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Donbass, Donetsk, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Slavyansk y Kramatorsk

En sus declaraciones del fin de semana al foro Yalta European Strategy (YES!), Jared Kushner, encargado junto a Steve Witkoff de la negociación de paz en la guerra rusoucraniana, repitió como marco que maneja Estados Unidos la idea de la retirada ucraniana de la parte de Donbass aún bajo su control como prerrequisito para alcanzar una paz que el yerno de Donald Trump dio por hecha en caso de que se cumpliera esa condición. Teniendo en cuenta que la cuestión territorial es solo uno de los muchos aspectos que debe incluir cualquier propuesta de paz, el optimismo de Kushner es, cuando menos, prematuro. A ello hay que añadir el rotundo rechazo de Ucrania a cualquier cesión territorial, ya sea la aceptación oficial de las pérdidas que ha sufrido -incluida Crimea, que se produjo hace más de doce años y sin que mediara una guerra- o la retirada de su ejército de ciudades que ahora mismo se encuentran bajo su control. Todo indica que nada ha cambiado en el plano diplomático, las partes mantienen sus mismas posiciones y prefieren seguir luchando en lugar de ceder en lo que consideran líneas rojas.

Donbass, especialmente Donetsk -ya que Lugansk se encuentra prácticamente en su integridad bajo control ruso- es una línea roja para ambos países: Ucrania no puede permitirse una retirada y Rusia no puede argumentar que ha ganado la guerra si no logra capturar en su totalidad lo que el 22 de febrero de 2022 reconoció como República Popular de Donetsk y de Lugansk. Es ahí donde se concentra gran parte de la batalla terrestre y donde los drones causan estragos para la población civil. Porque, aunque la guerra aérea se extiende por toda Ucrania y muchas zonas de Rusia, la intensidad y continuidad del uso de drones y aviación en el frente de Donetsk, donde aún hay ciudades ampliamente pobladas, hace casi imposible la vida civil. A la elevada utilización de drones se ha sumado una creciente actividad de la aviación rusa, que, durante los momentos de escasez de munición para las defensas aéreas ucranianas, sobre todo en lo que se refiere a los sistemas Patriot, ha tenido una libertad de la que no ha disfrutado en mucho tiempo. Esto ha facilitado el uso de bombas guiadas, capaces de crear enormes destrozos.

La última reorganización de la gestión del frente ha dado aún más protagonismo a los dos cuerpos de ejército nacidos del movimiento Azov. Mientras el Tercer Cuerpo del Ejército de Ucrania, Azov (Biletsky), ha recibido el encargo de contraatacar en la zona de Krasny Liman, impidiendo el avance ruso en varias direcciones hacia Slavyansk, el Primer Cuerpo de la Guardia Nacional, Azov (Prokopenko), está teniendo muchas más dificultades para contener el avance ruso hacia las ciudades fortaleza del norte de Donetsk. Es ahí donde se prepara lo que puede ser una infernal batalla final por los lugares en los que la guerra comenzó en abril de 2014 y de donde el frente se había alejado con la caída de Slavyansk el primer fin de semana de julio de ese año, cuando la derrota de la RPD y la RPL parecía inminente e inevitable. Nada en guerra lo es y queda mucho para que se resuelva el destino, tanto de Slavyansk-Kramatorsk como del resto de Donetsk. Sin embargo, es ahí donde van a concentrarse los esfuerzos rusos de los próximos meses y donde Ucrania pronto puede verse obligada a decidir si ordena una evacuación masiva de grandes ciudades.

“La situación en Slavyansk y Kramatorsk es ahora tan peligrosa que la policía afirma que es hora de que los civiles abandonen la zona. Estas ciudades vecinas son las más grandes que aún se encuentran bajo control total de Ucrania en la región oriental de Donbass. En las zonas más afectadas, ya han comenzado las evacuaciones forzadas de familias con niños, según afirma Pavlo Dyachenko, de la policía de Donetsk”, explica un reportaje de la BBC publicado esta última semana. “Es la única forma de salvar la vida”, afirma Dyachenko, que añade que “si nos fijamos en Slavyansk, antes solía ser objetivo de las bombas guiadas más o menos una vez a la semana, pero ahora es casi a diario”. Sus palabras confirman sobre el terreno lo que las cuentas de seguimiento diario de la guerra han constatado ya: un creciente uso de la aviación y la intensificación de los ataques rusos contra Slavyansk y Kramatorsk, una forma de desgastar poco a poco las defensas ucranianas y minar las rutas logísticas del ejército ucraniano para tratar de dificultar la acción del ejército ucraniano en toda la zona de operaciones.

Según los datos de la BBC, la cifra de civiles heridos en Slavyansk y Kramatorsk ha pasado de 70 en junio a 221 en agosto, un dato que indica un aumento de la presión militar, aunque no se haya traducido en un incremento similar en el número de víctimas mortales: 16 en junio, 20 en julio y 15 en agosto. El uso de bombas guiadas ha pasado de 40 en junio a 109 en julio y 92 en agosto, lo que indica una mayor facilidad rusa para utilizar esas armas contra las que Ucrania solo puede aspirar a derribar las aeronaves que las portan. Al temor que causan en la población civil las bombas guiadas, que una de las fuentes del artículo califica de “asesinas silenciosas”, hay que añadir el uso intensivo de los drones FPV, cada vez con más autonomía y cuya capacidad de perseguir a su objetivo hasta alcanzarlo es una nueva forma de terror que está causando el desarrollo de esta guerra. Esos pequeños drones, cuya presencia en los cielos de Donbass es masiva y constante, ha provocado la necesidad de buscar alternativas de defensa, que se han concretado en forma de redes que ahora cubren ciudades y carreteras de Donbass con la esperanza de cazar la munición antes de que llegue a su objetivo.

El motivo de la insistencia rusa en Kramatorsk y Slavyansk va más allá del control del territorio en busca de recuperar las dos ciudades en las que comenzó la guerra en 2014. Fortificadas durante años a pesar de encontrarse lejos de la línea del frente, las dos ciudades son el centro desde el que Ucrania ha tratado de controlar Donbass. Kramatorsk es actualmente el lugar en el que Ucrania ha instalado su administración cívico-militar regional, su capital oficiosa ante la pérdida –temporal, según el discurso oficial de Kiev- de la capital del oblast, Donetsk hace más de doce años.

Por su posición, importancia económica y militar y también por el simbolismo de recuperar los lugares desde los que en 2014 se organizó la resistencia contra Ucrania, Rusia insiste en la necesidad de capturar la aglomeración urbana Slavyansk-Kramatorsk. Eso implica terminar de controlar Konstantinovka, donde la presencia ucraniana ya es marginal -si es que persiste-, aunque, en la era de la lucha con drones y las zonas de muerte que se extienden por el frente, eso no indica control absoluto. Tras esa consolidación, Rusia debe aún superar otra ciudad-fortaleza, Druzhovka, para posteriormente acercarse a Slavyansk-Kramatorsk, donde debería esperarse una resistencia feroz por parte de Ucrania, para quien la pérdida de esas ciudades supondría una derrota estratégica.

El artículo de la BBC da credibilidad a la alegación ucraniana de que Vladimir Putin ha dado a sus generales hasta final de este año para conseguir el objetivo de capturar las dos últimas ciudades fortaleza, lo que daría a Moscú el control de facto de todo Donbass. Esa acusación, fruto de la desinformación de la inteligencia ucraniana, se ha repetido a lo largo de los años, siempre sin que hubiera indicios de que Rusia buscara acelerar su avance en la guerra de desgaste. Como en ocasiones anteriores, la fecha límite dada por Ucrania parece ser simplemente un argumento para alegar que Rusia es incapaz de conseguir sus objetivos. La naturaleza de la guerra no ha cambiado y no se espera ninguna modificación en la forma de avanzar en el frente: de forma lenta y sostenida, acercándose y tratando de sitiar las ciudades fortaleza, una forma de luchar que es incompatible con las fechas límite o con la rapidez.

El objetivo ruso es seguir avanzando en Donbass para preparar esa batalla final en un futuro que aún no se siente cercano. Esa captura supondría haber conseguido los objetivos territoriales declarados, por lo que Rusia se encontraría en posición de fuerza para negociar las demás cuestiones que afectan a la guerra, especialmente el aspecto de seguridad. El plan ucraniano es evitar ese escenario y conseguir que se inicie una negociación cuyos términos queden enmarcados en la idea de un alto el fuego que congele el frente y se imponga la solución de seguridad que implica presencia militar occidental en Ucrania. Para ambos países, el control de Donbass es el prerrequisito para poder enfrentarse a la diplomacia con garantías, algo que implica un endurecimiento de la batalla y un empeoramiento de la situación para la población civil de la zona ahora que se prepara la llegada de la temporada de frío.

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