucrania y está intentando intimidarnos para que reduzcamos nuestro apoyo a Ucrania. La respuesta correcta es hacer lo contrario: aumentar nuestro apoyo a Ucrania y reforzar aún más las defensas de Europa”, escribió Kaja Kallas, para quien cada acto o palabra rusa es motivo para exigir más armas para Ucrania y más militarización del continente. “Las amenazas públicas de Rusia contra nuestros Estados bálticos son completamente inaceptables. Que no quepa duda. Una amenaza contra un Estado miembro es una amenaza contra toda nuestra Unión. Rusia y Bielorrusia tienen una responsabilidad directa por los drones que ponen en peligro la vida y la seguridad de las personas en nuestro flanco oriental. Europa responderá con unidad y fuerza”, añadió en la misma línea Úrsula von der Leyen, ambas sin mencionar que, en todo momento, está hablándose de drones ucranianos y no de drones o misiles rusos.

La niebla de la guerra dificulta saber exactamente qué está ocurriendo en el Báltico más allá de un uso propagandista de la situación para justificar el aumento de la presión militar contra Moscú. Sin embargo, teniendo en cuenta la oleada de comunicados negando los hechos, es difícil no recordar la máxima de Bismarck de no creer nada que no haya sido debidamente desmentido. “No hay verdad en el último conjunto de falsedades de Moscú que acusan a Ucrania de preparar ataques contra Rusia desde el territorio de Letonia. Las refutamos oficialmente. Ucrania no utiliza el territorio ni el espacio aéreo de Letonia en sus operaciones contra Rusia y no tiene la intención de hacerlo. Las mentiras rusas son meramente una extensión de su más amplia campaña de propaganda destinada a desestabilizar la opinión pública en Letonia y en el resto de los países bálticos”, afirmaba el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, que se adhería a la teoría de que Rusia es, a la vez, incapaz de derribar drones y capaz de derribarlos desviándolos a Letonia. El desmentido no fue suficiente y Ucrania tuvo que emitir otro más tras otro incidente similar. “Reiteramos que —contrario a las afirmaciones de la propaganda rusa— ni Estonia, ni Letonia, Lituania ni Finlandia han permitido nunca el uso de su espacio aéreo para ataques contra Rusia. Además, Ucrania nunca ha solicitado tal uso”, insistió más adelante. “Letonia NO proporciona espacio aéreo para ataques contra Rusia. Eso se ha explicado varias veces a los representantes rusos”, ratificó la ministra de Asuntos Exteriores de Letonia, el país que con más entusiasmo se está aferrando a estos incidentes para exigir más medidas contra Rusia.

Al margen de la guerra de propaganda, la coyuntura del momento indica que Ucrania va a seguir volando, cuando menos, cerca de las fronteras de la UE, algo que, intencionalmente o no, implica peligro de que las intercepciones rusas se produzcan también en zonas fronterizas, aumentando el peligro de que este tipo de incidentes se perpetúen y se generalicen, un peligro más de escalada de la guerra en un contexto en el que ninguna institución continental va a tratar de mantener las cabezas frías e instar a detener cualquier incidente antes de que sea demasiado tarde.

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