En una frenética fase de preparación de la reunión que la semana que viene pretende reanudar la diplomacia a tres entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania, Kiev se rodea de sus aliados incondicionales para llegar a esa cumbre con el mayor apoyo posible. Desde la presentación del “Plan de Victoria” en el otoño de 2025, en realidad una lista de exigencias de Ucrania a sus aliados para posteriormente imponer sobre Rusia la paz del vencedor, Volodymyr Zelensky ha dejado claro que la única negociación de su interés es aquella que se produce dentro del bloque atlantista, cuya unidad anhela y espera ingenuamente recuperar cuando tome posesión en enero la nueva composición del Congreso de Estados Unidos.
Mientras en la retaguardia del frente diplomático se negocian las perspectivas de garantías de seguridad que los países occidentales están dispuestos a ofrecer a Ucrania, se busca financiación para la futura reconstrucción del país y se plantea cuál será la estructura de seguridad de la Europa del futuro, el presidente ucraniano sigue de gira para conseguir objetivos más a corto plazo. El invierno se acerca y con él unas dificultades que pueden superar las de hace un año, cuando se dio en gran parte del país una situación de crisis humanitaria que en esta ocasión amenaza fundamentalmente a la capital. La campaña rusa de destrucción de infraestructuras energéticas se ha centrado en crear islas, romper las numerosas conexiones energéticas que, sumadas a la gran cantidad y variedad de centrales de generación de electricidad, la Unión Soviética había preparado a la República Socialista Soviética de Ucrania para la posibilidad de una guerra.
El alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, “afirma que no hay suficientes generadores para suministrar electricidad a los pisos de Kiev, después de que las centrales eléctricas hayan quedado destruidas en mayor o menor medida por los ataques aéreos rusos. Señala que el número de generadores es suficiente para mantener el sistema municipal de alcantarillado y que la ciudad tiene como objetivo adquirir los necesarios para proteger la toma de agua”, escribía ayer el periodista Leonid Ragozin, que añadía que, según el alcalde, abiertamente enfrentado a Zelensky, que le acusa de no haber sido capaz de proteger las infraestructuras de la ciudad, “el coste de mantener los sistemas vitales de la ciudad va a ser enorme, especialmente con los precios actuales del combustible, por lo que la resiliencia de Ucrania depende de la disposición de los contribuyentes europeos” de seguir cubriendo los crecientes costes.
Sobre el terreno, los periodistas confirman lo difícil de la situación. “Solo dos horas de luz desde las 7 de la mañana y sin luz durante el resto de horas del día. Ese es el plan de cortes de luz para nuestro piso en el centro de Kiev, una zona relativamente privilegiada. En las últimas 72 horas, hemos tenido agua quizá la mitad del tiempo. Y noviembre acaba de empezar; la situación va a empeorar a medida que avance el invierno. Si los ataques rusos continúan a este ritmo, podríamos llegar a un punto en el que, en la capital de Ucrania, solo haya electricidad para los servicios esenciales”, escribió Davide Maria de Luca, una de las voces habituales de la prensa extranjera en la capital ucraniana.
Para Ucrania, todos los problemas son sencillos y tienen dos claras soluciones: más munición para los sistemas Patriot de defensa aérea de Ucrania y financiación para la reparación o sustitución de las infraestructuras energéticas dañadas. A estas alturas de año, ni siquiera hace falta explicar que, por mucha intención que Kiev tuviera de reparar aquello que ha sido bombardeado, el daño ya está hecho y no hay tiempo material para solventar una situación que posiblemente vaya a seguir empeorando sin que Ucrania esté dispuesta a hacer nada al respecto. Al fin y al cabo, como Rusia, también Ucrania renegó de la tregua energética que había ordenado Donald Trump. Frente a los discursos, es preciso centrarse en los actos y el rechazo ucraniano a detener sus ataques contra las refinerías rusas para conseguir que Rusia hiciera lo propio con las infraestructuras energéticas ucranianas solo puede significar que no se trata de su primera prioridad.
Aun así, la cuestión energética es clave para el posicionamiento político de Ucrania como una víctima a merced de los irracionales ataques de un enemigo que se niega a cesar los bombardeos y a la que todos los países han de apoyar. La pérdida de Estados Unidos como fuente de asistencia -algo que Zelensky trata de remediar ahora que el nuevo Congreso será más Demócrata y, sin duda, mucho más proucraniano- hace que Ucrania haya querido ampliar el abanico de países que le ofrecen ayuda. Mejor financiada que cualquier otro país en guerra y con la certeza de que las armas nunca van a escasear, Ucrania sigue exigiendo aún más de lo que sus aliados están dispuestos a entregar. El jueves, además de los más de 4.000 millones de euros anunciados por la Comisión Europea a cargo del crédito de 90.000 millones que debían sostener a Ucrania dos años más, Zelensky se llevó de España el compromiso de un nuevo paquete de asistencia. Se repite así el ritual según el cual cada visita del presidente ucraniano culmina con el anuncio de más financiación, una gira de recaudación que comenzó en 2022 y de la que no se presagia el final. “Hay un nuevo paquete de defensa de 437 millones de euros de España que ayudará a nuestros guerreros en el frente. Habrá un paquete de apoyo invernal de Alemania para nuestra resiliencia, particularmente en el sector energético. También estamos trabajando para acelerar las entregas de misiles para Patriots, sistemas IRIS-T y asistencia para F-16. Estos son los resultados más importantes que arrojaron las visitas de estos últimos días”, anunció Zelensky.
“Hay alguien que vulnera la legalidad internacional y un pueblo, Ucrania, que lucha por su libertad, por sus derechos y por mirar a Europa. No podemos legitimar la ley del más fuerte frente al derecho internacional. Debemos defender la soberanía, la integridad territorial y la Carta de ONU, porque apoyar a Ucrania es defender el futuro de todos los pueblos del mundo”, sentenció Pedro Sánchez durante la visita de Zelensky, introduciendo una vez más una cuestión que incluso Ucrania ve ya como imposible -la integridad territorial- y ha dejado de utilizar como argumento en sus exigencias. La visita de Zelensky coincidió con la celebración de la Cumbre Iberoamericana, una ocasión que el presidente ucraniano no podía desaprovechar para ampliar horizontes y ahondar en sus relaciones con América Latina, especialmente teniendo en cuenta las afinidades ideológicas del presidente ucraniano con algunos de sus homólogos libertarian al otro lado del Atlántico.
“Por primera vez, Ucrania está representada en la Cumbre Iberoamericana. Desde el inicio de la guerra, Ucrania ha buscado la integración y el tipo adecuado de comunicación sobre esta guerra con países del continente africano y de América Latina. Pedro Sánchez nos invitó personalmente, y le estoy muy agradecido. Esta es una oportunidad para comunicarnos con aquellos que están lejos de nosotros”, declaró el presidente ucraniano en una entrevista para la televisión oficial de su país. Evidentemente, la presencia de Ucrania en un foro iberoamericano no es sino algo simbólico, testimonial, que no va a resultar en ningún tipo de acuerdo ni integración de ningún tipo, pero cualquier presencia en foros internacionales es una ocasión para presentarla como una victoria mediática. “Necesitamos el apoyo diplomático de estos países. Todos los días, todos los meses y todos los años, se plantean temas relevantes en la Asamblea General de la ONU y estamos obteniendo cada vez más votos de América Latina. Esto es importante cuando se trata de temas serios. Al final de la guerra, inevitablemente habrá paz y necesitaremos mucho el apoyo de todos los continentes, porque la justicia de la paz que Ucrania obtenga en última instancia dependerá de ellos. Por eso estamos aquí”, añadió el presidente ucraniano.
La relación entre América Latina y Ucrania es prácticamente inexistente tanto por la lejanía como por la ausencia de intereses comunes. Al contrario que en Europa, la izquierda latinoamericana se ha posicionado en la neutralidad o en posturas prorrusas derivadas de ver en Estados Unidos al causante de la guerra e identificarlo como el enemigo común. Sin embargo, la ola reaccionaria que actualmente asola América Latina y de la que han escapado únicamente Brasil y México hace que Zelensky cuente con aliados en un continente del que, en condiciones normales, no tendría nada que obtener.
Zelensky aprovechó su intervención en la Cumbre Iberoamericana para recordar a esos países, en muchos casos atravesando situaciones económicas complicadas, la importancia de colaborar con Ucrania. “Lo que necesita sobre todo Ucrania es una defensa antiaérea más fuerte y todo lo que implica”, afirmó exigiendo implícitamente a unos países militarmente débiles que apoyen a otro sostenido actualmente por la OTAN. “Y uno de nuestros principales desafíos son los ataques de Rusia a nuestra red eléctrica”, continuó para añadir que “sabemos que hay compañías en España y en América Latina que nos pueden ayudar con esto”. En su desmedida ambición de conseguir que todos los países del mundo se vean en la obligación de asistir a Ucrania, Zelensky pidió explícitamente ayuda a México, Argentina, Colombia y Chile. De ellos, como del resto de Estados miembros de Naciones Unidas, Zelensky espera ayuda en forma de misiles para los sistemas Patriot o financiación para sus destruidas infraestructuras.
Comentarios
Aún no hay comentarios.