Incapaz de ejercer la labor de mediación que adoptó como responsabilidad hace más de un año y medio, Estados Unidos sigue preguntándose por qué ninguna de sus propuestas ha llevado a un alto el fuego o al final de la guerra, ese que su presidente esperaba conseguir a la mayor brevedad. “Esta es una guerra extremadamente peligrosa porque en este momento parece encontrarse en punto muerto”, declaró ayer Marco Rubio, que añadió que “los puntos muertos son muy peligrosos”. La simplista explicación del secretario de Estado, que nunca se ha molestado en comprender la naturaleza del conflicto rusoucraniano esconde el fracaso de Estados Unidos a la hora de gestionar unas negociaciones en las que las posiciones de las partes no se han movido un ápice y que se han producido en paralelo a una escalada que actualmente está suponiendo un fuerte aumento en la destrucción de ambos países y especialmente en el impacto de la guerra sobre la población civil. Sin embargo, no hay prisa por llegar a una verdadera negociación en la que ambas partes tengan que ceder en algunas de sus exigencias a cambio de detener una sangría que en los últimos dos días ha causado decenas de víctimas mortales.
“El número combinado de víctimas mortales por los ataques rusos a ciudades ucranianas en el último día y medio ascendió a al menos 64 personas”, escribió Christopher Miller, corresponsal de Financial Times que, como otros medios reporta únicamente las muertes en el lado ucraniano. El periodista se refería al impacto que sufrió un edificio residencial durante el último ataque ruso con drones y misiles y el bombardeo de ayer de la ciudad de Kramatorsk, donde una bomba guiada rusa impactó contra dos autobuses, provocando más de una treintena de muertes.
Por la mañana, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido visitaba el lugar del primer bombardeo. “Esta mañana, junto con Volodymyr Zelensky, he visitado Pryluky en Ucrania, el lugar de un ataque horrendo perpetrado por Rusia a principios de esta semana. 22 personas inocentes perdieron la vida allí, incluyendo trágicamente a 5 niños, como resultado de la guerra bárbara de terror de Putin contra el pueblo ucraniano. Mi mensaje fue claro: estaremos junto al pueblo de Ucrania todo el tiempo que sea necesario”, escribió Ed Miliband, que desde el lugar añadió que “hoy anunciamos más sanciones contra la maquinaria de guerra de Putin, la flota sombra, compañías petroleras, criptomonedas y financiación de la guerra. Somos vuestros hermanos y vuestras hermanas en este conflicto. Y vamos a estar con vosotros todo el tiempo que haga falta”. El plan europeo sigue siendo aumentar el gasto militar y la asistencia a Kiev para hacer sostenible esta guerra cada vez más total.
Compungido, el presidente ucraniano asentía con la cabeza ante el anuncio de más sanciones contra Rusia y la ratificación del apoyo a Ucrania mientras sea necesario. Zelensky, eso sí, exigió más a sus aliados. “Los europeos pueden ayudarnos, lo que empujará a Putin hacia las negociaciones, pero los estadounidenses pueden hacer más. Creo que Trump puede hacer más, y tiene que hacer más porque hay tantas pérdidas”, afirmó junto a su invitado británico. En el reparto del trabajo que Zelensky plantea para sus aliados, Ucrania espera de los países europeos más armas y financiación y, de Estados Unidos, presión política, diplomática y coercitiva para obligar a Rusia a negociar en las condiciones que Kiev aspira a dialogar, en posición de total control sobre los términos y condiciones. En la narrativa de Zelensky, Trump tiene la obligación de hacer más por Ucrania, no necesariamente para lograr una situación favorable en una verdadera negociación, a la que Zelensky no está dispuesto, sino apoyando a su ejército en la estrategia de escalar para desescalar, que tanto Rubio como Trump elogiaron hace unos meses. Las consecuencias de esa escalada unilateral iniciada por Ucrania ha sido un fuerte aumento del gasto militar ruso y un uso intensivo de la aviación, misiles y drones, además del incremento de la producción. Ayer, varias de las cuentas que realizan el seguimiento diario de la guerra comentaban el fuerte aumento del uso de bombas guiadas rusas, es decir, de la aviación rusa, que, ante la dificultad de Ucrania de obtener suficiente munición para la defensa aérea, opera con más libertad que en años anteriores. Según los datos ucranianos, Rusia utilizó más de 9000 bombas guiadas en el frente durante el mes de septiembre, un aumento de más del 3% con respecto a los 30 días anteriores.
Por la tarde, tras la confirmación de las muertes de Kramatorsk, el presidente ucraniano insistió en que Rusia recibirá una respuesta por parte de Ucrania a causa de lo ocurrido. El ciclo de venganza continúa, con Rusia respondiendo con la intensificación de sus bombardeos a la operación ucraniana de destrucción de la economía rusa y Ucrania clamando venganza por las consecuencias de esos actos. La guerra no está, como afirma Marco Rubio, en punto muerto, sino en su momento más peligroso, con una escalada aparentemente incontrolada en la que Moscú parece haber decidido hacer aquello que no hizo en la primera fase de la guerra y que Estados Unidos o la OTAN habrían realizado en las primeras horas: destruir las comunicaciones o los puentes además de las infraestructuras de producción y distribución eléctrica, un terrible presagio para una población civil que se encuentra a merced de los ataques y de la incapacidad de su Gobierno de paliar los efectos de los bombardeos. La semana pasada, el Gobierno español se jactaba de su colaboración con Ucrania para la reconstrucción del país y lo hacía precisamente durante los días en los que Kiev anunciaba que las tareas de reconstrucción quedaban en segundo plano ante la necesidad de Ucrania de tapar el agujero de déficit a base de reducir gasto en partidas que no son consideradas imprescindibles.
“Los puntos muertos solo terminan de dos maneras. Una es un acuerdo negociado. La otra manera en que terminan los puntos muertos es la escalada. Eso es muy peligroso. La escalada puede convertir rápidamente lo que es una guerra entre dos países en un conflicto regional mucho más amplio y mucho más peligroso”, comentó Marco Rubio. La guerra ya ha entrado en esa fase, con un uso de drones y misiles que ponen en peligro a la población de ambos países en cualquier lugar y momento. Desde la finalización de las grandes batallas de 2022, las partes habían sido capaces de evitar gran cantidad de muertes civiles a base de la evacuación de población, algo a lo que parece haber renunciado Kiev, quizá porque no hay mejor argumento para exigir a sus aliados más armas y más presión contra Rusia que la muerte de civiles. Pese a que el frente se acerca peligrosamente a Kramatorsk y hace semanas que se habla de la necesidad de ordenar la evacuación de la población civil de la ciudad, Ucrania no solo no ha dado esa orden, sino que ni siquiera se había detenido el transporte público, algo que finalmente se hizo ayer, demasiado tarde para evitar 35 muertes en un lugar en el que los drones se cruzan actualmente de forma cada vez más intensa.
La deriva actual de la guerra no apunta a una solución, sino a una permanente escalada que no va a dar lugar a la victoria de uno de los bandos, sino a la destrucción de ambos, al sufrimiento de la población civil que permanece en la zona y a un peligro creciente de expansión de la lucha. Prácticamente descontrolada, la guerra se come los recursos de ambos países en un ciclo eterno de escalada y contraescalada que no va a terminar hasta que se logre iniciar una verdadera negociación en la que se buque una resolución al conflicto y no solo que una de las partes imponga los términos sin dar a la otra derecho de voz ni voto.
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