Un artículo publicado por prm.ua recogía recientemente algunas valoraciones y estimaciones de expertos y responsables políticos respecto al volumen de la población residente en la parte de Ucrania bajo control de su Estado. Los datos que aporta y los comentarios del ministro ucraniano de Política Social, Denis Ulyutin, y de la profesora experta en demografía, Ella Libanova son un esbozo de la situación demográfica del país. Teniendo en cuenta las series demográficas disponibles, por ejemplo, la síntesis desarrollada por el Banco Mundial, es posible situar el contexto de la crisis demográfica. Dando fe de ella en el debate referido por prm.ua el ministro Denis Ulyutin acompañaba su descripción de la caída de la población en Ucrania con la siguiente afirmación: “Esto es un desastre”.
La reducción de la población en Ucrania se ve sin duda condicionada por la guerra ruso-ucraniana a gran escala que se inicia en febrero de 2022, en particular por el enorme volumen de población que busca refugio y asilo a partir de ese momento en el resto de Europa. Sería, sin embargo, erróneo atribuir la responsabilidad exclusiva de la crisis a la invasión rusa de 2022. La guerra acentúa el problema, pero la crisis demográfica de Ucrania es muy anterior y se relaciona con diversos factores socioeconómicos y políticos que han tenido un fuerte impacto a largo plazo desde la disolución de la antigua Unión Soviética. Estos factores han contribuido a un incremento de la mortalidad y a una caída de la fecundidad, ligados en buena parte al deterioro sustancial de las condiciones de vida, así como a distintos periodos de emigración de población ucraniana a otros países europeos, incluida la Federación Rusa.
En este contexto, el gráfico 1 muestra de partida que el descenso del volumen de población no sólo se inicia en Ucrania con anterioridad al periodo 2014-2022 sino que resulta bastante intenso desde la independencia de 1991, con una pérdida sustancial de población entre 1993 y 2009.
Los datos del gráfico sugieren que la apuesta por un modelo de crecimiento basado en el desmantelamiento de partes destacadas del sistema de protección social y de la base industrial de la Unión Soviética tuvo en la nueva Ucrania independiente, de forma directa o indirecta, importantes consecuencias demográficas. El país pierde cerca de 6,5 millones de personas entre 1993 y 2014, con una disminución de la población de 52,4 millones en 1993 a 46,6 millones en 2009 y 46,0 en 2014.
Tal y como se desprende de los datos de Ukrstat, la crisis se vincula en este periodo a dos factores que contribuyen a reducir en 5,18 millones de personas la población de Ucrania entre 1993 y 2009 como consecuencia de un crecimiento vegetativo negativo. Por una parte, cae el número de nacimientos, con una reducción del 42,7% entre los 657 mil de 1990 y los 377 mil de 2001, consecuencia de la caída de la tasa de natalidad de 12,6% a 7,7% entre 1990 y 2001. En ese periodo, el número de hijos o hijas por mujer se reduce de 1,85 a 1,08.
Por otra parte, también destaca el fuerte aumento de la mortalidad, pasando el número de fallecidos de una media de 666 mil entre 1990 y 1992 a una media de 758 mil entre 1993 y 2008, una tendencia al alza que no se explica únicamente por el envejecimiento poblacional; el incremento de la tasa de mortalidad del 12,1% de 1990 al 16,6% de 2005 también se relaciona con el deterioro de las condiciones de vida en ese periodo en Ucrania. Así, el aumento de la mortalidad se vincula al incremento de las muertes por accidentes, intoxicaciones y lesiones y, sobre todo, al de las enfermedades del sistema circulatorio, una tendencia que sugiere una relación estrecha con el empeoramiento de la situación económica.
A todo ello se une una reducción de la población de 1,1 millones de personas como consecuencia de un saldo migratorio negativo, concentrado en el periodo 1994-2001.
Los efectos negativos de estos tres procesos sólo empiezan a mitigarse, todavía sin recuperación de la población, entre 2009 y 2014. En este periodo, la tasa de natalidad y el número de nacimientos se muestran al alza; se controlan los efectos negativos de la emigración, con un saldo migratorio básicamente nulo, y se estabilizan las cifras de mortalidad.
Desde la caída violenta de la Administración Yanukovich en 2014, la separación de Crimea y el enfrentamiento en el Donbass favorecen desplazamientos de población, empeorando de nuevo la situación económica. La guerra a gran escala posterior a febrero de 2022 no hace sino acentuar las dificultades en Ucrania. Las consecuencias demográficas son destacadas, con una pérdida de población de alrededor de 8 millones de personas menos en 2024, según datos del Banco Mundial: de 46,5 millones de habitantes en 2014 a 37,9 en 2024.
En este caso, los datos de Ukrstat terminan en 2019, limitando la posibilidad de profundizar en los factores subyacentes. Sin embargo, se observa que en torno al periodo 2014-2019 el elemento determinante, y prácticamente exclusivo en la explicación de la caída poblacional, de nuevo ligado a las condiciones de vida, es la crisis sustancial de la natalidad. De 503,7 mil nacimientos en 2013 se pasa a 308,8 en 2019, con una reducción del 38,7%. Entre 2012 y 2019, la tasa de natalidad cae del 11,4% al 8,1% y el número de hijos o hijas por mujer se reduce de 1,53 a 1,30, volviendo a ponerse de manifiesto el vínculo entre crisis política, inestabilidad económica y significativa caída de la fecundidad. A partir de 2022, en cambio, el factor determinante en la caída de la población residente en Ucrania es la masiva salida de población en busca de asilo o refugio en otros países de Europa.
Para profundizar en el análisis de la crisis demográfica ucraniana, resulta de interés situar el caso ucraniano en perspectiva regional, comprobándose que Ucrania no es el único país postsoviético del área occidental que sufre una crisis demográfica importante tras la disolución de la Unión Soviética. Los gráficos 2 y 3 muestran que los estados bálticos exsoviéticos hoy integrados en la UE también experimentaron caídas severas de la población asociadas a crisis económicas, migraciones y crisis de las variables ligadas al crecimiento vegetativo de la población.
En el gráfico 3 puede comprobarse que Ucrania había perdido un 11,9% de su población entre 1991 y 2014, pero los países bálticos habían llegado a perder por entonces un 21,1% de sus habitantes en el mismo periodo. Sólo después de 2014, cuando se va consolidando la situación de guerra en Ucrania, primero contra las Repúblicas Populares de Donbass y después contra las fuerzas de la Federación Rusa, se avanza en la “baltización” de Ucrania, con una caída final de 27,9% de población ucraniana en 2024 según datos del Banco Mundial. Sólo al final del periodo, como consecuencia de la confrontación armada, la intensidad de la caída de población en Ucrania resulta por tanto comparable a la sufrida por los países bálticos entre 1991 y 2024.
Retomando la cuestión de las consecuencias de la guerra, el gráfico 4 permite acercarse a su impacto real en el volumen de población ucraniana, comparando -en ausencia de datos Ukrstat actualizados- las estimaciones del Banco Mundial para el conjunto de Ucrania con las que se realizan por parte del ministro ucraniano de Política Social, Ulyutin, y de personas expertas como la profesora Libanova en lo relativo a la parte del territorio bajo actual control del Estado. Para facilitar la comparación, en el caso de las estimaciones finales de Ulyutin y Libanova, se ajustan las cifras intermedias más coherentes con ellas.
Los datos muestran que, de acuerdo con la serie del Banco Mundial, la población de Ucrania se situaría en 2024 en torno a 37,9 millones de habitantes en el conjunto del territorio ucraniano. Las estimaciones de Ulyutin y Libanova para la parte de Ucrania bajo control estatal son mucho más pesimistas. Mientras la demógrafa Ella Libanova, vinculada a la Academia de Ciencias, estima la población residente en 29 millones, Ulyutin la sitúa en un rango de entre 22 y 25 millones, cifra esta última que es la que queda recogida en el gráfico 4. En definitiva, los datos presentados permitirían situar, para el conjunto del territorio internacionalmente reconocido, el volumen de población residente en Ucrania en torno a un intervalo de 28 a 34 millones, en el mejor de los casos alrededor de veinte millones de habitantes por debajo de los 52,4 millones existentes tras la independencia.
En estas circunstancias, calificar -como hace el ministro Ulyutin- la situación demográfica de “desastrosa” o “catastrófica” no es una mera figura retórica que pueda ligarse en exclusiva a la guerra. Es más bien el reflejo de los enormes costes sociales soportados por la población ucraniana tras la independencia y del fracaso de las políticas de desarrollo y crecimiento posteriores a la caída de la Unión Soviética, de cariz neoliberal. La catástrofe demográfica posterior a 1991, también vivida en algunas regiones europeas tras los procesos de desindustrialización de los años 80, no se ve sino acentuada a partir de 2022 por la apuesta -rusa, pero también ucraniana y europea- por la guerra a gran escala.

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