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Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

Cumbre en Oslo

Continúa, en persona y a través de los medios, el doble enfrentamiento Estados Unidos-Ucrania, que se juega entre la presión de una y otra parte y el dialogo diplomático que, aunque prácticamente limitado al espectáculo, se reanudó ayer en Oslo. “ Esto está ocurriendo en nuestro continente. Cuando, con suerte, la guerra termine algún día, tendremos que seguir conviviendo con una Ucrania que ha salido de la guerra y una Rusia que la ha librado. Hay una razón por la que resulta natural que este encuentro tenga lugar aquí, en Europa, en Oslo”, afirmó Jonas Gahr, Store, primer ministro de Noruega y anfitrión de la minicumbre a cuatro que reunió en la capital de uno de los dos vecinos nórdicos de Rusia a Noruega, Finlandia, Ucrania y Estados Unidos, representado por el denostado Steve Witkoff y, a través de videoconferencia debido a una gripe, el yerno de Donald Trump, Jared Kushner.

Como en ocasiones anteriores, los objetivos de Ucrania y los de Estados Unidos son notablemente diferentes, de ahí la importancia que tiene para Zelensky contar con el apoyo directo de los jefes de Estado o de Gobierno de dos de los países más beligerantes del continente -además de los países Bálticos, los nórdicos están siendo el principal apoyo de Ucrania para instalar la idea de guerra hasta la victoria final- y la presencia de representantes de las tres grandes potencias europeas occidentales, Alemania, Francia y el Reino Unido. En estos momentos de enfrentamiento interno del bloque atlantista por cómo gestionar la búsqueda del final de la guerra, los países europeos no pueden permitirse dejar solo a Zelensky en la negociación más importante, que no es con Rusia, sino con Estados Unidos.

“El señor Witkoff y el señor Kushner se reunirán en Oslo, los negociadores, si podemos llamarlos así, del lado estadounidense, que también viajarán a Moscú después”, se quejó a lo largo del día el primer ministro polaco Donald Tusk, sin miedo a mostrar su malestar por el desarrollo de los acontecimientos de esta semana, en la que Zelensky no deja de recibir reproches de su aliado más importante y cuando medios estadounidenses como The New York Times afirman que Donald Trump sigue insistiendo en la idea de seguridad a cambio de territorio, que el medio neoyorquino asume que implicaría para Ucrania la cesión de todo Donbass. Como ha demostrado Marco Rubio en una entrevista concedida esta semana, en la que sugirió que el único motivo por el que la guerra continúa es el 11% de Donetsk que Rusia aún no ha capturado, la región sigue siendo el centro de la lucha territorial, aunque muchas cosas han cambiado desde que Estados Unidos planteara esa posible vía de resolución.

Para empezar, la situación es mucho más favorable a Ucrania de lo que lo era hace unos meses, ya que, pese a retrocesos en otras zonas, las tropas de Kiev avanzan en Liman, un progreso suficiente para negar que la pérdida de todo el territorio sea inevitable. En segundo lugar, la cuestión territorial es solo uno de los muchos aspectos a negociar para tratar de llegar al tipo de resolución al que aspira Rusia, que dé lugar a un tratado final que fije los aspectos territoriales y de seguridad, escenario que Ucrania y sus aliados continentales intentan evitar con reuniones como la de ayer en Oslo, donde, como hace un año en la Casa Blanca tras la cumbre Estados Unidos-Rusia en Alaska, Zelensky estuvo en todo momento arropado por dirigentes de países europeos que han demostrado ser los apoyos más cercanos de Kiev.

Pese a las palabras de Rubio, que ante la prensa simplificó la guerra para presentarla como una batalla por un palmo más de tierra, lo publicado por Axios, medio de referencia de las filtraciones trumpistas, indica que el equipo estadounidense es consciente de que la hoja de ruta que necesita pactar implica aspectos que desbordan la cuestión territorial e incluso el conflicto rusoucraniano. Ayer, Barak Ravid escribía que el plan de Witkoff incluía dos puntos. El primero es “garantizar el futuro de Ucrania: Establecer un futuro soberano, seguro y próspero para Ucrania, que incluya garantías de seguridad creíbles, la integración europea y un marco económico integral para la posguerra que aborde las necesidades financieras de Ucrania y genere oportunidades de crecimiento e inversión a largo plazo”. El segundo, “crear las condiciones para una paz duradera: Elaborar una propuesta integral dirigida a Rusia que aborde las cuestiones necesarias para poner fin a la guerra, establezca una arquitectura de seguridad nueva y duradera entre Rusia y Europa y explore oportunidades de cooperación económica tras la guerra”. La trayectoria de las capitales a ambos lados del Atlántico hace probable un acuerdo en el primer punto, pero una profunda brecha en el segundo, ya que las potencias europeas tratan de evitar a toda costa el retorno al statu quo anterior a la guerra rusoucraniana, con una voluntad de perpetuar la ruptura continental como castigo a Rusia, y aunque tenga que producirse a costa de pérdidas económicas también para Europa occidental.

En términos territoriales, Axios no incide en el tema y New York Times da por hecho que Donald Trump sigue tratando de obligar a Zelensky a renunciar a Donbass. Sin embargo, el intento europeo de hacerse fuerte en las negociaciones a base de insistir a Donald Trump que quien está pagando la guerra ha de llevar la voz cantante en la diplomacia, apunta en otra dirección. Al contrario que Estados Unidos, desinteresado en comprender la naturaleza de la guerra, los países europeos parecen haber asumido que su carta negociadora es jugar con ofertas territoriales más generosas a costa de concesiones en seguridad y viceversa.

“La desconfianza rusa a la hora de entablar conversaciones con los europeos podría verse agravada por el tipo de propuestas que se pongan sobre la mesa”, comentaba el lunes Gideon Rachman en Financial Times. “Si llegan a celebrarse conversaciones entre Europa y Putin, es probable que al líder ruso se le presenten dos posibles vías hacia la paz. La primera consiste en congelar el conflicto en la línea de control actual para, a cambio, obtener la garantía de que Ucrania nunca se unirá a la OTAN. La segunda opción sería que Ucrania cediera el resto del Donbás a Rusia, pero que, a cambio, se uniría a la OTAN”, añadía el columnista, sin duda bien ubicado a la hora de contar con fuentes cercanas a la toma de decisiones.

La insistencia rusa en lograr el control de todo Donbass hace improbable -como previsiblemente son conscientes quienes han diseñado el plan- que Rusia vaya a sacrificar ese plan a cambio de unas garantías de no adhesión de Ucrania a la OTAN en las que difícilmente podría confiar. Es obvio que la opción de entrada de Ucrania en la OTAN es inaceptable para Rusia, por lo que los países europeos estarían preparando dos ofertas para Rusia con las que se garantizan la negativa rusa, pero siguiendo los pasos de la diplomacia y pretendiendo buscar la paz, una actuación que evoca los siete años de proceso de Minsk. Esos matices son imperceptibles para los negociadores estadounidenses o para Donald Trump, que sigue jactándose de grandes avances en la búsqueda de la paz que, por el momento, se limitan a reuniones como la de ayer, en la que se trataron los puntos planteados por Axios y que es solo la primera parte de un viaje más largo que ahora llevará a Witkoff a Moscú, donde escuchará una versión completamente diferente de la guerra y de las necesidades de resolución.

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