Prácticamente ausente en el discurso de Donald Trump, que se centró en su gran éxito en el expolio del petróleo venezolano, la amenaza de aniquilación contra la República Islámica de Irán y la crítica a las medidas supuestamente izquierdistas de Naciones Unidas, Ucrania recuperó en días posteriores el protagonismo al que se ha acostumbrado. En los márgenes de la Asamblea General de Naciones Unidas, Zelensky mantuvo un encuentro con Trump, la delegación ucraniana se reunió con el equipo negociador del presidente de Estados Unidos, se escenificó la unidad de los países occidentales alrededor de Ucrania con un gran acto en el que Kaja Kallas volvió a plantear las condiciones ucranianas para una tregua que calificó de incondicional y su ministro de Asuntos Exteriores pudo enfrentarse dialécticamente a Sergey Lavrov en el Consejo de Seguridad. “El mundo condena con razón el asedio de Leningrado por parte de los nazis. Hoy, Rusia aplica el mismo método contra los ucranianos. El Kremlin reproduce los crímenes del pasado”, sentenció Sibiha, a pesar de que el único bloqueo prolongado en el tiempo que se ha producido en Ucrania ha sido el de Donbass. En esta guerra, las imágenes son más importantes que los hechos y que los argumentos.
Como semana grande de la diplomacia, Ucrania también ha tenido tiempo para la negociación. Tras su breve encuentro con Donald Trump, en el que el presidente ucraniano alega que recibió promesas de que Ucrania podrá producir munición para los sistemas Patriot, Zelensky explicó que se había producido “una reunión entre nuestro equipo negociador y el equipo negociador del presidente Trump. Tratamos todos los temas que habíamos planteado al presidente Trump”. Teniendo en cuenta las declaraciones de Zelensky esta semana, es probable que Ucrania insistiera en la idea de un paquete invernal de asistencia militar para Ucrania, aumento del suministro de munición antiaérea y alto el fuego en las infraestructuras críticas. Zelensky se refirió también al último viaje de Witkoff y Kushner a Moscú, concretamente al optimismo de los negociadores estadounidenses. “Creemos que Putin está listo”, afirmó el presidente ucraniano citando las palabras de uno de los dos enviados de Trump. “No, estamos cerca”, le respondió uno de ellos, Witkoff y Kushner cuando el presidente ucraniano planteó sus dudas. Mientras el establishment europeo da por hecha una próxima movilización rusa para reclutar a 300.000 soldados e insisten en la posibilidad de ampliación de la guerra, los enviados estadounidenses siguen presagiando imposibles.
Ucrania navega entre ambas corrientes, aplicando la parte del discurso necesaria en cada momento. “Ningún oficial ruso jamás imaginó que el «General Invierno del Ejército», que había luchado del lado de Rusia durante siglos, un día cambiaría de bando y apoyaría a aquellos que se defienden de Rusia. Haremos que eso ocurra este invierno si Rusia continúa atacando nuestro sistema energético y nuestra calefacción. Los ucranianos entendemos que este invierno podría ser muy duro para nosotros. Pero en respuesta, no tendremos más remedio que hacerlo doloroso para Rusia también”, pronunció Zelensky durante su discurso ante la Asamblea General. Horas después, hablaba de la paz exigiendo a Rusia un alto el fuego.
Lo hizo en el gran acto institucional de reafirmación del apoyo occidental a Ucrania organizado por Kaja Kallas. “51 países están unidos hoy en nuestro apoyo a Ucrania en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Desde marzo de 2025, Ucrania acepta un alto el fuego completo, inmediato e incondicional. Hacemos un llamado a Rusia para que finalmente haga lo mismo. Ucrania quiere la paz. Nosotros queremos la paz. Rusia debe detener su agresión, aceptar un alto el fuego e involucrarse de manera significativa en negociaciones hacia una paz integral, justa y duradera de acuerdo con el derecho internacional”, escribió Kallas. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea se refiere al mismo alto el fuego que Macron, Starmer, Merz y Tusk plantearon el fin de semana del 9 de mayo de ese año como ultimátum a Moscú. Ucrania, alegaban, había aceptado el alto el fuego que Estados Unidos proponía como punto de partida de la negociación y exigía a Moscú que hiciera lo propio en las siguientes 48 horas. Era la primera ocasión en la que los aliados europeos de Ucrania ponían una fecha límite a una exigencia que Moscú no iba a aceptar.
La propuesta era entonces, y sigue siendo hoy, completamente transparente. El primer objetivo de las capitales europeas es lograr un tipo de negociación que busque detener el escenario militar, aunque no necesariamente lograr una resolución política al conflicto. Con siete años de experiencia padeciendo esa idea de alto el fuego primero y negociación sin ninguna garantía de éxito después, Rusia no cayó en la trampa. Vladimir Putin contraatacó con una conversación con Donald Trump y la convocatoria de negociaciones directas. Aquel encuentro y las reuniones que se produjeron posteriormente dieron lugar al único momento en el que los negociadores rusos y ucranianos han conversado de forma directa y a solas, un instante al que no se dio continuidad, pero que dejó claro que Medinsky, Arajamia e incluso Budanov son capaces de trascender el lenguaje de la guerra en un diálogo directo. La ausencia de continuidad y la contradicción existente entre la forma de resolución deseada ha hecho inviable cualquier proceso de diálogo, un paso imprescindible en busca de la paz.
El hecho de que la Unión Europea y sus aliados insistan en la idea de alto el fuego sin negociación es una muestra del total desinterés por un proceso que busque resolver las cuestiones políticas que causaron la guerra de Donbass y posteriormente la rusoucraniana. En busca del escenario contrario, Rusia insiste en una negociación con el objetivo de lograr un alto el fuego que esté sustentado sobre un marco político que lo haga viable y dé lugar a un tratado que haga finales, definitivos y claros los términos del acuerdo final. En realidad, ambos bandos han comprendido lo ocurrido durante los años de Minsk y Ucrania aspira a repetir esa experiencia, en la que técnicamente se comprometía a realizar ciertas concesiones que jamás se producirían, mientras que Rusia espera evitar un proceso en el que las promesas se eternicen hasta el incumplimiento.
En esta batalla por imponer el tipo de resolución a la que se aspira, Estados Unidos parece querer acelerar los tiempos y, en cierta forma, habla también en el lenguaje del ultimátum. Según anunció ayer Zelensky, de sus negociaciones con Estados Unidos -y quizá también de las de Witkoff y Kushner con el enviado ruso Kiril Dmitriev, que ha sido visto en Nueva York estos días- ha salido una nueva propuesta para desbloquear el maltrecho proceso de diálogo. La propuesta de Estados Unidos intenta compaginar las exigencias de Ucrania, que siempre ha demandado una reunión a tres, con las de Rusia, que insiste en que la reunión de presidentes ha de ser el último paso y demanda encuentros técnicos. Como ayer informaba Reuters, los negociadores de la Casa Blanca plantean una reunión trilateral a nivel técnico, un paso intermedio entre lo que piden los dos países, pero más cerca de lo que exige Rusia. “Informaremos y analizaremos estos detalles con la parte europea, los estadounidenses hablarán con los rusos y volveremos dentro de 10 días con una nueva perspectiva o con un resultado”, comentó Zelensky, que puede congratularse de haber insertado a la Unión Europea en una negociación en la que siempre ha actuado como obstáculo.
La situación en el frente y en la retaguardia, la insistencia europea en una forma de negociación pensada para no resolver el conflicto político y la voluntad de los dos países en guerra de continuar luchando hasta encontrarse más cerca de lograr sus objetivos hace incierto cualquier intento de negociación. La presión temporal que Estados Unidos quiere aplicar ahora, después de más de un año y medio de fracaso diplomático, es un elemento añadido a un cóctel político, militar y económico que sigue más cerca de la escalada que del alto el fuego.
Comentarios
Aún no hay comentarios.