En septiembre, dando el pistoletazo de salida a la campaña de recaudación de fondos para 2027, el primer ministro ucraniano dio una cifra, 155.000 millones de euros, como el coste de la guerra para el próximo año. Aunque desde el otoño de 2025 Volodymyr Zelensky insiste en enmarcar las operaciones militares en el intento ucraniano de acortar la guerra, nadie en estos momentos cree en la posibilidad de que el escenario bélico no se mantenga durante al menos doce meses más. Los daños acumulados, la certeza de las partes de que continuar luchando es la mejor opción para conseguir una resolución más favorable a sus intereses y la posibilidad de Rusia y Ucrania de mejorar sus capacidades, obligando al oponente a seguir innovando en las formas de matar y destruir hacen que la guerra sea cada vez más costosa. “La guerra nos costará 155.000 millones de euros el próximo año”, insistió nuevamente el presidente Zelensky en su intervención en la cumbre de líderes de la UE, que estos meses trabaja en su propio presupuesto, en el que el gasto de defensa y rearme será una de las partidas estrella. Consciente de lo incierto de la alianza con Estados Unidos, más centrado en el lucro y en el intento de conseguir beneficios propios que en imponer sobre Rusia el tipo de castigo colectivo que de Washington esperan Kiev y las capitales europeas, Zelensky ha visto en los países europeos el salvavidas que tiene la obligación moral de saciar todas las necesidades y deseos de Ucrania.
“Necesitamos al menos 70.000 millones de euros más de vosotros. Para defensa, para armas y para nuestra resiliencia. Esta es una cantidad realista. Y les pido que encuentren este apoyo”, prosiguió Zelensky, que no se molestó en explicar por qué Kiev exige una cantidad prácticamente similar al préstamo que se le concedió hace apenas seis meses y con el que Ucrania debía financiar dos años más de guerra. Como debió resultar evidente desde el principio, cuando Ucrania comenzó a suplicar a la UE el adelanto de los fondos previstos para 2027 a cargo de ese préstamo para que fueran entregados en 2026, se trataba del primer paso de la campaña de súplicas para los próximos doce meses, carrera que ha comenzado oficialmente con el discurso de Zelensky en Bruselas. Esa cantidad, insistió el presidente ucraniano, “nos ayudará a contener a Rusia. Hay algunos hechos muy simples. Detenemos la mayoría de los asaltos rusos en la línea del frente gracias a los drones”. En su línea habitual de quien trata de vender su producto, volvió a ofrecer el laboratorio ucraniano como una empresa de éxito que únicamente necesita más inversión. “Cortamos las líneas de suministro rusas con estas tecnologías. Y nuestros drones están ayudando a debilitar la economía de Rusia. En este momento, podríamos producir dos o tres veces más drones, dependiendo del tipo. Pero simplemente no tenemos suficiente dinero para eso. Es cierto. Solo imaginen si pudiéramos ejercer dos o tres veces más presión sobre Rusia de la que ejercemos hoy”, insistió Zelensky. “También estamos protegiendo a Moldavia de los intentos rusos de crear problemas a través de Transnistria. A veces incluso tenemos que desviar algunas de nuestras fuerzas militares de otras tareas para mantener bajo control los riesgos de Transnistria”, añadió, reafirmándose en la idea de que Ucrania no solo se protege a sí misma, sino que actúa como barrera de contención contra la barbarie rusa a nivel continental. “Si Putin gana, todo lo que os une y permite que vuestra gente viva en paz simplemente desaparecerá. Mirad lo que ha estado diciendo todos estos años. Tiene un problema con todo lo que ocurrió después de 1985. No queremos volver allí”, prosiguió, con un discurso acorde al que han mostrado los y las dirigentes de los países europeos desde que se ha conocido el acuerdo Trump-Putin para la exportación de diésel, origen de la actual disputa entre Zelensky y el presidente de Estados Unidos.
La idea de que el apoyo a Ucrania es una inversión a futuro está extendida por el establishment político europeo, especialmente en aquellos países que, desde el este del continente, llaman al rearme, la militarización y el aumento de la presión contra Rusia. “Todos han sido conscientes de que, con este cambio en la posición del presidente Trump sobre Ucrania y Rusia, Europa debería apoyar a Ucrania aún más. No todos lo hacen porque aman a Ucrania. No se trata de una solidaridad simbólica. Muchos países se dan cuenta de que, si Ucrania cae, todos tendremos problemas muy, muy serios”, comentó el viernes Donald Tusk. En la misma línea, Emmanuel Macron insistió en rueda de prensa que “ayudar a Ucrania no es cuestión de nuestra buena voluntad. Es de nuestro interés. Es la posición unánime de los europeos y se trata de nuestra seguridad. Rendirse es debilidad. La debilidad es peligro. Creo que la mejor manera de proteger al pueblo francés hoy es ayudar a Ucrania como lo estamos haciendo, porque está en la primera línea de nuestra seguridad”. Como insiste Zelensky, apoyar a Ucrania es inversión en defensa continental, un argumento creíble solo si se adjudica a Rusia unas intenciones que no ha mostrado y unas capacidades que no tiene, pero útil a la hora de exigir más financiación para la guerra en países cuya deuda es, como ocurre en Francia, insostenible.
En lo que respecta a la financiación, Zelensky cuenta siempre con el apoyo de países afines como Dinamarca. “Ucrania se está quedando sin dinero. De hecho, eso ya ha sucedido. No pueden comprar lo que necesitan. No pueden producir lo que necesitan”, declaró a su llegada a la cumbre Mette Frederiksen, cabeza visible del lobby favorable a suministrar más fondos a Ucrania y uno de los pilares del argumentario político para apoyar a Ucrania. “Si Rusia quisiera la paz, simplemente podría parar”, sentenció la primera ministra danesa, que se ciñe a la diplomacia de Kaja Kallas de simplemente exigir al oponente su rendición incondicional sin siquiera creer realmente en la paz. No hace tanto, Frederiksen declaró, con postulados similares a los que ahora utilizan Tusk, Macron o Zelensky, que la paz podría ser más peligrosa que la guerra.
Kallas, por su parte, utilizó su tiempo frente a los medios para repetir sus lemas más comunes, que pasan por las exigencias a Rusia y a Estados Unidos. Con su sonrisa habitual cada vez que se refiere a la guerra, la jefa de la diplomacia comunitaria insistió en que la UE está “tratando de convencer a nuestros socios estadounidenses de que si queremos poner fin a esta guerra, entonces tenemos que apretar las tuercas al agresor. Porque no se trata solo de poner fin a esta guerra, sino de asegurarnos de que no haya más guerras iniciadas por Rusia”. Nada ha cambiado y el único camino para la Unión Europea es aumentar su capacidad de sanciones negociando con Estados Unidos el mantenimiento -o incremento- de la presión contra Rusia y el aumento de la aportación financiera del bloque.
Sin sorpresas, pocas horas después de que el presidente ucraniano exigiera otros 70.000 millones de euros para sostener la guerra otro año más, la UE respondía con el compromiso de estudiar la propuesta. “Cuando planificamos los 90.000 millones de euros, no podíamos anticipar cómo sería la situación en 2027”, afirmó la presidenta de la Comisión Europea. Efectivamente, la UE no podría haber previsto la guerra de Estados Unidos contra Irán, que ha complicado el envío de defensas aéreas a Ucrania, ni tampoco la elección ucraniana de escalar la guerra aérea, que ha provocado la respuesta rusa a la que Kiev quiere responder endureciendo aún más el conflicto, para lo que precisa de más fondos. Antes de concretar cómo pretende hacerlo -el recurso de utilizar los activos rusos como garantía de un préstamo que Ucrania no va a devolver, que Rusia no va a pagar y al que la UE tendrá que hacer frente ya se utilizó el año pasado y no está disponible-, la UE se comprometió inmediatamente a abordar el masivo déficit de financiación militar de Ucrania para la campaña de 2027, que parece haber comenzado ya. En la búsqueda de financiación, la UE ha encontrado rápidamente nuevas víctimas propiciatorias. “UE presionará a Canadá y al Reino Unido para más financiación a Ucrania. La UE se está preparando para intentar persuadir a Canadá y al Reino Unido de aumentar su apoyo a Ucrania como parte de los esfuerzos para cubrir el déficit de financiación de 70.000 millones de euros al que Kiev se enfrentará el próximo año”, escribe esta semana Politico, que añade que “la cumbre UE-Canadá del 29-30 de octubre y la cumbre UE-Reino Unido del 20 de noviembre darán a Bruselas la oportunidad de presentar el caso al más alto nivel”. La guerra de Ucrania sigue siendo el principal proyecto de la Unión Europea, una guerra que nunca va a quedarse sin dinero.
Comentarios
Aún no hay comentarios.