Si la visita del director de la CIA a Moscú tuvo por objetivo abrir una vía de diálogo para reanudar las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, los acontecimientos de las últimas horas no apuntan a la esperanza. El ciclo eterno de venganza mutua ha producido estos días más ataques ucranianos contra refinerías rusas y una espectacular explosión en lo que Kiev admite que se trataba de un arsenal de munición en la zona de Bucha, cercana a la capital. Las explosiones secundarias y la imagen de aparentes misiles saltando por los aires hacía imposible negar que se trataba de un objetivo militar, por lo que la enorme cantidad de víctimas civiles no podía ser achacada solo a la voluntad de Rusia de acabar con la nación ucraniana o hacer el máximo daño a su pueblo, habitual línea argumental del discurso ucraniano.
“El ataque en el distrito de Bucha se produjo en medio de bombardeos aéreos casi constantes por parte de Rusia. Sin embargo, es probable que fueran las municiones almacenadas en el almacén que fue alcanzado las que provocaron consecuencias catastróficas”, escribía el sábado CNN en referencia a las 38 víctimas mortales que causaron las explosiones y el incendio, que se extendió por una zona residencial e incluso una residencia para personas mayores. “El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, se comprometió a castigar a los responsables de permitir que se almacenaran materiales explosivos tan cerca de las viviendas de la población”, continuaba el medio estadounidense.
En una guerra cada vez más total, las fronteras entre lo civil y lo militar son cada vez más difusas, especialmente cuando lo drones y la vigilancia hacen más difícil camuflar las infraestructuras imprescindibles para hacer posible la guerra. Ubicar objetivos militares escondidos en lugares aparentemente civiles no es una excepción, sino que, como han desvelado casi sin querer medios occidentales, es algo que se produce de forma relativamente habitual. “Es una situación espantosa, y ha habido una negligencia atroz por parte de quienes almacenaron materiales explosivos justo al lado de donde vivía la gente”, afirmó Zelensky. El SBU, la inteligencia civil de Ucrania, ha iniciado una investigación para determinar por qué unas instalaciones tan sensibles y que era evidente que iban a convertirse en un objetivo para los drones y misiles rusos se encontraba tan cerca de una zona civil. Es decir, el SBU trata de determinar por qué algo que ocurre de forma regular se ha producido ahora, una forma de justificar que el caso está investigándose y que alguien tendrá que rendir cuentas, pero que no va a cambiar la práctica de intentar esconder este tipo de infraestructuras.
La simbiosis entre guerra y sociedad es algo que se ha generalizado y normalizado entre el estamento militar y político tanto que el exjefe del ejército y actual embajador de Ucrania en el Reino Unido, Valery Zaluzhny, ha declarado recientemente que “la guerra sana a la sociedad. Y este sentido de libertad, este sentido de justicia, este sentido de honestidad se vuelve más accesible y más importante para la gente”. Libertad y honestidad es que el ejército coloque algunos de sus principales arsenales junto a zonas civiles.
Aunque es evidente por el tipo de explosión que se produjo que los drones rusos alcanzaron un almacén que contenía munición, diferentes fuentes apuntan a distintos tipos de armas. Mientras los medios occidentales alegaron que se trataba de armamento antiaéreo, generalmente evitando especular sobre si habían quedado destruidos algunos de los escasos misiles para los sistemas Patriot que Ucrania había recibido estos días, la Federación Rusa afirma haber destruido un arsenal de la empresa Fire Point. Las declaraciones del Kremlin implicarían en ese caso que el objetivo no era destruir las defensas aéreas ucranianas, sino su potencial de ataque, incluidos los misiles Flamingo con los que Ucrania ataca territorio ruso en profundidad. Ambas opciones son coherentes con los intereses de Rusia en este momento, cuando Moscú trata de desgastar al máximo las defensas ucranianas para poder actuar con la libertad con la que incluso su aviación ha podido volar en zonas a las que no había podido acceder desde que se inició su intervención militar. Destruir el armamento de ataque es también un gran objetivo de ambos países, en el caso ruso para evitar la continuación de la campaña de bombardeos contra las refinerías rusas. En cualquier caso, sea un arsenal de armamento de defensa o de ataque, el éxito ruso es significativo teniendo en cuenta la magnitud del incendio y de las explosiones secundarias. Y es previsible que las casi cuatro decenas de víctimas mortales no supongan un punto de inflexión para el alejamiento de los objetivos militares de las zonas civiles.
Como suele ocurrir en momentos en los que hay que admitir una derrota o contratiempo importante, Ucrania se lanzó inmediatamente al ataque en el frente mediático. “Ucrania dispone de información de inteligencia según la cual Rusia está planeando nuevas ofensivas terrestres contra Kiev y Chernigov, al tiempo que Moscú intensifica los ataques con drones contra ciudades ucranianas. Pavlo Palisa, subdirector de la Oficina Presidencial de Ucrania, declaró a los periodistas que los líderes políticos del Kremlin han encargado a los mandos militares rusos que planifiquen y preparen ataques contra ambas ciudades, según la información de inteligencia recibida y verificada por Ucrania”, escribía el sábado Politico, dando por buena la información aportada por Ucrania sin explicar que hacer pasar por información una filtración de la inteligencia es la definición de desinformación. Un ataque hacia Kiev implicaría una cantidad muy elevada de tropas y una movilización de recursos que, como demuestra lo ocurrido en 2022, es imposible de camuflar, por lo que la acusación ucraniana carece en estos momentos de un peligro a corto plazo.
La actuación rusa continúa centrándose en los mismos objetivos y, al menos por el momento, no aspira a modificar la naturaleza de la guerra. Entre los objetivos rusos a corto plazo está la destrucción de la capacidad de exportación marítima, venganza por el intento ucraniano de hacer lo propio en Rusia. Y los bombardeos ucranianos contra el comercio ruso han provocado una respuesta similar. “Rusia ha destruido el 90% de las instalaciones modernas de almacenamiento de Ucrania, dice el ministro. El ministro de Agricultura Taras Vysotsky afirmó que los ataques a la infraestructura logística podrían afectar la variedad de productos disponibles en las tiendas, pero aseguró que no hay riesgo de que los ucranianos se queden sin comida”, escribía el viernes The Kyiv Independent. La guerra aérea se centra en la destrucción mutua de todo aquello que hace posible la vida normal de la población civil. A lo largo del día de ayer, continuaron en Kiev los ataques rusos por cuarta jornada consecutiva, un empeoramiento de la situación de la capital que responde al intento ucraniano de llevar la guerra a Moscú, algo que Kiev no ha conseguido del todo debido a la concentración de las defensas aéreas rusas en la capital.
Además de los bombardeos, Rusia realizó ayer una declaración importante. “De conformidad con las instrucciones recibidas, las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa comenzaron a prepararse para lanzar ataques masivos contra instalaciones energéticas ucranianas como respuesta a los continuos ataques del régimen de Kiev contra la infraestructura civil rusa y las instalaciones de combustible y energía”, escribió en su cuenta oficial de Telegram el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa. La preparación para el invierno es una de las actuales prioridades de Ucrania para impedir que se repita la crisis humanitaria provocada por los ataques rusos contra las infraestructuras críticas ucranianas. El objetivo ucraniano es aumentar sus defensas y reparar al máximo esas instalaciones energéticas, las mismas que ahora amenaza la Federación Rusa, dispuesta a adelantar esa campaña de invierno a finales del verano. La declaración rusa, que se suma a similares palabras ucranianas en referencia a las refinerías, buques y comercio ruso, es la constatación de que ambos bandos han optado por una guerra aérea centrada en el ataque, con el que empeorar al máximo la situación de su enemigo, todo ello a costa del bienestar de la población civil.
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