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Historias de la guerra híbrida

“Lo que estamos viendo son los preparativos administrativos para que sea posible llevarlo a cabo, en caso de que así se decidiera”, cita a una de sus fuentes de inteligencia el diario británico The Telegraph en un artículo en el que añade que esos mismos interlocutores “afirman que Putin se encuentra acorralado, ya que sus fuerzas han sufrido un millón y medio de bajas, incluidas 500.000 muertes, en Ucrania, y su invasión se encuentra, en la práctica, en un punto muerto”. El medio acompaña esa acusación con los datos: un infantil gráfico de barras elaborado por el think-tank neocon Institute for the Study of War, que afirma que Rusia recluta una media de mil soldados al día y pierde una media de 1374. Ese saldo negativo, basado en una información que solo puede ser parcial y que está marcada por el posicionamiento proucraniano y favorable a la guerra hasta el final, es la base sobre la que The Telegraph construye una narrativa compartida con gran parte del establishment mediático, que llega a la conclusión de que Rusia se encuentra al borde del colapso y, por lo tanto, se dispone a escalar la guerra.

Las elevadas bajas, siempre sobre la base de datos aportados por la inteligencia ucraniana, es un argumento solo en el caso de Rusia. En el de Ucrania, mencionar cifras es una excepción que extrañamente ha incumplido el primer ministro de Polonia. “Nuestros socios ucranianos me han dicho que, recientemente, el número de muertos y heridos al mes ha alcanzado los 27.000. Y estas son, por supuesto, cifras récord”, afirmó Donald Tusk dirigiéndose al Parlamento polaco en un discurso en el que se disculpaba por desvelar un dato que posiblemente molestara a otros aliados. Las cifras de Tusk no son parte de la habitual desinformación que intenta resaltar la extrema debilidad del oponente, sino que pretenden ser una llamada de atención sobre las dificultades de un enemigo. No hay ningún motivo por el que Polonia pudiera exagerar el nivel de bajas de Ucrania, el aliado al que aspira a aumentar el nivel de asistencia militar para continuar luchando. Los datos son coherentes con las necesidades de movilización mencionadas recientemente por Budanov, que cifró en 30.000 los soldados que Ucrania ha de reclutar cada mes para que la guerra siga siendo sostenible, un comentario que ya dejaba claro que ese era el nivel de bajas -entre muertos y heridos- que está padeciendo Kiev actualmente, pero que, por el momento, no parecen alarmar a nadie.

Para los países europeos es más sencillo optar por destacar la debilidad rusa y alertar de futuras escaladas como argumento para aumentar la financiación de guerra, algo que será necesario a medida que Ucrania siga dilapidando este año parte del crédito de 90.000 millones de euros previsto para dos años. En el mismo artículo de The Telegraph en el que se muestra un saldo negativo entre el reclutamiento y las pérdidas rusas, el medio alerta de que Rusia “podría” estar preparando una nueva movilización, la segunda de las líneas de propaganda de la inteligencia ucraniana. Según esa narrativa, Rusia se desangra en el frente, pero se dispone a una llamada a filas a 300.000 hombres. Con ellos, soldados que, al menos por el momento, siguen siendo imaginarios, Rusia “podría” atacar otro país europeo. “En privado, los responsables europeos de defensa y seguridad afirman que temen que la agresión de Rusia en Ucrania sea el preludio de una campaña más coordinada de acciones cada vez más abiertas contra el territorio de la OTAN, que podría producirse tras las elecciones”, escribe el medio británico en la misma línea que esta última semana se ha generalizado de forma alarmante entre el establishment político.

En Francia, Emmanuel Macron convocó hace unos días a los líderes de los partidos políticos para tratar “el rápido deterioro de la situación internacional en los últimos días” y entre cuyas amenazas se encuentra la situación en Oriente Medio, con potencial de complicar nuevamente la situación energética del continente y, cómo no, la guerra híbrida rusa. Francia, ha expresado Macron, está reforzando la vigilancia contra las amenazas híbridas y está preparando un plan de protección para las infraestructuras críticas. “La amenaza híbrida rusa hacia los europeos y Francia se ha intensificado en las últimas semanas”, sentenció Macron en su discurso.

Sin embargo, el primer ministro polaco ha sido el dirigente que se ha manifestado con mayor claridad. “Estos posibles ataques tendrían un carácter, entre comillas, «accidental», con el objetivo de paralizar o, al menos, debilitar la determinación de los Estados de la OTAN de invocar las disposiciones pertinentes de la OTAN en caso de agresión contra un país miembro”, afirmó Tusk en su discurso ante el parlamento, calificando esos ataques rusos contra territorio de la OTAN y/o de la UE como “híbridos”. Todo, desde la inmigración hasta los misiles, puede ser híbrido cuando el discurso lo requiere. Según Tusk que, como destaca Reuters, “no dio más detalles sobre qué servicios de inteligencia habían proporcionado la advertencia”, esos ataques rusos podrían coincidir con “cambios políticos en determinados países europeos que otorguen el poder —o, al menos, una voz influyente— a aquellos que, invocando cada vez más nobles lemas de paz, pacifismo y víctimas innecesarias, reclamarán la paz o, más bien, la capitulación total de Ucrania”.

Las palabras del primer ministro polaco revelan que la preocupación por la amenaza híbrida rusa es un discurso útil para consolidar la forma de actuación de los países europeos, pero que no siempre tiene como principal preocupación la situación militar. Los países europeos están más preocupados por la situación política interna, por la posibilidad de que aparezcan fuerzas políticas que pongan en cuestión el rearme o que empiece a cuestionarse la multimillonaria asistencia militar a Kiev en lugar de un temor legítimo por un cambio en la actuación rusa.

“En cuanto a Ucrania se refiere, la escalada lleva dos meses en marcha. Esto es material real sobre el que se puede informar en lugar de especular. Sobre el potencial de movilización: podría suceder, pero probablemente no será un proceso abierto ni particularmente urgente. Mis fuentes en la inteligencia ucraniana dicen que no ven una caída significativa en el reclutamiento en este momento”, escribió el periodista Ollie Carroll, corresponsal de The Economist, que olvida mencionar que esos dos meses a los que se refiere como “fase de escalada rusa” se corresponden al momento en el que Rusia inició su respuesta al anuncio ucraniano de 40 días de operación ofensiva aérea.

Quizá el dato más relevante para confirmar las advertencias de países como Francia, Alemania o Polonia sobre esa supuesta inminente guerra híbrida rusa o ataque a un país de la OTAN/UE son las palabras del primer ministro de Letonia, uno de los países más radicalmente proucranianos y antirrusos. “En este momento, no hay información que indique un nivel de amenaza particularmente alto. Puedo confirmar que Rusia no está preparada para la guerra y no es capaz de un ataque convencional”, afirmó en un discurso en el que se dirigió a su propia población, la de un Estado que suele mencionarse como posible primera víctima de un ataque ruso. “Veo que en la sociedad reina la inquietud, siguiendo las noticias internacionales. Quiero tranquilizar – ¡no hay motivo para el pánico! Evaluamos seriamente la situación de seguridad”, sentenció.

Sin embargo, en los últimos días han proliferado de forma exagerada los artículos que prácticamente dan la guerra como inevitable y que presagian una falsa bandera rusa que nadie sabe explicar del todo, especialmente en lo que respecta a los motivos. Según el jefe de la inteligencia de Dinamarca, uno de los países que con más fervor defiende la idea de la lucha hasta el final, Rusia podría realizar ataques en países de la OTAN utilizando drones ucranianos, una operación sin sentido teniendo en cuenta que, por defecto, cualquier incidente extraño -incluso la explosión del Nord Stream- se adjudica de partida a Moscú. Rusia planearía también ataques selectivos lo suficientemente significativos para humillar a la OTAN, pero no para activar la cláusula de defensa colectiva. “El servicio de inteligencia de defensa danés evalúa que en los próximos meses, Rusia intensificará aún más su guerra híbrida mediante la realización de ataques más frecuentes contra Occidente y la OTAN, con mayores consecuencias para los países afectados que en el pasado”, afirmaba ayer Reuters citando el informe de la inteligencia danesa. En España, El Mundo añadía otra variante aún más rebuscada: Rusia utilizaría buques comerciales para disparar drones Gerbera, señuelos que utiliza en Ucrania para saturar las defensas aéreas ucranianas. Lo haría en el Mediterráneo contra España, Francia o Italia, casualmente tres de los países donde el apoyo a la guerra es más bajo.

Pese a lo que dicta la lógica -un ataque contra la OTAN sería un acto suicida por parte de Rusia- e indica incluso la inteligencia de los países más fervientemente militaristas, el discurso de amenaza rusa inminente continuará debido a su utilidad para justificar el aumento de un gasto militar ya exagerado y para demonizar a determinadas fuerzas políticas internas que, como la Francia Insumisa, ponen en cuestión la necesidad del rearme.

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