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Diplomacia, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

Ucrania primero

“El ministro de Defensa de Ucrania Evgeny Jmara, comunicó a Zelensky que el ejército había considerado que lo mejor era posponer los ataques contra refinerías debido a la delicada situación diplomática”, escribía la semana pasada The Wall Street Journal, que citaba a Volodymyr Zelensky afirmando que “nuestros chicos han intentado ser un poco más cautelosos estos días. Pero no tienen ninguna orden” de no atacar refinerías. Ucrania vive actualmente en el cálculo de hacer el máximo daño posible a Rusia, pero intentando no ofender en exceso a Donald Trump, por lo que el discurso tiene que navegar las contradicciones en las declaraciones de las dos personas que iniciaron la campaña de cuarenta días con la que aspiraban a destruir la economía rusa, dificultar la capacidad de Moscú de sostener a su ejército y obligar al Kremlin a negociar en posición de debilidad.

Meses después, sin que haya ocurrido nada de lo previsto y bajo presión de Estados Unidos de reanudar las negociaciones con una reunión tripartita que se prepara actualmente, Ucrania se retuerce diciendo una cosa y la contraria. Entre la sutil forma de Jmara, director del SBU cuando la agencia inició la campaña, para dar a entender que se había cesado esos ataques y la negativa de Zelensky a la orden de hacerlo, la realidad muestra que los ataques contra refinerías rusas continúan y, como apuntaban ayer los medios, lo hacen sin grandes quejas de Donald Trump. El presidente de Estados Unidos, que en dos ocasiones ha anunciado acuerdos de treguas energéticas sin que Kiev ni Moscú supieran nada al respecto, parece satisfecho con el anuncio de que en las próximas dos semanas va a producirse un encuentro a tres con los dos gobiernos y la mediación estadounidense y ha abandonado -al menos temporalmente- las amenazas para volver a recuperar la retórica triunfalista de anunciar la cercanía de la paz. “Creo que estamos cerca de llegar a un acuerdo allí. No he estado diciendo eso. Ahora puedo decirlo”, afirmó el sábado. Contrariamente a sus alegaciones, el presidente de Estados Unidos ha insistido repetidamente en que la resolución del conflicto estaba a la vuelta de la esquina.

Frente al optimismo trumpista, las palabras de Zelensky apuntan a una continuidad familiar que presagia otra frustrante ronda de negociaciones en la que Ucrania y Rusia exigen lo mismo que la otra parte rechazó en la anterior. Según las declaraciones que ha realizado ante los medios, Zelensky exige resultados tangibles a esta reunión a tres a la que Kiev lleva cuatro propuestas que no son nuevas: la eterna exigencia de alto el fuego energético y en el mar -que no sería necesario si Ucrania no hubiera comenzado a atacar buques civiles rusos, provocando una respuesta similar por parte de Rusia-, un acuerdo sobre el grano del que puede afirmarse lo mismo; intercambio de prisioneros “todos por todos”, una fórmula que ha sido inviable desde 2014 en cada ocasión en la que se ha planteado y la reunión de presidentes que Zelensky exige sin éxito desde 2022. Si para Ucrania los avances se miden en términos de esos planteamientos, es probable que la próxima ronda de negociaciones no aporte ninguno.

Insatisfecho con la situación y consciente de las limitadas posibilidades de avance diplomático hacia la paz o un alto el fuego, Volodymyr Zelensky continúa con su gira de recaudación de fondos, exigencia de acciones contra Rusia y de armas para Ucrania. Ayer, en una visita oficial para una reunión con el presidente Erdoğan de Turquía, Zelensky insistió en que “se necesitan decisiones firmes para lograr la paz. En todos los niveles, se deben enviar señales a Rusia de que no hay alternativa a la paz y de que el apoyo a Ucrania no disminuirá”. “Públicamente, Trump demuestra sus buenas relaciones con Putin. Si demuestra excelentes relaciones con Putin, y Putin lo ve en los medios, Putin dirá que todo está bien. No hay presión. La ausencia de señales fuertes de Estados Unidos significa que él está haciendo un buen trabajo. No oímos condenas a la agresión con mucha frecuencia. La necesitamos”, había declarado horas antes en una entrevista concedida al tabloide británico The Sun.

En su apelación a Estados Unidos en busca de más sanciones y condenas contra Rusia y más armas para Ucrania, Zelensky no teme las arenas movedizas de la geopolítica. “Estados Unidos no puede estar del lado de Putin porque él es el agresor. Estados Unidos y su presidente no pueden estar del lado de un agresor, sin importar de qué país estemos hablando, porque son líderes de la democracia”, afirmó el presidente ucraniano en la misma entrevista. En ese discurso vacío y que no busca sino halagar a la Casa Blanca situándola, por definición, en el lado correcto de la historia en cada guerra y conflicto, Zelensky recurre al lenguaje del ellos y nosotros en el que nada que Washington haga puede ser considerado agresión, algo que aparentemente se extiende a aquellos países a los que apoya, que, por la naturaleza democrática de Estados Unidos, tampoco pueden cometer agresiones. De esa forma, el presidente ucraniano parece negar cualquier contradicción entre exigir ayuda para Ucrania para luchar contra la agresión rusa y defender la que Estados Unidos comete contra Irán o la que Israel lleva cometiendo contra Gaza y Líbano durante años. Si los democráticos Estados Unidos lo apoyan, nada de ello puede ser agresión, porque Washington no estaría nunca del lado de un agresor.

Bajo las simplistas premisas de esa lógica, Estados Unidos ha de estar siempre del lado de Ucrania. Los más de 100.000 millones de dólares que Washington ha invertido en la guerra de Ucrania no son suficientes para demostrar que la Casa Blanca apoya incondicionalmente a Kiev, por lo que Zelensky continúa exigiendo más incluso cuando se anuncia la noticia que más ansiaba. “Una decisión contundente del Departamento de Estado de Estados Unidos autorizando la compra por parte de Ucrania de interceptores Patriot para contrarrestar misiles balísticos rusos”, escribió Zelensky el viernes en las redes sociales. Los últimos ataques rusos con misiles, en los que Ucrania no ha utilizado interceptores de sus sistemas Patriot, indican la carencia de los misiles PAC-3 que Kiev lleva meses suplicando a sus socios.

Como recuerda Zelensky en su post, Ucrania había solicitado a sus aliados un paquete de invierno de 300 misiles PAC-3, un centenar al mes con los que proteger los cielos ucranianos de los misiles balísticos rusos. La cantidad aprobada por Estados Unidos, que se costeará “con donaciones procedentes de Canadá, Alemania y Noruega a través del programa JUMPSTART y de fondos nacionales, financiados por el Préstamo de Apoyo a Ucrania de la Unión Europea”, asciende a 500 misiles, un paquete que satisfaría las ansias de Ucrania a corto plazo si no se tratara de una venta que Estados Unidos pretende postergar hasta 2030. “Quinientos interceptores PAC-3 es una cantidad sustancial, y muy pronto –este invierno– PODRÍAN conformar un paquete de defensa altamente efectivo. Sin embargo, se ha estipulado que las entregas no podrían comenzar HASTA DENTRO DE UNOS POCOS AÑOS. Le estamos pidiendo a nuestros socios estadounidenses que encuentren una solución para el momento en que hay un peligro real y una necesidad real de usar interceptores PAC-3”, se lamentó Zelensky con un estilo cada vez más deliberadamente similar al de Donald Trump.

Desde el punto de vista de Ucrania, para quien las sanciones contra Rusia, la financiación y entregas de armas para Ucrania nunca son suficientes, el anuncio es otro motivo para lamentarse de no conseguir un trato de favor a su gusto. Pero Ucrania presenta también la solución al problema. “Estados Unidos, nuestros socios europeos y otros socios alrededor del mundo tienen suficientes existencias de interceptores PAC-3 en sus almacenes. Proporcionarlos a Ucrania ahora mismo –en el invierno de 2026–2027– y reponer los arsenales de nuestros socios MÁS TARDE, EN LOS SIGUIENTES AÑOS, a través de esta producción ya contratada y pagada por Ucrania y nuestros socios sería el enfoque correcto. Y es totalmente factible”, escribió Zelensky. En definitiva, que los socios donen a Ucrania los misiles de sus arsenales y, en años futuros, pueden reponerlos con los 500 PAC-3 de los programas de ayuda a Kiev. Zelensky parece parafrasear el lema de Trump, pero, en lugar de América Primero, se basa en su Ucrania primero, al que parece añadir otro de la extrema derecha nacionalista que habla de Ucrania sobre todas las cosas. En la guerra y en la negociación.

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