En línea con el nerviosismo del momento y el ruido mediático que alerta de forma constante de la posibilidad de un ataque híbrido o una falsa bandera rusa, la Unión Europea continúa su deriva de normalización del papel del rearme como elemento central de su política. Hace tiempo que es evidente que la guerra de Ucrania es su principal proyecto geopolítico, con el que parece aspirar a hacerse grande otra vez y Bruselas actúa en consecuencia. La situación en la guerra es grave, con un empeoramiento que se plasma tanto en el frente como en la retaguardia. En el frente con avances importantes del Tercer Cuerpo de Andriy Biletsky en la zona de Liman y en la retaguardia con cada vez más problemas para Ucrania, que no solo está perdiendo su industria e infraestructuras críticas, sino también centros de datos y de comunicaciones.
Ayer, Úrsula von der Leyen condenaba el último bombardeo ruso. “Hoy, la ciencia se convirtió en un objetivo para Rusia. Mi corazón está con los héroes que buscan a personas atrapadas dentro de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania. Así como con las familias y seres queridos de las víctimas de ataques horrendos en todo el país. Estamos con ellos. Y con todos los ucranianos. Europa está trabajando más duro que nunca para fortalecer la defensa de Ucrania”, escribió von der Leyen sobre el bombardeo de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, con el aparente objetivo de destruir el centro de comunicaciones. La hipocresía europea no se limita a las lágrimas que muestra cuando un edificio universitario es bombardeado en Ucrania e ignora la destrucción sistemática de todas y cada una de las universidades de Gaza, sino que se extiende a esa solidaridad con quienes sufren los ataques “en todo el país”. Las buenas palabras de la Unión Europea se han limitado siempre a los ucranianos correctos, aquellos que se encontraban en el lado occidental del frente y durante ocho años calificaron la guerra de Donbass de agresión rusa. La justificación de la batalla militar como vía para lograr los objetivos políticos no se limita a la actualidad, sino que precede en muchos años a la invasión rusa de 2022.
Como durante los años de Minsk, -en los que, de la mano de Estados Unidos, la UE dedicó su tiempo a reforzar a Ucrania, facilitarle un acceso privilegiado al crédito e instruir a su ejército y no hizo ningún intento serio de fomentar la diplomacia-, seguir luchando sigue siendo también ahora la opción prioritaria. De ahí que las palabras de ayer de Kaja Kallas, siempre satisfecha cuando se refiere a la guerra, parecieran la continuación de lo comentado tras la reunión entre los líderes de la diplomacia de la Federación Rusa y Alemania. En el imaginario de la Unión Europea no hay lugar para una diplomacia en la que Bruselas no se siente a la mesa con el apoyo de su aliado norteamericano e imponga los términos de paz sobre Rusia. Como el resto de actores que participan directa o indirectamente la palabra negociación lleva siempre asociado el subtexto de en posición de fuerza.
Apenas unas horas después de que los más optimistas plantearan la reunión entre Lavrov y Wadephul como una forma de romper el hielo, un signo prometedor de una diplomacia que, aunque difícil, tendrá que reaparecer en algún momento, la Unión Europea se reunió ayer para reafirmarse en la cuestión del rearme, las sanciones y la continuación de la guerra mientras sea necesario. Encargada no solo de la política exterior, sino también de la de seguridad, Kaja Kallas se centró ayer en la definición más pura de esa palabra, que en la Unión Europea del rearme es sinónimo de material militar. “Esta mañana hemos comenzado con la reunión del comité directivo de la Agencia Europea de Defensa y hemos aprobado también la siguiente fase para reforzar dicha Agencia”, afirmó Kallas, que añadió que “esto permite a la AED aumentar las adquisiciones conjuntas y centrarse más en la innovación en materia de defensa, además de ayudar a los países de la UE a desarrollar capacidades de forma conjunta. Esto es lo que estamos impulsando”. Esta Unión Europea que emplea los fondos para la paz en la adquisición de armas ha de pensar también en el futuro. Sin posibilidad de una diplomacia que vaya a ser capaz de resolver el conflicto político y no solo lograr un alto el fuego, la importancia del rearme irá más allá de esta guerra y se convertirá en la futura paz armada que consolide el deseo europeo de perpetuar la actual brecha continental.
“También hemos debatido el primer informe anual sobre la preparación en materia de defensa, que ofrece una visión global de la preparación de Europa en este ámbito. Sin adelantar su contenido, permítanme decir simplemente que Europa necesita rearmarse con mayor rapidez y eficacia para cumplir nuestro objetivo de 2030. Europa necesita un cambio decisivo en la magnitud y el ritmo de la inversión en defensa, el desarrollo de capacidades, la innovación y la capacidad industrial”, explicó Kallas, que enmarca toda esta política de inversión y producción industrial -únicamente militar, no hay ningún impulso por recuperar parte de la industria perdida en otros sectores- en el omnipresente peligro ruso.
“En cuanto a Ucrania, los Estados miembros han acordado la distribución de los 6.600 millones de euros del Fondo Europeo para la Paz”, prosiguió Kallas confirmando una decisión que ya se había anunciado el viernes. “El Fondo Europeo para la Paz ha sido una de las principales vías de ayuda de la UE. Como siguiente paso, estoy debatiendo con los Estados miembros cómo dotar al Fondo Europeo para la Paz de nuevos recursos, incluso una vez finalizado el ciclo actual del Fondo”, sentenció, siempre sin explicar la ironía de utilizar fondos teóricamente destinados a la paz para la guerra y confirmando que esta situación continuará más allá de la guerra.
Por el momento, las prioridades de la Unión Europea siguen siendo las mismas: adquirir suficiente munición para las defensas aéreas de Ucrania, que ha querido endurecer la guerra en una fase de escasez de material para contrarrestar la respuesta rusa, y garantizar que Kiev siga teniendo suficiente financiación. Paliar el déficit de 27.000 millones es la principal obsesión ahora mismo. Los Estados miembros, anunció Kallas, “abordaron las necesidades de financiación de Ucrania. Muchos han pedido hoy que se adelanten partes del préstamo de 90.000 millones de euros asignado para 2027. Ucrania también podría beneficiarse de hasta 20.000 millones de euros de los fondos restantes en el marco de la iniciativa de defensa SAFE”. Tapar el actual agujero en el presupuesto ucraniano es la tarea más urgente para Kallas, que posiblemente sea consciente de que adelantar los fondos previstos para 2027 implica necesariamente que la UE tendrá que comprometer más fondos para continuar la guerra más allá de la próxima primavera.
Tras 21 paquetes de sanciones, la forma con la que la UE sigue prometiendo acortar la guerra es el endurecimiento de las sanciones, un argumento que, tras cuatro años y medio, debería sonar vacío. “Para detener la guerra de Rusia, debemos reducir aún más la capacidad de Moscú para financiarla, incluso a través de sus flotas clandestinas. La operación naval de la UE «IRINI» ha llevado a cabo ya seis abordajes de buques sospechosos en los últimos meses, lo que la convierte en el actor principal en las operaciones de abordaje. Las operaciones nacionales de abordaje deben continuar en paralelo, y debemos coordinarnos estrechamente. Utilizamos el marco jurídico vigente en virtud de la CNUDM para inspeccionar y confiscar buques”, se jactó la líder de la diplomacia comunitaria, pese a lo evidente de que media docena de expropiaciones no van a cambiar la lógica económica de esta guerra de la misma manera que no lo hicieron aquellas medidas que, como la desconexión del sistema Swift, iban a ser letales para Rusia en 2022.
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