El lunes, mientras Ucrania se jactaba de uno de los ataques con drones más amplios de la guerra -alrededor de 600 drones, 400 de ellos contra la región de Moscú, aunque sin que se registraran grandes daños-, Volodymyr Zelensky comenzó la semana condenando el último ataque con misiles rusos. “También se produjo un ataque con misiles balísticos especialmente atroz contra Kiev: cinco misiles que impactaron en infraestructuras civiles. Lamentablemente, no recibimos ninguna alerta temprana de nuestros socios sobre este ataque. La información de inteligencia sobre los lanzamientos de misiles balísticos rusos ayuda a salvar vidas, y esta es una de las cuestiones más críticas. Esto es precisamente lo que ayuda a evitar que muera gente: que haya una alerta temprana sobre los misiles balísticos”, añadió el presidente ucraniano en lo que parecía un reproche a sus aliados occidentales. El dardo se dirigía concretamente a Estados Unidos, acusado de cumplir lo que el fin de semana se había especulado que Washington podría hacer en caso de que Ucrania se negara a cesar sus ataques contra las refinerías rusas: detener el suministro de inteligencia en tiempo real que permite, entre otras cosas, que Kiev pueda prepararse para los bombardeos, conozca las direcciones y posibles objetivos de los misiles y tenga así mayores posibilidades de derribarlos.
La condena del presidente ucraniano parecía tan rotunda que el corresponsal de Financial Times, escribió que “Zelensky confirma que una brecha en la inteligencia occidental explica la falta de advertencia previa al ataque con misiles balísticos rusos de ayer, con las sirenas de alarma aérea sonando solo después de que seis explosiones resonaran en Kiev”. Sin embargo, lo ocurrido el fin de semana -desde el acuerdo energético entre Estados Unidos y Rusia a la orden de Donald Trump de una tregua energética para la que no se había consultado con Kiev ni con Moscú- ha descolocado tanto a Ucrania que ni siquiera ha sido capaz de mantener un mismo discurso. “Seguimos recibiendo datos de inteligencia del lado estadounidense. También es cierto que durante el ataque nocturno de ayer, la alerta de ataque aéreo se activó con retraso, pero eso se debió a un tipo especial de armamento utilizado por el lado ruso”, afirmó Andriy Sibiga, tratando de realizar un cierto control de daños tras la acusación, aparentemente falsa, del presidente Zelensky, que no puede permitirse ofender aún más a Donald Trump, especialmente molesto por su actitud.
Mientras trata de descifrar en qué consiste la propuesta estadounidense de tregua energética, cuyos términos son siguen siendo desconocidos, Ucrania continúa centrada en sus principales objetivos. Lo ocurrido el fin de semana pone de manifiesto que Estados Unidos está dispuesto a llegar a un acuerdo con Rusia y provoca un cierto temor en Kiev y las capitales europeas, que rápidamente han querido ratificar su apoyo a Ucrania, han ampliado las sanciones contra Rusia, han prometido abordar más buques de la flota fantasma rusa y se han comprometido a compensar cualquier posible pérdida de la inteligencia estadounidense, una amenaza que se rumoreó, pero que Washington ha negado a sus medios de referencia. El peligro de que Donald Trump dé orden de cesar el suministro de inteligencia o detenga el gran negocio que es el mecanismo PURL, por el que los países europeos compran a Estados Unidos las armas que posteriormente envían a la guerra, es tremendamente reducido, pero, aun así, el acuerdo Washington-Moscú es lo suficientemente preocupante para Kiev y sus aliados continentales como para que reaparezcan vías alternativas de financiación y gestión de la guerra, lo que haría posible, al menos en teoría, reducir la dependencia del aliado norteamericano, hasta ahora imprescindible.
Ayer, mientras en Ucrania se exigían respuestas y el presidente Zelensky viajaba al Reino Unido en busca de apoyo de los países europeos, los medios estadounidenses seguían especulando sobre qué está pasando dentro de la administración Trump y cuáles son las posibilidades reales de que la Casa Blanca dé una orden que pueda suponer un punto de inflexión en la relación entre Washington y Kiev, que sería también un golpe sobre la mesa en las relaciones dentro del bloque atlantista. “La Casa Blanca está considerando la posibilidad de interrumpir el suministro de inteligencia a Ucrania a pesar de las declaraciones de Trump diciendo que Estados Unidos sigue suministrando inteligencia”, escribía Semafor, que destacaba una fractura interna entre quienes, como el director de la CIA John Rattcliffe, quieren mantener ese suministro y otros oficiales que abogan por su interrupción.
Las circunstancias, como la opinión de Donald Trump, cambian muy rápido y, por el momento, no hay reacción estadounidense al último ataque ruso, que se centró precisamente en las centrales de producción eléctrica ucranianas, algo que solo el presidente de Estados Unidos sabe si viola o no su fallido alto el fuego. La situación cambia tan rápido que, menos de 24 horas después de las primeras acusaciones de Zelensky, el temor a que Estados Unidos detenga el suministro de inteligencia ya no es el problema más urgente para Ucrania, que ayer condenaba las dificultades que sus tropas están teniendo con el sistema de navegación Starlink, una de las últimas armas milagrosas que Kiev aspiraba a poder utilizar también en el territorio internacionalmente reconocido como parte de la Federación Rusa. Hace apenas unos días, Kiev planteaba esa posibilidad prometiendo resultados inmediatos y, como es habitual, presentando la medida como una forma infalible de acortar la guerra.
“Los ruidos que provienen de Washington han sido ominosos para Ucrania y difícilmente podrían producirse en un peor momento. Pero deberíamos tener cuidado de no dejar que la emoción se adelante a la evidencia. Trump está jugando su propio juego, pero probablemente sigue constreñido por la impopularidad de la postura prorrusa en Estados Unidos”, advertía ayer Ollie Carroll, corresponsal de The Economist, uno de los primeros periodistas en hacerse eco de la denuncia publicada en las redes sociales por Serhii Sterneko. El exlíder del Praviy Sektor en Odessa y ahora activista respetable y exasesor del ministro Mijailo Fedorov durante su mandato al frente de la cartera de Defensa alegaba que “esta noche se ha restringido el funcionamiento de las terminales Starlink. En movimiento a velocidades superiores a 160 km/h, comenzó a perderse la conexión. Debido a esto, se interrumpieron varias misiones importantes. Probablemente, la compañía SpaceX recurrió a estas medidas a petición de la administración de Trump. Los terminales satelitales comunes están funcionando en estos momentos”.
El mensaje del activista, a quien en nombre de la guerra se le han perdonado todos los excesos de juventud -que van desde acusaciones de secuestro a homicidio emitiendo en directo la agonía del hombre al que acababa de acuchillar, según su versión, en defensa propia- era el primero en recoger la aparente medida de restricción del uso militar de las terminales Starlink, una de las bases sobre las que el ejército ucraniano ha construido su eficiencia. “El asesor presidencial ucraniano en el desarrollo de tecnologías de defensa, Serhii «Flash», informa que SpaceX implementó límites de velocidad para las terminales de Starlink durante la noche. Afirma que la restricción está establecida en 100 millas por hora (161 km/h) y que el ejército ucraniano no fue notificado de esta restricción con antelación, lo que resultó en la interrupción de varias misiones de drones. Afirma que esta acción estuvo motivada políticamente debido a los eventos en curso relacionados con Estados Unidos y que no fue coincidencia”, añadió poco después AMK Mapping, citando a otra de las fuentes habituales del establishment militar ucraniano.
“Los sentimientos están muy exaltados en Kiev tras lo último. «Si Trump hubiera estado al mando de Estados Unidos en 1939, creo que habría sido aliado de Hitler», dice una fuente de inteligencia. «Y en el solar del Gueto de Varsovia, Witkoff y Kushner habrían construido un complejo hotelero de lujo»”, escribió Carroll con un mensaje que resumía perfectamente el pesimismo que rápidamente se extendió por las redes y que las fuentes de los principales periodistas occidentales quisieron reflejar a modo de grupo de presión en busca de una explicación y, sobre todo, de una fórmula rápida para eliminar las restricciones. La pérdida de Starlink sería para Ucrania algo más preocupante que no disponer de la inteligencia estadounidense, que en parte podría suplirse con las aportaciones francesa y británica, algo que no puede producirse en el caso de Starlink, aspecto en el que los países del a UE están más retrasados que Rusia y China, que trabajan, como Ucrania ha alertado recientemente, en replicar el éxito del sistema de satélites de Elon Musk. “Oye, Elon Musk”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, país que paga la conexión a Starlink en nombre de Ucrania, “grandote, ¿estás jugando a la política con tus productos otra vez? Como tus clientes europeos, te estamos observando”. La UE y sus países miembros pueden condenar cualquier decisión del multimillonario, pero no tienen la capacidad de amenazar de forma creíble ni a Musk ni a Starlink. En este sentido, Estados Unidos, que podría simplemente estar presionando a Zelensky para dejar claro quién tiene más cartas que jugar y castigando al presidente ucraniano por su actuación de estos días, sabe que tiene la sartén por el mango. “Entonces, ¿resulta que Zelensky no tenía ninguna carta que jugar después de todo? ¿Y desprestigiar públicamente a tu mayor respaldo y humillarlo justo antes de unas elecciones no habrá sido el movimiento más brillante? ¿Quién podría haber visto eso venir?”, comentó en ese sentido la historiadora ucraniana Marta Havryshko. “Los ucranianos están aprendiendo por las malas que someterse al poder de los monopolistas occidentales sobre sus comunicaciones/energía/presupuesto/armas significa pérdida de soberanía. El vasallaje al Occidente puede ser preferible al vasallaje a Rusia, pero sigue siendo vasallaje”, añadía el periodista Mark Ames, señalando una realidad objetiva: Ucrania puede querer seguir luchando, pero solo podrá hacerlo si mantiene el apoyo político y el suministro militar y económico de sus aliados.
Más allá de las denuncias ucranianas y la reacción política de los aliados de Ucrania, que temen un precedente preocupante, la información sobre lo ocurrido ayer es escasa. “Serhii Beskrestnov, asesor del Ministerio de Defensa ucraniano, afirmó que las operaciones con drones de largo alcance también se vieron afectadas, al igual que la capacidad de Ucrania para defenderse de los nuevos drones propulsados por reactores rusos, ya que Starlink se utiliza en los interceptores que se están desarrollando para combatirlos”, escribía ayer Christopher Miller en Financial Times en el artículo más completo de los publicados ayer. “El 7º Cuerpo de Respuesta Rápida de las fuerzas de asalto aéreo de Ucrania en el frente sureste afirmó que las restricciones afectaron a Starshield, la red de satélites de grado militar de SpaceX diseñada para la defensa, los gobiernos y los servicios de inteligencia”, añadía Miller en referencia a la unidad que lucha en la zona de Guliaipole-Orejovo, en el oblast de Zaporozhie. No se trata de un detalle menor, ya que, como indicaba el periodista, “aunque Musk posee SpaceX, que controla los sistemas Starlink y puede imponer restricciones sobre ellos en Ucrania, las que comenzaron de la noche a la mañana son de la versión militar Starshield del sistema, controlada por el Pentágono. Esto sugiere que la decisión de limitar la velocidad de los sistemas Starshield fue tomada dentro de la administración Trump”.
Por la importancia inmediata que tiene el sistema Starlink tanto en el aspecto ofensivo, especialmente en la precisión de los ataques con drones, como en la defensa a la hora de derribar los Geran rusos, esta cuestión es actualmente mucho más relevante para Ucrania que cualquier amenaza de pérdida de la inteligencia en tiempo real con la que puede prepararse para los misiles balísticos rusos. Y aunque no sería la primera ocasión en la que la administración Trump toma una medida de castigo -ya lo hizo en marzo de 2025, cuando interrumpió brevemente el suministro de armas a Ucrania-, de prolongarse en el tiempo, la pérdida de todas las capacidades de uso de Starlink supondrían un serio obstáculo para las tropas ucranianas. Las consecuencias que podría tomar esta decisión política hacen prever que las limitaciones al uso de Starlink para Ucrania no vayan a perpetuarse en el tiempo y que sean utilizadas por Donald Trump como una forma de presión a Volodymyr Zelensky. Por la noche, el exministro Fedorov, principal interlocutor entre Ucrania y Sillicon Valley, ya apuntaba en esa dirección. “La conectividad de Starlink a velocidades de hasta 160 km/h se está restaurando. Eliminar por completo el límite de velocidad de Starshield es ahora crítico para la defensa de Ucrania”, escribió.
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