Como ya anticiparon varios medios la semana pasada, los países europeos han dado el primer paso para recuperar la comunicación directa con el Kremlin en busca, según la teoría y las explicaciones públicas, del fin de la guerra en Ucrania. Tal y como especulaba Politico, el encargado de dar el primer paso ha sido el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, posiblemente el dirigente europeo con mejor relación personal con Donald Trump, principal destinatario de los comentarios realizados por los países europeos durante los últimos días. Y siguiendo la tónica de la reunión mantenida hace apenas unos días por Steve Witkoff en Oslo, el segundo interlocutor ha sido el primer ministro noruego Gahr Støre. “La oficina de Stubb describió la llamada como una continuación de las conversaciones mantenidas en Oslo el 20 de octubre, en las que a los dos líderes europeos se unieron el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y el enviado de Trump, Steve Witkoff, que al día siguiente viajó a Rusia para reunirse con Putin”, escribía ayer Politico enmarcando la conversación en el formato Estados Unidos-Rusia-Ucrania en el que, de forma directa o indirecta, los países de la Unión Europea quieren sumarse.
“Hay que poner fin a la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. Todo el mundo está sufriendo sus consecuencias y no se vislumbra ninguna solución militar. El resultado de la guerra tendrá un impacto directo en la seguridad de Finlandia y Noruega y, en términos más generales, en la seguridad de Europa en su conjunto. En este momento, la paz no se logrará evitando el diálogo; para poner fin a la guerra son necesarias conversaciones directas. Esto redunda en interés de Finlandia”, escribió Stubb, sparring de Donald Trump en el campo de golf y presidente de un país que comparte frontera con Rusia.
“Mantuvimos la conversación en calidad de líderes de nuestros respectivos países, no como representantes de Europa. Es importante que Finlandia y Noruega, como países vecinos de Rusia, entablen conversaciones con Rusia basadas en nuestras propias perspectivas y principios. Hemos subrayado que nuestro apoyo a Ucrania sigue siendo inquebrantable”, añadió Stubb, confundiendo deliberadamente Europa occidental con Europa y sugiriendo implícitamente que existe una división interna en el bloque continental sobre cómo gestionar la relación con el Kremlin. Las dos posturas existentes son claras y enfrentadas. El objetivo es común, derrotar a Rusia más que salvar a Ucrania, la diferencia está en cómo ha de conseguirse.
Por una parte están los liderazgos pragmáticos que de, la misma manera que ocurriera con el acuerdo de diésel y la decisión unilateral de Donald Trump de levantar temporalmente sanciones contra Rusia y dejar de imponer aquellas previstas por la Ley Graham, temen que, en algún momento, un acuerdo Rusia-Estados Unidos deje a las capitales europeas fuera de juego en la resolución de una guerra cuyo coste van a pagar. Entre esos líderes están Stubb e incluso Antonio Costa, que según Politico, se encontraba al tanto de la comunicación con el Kremlin. “La llamada se produce en un momento delicado de esta guerra que ya dura cuatro años, en el que los responsables europeos intentan hacerse un hueco en la mesa de negociaciones, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presiona para alcanzar un acuerdo de paz. Dos responsables de la UE afirmaron que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, había sido informado con antelación de la llamada prevista”, escribía el medio. En realidad, el modus operandi de esta facción, no menos radical que la segunda, es insertarse en las negociaciones para poder realizar desde dentro el control de daños, hacer que Ucrania cuente con aliados incondicionales en el proceso diplomático y proteger así las claras líneas rojas de Kiev para evitar que la posición de Zelensky quede minada por los reproches estadounidenses a su negativa a ceder en la cuestión territorial o a sus excesivas expectativas de suministro de armas, financiación e inteligencia.
La segunda posición existente en Europa está encabezada por halcones como Kaja Kallas, el ministro de Asuntos Exteriores polaco Radek Sikorski o la primera ministra danesa Mette Frederiksen, además de los liderazgos de los países bálticos, siempre dispuestos a seguir luchando hasta el último ucraniano para conseguir la ansiada derrota militar de Moscú y a arriesgar para ello la paz en el resto del continente. “A pesar de que Støre representa a un país no perteneciente a la UE, parece que ambos podrían tener algún tipo de mandato no oficial por parte de algún sector de los dirigentes de la UE, aunque difícilmente por parte de su responsable de política exterior, Kaja Kallas, quien parece estar claramente marginada en este contexto”, comentó Leonid Ragozin en referencia a la llamada de Stubb y Støre. Es significativo que Kaja Kallas no se haya manifestado en las redes sociales o los medios nada más producirse la llamada para valorar tanto la comunicación como su contenido.
La postura de esta facción belicista queda clara con unas palabras pronunciadas estos días por Radek Sikorski. “Existe un mito que se ha ido arraigando con éxito en Occidente: que Rusia siempre gana. Pero las cosas no siempre les salen como quieren. Perdieron la Guerra de Crimea. Perdieron la guerra contra Japón. Salieron de la Primera Guerra Mundial con el rabo entre las piernas. Perdieron la invasión de Polonia. Perdieron en Afganistán. Y perdieron la Guerra Fría. Así que las cosas pueden acabar de forma muy diferente”, comentó el jefe de la diplomacia polaca, aún soñando con infligir contra Rusia esa ansiada derrota militar para la que la UE y Estados Unidos tendrían que invertir aún más miles de millones de los que ya han destinado a Ucrania.
“La airada reacción de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, confirma que la facción belicista de línea dura está siendo mantenida al margen”, añadía Ragozin a su comentario. “Soy muy escéptica ante esta iniciativa independiente de Noruega y Finlandia. No se ha coordinado con ninguno de los demás”, afirmó la enfadada Frederiksen, que insistió en la necesidad de “mantener a Europa unida, en lugar de actuar por nuestra cuenta”. “No veo indicios de que Rusia desee la paz con Europa, ni en la guerra híbrida que se libra cada día, ni en Ucrania, donde lanzan ataques feroces y agresivos a diario”, sentenció la primera ministra danesa. Teniendo en cuenta que, en el pasado, Frederiksen ha afirmado que la paz en Ucrania “podría ser más peligrosa que la guerra”, la duda sobre la voluntad de paz se podría extender a al menos algunos de los países europeos.
Destacando la llamada de los líderes de Finlandia y Noruega como “continuación de nuestras conversaciones en Oslo con representantes de Estados Unidos, Europa y la OTAN”, el presidente ucraniano escribió que “Alex y Jonas han dejado claro al líder ruso que se necesitan medidas reales de distensión en lo que respecta a nuestra energía y nuestras infraestructuras” y añadió que “como países fronterizos con Rusia, Finlandia y Noruega tienen un interés especial en que se establezcan acuerdos de seguridad sólidos y fiables”. En definitiva, Zelensky quiere enmarcar esta comunicación en la imposición de condiciones -desescalada, es decir, el ultimátum de alto el fuego incondicional, y “distensión” en el sector de la energía, alto el fuego energético- y en el contexto de la UE/OTAN, signo de por dónde van a ir las exigencias negociadoras ucranianas.
“Hoy, el presidente Putin ha mantenido una conversación telefónica, a petición de estos, con el primer ministro de Noruega y el presidente de Finlandia. Todavía no he visto las transcripciones de esas conversaciones, pero, al parecer, tampoco se ha dicho nada nuevo. Seguimos sin apreciar ningún cambio en la postura de Europa”, comentó Sergey Lavrov, confirmando tanto la llamada como la falta de confianza entre las partes. “La llamada, que en un principio estaba prevista para durar menos de media hora, se prolongó durante 90 minutos, según declaró Stubb a los medios de comunicación finlandeses. Sin embargo, en lugar de abordar cuestiones cruciales sobre cómo poner fin a la guerra, Putin sometió a los líderes nórdicos a una larga diatriba sobre lo que el Kremlin denominó las «razones iniciales del conflicto», según afirmaron tres personas al tanto de la conversación”, describió Financial Times, que reduce esas causas fundamentales a las que Rusia se refiere repetidamente a unas “digresiones históricas” del presidente ruso que los interlocutores europeos “decidieron no interrumpir” para “comprobar hasta qué punto se tomaba en serio el diálogo con Europa”. “Apenas se abordó la posibilidad de alto el fuego inmediato, la principal exigencia de Ucrania”, añadía el medio. La labor de la llamada no era buscar un alto el fuego, sino posicionar a dos dirigentes europeos de países miembros de la OTAN en la órbita de las negociaciones para que Ucrania pueda contar con la presencia de aliados incondicionales que le ayuden a gestionar la diplomacia ahora que el formato trilateral Estados Unidos-Rusia-Ucrania está a punto de reanudarse y las capitales europeas no se fían de su aliado norteamericano.
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