Sin sorpresas, el alto el fuego que Rusia y Ucrania habían aceptado según un post publicado por Donald Trump resultó ser un segundo intento del presidente de Estados Unidos, imbuido por la certeza de que su palabra es ley, de dar una orden a dos países en guerra y esperar que simplemente acepten la exigencia. Es así como la Casa Blanca esperaba conseguir rápidamente el final de la guerra rusoucraniana, sin realizar el duro trabajo diplomático necesario para resolver una situación compleja en la que se entremezclan cuestiones territoriales, un arreglo de seguridad en el que hay aunar intereses completamente opuestos y en el que existe un aspecto civil que Estados Unidos y la Unión Europea ni siquiera se molestan en pretender que existe. Los ataques continúan mientras Kiev y Moscú reafirman su voluntad a cumplir con una versión de ese inexistente acuerdo siempre que sea la otra parte quien dé el primer paso.
Sin una verdadera diplomacia ni conversaciones concretas sobre qué es un alto el fuego ni qué implica, ambos países coinciden en algo: ninguno de los dos sabía nada de la tregua decretada por Trump, de la que se enteraron por la prensa. Tampoco está claro si se espera que Ucrania no ataque refinerías a cambio de que Rusia no ataque ninguna infraestructura energética ucraniana o solo su única refinería. Lo que sí es evidente es que, incluso cuando las partes afirman estar conversando para saber cuáles son los términos y posteriormente decidir si se adhieren o no a la orden de Trump, ya ha comenzado la carrera por culpar a la otra parte del fracaso de algo que ni siquiera ha comenzado. “Está claro que Putin no lee Truth Social y que sus drones ‘shahed’ siguen unas instrucciones diferentes”, afirmó ayer Zelensky, rápido en su intento de darle la vuelta a los términos y exigir mucho más de lo que el presidente de Estados Unidos planteó en su decreto emitido por medio de un post en su red social personal.
“¿Por qué Estados Unidos no concluye un acuerdo de diésel con Ucrania? Estamos influyendo en si estos barcos se mueven. Nosotros definimos si las refinerías están funcionando”, afirmó Zelesnsky en su discurso pronunciado a través de videoconfenrecia para un foro polaco utilizando un lenguaje, el de la falsa percepción del poder absoluto, que se acerca peligrosamente al del chantaje. “Todos están hablando de diésel y olvidando el grano. En un mes o dos, todos comenzarán a hablar de una crisis agrícola. No habrá suficiente comida para países de todo África, algunos países asiáticos y Oriente Medio, porque exportamos millones de toneladas de grano a estos mismos mercados. Y ahora Rusia está bloqueando el mar. Estados Unidos no está sintiendo los efectos de esto, por lo que el enfoque está solo en la energía. Este es otro desafío. Es el hambre. Y puede afectar a muchos países. Y necesitamos pensar en todo y en todos, porque todos vivimos en este planeta. Podemos prevenir muchas crisis diferentes antes de que siquiera comiencen y evitar los desafíos que traen”, añadió el presidente ucraniano. El intento de Kiev es transparente: supeditar su voluntad de cesar los ataques contra las refinerías rusas, que ponen en cuestión el precio global del petróleo (algo que sería aún más evidente si Estados Unidos reanuda los bombardeos contra Irán tras las elecciones de medio mandato) a que Rusia tenga que renunciar a lo que, en realidad, es la respuesta a la escalada aérea ucraniana. Disfrazar ese intento de preocupación por la seguridad alimentaria de los países del Sur Global podría resultar más creíble si Ucrania no hubiera intentado detener las exportaciones de grano y fertilizantes de Rusia a través del mar Negro, tan importantes como las ucranianas.
Respondiendo a la demanda de Trump de celebración de unas elecciones generales -en las que, según algunas encuestas, Zelensky podría incluso revalidar su mandato-, el presidente ucraniano exigió, como acostumbra, una tregua completa, algo improbable teniendo en cuenta los antecedentes de esta guerra. “Su fingida sorpresa ante la declaración del presidente Trump refleja solo una cosa, su ansia por aprovechar cualquier palabra, cualquier iniciativa, cualquier idea que entre en el dominio público”, afirmó Lavrov en una aparición mediática realizada ayer. Cada vez más duro en su discurso sobre la guerra, especialmente en lo referido a Volodymyr Zelensky, el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa ratificó lo que horas antes había declarado Dmitry Peskov, que insistió en que “Rusia busca una paz duradera, no un alto el fuego”. Para Lavrov, la mención de Zelensky a un alto el fuego de 60 días para poder realizar unas elecciones no es sino la eterna búsqueda de un parón en la guerra para conseguir que sus aliados europeos suministren suficientes armas para continuar posteriormente la guerra. Los siete años de treguas incumplidas en el marco del proceso de Minsk marcan claramente la postura rusa en este sentido. El Kremlin se mantiene firme en su idea de negociación política con el objetivo de lograr un tratado final sobre el que se sostenga un alto el fuego definitivo, consecuencia de la diplomacia y no prerrequisito para su inicio. Esa es, hoy en día, la principal batalla para los ministerios de Asuntos Exteriores de Rusia, Ucrania y los países europeos, ya que de ello depende el tipo de resolución que va a darse a la guerra.
“Los europeos claramente no pertenecen al partido de la paz que busca un arreglo pacífico en Ucrania. Europa es más bien un partido de la guerra. Rusia acoge con satisfacción los esfuerzos de los negociadores estadounidenses sobre Ucrania y agradece que continúen con su trabajo”, afirmó por la mañana Dmitry Peskov, reafirmando el posicionamiento ruso, que se ha mantenido constante desde el momento en el que Estados Unidos dio el paso de reanudar los contactos con Rusia mientras los países europeos condenaban cada intento de apertura de canales de comunicación entre el Kremlin y las cancillerías continentales. A pesar de que es Estados Unidos quien aporta la inteligencia para los ataques ucranianos de larga distancia y los misiles PAC-3 para que Ucrania pueda derribar misiles rusos, son los países europeos, que se dirigen a Moscú en el lenguaje del ultimátum y sobre la base de la ideología de la guerra hasta la victoria final, los que para el Kremlin resultan más peligrosos y, sobre todo, más hostiles. De ahí que no sea una sorpresa que Rusia haya buscado acuerdos comerciales con Estados Unidos aunque sus intereses económicos son comunes con las capitales europeas, no con Washington, ni que Bruselas, Londres, París o Berlín hayan reaccionado de forma tan airada al modesto pacto Putin-Trump para la exportación de diésel al “mercado estadounidense y mundial”.
Los países europeos, por su parte, continúan con su camino elegido: elevar la presión política, mediática, militar y económica contra Rusia. Desde que el viernes se anunció el acuerdo entre Washington y Moscú, las capitales europeas han acusado a Moscú de intervenir decisivamente en el voto del Brexit, de plantearse la posibilidad de una invasión de la OTAN o de preparar planes para asesinar a ejecutivos de la industria militar europea. Ninguna de las acusaciones precisa de pruebas, pero es útil para generar un determinado estado de opinión que hace inevitable tener que continuar por la vía de la escalada. Como ya había anticipado a lo largo del fin de semana, ayer Kaja Kallas anunció que “los ministros de Asuntos Exteriores de la UE acaban de adoptar casi 1.600 nuevas inscripciones de sanciones dirigidas al complejo militar-industrial de Rusia. Esta es la mayor ampliación única de nuestra lista de sanciones desde que Rusia inició su guerra. Europa está mostrando de nuevo un frente unido. Más de la mitad están conectadas con la cadena de producción de misiles balísticos. Estamos haciendo que sea significativamente más difícil, más lento y costoso para Rusia producir las armas que utiliza para matar a los ucranianos”.
“Hasta ahora, la UE ha sido el único apoyo financiero serio de Ucrania, pero esperaba que el liderazgo político de Estados Unidos ayudara a traer la paz a Ucrania. Llega un momento en que la UE, junto con Ucrania, necesita elaborar e implementar una estrategia de paz independiente”, escribió el domingo el comisario de Defensa de la Unión Europea, Andrius Kubilius, decepcionado con la apertura de Washington a llegar a un acuerdo con Rusia en lugar de continuar con la estrategia de guerra hasta que Ucrania pueda negociar en posición de imponer los términos de resolución, única estrategia de paz que Bruselas está dispuesta a poner en práctica.
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