Desde hace semanas, si no meses, Ucrania, sus aliados europeos y el secretario general de la OTAN destacan los enormes éxitos de las tropas de Kiev en el frente, ensalzan en valor de los guerreros ucranianos y halagan la resiliencia de la población civil, dispuesta a padecer las actuales penurias para salvar a la nación del intento ruso de destruirla. El mapa no ha cambiado en exceso a excepción de la zona de Liman, donde las tropas rusas parecen seguir siendo incapaces de detener los avances de los soldados de Andriy Biletsky, y la naturaleza del conflicto no se ha modificado. Lo único que verdaderamente ha variado en este tiempo es el empeoramiento en la retaguardia, con una voluntad y declarada de los dos países de destruir la economía del contrario para impedir así que pueda seguir luchando con garantías. Pese a la gran cantidad de propaganda de victoria en el frente y las imágenes de refinerías rusas ardiendo que se muestran en los medios, la opinión de la población ucraniana no parece haber cambiado en exceso. Así puede observarse analizando los resultados de la última encuesta publicada estos días en la prensa.
“Cifras desalentadoras en esta encuesta de Rating Group sobre el estado de ánimo de los ucranianos de cara al invierno: el 55% de los encuestados espera que la situación general en el país empeore en los próximos meses; el 62% cree que ni Ucrania ni Rusia está ganando la guerra”, escribió el viernes Fabrice Deprez, corresponsal de Financial Times. Como comenta el periodista, los datos de este estudio no son los únicos publicados estos días, en los que también han aparecido en los medios las cifras aportadas por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS), en cuyo informa se afirma que el 79% de las personas considera que “en última instancia”, Ucrania ganará la guerra. Teniendo en cuenta que el 41% de las personas encuestadas considera que el conflicto terminará con pérdidas territoriales para el país, se puede deducir que en ese 79% se aglutinan definiciones muy diferentes de qué constituiría una victoria ucraniana. El hecho de que se resalte especialmente la mención a la preservación del Estado en las respuestas en las que se habla de pérdidas territoriales es un indicador claro de que la idea de victoria está vinculada a ese objetivo que siempre ha estado garantizado y que es mucho menos ambicioso que la recuperación de los territorios perdidos.
Muchos son los datos de interés que se desprenden de la encuesta de Rating Group, más completa que la del KIIS y mucho más coherente a la hora de realizar unas preguntas concretas con respuestas claras. El primer dato relevante es que la confianza de la población ucraniana sigue siendo mayor en Valery Zaluzhny, héroe militar de los primeros meses de la guerra rusoucraniana, pero apartado de la vida militar desde que en 2023 cometiera la temeridad de calificar de derrotada la ofensiva que él mismo había preparado y que debía romper el frente de Zaporozhie en dirección a Crimea. El 64% de las personas encuestadas muestra algún tipo de confianza hacia el general, que supera en 11 puntos porcentuales al actual presidente Zelensky, con lo que se repite el patrón de intención de voto. La diferencia entre ambos es importante teniendo en cuenta que las encuestas que se han publicado estos años son consistentes a la hora de mostrar que la población no espera un cambio de liderazgo durante la guerra, que se espera que Zelensky continúe al frente del país hasta unas elecciones posteriores a un futuro alto el fuego y se le concede la confianza hasta ese momento. Incluso así, la población ucraniana valora más positivamente a Zaluzhny, otro indicio de que la posguerra implicará un creciente papel de la clase militar que ha ganado prominencia en la batalla. Al fin y al cabo, de las siete figuras que obtienen una valoración más alta de la población -Zaluzhny, Zelensky, Budanov, Fedorov, Jmara, Poroshenko y Sibiga-, la mayoría se trata de figuras directamente vinculadas a la guerra y dos de ellas, Budanov y Jmara, tanto a la guerra como a los servicios secretos ucranianos, los mismos que se jactan de su programa de asesinatos selectivos en los territorios bajo control ruso.
La encuesta muestra una fuerte división de opiniones sobre el futuro inmediato del frente. El 33% espera que la situación mejore este invierno, mientras que el 22% prevé un empeoramiento. En una situación intermedia, prácticamente la tercera parte (un 30%) no espera ningún cambio. Más pesimistas son las respuestas a la pregunta de cómo evolucionará la situación de la población civil durante este invierno en el que la campaña de bombardeos rusos ha comenzado especialmente pronto. El 47% cree que el suministro eléctrico de sus hogares será similar al del invierno pasado, mientras que el 39% espera un empeoramiento. Solo el 9% es optimista y espera una situación más favorable que hace un año. Más allá de la situación energética que espera en sus hogares, la población ucraniana es especialmente pesimista a la hora de valorar la situación económica a corto plazo: el 71% un empeoramiento este invierno.
En esas condiciones de dudas sobre la capacidad del Estado de mantener una situación mínimamente estable para la población civil y sin gran optimismo en relación con los posibles avances en el frente, no es de extrañar que la encuesta dé lugar a resultados que no se corresponden con la idea de continuar luchando hasta el último ucraniano. Aunque solo el 6% indica que considera que Rusia está ganando la guerra, la opción de algún tipo de compromiso es la mayoritaria para la población, en la que solo el 26% considera que es Ucrania quien domina en la guerra y en la que domina ese 62% que indica que nadie está venciendo en esta contienda.
Dos preguntas son especialmente importantes a la hora de determinar la postura de la población ucraniana con respecto a la guerra según esta encuesta, que se ha realizado en todas las regiones bajo control ucraniano, excluyendo solo los “territorios temporalmente ocupados” y aquellos lugares en los que ya no funciona la red móvil ucraniana. Ambas cuestiones tratan sobre el qué hacer en los próximos meses. La primera es sencilla y se pide a la población elegir entre tres opciones claras: “la paz es más importante que la victoria”, “es difícil responder” y “la victoria es más importante que cualquier paz”. Valorar la preferencia entre paz y victoria es algo relevante, ya que, hasta que la postura del trumpismo le obligara a matizar, ambos términos eran prácticamente sinónimos en la narrativa ucraniana. Sin una definición especialmente definida de victoria, aunque es evidente quela mayoría no identifica victoria con recuperación de la integridad territorial, el 50% considera la paz más importante que la victoria, mientras que el 41% ve más importante la victoria que la paz.
Con más importancia a la paz que a la victoria, las respuestas a la siguiente pregunta son más representativas. Rating Group pregunta directamente “qué escenario apoya para la guerra”, a lo que se dan cuatro opciones además del habitual “es difícil responder”, al que se adhiere un elevado 9%. La imagen de la evolución de las respuestas es lo suficientemente explícita, con un progresivo descenso de la opción que, en julio de 2023, primera vez que se realiza la pregunta, era absolutamente mayoritaria: luchar hasta la recuperación de Donbass y Crimea, es decir, hasta lograr la integridad territorial según las fronteras de 1991 y conseguir derrotar militarmente a Rusia incluso en la península anexionada en 2014 sin necesidad de utilizar la fuerza. Frente al 12% que, en aquel momento, en plena ofensiva de 2023, señalaba la opción del compromiso por medio de negociaciones, ahora es el 57% el que señala esa opción a la que el Gobierno ucraniano y sus aliados europeos tanto se han resistido. El porcentaje de quienes defienden la lucha hasta la liberación de Crimea y Donbass ha descendido en tres años desde el 73% al actual 21%, con un 13% que defiende continuar hasta recuperar la situación anterior al 24 de febrero de 2022 que, evidentemente, también se considera altamente improbable.
Teniendo en cuenta esas respuestas, no es de extrañar que algún tipo de negociación sea la opción más mencionada a la pregunta de “¿Cuál considera que es la forma de lograr el final de la guerra?”. En este caso, además del 7% que no responde a la pregunta o considera no poder hacerlo, solo el 9% señala la opción de “abandonar las negociaciones y seguid luchando hasta liberar todos los territorios”, mientras que un llamativo 83% opta por dos tipos diferentes de diplomacia. La mayoría, el 57% se inclina por una negociación en la que participen terceros países -es decir, la Unión Europea y Estados Unidos, una forma de garantizar más fuerza diplomática y una mejor posición negociadora-, mientras que más de la cuarta parte, el 26%, defiende la necesidad de negociaciones directas con la Federación Rusa, una opción que, hasta abril de 2025, ni siquiera se planteaba como posibilidad en las encuestas.
Con una mayoría consciente de que no habrá victoria, sino que es preciso buscar la paz y que la diplomacia es la vía para lograrla, la opción preferida para ratificar un acuerdo no es la decisión del presidente, sino un referéndum. Y aunque se da por hecho que Ucrania tendrá que realizar concesiones, concretamente en la cuestión territorial, la opción mayoritaria a la hora de definir la futura paz, el 56% es la de exigir garantías reales de seguridad de Estados Unidos y los países europeos, medidas que deberían incluir futuras partidas para la financiación de armamento.
La imagen que deja la encuesta de Rating Group es clara y coherente: la población ucraniana ve una guerra que no va a ganarse y que, por lo tanto, precisará de unas negociaciones en las que aspira a que participen los aliados de Kiev para reforzar la posición diplomática y en la que, a cambio de las concesiones territoriales, Ucrania debería obtener unas garantías claras y creíbles de seguridad. En realidad, esta visión no es excesivamente diferente a la idea de territorios para Rusia a cambio de seguridad para Ucrania que ha planteado el trumpismo y contra la que tanto están luchando el Gobierno ucraniano y las capitales europeas llevan meses luchando.
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