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Armas, Economía, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

El boomerang económico

Consolidada en una fase tremendamente agresiva de bombardeos mutuos, en los que tiende a sufrir más la parte con menor potencia de fuego, la guerra sigue su curso en paralelo a las constantes declaraciones con las que los diferentes actores intentan posicionarse como la voz autorizada para dictar los términos. “Por desgracia, cuesta imaginar que se puedan encontrar soluciones a este problema en los próximos meses”, afirmó ayer el ministro de Agricultura de Ucrania, Taras Vysotsky que, añadiendo que “tenemos que prepararnos de verdad para que la situación siga siendo tan crítica como lo es ahora”, se lamentaba de que Rusia no se haya mostrado abierta a aceptar la tregua energética que le proponía Ucrania y con la que Zelensky intentaba evitar las consecuencias de la respuesta rusa a su operación de 40 días para destruir la economía rusa. “Ucrania tendrá que pagar por lo que está haciendo”, había sentenciado horas antes Vladimir Putin, dejando claro que Moscú no está por la labor de aceptar un cese del fuego que no implique una resolución del conflicto y que pueda ser utilizado por Ucrania y sus aliados para reforzar su capacidad de defensa aérea.

Ucrania se las prometía muy felices y se mostraba confiada en su capacidad de obligar a Rusia a cruzar una de sus líneas rojas más marcadas -aceptar el alto el fuego incondicional que los países europeos le plantearon como ultimátum en mayo del año pasado- utilizando sus dos principales activos: sus drones de larga distancia y la herramienta económica. Atacar buques comerciales, no solo petroleros como inicialmente anunció, tratar de destruir los puertos, los almacenes de comercio electrónico o la industria rusa ha tenido como consecuencia que Ucrania esté ahora mismo perdiendo su capacidad de exportación marítima, los restos de su industria, sus infraestructuras de comunicación o sus centros de datos. En términos políticos, la consecuencia de la decisión de Zelensky de empeorar en tal grado la guerra que sea insoportable para el Kremlin ha sido la petición de alto el fuego por parte de Ucrania.

La carta de Zelensky ha sido su capacidad de mantener la calma y plantear unas exigencias por encima de las que puede permitirse. En el momento en el que Donald Trump propuso una tregua energética, que fundamentalmente habría beneficiado a la población civil ucraniana, que está a punto de enfrentarse a otro invierno de crisis, Zelensky exigió más. Ucrania no solo demandaba a Rusia que cesara en sus ataques contra las infraestructuras energéticas, sino también a todos esos objetivos que Moscú comenzó a bombardear a raíz de los ataques ucranianos contra esos objetivos en Rusia. Lograr ese compromiso habría sido una victoria para Ucrania, que habría conseguido detener una amplia gama de ataques rusos. Sin embargo, se habría producido a un coste enorme, tanto por los daños ya sufridos como por las dificultades de reconstrucción.

El lunes, Ucrania anunció medidas para paliar su inmenso déficit. A partir de ahora, se priorizarán los gastos absolutamente imprescindibles y se reducirá o prescindirá de lo que es menos importante. Entre los gastos que siguen teniendo prioridad, la defensa continúa al frente, seguido por las pensiones y prestaciones sociales -absolutamente miserables- y los salarios de profesionales de la sanidad y la educación. Quedan atrás explícitamente las reconstrucciones relevantes, es decir, la reparación de los daños que produce la guerra y que, en una situación de lucha activa, siempre pueden ser temporales. Las dificultades económicas de Ucrania no son nuevas y no se deben únicamente a la guerra sino al modelo ultraliberal con el que Kiev ha decidido eliminar los escasos resquicios del Estado social que heredó de la URSS, a las privatizaciones y al saqueo de los recursos públicos a base de corrupción, el tema que más preocupa a la población ucraniana, más incluso que los bombardeos. La coyuntura actual, en la que los misiles y drones se utilizan a ambos lados del frente como herramientas de la guerra económica, ha acelerado todos los problemas y ha hecho imposible mantener el triunfalismo ucraniano del año pasado, en el que se jactaba de su crecimiento económico, siempre sin mencionar que estaba basado en las subvenciones extranjeras.

El dinero europeo sigue siendo la solución que Kiev encuentra a todos los problemas, fundamentalmente porque, desde 2022, Ucrania ha conseguido prácticamente todo lo que buscaba. “Rusia continúa su imprudente campaña de acciones hostiles contra los aliados de la OTAN. Está intentando debilitar nuestra determinación y detener nuestro apoyo a Ucrania. Pero Rusia está fallando. Está fallando en el campo de batalla en Ucrania y está fallando en socavar nuestra unidad y nuestro apoyo a Ucrania. Nuestro mensaje a Moscú es claro: haremos aún más por Ucrania y no menos”, afirmó ayer Mark Rutte, reafirmando la intención de la OTAN y de los Estados miembros (al menos de los países europeos y Canadá) de continuar aumentando el apoyo a Ucrania.

Sin embargo, todo tiene sus límites y, al igual que Ucrania con su presupuesto, también la Unión Europea ha de priorizar aquello en lo que puede permitirse abrir más la mano. Preocupado por las pérdidas que supone para los ingresos del país -que se dedican íntegramente a la guerra, mientras que las concesiones extranjeras cubren también el sostenimiento del Estado-, el ministro de agricultura ha solicitado ayuda a Bruselas. “Se están explorando todas las vías” para apoyar las exportaciones agrícolas de Ucrania y proteger al sector, afirmó el comisario de Agricultura de la UE Christophe Hansen hace apenas cuatro semanas. En este tiempo, las autoridades occidentales no han dejado de exigir a Rusia un alto el fuego con el que evitar tener que aplicar medidas que impliquen la presencia de más grano ucraniano en los Estados miembro -algo que provocaría protestas en lugares como Polonia- o la concesión de más dinero para aspectos que no son puramente militares, para lo que la UE siempre encuentra la forma de cumplir con los deseos de Ucrania.

“Ucrania ha registrado un aumento de las exportaciones a través de rutas alternativas al mar Negro, que actualmente representan el 45% de lo que es necesario transportar. Sin embargo, según el análisis de Ucrania, a través de estas rutas solo se puede exportar un máximo del 50% de los productos agrícolas, lo que significa que existe el riesgo de que, durante esta campaña agrícola, no se exporten del país alrededor de 30 millones de toneladas de productos agrícolas, según afirmó Vysotsky”, escribía ayer Bloomberg, preocupado, como el establishment político europeo y ucraniano por la seguridad alimentaria mundial debido a que Ucrania, como Rusia, es un gran exportador de grano. Exigiendo un gesto ruso que deje clara la voluntad de Moscú de avanzar hacia la paz, Johann Wadephul, ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, llamó a Rusia a que “permita las exportaciones de cereales que se necesitan con tanta urgencia”. Como cuando los países europeos exigen a Irán que reabra el estrecho de Ormuz, abierto hasta que Estados Unidos atacó el 28 de febrero, Wadephul omite que esas exportaciones eran posibles hasta que Ucrania decidió intentar cerrar los puertos rusos a base de ataques diarios.

“Ucrania había solicitado a la Unión Europea un apoyo específico para su sector agrícola, más allá de la ayuda financiera general que el bloque ya proporciona. Sin embargo, Vysotsky afirmó que la Comisión Europea, el órgano ejecutivo del bloque, había denegado la solicitud de 220 millones de euros (250 millones de dólares) para los agricultores y un mecanismo de apoyo a su liquidez, aunque el país dispondría de financiación suficiente gracias a un préstamo del Banco Mundial de 250 millones de dólares a bajo interés”, explicaba Bloomberg. Ante una dificultad económica provocada por el endurecimiento de la guerra, Ucrania solicita más presencia de sus productos en la Unión Europea y financiación para sostener a su sector agrícola. Pero, al contrario que cuando solicita financiación para la guerra, Bruselas no parece haber encontrado rápidamente la financiación que exige Kiev.

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