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Desconfianza mutua: Rusia y los países europeos en la disputa política

Aunque todos los encuentros internacionales son importantes a su manera, la cumbre del G20 de este año, que se celebrará en Mar-a-lago, propiedad de Donald Trump, está marcada especialmente tanto para los países europeos como para Rusia, cuyo presidente ha sido personalmente invitado por su homólogo estadounidense en una visita que rechazan las capitales europeas. “Aunque la Administración Trump ha invitado públicamente a Putin a la cumbre del G-20 que se celebrará en diciembre en Miami, Rubio ha estado comentando en privado a diplomáticos occidentales durante los últimos dos días que duda de que Putin vaya a asistir, según me acaban de contar tres altos cargos europeos en Atlanta”, escribió, presentando como una gran exclusiva, el periodista de Radio Free Europe/Radio Liberty Alex Raufoglu. Su scoop se producía unas horas después de que se publicaran unas declaraciones de Marco Rubio en las que el secretario de Estado de Estados Unidos rebajaba las expectativas de éxito a corto plazo de las conversaciones entre Rusia y Ucrania. “No sé si una paz negociada es alcanzable en Ucrania. Eso es lo que estamos tratando de averiguar. Pero no creo que nadie aquí esté diciendo que estamos al borde de un acuerdo negociado”, había afirmado Rubio en el marco de las reuniones entre los ministros de Asuntos Exteriores del G20, fase preparatoria para la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno.

Aunque pudieran parecer inconexas, las dos declaraciones explican el motivo por el que es improbable que los países europeos tengan que cancelar, como han hecho con el encuentro de diplomáticos, la foto final de la cumbre para evitar una imagen junto a la representación rusa. La Federación Rusa no ha dado ningún signo de que su presidente fuera a acudir a Florida en diciembre, algo que previsiblemente ocurriría solo en caso de que hubiera acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania o la negociación estuviera muy avanzada. Vladimir Putin, que no se ha prodigado en viajes internacionales a lugares que no forman parte de la red de alianzas de Rusia o a foros internacionales en los que hay una importante presencia de Estados hostiles a Rusia, no va a arriesgarse a tener presencia en lo que los países europeos convertirían en un foro de condena a Moscú.

Todo indica que Rusia estará representada por Sergey Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores, que estos días ha participado en la reunión de jefes de la diplomacia, en la que no ha habido foto de familia para evitar que los países europeos tuvieran que posar junto al diplomático ruso. “No habrá una foto de familia con nuestros socios europeos junto al señor Lavrov. No hay normalidad con Rusia. No debemos enviar falsas señales visuales”, afirmó Johann Wadephul, ministro de Asuntos Exteriores de Alemania. No hay cambio de postura en los países europeos a pesar de ciertos signos de reapertura de la comunicación con Rusia. El propio Wadephul se reunió hace unas semanas con Sergey Lavrov y estos últimos días se ha producido una llamada telefónica calificada de “productiva” por el primer ministro noruego y el presidente finlandés, que conversaron durante noventa minutos con Vladimir Putin. Por el momento, toda comunicación con Rusia se limita al intento europeo de forzar su presencia en las negociaciones, entre otras cosas para ejercer la labor de control de daños y limitar cualquier concesión considerada como excesiva que Estados Unidos estuviera dispuesto a hacer a Rusia. “Si lo que más les importa es cómo salen en la foto de familia y quién está a su lado, bueno, eso lo dice todo”, comentó Lavrov en referencia a las palabras de Wadephul y a las prioridades de los países europeos, que pese a un leve cambio de discurso, no han cambiado.

En su participación en esta fase previa de la cumbre del G20, el ministro Lavrov ha querido también dejar constancia de la postura rusa. En una aparición mediática, el jefe de la diplomacia rusa aprovechó una pregunta sobre los preparativos de las negociaciones que se celebrarán en algún momento de las próximas semanas para marcar cuál es el posicionamiento ruso ante la reanudación de la diplomacia en este momento de altas expectativas.

En primer lugar, Lavrov destacó la airada reacción de una parte del establishment europeo ante la mera posibilidad de que exista un diálogo con Rusia. “Allí, dentro de esa «familia noble» europea, se está desatando un escándalo simplemente porque el presidente finlandés, Alexander Stubb, y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, llamaron por teléfono al presidente Vladimir Putin. Afirman que avisaron a todo el mundo antes de la conversación y que, después, informaron a todos de lo que se había tratado”, afirmó Lavrov, que añadió con su escepticismo habitual que “la cuestión no es lo que se dice. Es evidente para todos que los europeos quieren imponerse en el proceso de negociación. Está claro que están decididos, a toda costa, a no dejar que estas negociaciones sean un coto exclusivo de Rusia y Estados Unidos, que tienen previsto celebrar una reunión trilateral en Abu Dabi con la participación de expertos ucranianos. La cuestión principal no es lo que quieren los europeos, sino qué pueden aportar realmente en términos de valor añadido”.

Por el momento, la postura de las autoridades europeas sigue tan firme como la rusa. Si Moscú exige negociar la resolución del conflicto y no solo una pausa para que Ucrania pueda recuperarse y continuar la guerra, la UE y sus aliados siguen buscando una derrota rusa que no saben definir ni pueden lograr. “Nadie se beneficia de señales mixtas y aparente apoyo a Rusia. Rusia es el agresor. Rusia, en última instancia, va a perder esta guerra”, declaró Mark Carney en una entrevista concedida a DW, siempre sin precisar la fórmula que los aliados occidentales de Ucrania van a utilizar para infligir esa derrota que en ningún momento han explicado en qué consiste.

La postura de las instituciones europeas parece aún menos racional y se basa en una serie de prejuicios y manipulaciones heredadas de un mundo que ya no existe, pero que sigue siendo de utilidad a la hora de demonizar a Rusia y argumentar que Moscú no sabe ni quiere negociar. “El ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética dijo que las tácticas de Rusia son en realidad triples. Primero, presentas demandas y pides algo que nunca ha sido tuyo. Segundo, presentas ultimátums y amenazas. Y tercero, simplemente esperas, porque siempre habrá personas en Occidente que te ofrecerán algo que no tenías antes. Así que solo tienes que esperarlos, porque los occidentales siempre cederán. No le demos esto”, afirmó Kaja Kallas en una de sus apariciones públicas en Atlanta. Es difícil no ver en sus declaraciones una reacción histérica de los sectores que prefieren continuar enviando ucranianos a la muerte en nombre de la guerra común contra Rusia. La continuación de la lucha es el mal menor en comparación con el diálogo.

Como muestran las palabras de Lavrov, la hostilidad continental es mutua. “Hoy mismo he observado que los europeos se han dedicado a acusarnos de todos los pecados mortales e insisten en que estamos obligados a poner fin a la agresión. Han lanzado acusaciones infundadas. En relación con su deseo de sumarse a las negociaciones, les he recordado los hechos. ¿Cuáles son esos hechos?”, afirmó Lavrov para presentar tres momentos en los que los países europeos perdieron la ocasión de normalizar la situación.

“En febrero de 2014”, recordó Lavrov, “el acuerdo entre Víktor Yanukóvich y la oposición contó con el respaldo de Francia, Alemania y Polonia. A la mañana siguiente, la oposición pisoteó ese acuerdo. Francia, Alemania y Polonia guardaron silencio y, un día después, llegaron incluso a elogiar el proceso calificándolo de «triunfo de la democracia”. Lo que Occidente esperaba que fuera la derrota definitiva de los partidos prorrusos y la consolidación del camino euroatlántico de Ucrania fue percibido como la revolución que pregonaban los medios solo en una parte del país. Visto como un cambio irregular de Gobierno, el golpe de Estado fue el germen de las protestas de Crimea y posteriormente de Donbass y, por lo tanto, ha de considerarse una de las causas fundamentales de la guerra. En ningún momento ha habido por parte europea y norteamericana una autocrítica que analice los efectos del derrocamiento de Yanukovich ni de los efectos económicos, políticos y militares que ha tenido lo ocurrido en Kiev en aquellos días de febrero. Todo estaba justificado para lograr alejar a Ucrania de la órbita rusa.

“En febrero de 2015, los acuerdos de Minsk”, continuó Lavrov para añadir un segundo momento en el que los países europeos actuaron de forma cuestionable en una negociación, en ese caso la de los segundos acuerdos de paz de la guerra de Donbass, firmados cuando el ejército ucraniano se encontraba en situación de colapso y necesitaba urgentemente un alto el fuego. “Alemania y Francia se proclamaron garantes de ese documento ratificado por el presidente ruso Vladímir Putin y por el entonces presidente ucraniano Petro Poroshenko. Tanto los alemanes como los franceses admitieron posteriormente de forma pública que no tenían intención alguna de cumplir ninguno de sus compromisos”, recordó Lavrov, que no insiste en que también Ucrania ha renegado públicamente de aquel documento que la práctica del día a día dejó claro que nunca tuvo intención de implementar en sus puntos políticos.

“La tercera ocasión tuvo lugar en diciembre de 2019, cuando Vladimir Zelensky ya era el jefe de Estado de Ucrania. El presidente francés, Emmanuel Macron, promovió activamente estos acuerdos y reunió al «Cuarteto de Normandía» en el Palacio del Elíseo en diciembre, donde se aprobó asimismo un documento en el que se confirmaba que debían aplicarse los acuerdos de Minsk, entre otras cosas mediante la incorporación a la Constitución ucraniana de una disposición sobre el estatuto especial del Donbás. Una vez más, vimos a los mismos garantes: Francia y Alemania”, continuó Lavrov en referencia a la única reunión de los jefes de Estado o de Gobierno del Formato Normandía en la que participó Zelensky.

“En los últimos doce años, han tenido amplias oportunidades. Han demostrado con sus actos que su historial debe tenerse en cuenta inevitablemente cuando vuelvan a querer actuar como garantes”, sentenció el jefe de la diplomacia rusa. La desconfianza mutua y la experiencia de ocho años de incumplimiento de acuerdos son dos aspectos que la mediación estadounidense aún no ha comprendido y para lo que no tiene respuesta. Ningún incentivo económico que Washington pueda ofrecer al Kremlin va a borrar esa memoria reciente que tanto está marcando actualmente la falta de flexibilidad del Kremlin a la hora de negociar los términos de una posible paz y, sobre todo, de rechazar el alto el fuego de que partida le exigen los países europeos, dispuestos a dar a Lavrov un cuarto momento en el que las garantías europeas se convirtieron en otro ejemplo de incumplimiento de la palabra dada.

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