En el mundo que describe la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Washington ha de abandonar la ilusa idea de buscar la hegemonía y centrarse en proteger sus fronteras, controlar el hemisferio occidental y limitar su actuación exterior a defender sus intereses. Así lo ha reafirmado esta misma semana Elbridge Colby, número 3 del Pentágono y su principal ideólogo, en un discurso pronunciado en Manila, en el que ha insistido en su “estrategia de la negación” como base de la política estadounidense hacia China. El planteamiento de Colby es simple: Estados Unidos no necesita centenares de bases en todo el mundo y solo ha de conseguir negar a cualquier aspirante la capacidad de crear un bloque contrahegemónico que pudiera atacar los intereses de Estados Unidos en las regiones estratégicas del mundo (Asia-Pacífico, Europa y Oriente Medio).
Actualmente, casi todo ello está dirigido a mantener un “equilibrio favorable de poder” en la región en la que Estados Unidos es consciente, como insistió Colby en su discurso, de que va a producirse el grueso del crecimiento económico del futuro: Asia-Pacífico. No se trata únicamente de la contención de China -aunque esa es la principal obsesión del subsecretario de Defensa de Estados Unidos-, sino de garantizar que otras potencias asiáticas no opten por caminos que no resulten de utilidad a Washington. De ahí que Colby mencionara otra vez la importancia de la “primera línea de islas”, ese muro pensado como contención y como amenaza a una China a la que Estados Unidos quiere darle la oportunidad de mantener el statu quo, pero a la que advierte en caso de tratar de avanzar hacia la creación de una integración regional en la que Washington perdería la primacía que ahora se garantiza por medio de una serie de aliados y proxis que se comportan exactamente como se espera de ellos: cumpliendo con su misión de ser los encargados de ejercer de contención de China en nombre de su aliado norteamericano.
“Estados Unidos no se está alejando en absoluto de Asia, más bien al contrario”, insistió Colby en su discurso para negar una vez más la malinterpretación generalizada de la Estrategia de Seguridad Nacional del trumpismo. “Nuestros intereses nacionales vitales dictan nuestra presencia duradera aquí. Lo que los comentaristas suelen malinterpretar como «desvinculación» o «retroceso» es, en realidad, una priorización estratégica disciplinada y necesaria. Estamos sustituyendo el compromiso vacío y meramente simbólico de décadas anteriores por una postura formidable, respaldada por recursos y adaptada a las realidades estructurales reales. No nos vamos; de hecho, nos estamos afianzando para garantizar un equilibrio de poder favorable allí donde más importa”, añadió para destacar que, “contrariamente al alboroto que se ha formado, sin duda alguna se puede cooperar con Estados Unidos; de hecho, se están abriendo nuevas perspectivas para hacerlo. Pero las condiciones de colaboración han cambiado”.
En su estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos proclama no buscar mantener la hegemonía, pero se propone “reclutar, formar, equipar y desplegar el ejército más poderoso, letal y tecnológicamente avanzado del mundo” para proteger sus intereses; contar con “la disuasión nuclear más sólida, creíble y moderna del mundo; tener la “economía más fuerte, dinámica, innovadora y avanzada del mundo”; disponer de “la base industrial más sólida del mundo” y el “sector energético más sólido, productivo e innovador del mundo, capaz no solo de impulsar el crecimiento económico estadounidense, sino también de ser, por derecho propio, una de las principales industrias exportadoras de Estados Unidos”; seguir siendo “el país más avanzado e innovador del mundo en el ámbito científico y tecnológico”; mantener “el inigualable «poder blando» de Estados Unidos, a través del cual ejercemos una influencia positiva en todo el mundo que promueve nuestros intereses” y aboga por “la restauración y revitalización de la salud espiritual y cultural de Estados Unidos, sin la cual la seguridad a largo plazo es imposible. Queremos un Estados Unidos que valore sus glorias pasadas y a sus héroes, y que mire hacia una nueva edad de oro”. Estados Unidos renuncia a la hegemonía, aunque realmente lo hace solo al término, ya que todo aquello que busca puede introducirse en una definición completa de lo que representa. La única diferencia real, como insiste Colby, es el cambio en las condiciones de colaboración, una priorización de que sean los aliados y proxis quienes ejecuten para Estados Unidos la labor de negación de contrahegemonía en las regiones de interés.
Entre ellas destaca, ante todo, Asia-Pacífico, donde a Estados Unidos le interesa la contención de China, mantener a India económica y políticamente alineada con sus posiciones y controlar el flujo de comercio, aspecto para el que son clave posiciones como Malaka, Adén u Ormuz, donde Washington ha probado tanto que su Estrategia de Seguridad Nacional no es ni defensiva ni de repliegue continental como que su fortaleza está lejos de ser la que percibe Donald Trump, que ahora frivoliza con declarar el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos. Irán es también la última excusa utilizada por Washington para poner en práctica ese cambio en las condiciones de colaboración, algo que afecta especialmente a los países europeos.
Al contrario que los aliados y colaboradores asiáticos, que han aumentado sus presupuestos militares y su militarización sin necesidad de recibir órdenes de Washington y que han sido mucho más receptivos ante las peticiones de Estados Unidos -Japón fue mucho más amable que los países europeos cuando Estados Unidos anunció que participaría en una operación de reapertura de Ormuz que solo existió en la cabeza de Donald Trump e India ni siquiera protestó cuando Washington torpedeó una fragata iraní desarmada que regresaba a casa después de un ejercicio conjunto la que había sido invitada por el Gobierno indio-, los países europeos se han visto recientemente en el blanco de las críticas de Donald Trump.
Estados Unidos sigue manteniendo intereses en Europa, entre ellos los minerales y materias primas que aspira a extraer en Ucrania, pero también las bases militares en el territorio, absolutamente claves en el puente aéreo necesario para las aventuras imperiales de Washington en zonas de África, sobre todo, en Oriente Medio. Sin embargo, a instancias del sector más cercano a los halcones antichinos de Elbridge Colby, el objetivo es reducir costes en el viejo continente y redirigir a Asia -es decir, contra China- una parte importante de los recursos de los que Estados Unidos dispone. Y es ahí donde entra en juego ese nuevo contrato de colaboración al que se refería Colby y que ya parecen haber recibido los aliados europeos de la OTAN. “Estados Unidos presiona a sus aliados para que demuestren lealtad ideológica ante la reducción de efectivos”, titula esta semana Bloomberg en un artículo de la periodista Andrea Palasciano en el que se detalla el cuestionario enviado por Estados Unidos a los aliados europeos para probar su compromiso con Estados Unidos a base de una autorreflexión sobre qué han hecho por Washington en los últimos tiempos.
“Estados Unidos quiere saber hasta qué punto cada aliado de la OTAN es leal a las políticas de Donald Trump antes de reducir los recursos militares destinados a la defensa de la alianza. En un documento enviado recientemente a los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y al que ha tenido acceso Bloomberg News, Estados Unidos plantea una serie de preguntas destinadas a evaluar el apoyo al enfoque del presidente”, continúa el artículo. En su perfil de redes sociales, la periodista detallaba algunas de las cuestiones sobre las que Washington exige a sus aliados que reflexionen. “Estados Unidos pregunta a sus aliados si han sido «públicamente solidarios» con la política exterior de Estados Unidos, incluida en Oriente Medio si han restringido el uso de bases militares de Estados Unidos, si están gastando dinero con empresas de defensa de Estados Unidos cuál es su postura sobre políticas de made in Europe”.
Ese es el verdadero contrato social del mundo de la Estrategia Nacional de un Estados Unidos que renuncia a la hegemonía, pero quiere tener todas las características que la definen; que afirma que solo intervendrá en el exterior únicamente para defender sus intereses, pero que encuentra intereses en todo el mundo y que en lugar de aliados desea siervos que han de autoevaluarse para determinar si han sido suficientemente generosos con el jefe americano. Como muestran las preguntas del cuestionario, Estados Unidos espera de sus países aliados, a los que trata como proxis en su estrategia de contener la existencia de cualquier bloque de países que pudiera retar su hegemonía regional, una lealtad absoluta, apoyo incondicional en sus guerras de agresión, esas que han de financiar a base de priorizar la compra de armamento estadounidense en lugar de potenciar su propia producción.
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