Aunque escasos, algunos artículos publicados por la prensa occidental comienzan a analizar las consecuencias económicas que está teniendo para Ucrania la actual campaña aérea, que está devastando la industria y que puede condicionar el desarrollo futuro de la economía del país. Los efectos de los bombardeos rusos son demasiado visibles como para ocultar que es Ucrania quien más está padeciendo por la actual escalada aérea con la que Kiev se jacta de forma constante de sus éxitos. “Para millones de habitantes de Kiev, las columnas de humo que se alzan sobre la ciudad, el estruendo de los disparos antiaéreos y las esporádicas carencias en las estanterías de los supermercados se han convertido en recordatorios de la nueva campaña aérea de Rusia dirigida contra la economía de Ucrania”, escribe Financial Times, que añade que “a finales de agosto y principios de septiembre, misiles y nuevos drones propulsados por reactores impactaron en centros comerciales, almacenes y centros de distribución, lo que afectó a empresas como los principales minoristas ucranianos, editoriales, grupos farmacéuticos y Nova Poshta, el mayor servicio postal privado del país”.
En esa enumeración de objetivos no hay ninguna sorpresa. El seguimiento de los resultados diarios de los ataques a través de las cuentas que realizan ese trabajo en tiempo real muestra los efectos de los drones y misiles rusos en las infraestructuras energéticas, industriales, portuarias y comerciales ucranianas. Quizá lo más novedoso del artículo de Fabrice Debrez publicado en Financial Times es que admite que “los ataques rusos se producen tras la campaña de Ucrania con drones de largo alcance contra refinerías, almacenes y buques de carga rusos, que, según las autoridades ucranianas, tiene como objetivo reducir los ingresos de Moscú y obligar a Vladímir Putin a volver a la mesa de negociaciones”. En otras palabras, estos ataques rusos que están causando unos efectos tan severos no surgen en el vacío ni se trata de una decisión rusa, sino de la respuesta del Kremlin a una iniciativa ucraniana.
Y aun así, la narrativa de Zelensky consiste en ignorar esa realidad y denunciar que “Rusia quiere matar la economía ucraniana y, por ese medio, quebrar nuestra resistencia”. En su habitual ejercicio de proyección, las palabras del presidente ucraniano reflejan a la perfección la actuación ucraniana y sus objetivos. Con su operación de cuarenta días, Ucrania aspiraba, como anunció públicamente, a minar al máximo la economía rusa, destruyendo las fuentes de ingresos de la Federación Rusa y para obligar así al Kremlin a negociar según las condiciones que intentan imponer Kiev y las capitales europeas. El objetivo era doble: reducir los ingresos del Estado y desestabilizar internamente la sociedad, causando la sensación de que la guerra había llegado a todas partes, incluso a la capital, con la esperanza de que se produjera una ruptura interna que hiciera insostenible la guerra. En otras palabras, Ucrania buscaba destruir la economía rusa y, por ese medio, quebrar la resistencia rusa, obligando al Kremlin a acatar una resolución de la guerra que hasta ahora ha resultado inaceptable. Como era de esperar, los ataques no han causado pánico en Rusia ni han rebajado las exigencias negociadoras de Moscú, sino que han provocado el contraataque que ahora está destruyendo la economía ucraniana, alcanzando incluso algunos sectores que no se habían visto tan afectados por la guerra durante los últimos años.
“Los ataques también han provocado la primera escasez en los supermercados de Kiev desde las primeras semanas de la invasión rusa de 2022. En algunas tiendas Novus, los clientes se han encontrado con carteles en las estanterías vacías que decían: «Rusia ha destruido este producto»”, escribe el artículo sobre los problemas que actualmente está sufriendo el comercio más básico. El hecho de que esta situación sea nueva no indica solo que Rusia no se ha ensañado con estas infraestructuras hasta ahora, sino que no se ha producido ningún tipo de asedio económico, una de las formas más duras de guerra económica contra la población civil y que sí que padecen otros países en guerra como Irán o Yemen. En lugar de esas medidas coercitivas, Ucrania dispone de un salvavidas económico permanente en forma de facilidades de exportación a los países europeos y subsidios constantes para mantener artificialmente la sensación de que la economía crece.
“Olena Bilan, economista jefe del banco de inversión Dragon Capital, con sede en Kiev, afirmó que era poco probable que Ucrania registrara algún crecimiento económico este año. Las empresas afectadas por los ataques a los almacenes «no tendrán más remedio que repercutir el coste a los consumidores», advirtió”, señala en artículo, que indica ese cambio de rumbo económico preocupante para Ucrania, que ya no puede mantener esa ficción de crecimiento a la que se había aferrado hasta ahora. “Hay una guerra de desgaste y, ahora, una guerra económica de desgaste: Rusia está intentando perjudicar la economía de Ucrania tanto como sea posible y Ucrania hace lo mismo”, añadió Bilan señalando lo obvio, que la guerra económica sigue los mismos pasos de la militar y que ambos bandos tienen el mismo objetivo.
Aunque los medios se han centrado especialmente en los efectos de los bombardeos rusos en las infraestructuras energéticas, la destrucción que está sufriendo la industria en esta guerra es reseñable y diferencia este conflicto de otros que se están produciendo actualmente. “El primer ministro ucraniano, Serhiy Koretsky, afirmó que el Estado podría perder unos 1.500 millones de dólares en ingresos fiscales a causa de los ataques rusos, en un momento en que Kiev se enfrenta a un nuevo déficit presupuestario que estima en 27.000 millones de dólares para este año”, señala FT, que destaca que la dificultad para mantener las exportaciones ahora que la vía marítima está de facto cerrada y la fluvial, a través del Danubio “está prácticamente cerrada por los bombardeos y la carencia de personal”. Según el ministro de Agricultura, las pérdidas a causa de la caída de las exportaciones marítimas ascienden al 1,5% del PIB.
Los efectos son igualmente importantes en el caso de la producción industrial. Un país tremendamente industrializado especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, Ucrania está perdiendo los restos de la que fuera la joya de la corona de la Unión Soviética, un sector secundario que, desde la independencia, se ha dejado morir en favor del sector primario, con proyección europea, y la terciarización de la economía. La industria que ha sobrevivido a la restauración capitalista ha acabado en manos de la oligarquía nacional o el gran capital internacional y sufre ahora los efectos de las bombas.
“A principios de este mes, unos ataques con misiles balísticos dejaron fuera de servicio las tres principales acerías que quedaban en Ucrania, situadas en los núcleos industriales de las regiones de Zaporozhie y Dnipropetrovsk, lo que provocó la muerte de 17 trabajadores y supuso una amenaza para un sector que contribuyó al crecimiento del país durante décadas tras la independencia. El jueves, dos misiles balísticos volvieron a impactar en las instalaciones de Zaporozhie, en lo que supone el cuarto ataque contra la acería en menos de un mes”, explica FT, cuyas fuentes parecen sorprenderse de que Rusia lo supiera “todo de la planta, sabían dónde atacar”. La consecuencia es que, Ucrania “a día de hoy, ya no tiene industria del acero”.
Logística, transporte, comercio e industria están padeciendo los efectos de la respuesta rusa a los bombardeos ucranianos en Rusia, mientras el Gobierno de Zelensky prioriza el ataque frente a la defensa de una economía que espera que siga sosteniéndose de forma artificial gracias a las subvenciones de los países aliados mientras dure la guerra. Y quizá mucho más allá de ella.
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