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Armas, Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Sanciones, Ucrania

Exigencias imposibles

Septiembre es, cada año, un mes importante para la diplomacia, que se reúne en Nueva York para su semana grande de la Asamblea General de Naciones Unidas. Con la ONU totalmente desaparecida de la resolución de conflictos, capaz de privatizar la cuestión de Gaza para dejarla en manos de la Junta de Paz de Donald Trump y sin ninguna capacidad de fomentar la búsqueda de una solución negociada que ponga final a la guerra de Ucrania, el evento se ha convertido en un gran escaparate en el que los países tratan de colocar su mensaje ante la atención mediática mundial. Para Ucrania, esa semana de finales de septiembre es el escenario en el que recuperar el protagonismo perdido frente a otros conflictos mundiales, especialmente la guerra de Irán, que le ha arrebatado tanto la centralidad geopolítica a la que Kiev se había acostumbrado, como los interceptores que Zelensky sigue exigiendo.

El equipo de Zelensky prepara ya el terreno para esos días de septiembre con los viajes previos que está realizando el presidente ucraniano estos días. El objetivo es conseguir lo mismo que logró el año pasado, la imagen de un encuentro con Donald Trump, convencerle de apoyar la versión ucraniana del proceso diplomático y arrancar a su homólogo estadounidense el compromiso de entrega de enormes cantidades de misiles para la defensa aérea de Ucrania. Kiev ha puesto en marcha ya todo su arsenal negociador y mediático para garantizarse esa reunión y llegar a ella en las mejores condiciones posibles. Según ha explicado en una entrevista concedida a DW, Zelensky desea recibir entre 100 y 120 misiles para los sistemas Patriot al mes para los próximos meses. Sin haber conseguido el paquete invernal de 300 que exigió hace unas semanas, Ucrania pide ahora todavía más. Lo hace después de que, en una sola noche, Estados Unidos y Jordania utilizaran un centenar de misiles PAC-3 para defender las instalaciones militares norteamericanas frente a los misiles iraníes, lo que recuerda que el uso intensivo de estas armas ha provocado escasez en los arsenales y sugiere que será a esos países del Golfo donde se destinen las existencias y los nuevos misiles fabricados.

En su gran capacidad de presentar su lista de la compra como un derecho natural, Zelensky intenta hacer parecer su oferta como una ganga. Rusia, argumentó Zelensky, produce alrededor de 140 misiles balísticos al mes. Según la doctrina de la OTAN, es preciso que la cantidad de interceptores disponibles duplique la de misiles, por lo que Ucrania merecería 280 misiles PAC-3 al mes, lo que supondría la cuarta parte de las existencias que se estima que Estados Unidos dispone en sus arsenales. “¿Estarán los estadounidenses dispuestos a proporcionarnos algo de sus reservas? No lo sé. Ya veremos”, declaró Zelensky a pesar de que Estados Unidos ha dejado claras sus prioridades en lo que respecta a los interceptores. Ucrania no solo se niega a aceptar un no por respuesta, sino que exige cada vez imposibles más alocados, todo ello ante el temor de lo que puede ocurrir este invierno, al que Kiev puede enfrentarse a la mayor capacidad balística rusa con escasez de interceptores.

Aun así, Ucrania presenta su debilidad desde la fortaleza. Las condiciones que exige a sus aliados precisan de unas promesas de victoria que, aunque nunca se cumplan, justifiquen el exceso de gasto y el constante aumento de las exigencias, muchas veces más allá de lo razonable. “Ucrania es capaz de responder a las operaciones de Rusia, cualquier operación. Rusia sabe que, si atacan, y se están preparando para atacar nuestro sistema energético en invierno, Rusia recibirá lo mismo a cambio. Si nos causan apagones, intentaremos responder de manera digna”, afirmó Zelensky con una amenaza vacía. Las últimas semanas han demostrado la capacidad de Ucrania de hacer daño a Rusia, pero también sus límites y han puesto de manifiesto una realidad incómoda: Moscú mantiene una muy superior capacidad de causar daños a Ucrania.

Con los objetivos centrados en la cuestión militar, Ucrania trata de utilizar la oferta de diplomacia como contrapunto a las exigencias militares. Zelensky quiere llegar a su reunión con Donald Trump habiendo logrado que el presidente de Estados Unidos deje de verle como un obstáculo a la paz, algo que pasa por insistir en los aspectos en los que está de acuerdo con la Casa Blanca. Es el caso de la falsa percepción del líder estadounidense de que una reunión entre presidentes puede desbloquear las negociaciones. En sus declaraciones de ayer, Zelensky afirmó que aceptaría reunirse con Vladimir Putin en la reunión del G20 en Miami a finales de año si el presidente ruso acude al foro, una institución de la que Ucrania no forma parte, pero al que es invitada como privilegio de estar actuando de proxy occidental en la guerra común contra Rusia. Nuevamente, Zelensky presenta una exigencia como un gesto de generosidad de Ucrania, dispuesta a reunirse con Vladimir Putin, siempre con la presencia y el apoyo de sus aliados occidentales, cuya labor es imponer al Kremlin un tipo de resolución muy determinado, que Rusia ha dejado claro que no está dispuesta a considerar. Increíblemente, el argumento de Ucrania para convencer a Moscú de que ha de negociar en las condiciones que Kiev le ofrece siguen siendo las mismas cifras cocinadas por la inteligencia ucraniana que lleva meses utilizando como argumento para alegar que Rusia se encuentra al borde del colapso. “Ucrania ahora es mucho más fuerte que el año pasado en el campo de batalla. Rusia pierde, sabes, más de 30.000 personas por mes. Y este es un precio muy alto por unos avances tan lentos en el campo de batalla. Por eso pensamos que ahora tenemos una buena posición para las negociaciones”, alegó Zelensky pese a que sus plegarias de armamento y financiación denotan una evidente debilidad que Kiev solo puede compensar con mayor apoyo de sus aliados tanto en lo militar como en la diplomacia.

Ucrania aspira a celebrar una reunión a tres en la que se repita el escenario del formato Normandía, en el que aspiraba a obligar a Rusia a aceptar una resolución de la guerra de Donbass equivalente a la rendición unilateral. El objetivo siempre es el mismo: un alto el fuego y un acuerdo que Kiev consideraría temporal y en el que no tendría que renunciar oficialmente a nada de lo perdido ni a la adhesión a la OTAN, un escenario inaceptable para Moscú, consciente de que implicaría también el mantenimiento de las sanciones y de la importancia de Ucrania como proxy contra Rusia.

Consolidar esa idea es otra de las tareas que Ucrania se ha planteado para este momento tan importante de la guerra. Apoyar militar y diplomáticamente a Ucrania no es, como insistió la semana pasada Radek Sikorski, un acto de caridad, sino una necesidad. Yendo un paso más allá, Zekensky presenta a su país prácticamente como el futuro de Europa. “Ucrania puede brindar no menos seguridad en el futuro de la que Europa brinda a Ucrania hoy,  por medio de nuestra experiencia y tecnologías militares. Ucrania no está pidiendo a alguien que le permita convertirse en miembro de la UE. La UE comprende la necesidad de que Ucrania esté en la UE en términos de igualdad, porque Ucrania aporta su propio tipo de inversión a la UE, inversión en la seguridad de la Unión Europea. Me alegra que el estatus de Ucrania haya cambiado: de ser un país que pide ayuda, a convertirse en socios iguales”, insistió el presidente ucraniano en sus declaraciones a DW con un argumento que periódicamente aplica también a la OTAN. Ucrania será imprescindible en el futuro, por lo que actualmente es una obligación que Kiev reciba lo que pide para poder cumplir con su misión de detener a Rusia para, según su discurso, salvar al continente.

Para ello, Ucrania no necesita solo la entrega prioritaria y masiva de armas y privilegios políticos de adhesión a la UE pese a no cumplir con las exigencias que sí se demanda a otros candidatos, sino que precisa también de una política de sanciones aún más dura que la que se está implementando desde hace cuatro años. “A veces no entiendo por qué es tan difícil tomar decisiones rápidamente. Porque durante una guerra, es mejor tomar a veces una decisión imperfecta que no hacer nada”, afirmó Zelensky, tras cuatro años del régimen de sanciones más duro del mundo en este momento. Nada es suficiente y lo insuficiente es comparable a no hacer nada. Con esa máxima, Ucrania aspira a conseguir más armas y financiación para Kiev y sanciones contra Rusia, una constante que se repite cada año y que no va a ser diferente en esta ocasión.

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