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Segunda parada en Rusia

Como ya se había anunciado, Steve Witkoff aterrizó ayer por la mañana en Rusia. A las puertas del, el enviado de Trump fue recibido por Kiril Dmitriev, que le escoltó hasta su encuentro con Vladimir Putin. “Creo que hay cierto impulso y espero que el día de hoy pueda suponer un paso más en el proceso de paz y en el debate sobre cómo resolver el conflicto de Ucrania”, afirmó Steve Witkoff en la parte pública de su encuentro con Vladimir Putin, en el que se pudo observar las diferentes formas que Rusia y Ucrania están teniendo para lidiar con el trumpismo en estos momentos. Al menos ante los medios, todo fueron sonrisas y buenas palabras hacia Estados Unidos, incluso cuando el invitado norteamericano lanzó a Vladimir Putin una sugerencia de reanudación de la vía trilateral de negociación que, para Rusia, no ha dado especialmente buenos resultados. “Espero que puedas planteártelo como un paso más en el proceso de paz, para que podamos empezar a reunir a equipos técnicos que debatan cuáles son los próximos pasos”, comentó Witkoff con unas palabras que no modificaron la táctica del Kremlin de aceptar cualquier negociación, aunque no comprometerse de partida ni dar a entender que pueda haber una rebaja de las exigencias rusas. Las negociaciones con Donald Trump exigen que el mandatario estadounidense vea una buena voluntad de diálogo y cierta firmeza. Como pudieron comprobar los países europeos, dar a Donald Trump todo lo que pida suele querer decir que Estados Unidos volverá con más exigencias. Y como insistió hace unos días Lula Da Silva, Trump respeta más a aquellos dirigentes capaces de plantarse y argumentar en contra de las exigencias de Estados Unidos. La capacidad de gestionar a Donald Trump está en equilibrar esas dos posiciones, algo que Ucrania no está sabiendo hacer en estos momentos y que supone un ejemplo para Rusia de cómo no actuar cuando ve en directo que su oponente se está equivocando.

Cuando la relación entre Zelensky y Trump se encuentra en un bache en el que ambos dirigentes se acusan mutuamente de no estar a la altura, Vladimir Putin había preparado para Steve Witkoff un previsible regalo de bienvenida: la puesta en libertad de Stephen Hubbard, un estadounidense de 74 años que fue capturado en 2022 y que posteriormente fue condenado a siete años de prisión. Rusia no lo ha negociado como un intercambio de prisioneros sino que lo ha presentado como una medida humanitaria que es, en realidad, un claro gesto hacia Donald Trump, que en su post de primera hora de la mañana se ha jactado de haber sido él y no Joe Biden quien ha logrado la liberación de su compatriota. A dos semanas de las elecciones y con las encuestas en una situación complicada, Donald Trump exprime hasta la saciedad cualquier mínima victoria. “Stephen Hubbard, capturado hace cuatro años por Rusia durante la administración de Biden, acaba de ser liberado de prisión, a petición del presidente Donald J. Trump, formulada directamente al presidente Vladimir Putin en una conversación telefónica la semana pasada”, escribió en su red social personal hablando de sí mismo en tercera persona. “Numerosas personas, que habían pedido que se impusieran sanciones inmediatas a Rusia, han pedido disculpas al presidente Trump por no saber que estaba negociando la liberación de Stephen Hubbard, un asunto verdaderamente grande e importante para Estados Unidos. Si se hubieran impuesto sanciones, sin duda esas negociaciones se habrían paralizado por completo”, se jactó más adelante.

Durante la reunión, Vladimir Putin anunció también que el primer buque con diésel ruso zarpará hacia Estados Unidos mañana. Serán las primeras 40.000 toneladas de una serie de envíos que Rusia desea prolongar en el tiempo según un contrato que, según el ministro de Energía, “está a punto de acordarse”. Rusia suministrará diésel al mercado internacional según sus posibilidades, algo que depende de su capacidad de reparar los daños causados hasta ahora y de cumplir las expectativas del ministro, que espera recuperar todas las capacidades de refinado antes de finalizar el año. Sin embargo, todo depende también del desarrollo de la guerra, ya que, por el momento, Ucrania continúa atacando las infraestructuras petrolíferas rusas como medida de presión para lograr un intercambio que considera justo: Kiev cesaría los ataques contra la energía rusa a cambio de misiles Patriot para defenderse de los misiles rusos. Estos días, Volodymyr Zelensky ha insistido repetidamente en que Pete Hegseth se niega a aprobar el envío de munición para los sistemas Patriot que ya ha sido pagada por los aliados europeos.

Esta exigencia de rapidez a Estados Unidos es uno de los motivos de su malestar. “Todo esto sugiere que se ha tomado alguna decisión política para frenar el apoyo que se nos presta”, afirmó Zelensky en una videoconferencia con senadores estadounidenses, a los que ha acudido para que presionen a Donald Trump y que Ucrania obtenga el material que exige y que los aliados europeos ya han pagado. “No sé de dónde saca esas cosas ni por qué se las cuenta a la prensa”, respondió un molesto Marco Rubio, que también ha negado la acusación de Zelensky de que el Gobierno de Estados Unidos diera a Starlink la orden de limitar los servicios que la empresa del multimillonario Elon Musk provee al ejército ucraniano. La insistencia de Zelensky en esas acusaciones y la forma en la que pareció dar una respuesta afirmativa a la pregunta de si se sentía traicionado por Washington han molestado tanto a Donald Trump como a Marco Rubio, que ayer afirmó que “no habría Ucrania hoy si no fuera por la asistencia que Estados Unidos ha suministrado a Ucrania por miles de millones de dólares remontándonos a la administración Biden y pasando por esta administración también”.

La Casa Blanca exige unas formas de relacionarse y en estos momentos, la arrogancia de Zelensky está jugando una mala pasada a Ucrania y Rusia está sabiendo capitalizar el enfado de Donald Trump con gestos como la liberación de Hubbard, el acuerdo del diésel o la oferta que ayer planteó Vladimir Putin de ofrecer al sector agrícola estadounidense fertilizantes rusos. La guerra comercial de Trump contra Canadá ha limitado la llegada de fertilizantes, como se comprobó en el intento de Washington de adquirir productos bielorrusos y que ahora se extiende a Rusia por medio de la oferta del Kremlin.

Sin embargo, incluso para la Casa Blanca, no todo son negocios y tanto Rusia como Ucrania han de mostrar a Donald Trump que tienen voluntad negociadora. En este sentido, Volodymyr Zelensky y Vladimir Putin han optado por la misma estrategia: decir de sí a lo que se les pregunte.

“¿Aceptaría un acuerdo de paz que congela todo tal como está en este momento, donde aún conserva el 75 por ciento o más de su país? Independientemente de cómo empezó, ¿aceptaría la situación tal como está ahora?”, preguntó Brian Kilmeade en directo a Volodymyr Zelensky, que contestó afirmativamente. “Zelensky califica la pérdida de aproximadamente el 25% del territorio de Ucrania como su victoria”, comentó el académico ucraniano-canadiense Ivan Katchanovski. Hay que recordar que, en marzo y abril de 2022, cuando la ofensiva rusa hacia Kiev ya había fracasado y Moscú pasaba al “plan B”, asegurar Crimea, Donbass y la neutralidad de Ucrania, la oferta del Kremlin exigía el compromiso de no adhesión a la OTAN, pero habría devuelto a Ucrania todos los territorios capturados desde el 24 de febrero más allá de Donbass. Ese y no el frente, o lo que podría haberse logrado en otros momentos, es el parámetro con el que hay que valorar las propuestas de paz que, si el trumpismo persiste en la vía diplomática, comenzarán a filtrarse en los próximos meses. Sin embargo, centrarse en la cuestión territorial, como insiste en hacer el trumpismo y siempre han hecho los medios, es engañoso.

Pese a lo que pudiera parecer, el aspecto territorial es secundario para ambos bandos en contienda, para los que la OTAN es una línea roja. Para Moscú, es imprescindible conseguir lo que Mijail Gorbachov no logró: un compromiso por escrito de no expansión de la OTAN hacia el este, en este caso, hacia Ucrania. Para Kiev, renunciar a la Alianza es igualmente inaceptable. De ahí que también Kiev y sus aliados continentales prefieran centrarse en la cuestión territorial como eje de las negociaciones y dejar para más adelante la mucho más complicada pregunta de cuál será el encaje de seguridad que se plantee para Ucrania, Rusia y el resto del continente. Sin embargo, palabras como las pronunciadas por Zelensky en uno de los programas de Fox News suponen para Steve Witkoff y Donald Trump la reafirmación de la falsa percepción de que la negociación avanza y las posturas se acercan.

“En principio, estamos dispuestos a reanudar las negociaciones tripartitas sobre el asunto más importante: la creación de un sistema de seguridad para Rusia y Ucrania al término del conflicto”, afirmó Vladimir Putin a la propuesta de negociación de Steve Witkoff. Las palabras del presidente ruso no solo destacan cuál es el tema más importante para Rusia en las negociaciones, la seguridad, sino que ponen en cuestión cualquier avance que la Casa Blanca haya querido ver en sus conversaciones con Ucrania o con los países europeos, ya que la creación de una estructura de seguridad europea es precisamente el escenario que las capitales europeas aspiran a evitar. Pero esa es la clave de que pueda avanzarse hacia un alto el fuego entre Rusia y Ucrania que se base en un acuerdo de seguridad más amplio que implique también a los países europeos. Si las propuestas que Steve Witkoff anunció que entregaría a Vladimir Putin son el inicio de esa negociación, puede que por primera vez haya algún tipo de esperanza de que se pueda esbozar por fin una hoja de ruta que Kiev y Moscú puedan negociar. “El conflicto ucraniano se está moviendo hacia su final”, afirmó ayer Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Vladimir Putin, un hombre que no es conocido por su espíritu de optimismo. “No sé cómo de cerca estamos, pero las cosas se están moviendo en esa dirección”, sentenció, aunque, como destacaban ayer los medios, Rusia no ha aceptado la idea del alto el fuego previo, no renuncia a la captura de todo Donbass e insiste en negociar los aspectos esenciales de la guerra, entre los que destaca la seguridad. Pese al aparente optimismo de Rusia, que se encuentra cómoda en la situación actual, queda mucho para el momento en el que los dos países en guerra puedan tratar directamente los términos de un acuerdo. Porque, pese a la narrativa de cambio que están presentando ahora mismo los medios, tanto Kiev como Moscú ofrecen lo mismo que habían exigido hasta ahora: Ucrania plantea la línea del frente como punto de partida de una futura negociación en la que aspira a no ceder nada más y Rusia insiste en que todo comience con una negociación sobre la arquitectura de seguridad europea que ni Kiev, ni Londres, París o Berlín pretenden entablar. El tiempo dirá si habrá consistencia en las negociaciones o si, como en ocasiones anteriores, todo vuelve a acabar en nada. Mientras tanto, la guerra continúa en toda su crudeza.

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