Con la clara y declarada intención de presentar a Ucrania como la vanguardia de la defensa de la civilización occidental frente a la barbarie rusa -o quizá asiática- que, con Moscú a la cabeza de un eje de países igualmente salvajes, pretende destruir la democracia y demás valores humanistas de los que Kiev se erige baluarte, Volodymyr Zelensky utilizó su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas para ahondar en ese posicionamiento como aliado imprescindible en una batalla existencial. La narrativa ucraniana es sencilla y tiene todas las facilidades para tener éxito mediático, ya que está dirigida contra enemigos más que caricaturizados por la prensa, de los que todo es creíble y cualquier reproche está permitido. En tiempos de reafirmación de bloques, las complicaciones de la geopolítica desaparecen y todo se enmarca en la necesidad de defender a los aliados y demonizar a los oponentes.
Esta semana, con la visita de una delegación israelí para conmemorar el aniversario de la masacre de Baby Yar, en la que más de 30.000 hombres, mujeres y niños judíos ucranianos fueron asesinados en apenas unas horas, Ucrania ha querido insistir en su firme alianza con Israel. Pese al nexo común que es la subordinación a Washington, la relación entre estos dos países no siempre ha sido sencilla debido al enaltecimiento ucraniano de los colaboracionistas del Holocausto en lugares como Baby Yar. Sin embargo, el posicionamiento geopolítico a favor de Estados Unidos y contra Irán ha unido a los dos países, aunque, para disgusto de Kiev, Israel no haya roto completamente con Rusia ni haya enviado a Ucrania -por ese mismo motivo- sistemas y munición de defensa aérea. En Oriente Medio, la postura de Ucrania siempre ha sido militantemente favorable a Estados Unidos y a Israel, algo que Kiev ha argumentado recurriendo a ese eje geopolítico que, en su imaginación, está formado por la Federación Rusa, Irán, Hamas e incluso Yemen en Oriente Medio y, en Oriente, la República Popular de Corea, uno de los blancos de su discurso en Nueva York.
“El líder de Corea del Norte envió a sus tropas a Rusia para reforzar los puntos débiles del ejército ruso”, afirmó Zelensky desde la tribuna más importante de la diplomacia mundial en un discurso en el que se preguntó “¿por qué deberían los coreanos dar la vida en una guerra contra Ucrania? Kim Jong-un los utiliza como si fueran moneda de cambio”. Más allá de que esa pregunta sería pertinente también para los miles de mercenarios colombianos y ecuatorianos empleados por Ucrania para las tareas más peligrosas del frente, Zelensky olvidó mencionar que, como esos combatientes extranjeros en el caso del territorio ucraniano, los soldados norcoreanos lucharon en Kursk, legalmente parte de Rusia según sus fronteras internacionalmente reconocidas, por lo que Moscú no ha de dar ninguna explicación a terceros países ni hay ilegalidad alguna en su presencia allí. Poco se conoce del papel de las tropas norcoreanas y de sus bajas, como tampoco de la cantidad de soldados capturados por Ucrania. Sin embargo, desde esa privilegiada tribuna de Nueva York, el presidente ucraniano no quiso reprimir el deseo de utilizarlo como elemento de posicionamiento geopolítico y herramienta para marcar ese nosotros contra ellos que tan a menudo utiliza para simplificar la guerra hasta su infantilización.
“Dos soldados norcoreanos que habían sido capturados por Ucrania mientras luchaban por Rusia fueron enviados recientemente a Corea del Sur, según ha declarado el presidente de Ucrania”, escribió en su crónica del discurso de Zelensky The New York Times¸ que añadía que, al día siguiente, “el Gobierno surcoreano se negó a confirmar la llegada de los prisioneros de guerra norcoreanos, limitándose a afirmar que había mantenido conversaciones con Ucrania y otras partes implicadas”. El Gobierno de la República de Corea, “explicó que las autoridades no podían revelar detalles sobre el «momento o la ruta» del posible traslado para proteger la seguridad de los dos soldados y de sus familias en Corea del Norte”.
El intento del Gobierno de Seúl de evitar el tema era suficiente presagio de que los problemas estaban al llegar. Sin embargo, la insistencia ucraniana en la cuestión coreana, su mención a los soldados norcoreanos y las constantes exigencias de armamento a la República de Corea han terminado por cansar al gobierno liberal surcoreano, que finalmente ha reaccionado de una forma más firme de lo que Ucrania está acostumbrada a tolerar.
“En relación con la repatriación de prisioneros norcoreanos, la parte ucraniana exigió confidencialidad y acordamos mantenerlo en secreto, pero lo revelaron unilateralmente. El presidente de la República de Corea, con el máximo respeto, expresó su decepción, y ellos negaron la existencia del acuerdo, haciendo pasar al jefe de Estado del país contrario por mentiroso. Cuando exigimos que reconocieran el hecho del acuerdo y se disculparan, en su lugar, Ucrania habla de un inminente conflicto militar entre el Norte y el Sur, y parece estar conspirando para provocar una guerra en la península de Corea. Expresamos nuestra seria decepción hacia Ucrania. Si continúan negándose a reconocer los hechos y a ofrecer una disculpa pública, tomaremos medidas adicionales. Como se trata de un asunto que concierne al prestigio de los ciudadanos y del Estado de la República de Corea, no podemos pasarlo por alto”, escribió en las redes sociales el presidente surcoreano Lee Jae Myung, que a lo largo de los días ha mostrado un fuerte enfado con la forma en la que Ucrania ha roto unilateralmente la etiqueta diplomática y el acuerdo entre los dos países. El Gobierno liberal de Seúl, que trata de recuperar las relaciones con Pyongyang, profundamente dañadas durante la legislatura conservadora que utilizó la inexistente amenaza norcoreana, entre otras cosas, para dar un autogolpe que terminó con el presidente encarcelado, ha visto en la actuación ucraniana un obstáculo que ni esperaba ni ha podido tolerar.
“Corea del Sur ha recibido una disculpa de Kiev por la revelación de la transferencia de dos prisioneros de guerra norcoreanos, pero el mensaje no ha cumplido las expectativas de Seúl, según declaró el 6 de octubre el ministro de Asuntos Exteriores surcoreano, Cho Hyun, según informó la agencia de noticias Yonhap”, escribió posteriormente The Kyiv Independent, poco habituado a informar sobre unos reproches tan exigentes hacia su líder, que llegan, además, no de un oponente, sino de un país considerado aliado natural ante la existencia de un enemigo común. El jueves, descontenta con la actitud ucraniana, que considera una forma de humillación la actuación de Kiev, a quien se acusa de tratar de provocar un conflicto norte-sur en la península de Corea, Seúl llamó a consultas a su embajador en Ucrania.
Desde Kiev, el episodio ha provocado una oleada de posts acusando a Seúl de todo tipo de pecados relacionados, como no podía ser de otra manera, con Corea del Norte. “El presidente Yoon sabía exactamente qué países son aliados de Corea del Sur y cuáles son sus enemigos. Hoy se le extraña profundamente”, escribió Visegrad24, una de las cuentas más fanáticamente proucranianas, en relación al presidente golpista que quiso provocar un conflicto con Pyongyang para evitar perder el poder. “Es bueno ver que el sentido común aún está vivo en Corea del Sur. Alrededor de 200.000 personas tomaron las calles en contra de las políticas del presidente Lee Jae-myung, incluyendo lo que consideran su enfoque excesivamente blando hacia Corea del Norte”, escribió Bohdan Krotevich, exmiembro de la Brigada Azov y ahora una de las personas más influyentes del sector militar de Ucrania. Cualquier excusa es buena para presionar a un aliado que no está apoyando lo suficiente a Ucrania.
En la misma línea, siempre dispuesta a buscar la forma de exculpar a Ucrania por sus salidas de tono, la prensa ha encontrado una trama paralela con la que descargar la responsabilidad por este altibajo en la relación Kiev-Seúl. “Esto explica el extraño ataque a Zelensky por parte del presidente surcoreano. Probablemente sabía que esto iba a salir y quería adelantarse a esta investigación mostrando que Corea del Sur está asistiendo al régimen terrorista genocida ruso”, escribió Olga Lautman, del Center for European Policy Analysis, que compartía una noticia publicada esta semana, según la cual “se está enviando combustible desde Corea del Sur a Rusia a través de petroleros sujetos a sanciones, mientras Moscú se apresura a conseguir suministros en medio de la guerra en Ucrania, una medida que, según un experto, «socava» el apoyo público de Seúl a Kiev”. Como añadía The Guardian, el medio que ha desvelado este comercio, “en julio y agosto, se cargaron más de 176.000 toneladas de combustible, en su mayoría gasóleo, en varios puertos surcoreanos a bordo de siete petroleros que realizaron 14 viajes al Lejano Oriente ruso. Tres de los buques estaban sujetos a sanciones del Reino Unido y la UE, y uno de ellos cargó su mercancía mediante una transferencia de buque a buque en aguas surcoreanas, un método que puede ocultar el origen de la carga y permite a los buques evitar hacer escala en terminales portuarias”.
Con rapidez, el intento de Zelensky de aprovecharse de su impunidad para dejar en evidencia a un aliado solo para remarcar su beligerancia contra un enemigo se ha convertido en una acusación a la República de Corea, a quien ahora se achaca como pecado geopolítico algo mucho más prosaico. Cuando la geopolítica se limita a una lucha entre buenos y malos, solo el lucro está por encima de las consideraciones políticas, especialmente en momentos en los que la oportunidad económica es comerciar con productos cuyo precio es hoy en día desorbitado. En ese cálculo, los sentimientos de Ucrania son el factor menos importante.
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