“¿Por qué fue necesario que Estados Unidos eliminara la capacidad nuclear de Irán? ¿Por qué ahora todo el mundo vuelve a mirar a Estados Unidos cuando se trata de los hutíes en el mar Rojo? Porque de alguna manera los europeos no tenían suficientes capacidades para hacerlo ellos mismos”, comentó Mark Rutte la semana pasada en una de sus muchas intervenciones públicas de enaltecimiento de la guerra de agresión de Estados Unidos contra Irán. En un alegato de arrogancia imperial, el secretario general de la OTAN y exprimer ministro neerlandés sentenció que “ese es el patio trasero de Europa. No es el patio trasero de Estados Unidos. En el futuro, lo que obtendrás de una OTAN más fuerte es que los europeos puedan cuidar de su propio patio trasero”.
Y para bombardear ese patio trasero, Estados Unidos necesitó a sus aliados -o subordinados- europeos, algo que, para Rutte, parece ser motivo de orgullo. “Se podría argumentar que habría sido imposible llevar a cabo la Operación Furia Épica sin contar con Europa como plataforma de proyección de poder para Estados Unidos”, afirmó Rutte utilizando el infantil e insultante nombre con el que Trump calificó la guerra. “5.000 aviones han despegado de bases europeas en apoyo a la Furia Épica desde el 28 de febrero de este año”, añadió con la habitual forma de someterse voluntariamente a la sabiduría y a la sensatez estadounidense. Según esta versión, Europa -la UE y el Reino Unido- es clave en la proyección del poder de Estados Unidos y, como dos aliados con una similar visión del mundo, ha de aumentar su capacidad militar para ser capaz de bombardear su patio trasero de la misma forma que lo hace Washington.
El secretario general de la OTAN, como la Alianza y los Estados miembros en sí, quiere mostrar esa fuerza geopolítica y militar que considera que ha de tener. Esa potencia ha de manifestarse lidiando con los hutíes, un ejército que lucha pese a la precariedad de sus medios y a su aislamiento tras una década de bloqueo saudí, o contra la inexistente amenaza nuclear de Irán. Sin embargo, la OTAN se ofende en el momento en el que recibe una advertencia de alguien de cuya capacidad militar se burla desde hace más de cuatro años, pero a quien no quiere enfrentarse directamente. “Es un poco extraño que, para protegernos aquí en Europa de 140 millones de rusos, 600 millones de personas que viven en territorio de la OTAN en Europa necesiten un país a seis u ocho horas de vuelo de aquí, con 340 millones de personas, para defendernos de los rusos”, afirmó Rutte hace unos días. Europa -la UE y el Reino Unido- tiene que ser capaz de hacer frente a esa Rusia que, según el secretario general de la OTAN, fracasa a diario desde 2022. “Pero Rusia está fallando. Está fallando en el campo de batalla en Ucrania y está fallando en socavar nuestra unidad y nuestro apoyo a Ucrania. Nuestro mensaje a Moscú es claro: Haremos aún más por Ucrania y no menos”, insistió Rutte en una rueda de prensa realizada esta semana.
Viendo los toros desde la barrera, luchar contra Rusia es sencillo para Rutte, consciente de que Ucrania sigue dispuesta a matar y a morir en nombre de la guerra común mientras sea necesario. Pero la Alianza titubea cuando la amenaza de continuar la guerra hasta el final se vuelve en su contra. “Teniendo en cuenta que la OTAN es una alianza defensiva y que ninguna de nuestras actividades o maniobras supone un riesgo para ninguna parte de Rusia”, afirmó la portavoz de la Alianza Allison Hart en un comunicado, “condenamos enérgicamente la amenaza del uso de la fuerza, incluida cualquier retórica nuclear irresponsable”.
“Rusia contraatacará rápida y apropiadamente si la OTAN intenta implementar sus amenazas contra la Región de Kaliningrado. Si la OTAN alguna vez lanza hostilidades contra la Región de Kaliningrado, el bloque lo lamentará”, comentó Nikolai Patrushev, uno de los asesores más cercanos a Vladimir Putin. Sus palabras solo reafirman la postura que Rusia ya había marcado ya días atrás y que ha causado tanta polémica, indignación y que ha elevado aún más la ya tensa situación en Europa. En estos tiempos en los que el titular se lleva todo el protagonismo y nadie pregunta por qué se realizan determinadas declaraciones, es fácil olvidar que la “amenaza” rusa de uso de armas nucleares que toda Europa occidental condena activamente ahora respondía a una publicación británica que apuntaba a la cuestión de Kaliningrado, el enclave ruso reconocido por los países occidentales, pero que, por su situación geográfica, tiende a aparecer en el ruido mediático cuando se trata de complicar la situación política.
“El diminuto enclave ruso en Europa podría ser la mayor debilidad de Putin. Kaliningrado era un enclave fortificado en territorio de la OTAN; ahora parece cada vez más vulnerable”, escribía The i Paper, que acompañaba ese titular con las palabras de un oficial anónimo de la Alianza que afirmaba que “Rusia sabe que es un punto débil”, “el talón de Aquiles de la Federación Rusa”. Días antes, Radek Sikorski había insistido en que “como podéis imaginar, seguimos muy de cerca el enclave de Kaliningrado. Apenas hay tropas allí”. “Deberíamos realizar maniobras tan agresivas por nuestra parte que hagan que… Putin no tenga claro qué vamos a hacer, y que se vea obligado a retirar fuerzas de Ucrania”, sentenció. El artículo de The i Paper cita a uno de los halcones más conocidos, Edward Lucas, alegando que Rusia apenas cuenta con defensas en Kaliningrado. “Tienen unos cuantos aviones, pero carecen de pistas reforzadas o búnkeres”, afirma para añadir que “tienen unos cuantos barcos, pero el puerto carece de defensas antiaéreas. No hay tropas terrestres. Se lo han llevado todo a Ucrania”. Un tono que difícilmente puede entenderse como un comentario inocente, especialmente viniendo de lobistas cuya principal labor actualmente es conseguir que esta guerra se transforme definitivamente de un intento de rescatar a Ucrania para buscar abiertamente la derrota de Rusia.
“La OTAN también podría tomar medidas para aislar Kaliningrado mediante distintas formas de bloqueo. Ya existen controles estrictos sobre la circulación de mercancías y personas desde ese territorio hacia los países vecinos, a los que la población rusa —de aproximadamente un millón de habitantes— podía visitar libremente antes de la guerra”, añade alegremente el artículo. Un bloqueo es un acto de guerra, por lo que el Estado agredido tiene derecho a defenderse.
“Hemos tomado nota de un artículo publicado en The i Paper sobre Kaliningrado, en el que se sugiere, entre otras cosas, que la OTAN podría bloquear la región o «dejar de reconocer la soberanía rusa». La posibilidad de un hipotético ataque también se analiza en la reciente miniserie de Sky News titulada «The Wargame»”, respondió el Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa por medio de un comunicado en el que añadía que “defienden planes para bloquear o atacar Kaliningrado, no deben hacerse ilusiones sobre las consecuencias. Cualquier acción militar británica o de la OTAN contra territorio ruso se enfrentaría a una respuesta en la que Rusia emplearía todos los medios a su alcance, incluidas las armas nucleares”. “Rusia ha dejado claro en repetidas ocasiones que no busca la confrontación con la OTAN ni con Europa, ni tiene intención de atacarlas. Pero si alguien decidiera desencadenar un conflicto de este tipo, no debe hacerse ilusiones: Rusia responderá en consecuencia”, sentenciaba finalmente el mensaje ruso que tanto revuelo ha generado.
“La advertencia de Rusia sobre las consecuencias de posibles intentos de bloquear Kaliningrado no debe interpretarse como una declaración de confrontación”, insistió ayer Dmitry Peskov. Sin embargo, el daño ya está hecho y la narrativa oficial ha registrado como oficial una amenaza rusa de utilización de armas nucleares contra el Reino Unido o la OTAN que, en pocos días, se considerará una retórica nuclear no provocada del imprudente y temerario Kremlin.
“Se están infringiendo todos los tabúes, tanto los imaginables como los inimaginables. No voy a mencionar lo que está ocurriendo”, afirmó en su discurso de ayer ante el club Valdai el presidente ruso Vladimir Putin. “Si se trata de un ataque directo contra Rusia, contra Kaliningrado, inmediatamente surgiría la cuestión de utilizar todas las armas que tenemos”, añadió posteriormente en una entrevista en la que recordó que, pese a la existencia de otras potencias nucleares en el continente -Francia y el Reino Unido-, “nadie actualmente tiene armas como las que tiene Rusia”.
Horas antes, el secretario general de la OTAN había declarado, en referencia a las amenazas nucleares que “no hay forma de que nos ganen”. “Técnicamente correcto, ya que el holocausto nuclear es una propuesta en la que todos pierden”, respondió la activista Almut Rochowanski. En épocas anteriores, la destrucción mutua asegurada ejercía de disuasión en la retórica de plantearse la guerra entre grandes potencias siquiera como posibilidad, algo que ya no se produce en la situación actual, en la que es cada vez más difícil negar que nos encaminamos al riesgo de un momento Sarajevo que haga saltar por los aires todo aquello que hasta ahora se consideraba una certeza.
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