Por enésima ocasión, Steve Witkoff y Jared Kushner han iniciado contactos para reanudar el proceso de diálogo con el que aspiran a lograr el final de la guerra rusoucraniana. Primero en Moscú y posteriormente en Kiev, los negociadores de cabecera del trumpismo han querido insistir en la necesidad de lograr la paz, esa para la que en más de un año y medio no han conseguido ningún avance. Es más, la mediación estadounidense no ha sido capaz aún de desarrollar una hoja de ruta que plantee los puntos a tratar y sobre la que las partes pudieran iniciar una negociación. “La calidad de la mediación y la confianza depositada en quienes la llevan a cabo son, por supuesto, muy importantes”, afirmó el sábado en la reunión en la capital rusa Vladimir Putin, con una obviedad que no puede esconder que la carencia de una mediación competente es uno de los motivos por los que la diplomacia estadounidense no ha avanzado en absoluto hacia una resolución en todo este tiempo. “Quiero decirles que nos sentimos cómodos trabajando con ustedes, y que el nivel de confianza de nuestra parte a lo largo de todo este proceso es bastante alto”, continuó Vladimir Putin con unas palabras que muestran más la voluntad de Rusia de llegar a un acuerdo con Estados Unidos, que la posibilidad real de que la mediación Witkoff-Kushner vaya a lograr resultados tangibles.
Hasta ahora, el planteamiento estadounidense se ha basado en una doble negociación en la que los dos enviados -ahora Kushner y Witkoff, antes Kellogg y Witkoff- viajan a las dos capitales para dar y recibir buenas palabras e insistir en las grandes posibilidades que acarrearía la paz. Todo ello sin llegar nunca a una verdadera negociación política en la que poner sobre la mesa los términos con los que lograr un alto el fuego sostenible y un marco legal capaz de mantenerlo. La visita de Witkoff y Kushner supone, ante todo, el contrapunto a la reciente visita de John Ratcliffe a Moscú. «Cuando nos retiremos, tendremos todas estas increíbles historias y recuerdos, y la tuya estará justo en la cima de todo», afirmó Steve Witkoff a Vladimir Putin, mostrando una falsa cercanía, que no está basada en una relación real, pero que busca crear confianza. Esa ha sido siempre la estrategia de Witkoff, ofrecer buenos gestos, adaptarse a las circunstancias sin imponer sus formas e incluso aceptar utilizar los traductores del Kremlin en lugar de los de la Embajada. La estrategia de poli bueno, poli malo es la caótica forma con la que el trumpismo tiene de relacionarse tanto con aliados como con enemigos, pasando rápidamente de los halagos a las amenazas. Hace apenas unos días, John Ratcliffe llegó a Moscú para presentar a Vladimir Putin una visión catastrofista de la situación en el frente a modo de amenaza a Rusia. Pese a que pudo verse el convoy del director de la CIA por el centro de Moscú, Ratcliffe no fue recibido en el Kremlin, probablemente ante el desinterés de Vladimir Putin de recibir un mensaje cuyos términos se parecen tanto a la propaganda de guerra ucraniana.
La visita del sábado transcurrió de forma diferente, aunque con un resultado parecido. Rusia ha soportado estoicamente las amenazas estadounidenses de estos años: la entrega de armas a Ucrania, el permiso de su uso en territorio ruso, las sanciones, los perpetuos anuncios de sanciones secundarias a los clientes del sector energético ruso y, más recientemente, el apoyo activo de Estados Unidos en los ataques ucranianos contra las refinerías y otras infraestructuras petrolíferas rusas. De la misma forma, el Kremlin acepta los halagos de Witkoff y la aparente buena sintonía entre el presidente ruso y el principal negociador de Trump. “La reunión duró más de tres horas; o, para ser más exactos, tres horas y diez minutos. Fue una reunión sustantiva, constructiva, extremadamente franca y marcada por la confianza”, afirmó Yuri Ushakov, asesor de política exterior del presidente ruso. Sus palabras son similares a las que el Kremlin ha utilizado para informar de otras reuniones con Steve Witkoff, un proceso que siempre ha terminado de la misma manera, con la continuación de unas conversaciones que nunca dan lugar a propuestas concretas y realistas sobre las que sostener la diplomacia. “Ha sido su octava visita a nuestro país. Los representantes estadounidenses fueron recibidos por el presidente Vladimir Putin y, al comienzo mismo de la reunión, este elogió públicamente este canal de negociación indirecto y el papel de los negociadores estadounidenses”, destacó Ushakov. Nada indica que esta octava visita vaya a dar un resultado muy diferente.
Sin embargo, en esta ocasión, sí hay un detalle destacable, ya que, a la visita a Moscú ha seguido una a Kiev, la primera de Witkoff a la capital ucraniana para un encuentro que Volodymyr Zelensky llevaba meses exigiendo. Witkoff y Kushner fueron recibidos por el presidente ucraniano en Kiev frente a los retratos de los soldados caídos en el frente, concretamente los homenajes a los miembros de Azov que se refugiaron en Azovstal, un simbolismo claramente buscado por Ucrania. El cese del general Kellogg -ahora lobista a tiempo completo- como enviado de Trump para Ucrania había dejado a Zelensky ante la necesidad de lidiar solo con Steve Witkoff, cuyas conexiones empresariales y actitud hacia el presidente ruso resultaban preocupantes para Ucrania. Witkoff es, sin duda, el más prorruso de los representantes del trumpismo, algo que, hasta hace unos meses, se compensaba con la figura de Kellogg, el más proucraniano de los entonces enviados de Estados Unidos.
Witkoff y Kushner llegaron a Ucrania en tren y no en avión como se había previsto. El aterrizaje del amigo de los negocios y el yerno de Trump a Kiev habría supuesto el primer vuelo civil desde que, en febrero de 2022, la aviación civil ucraniana quedara suspendida por la guerra. Ayer, Volodymyr Zelensky achacaba ese cambio de última hora a Vladimir Putin e insistía en que los aeropuertos ucranianos estaban preparados. La realidad es que realizar un vuelo sobre el espacio aéreo ucraniano con garantías requiere de un alto el fuego completo, que no es lo que se ha pactado estos días. En su reunión en el Kremlin, Witkoff destacó la buena voluntad de Rusia para acordar un alto el fuego en las dos capitales. “Recibimos esta propuesta a través de canales oficiales, a través de los servicios de inteligencia y a través del Ministerio de Asuntos Exteriores. Para cesar los ataques en Kiev. Di la orden correspondiente, y a partir de las 00:00 de hoy, no se han llevado a cabo ataques en Kiev. Me gustaría señalar que el lado ucraniano también ha reducido significativamente los ataques en el territorio de la Federación Rusa, incluyendo en Moscú. Las autoridades ucranianas publicaron su propio llamado a un alto al fuego más amplio de tres días. Pero nunca estuvimos de acuerdo en eso con ellos. Pero haremos todo lo que esté a nuestro alcance para garantizar la seguridad del proceso de negociación y de los mediadores, incluidos usted y quizás aquellos que lo acompañan”, respondió Vladimir Putin, dejando clara cuál es la postura rusa, que no ha cambiado en los últimos meses.
Como Ucrania admite abiertamente y como han declarado también Donald Trump y Marco Rubio, el endurecimiento de la guerra aérea ucraniana contra el territorio ruso -con el permiso, apoyo y participación de Occidente- respondía a la táctica de escalar para desescalar, es decir, empeorar al máximo la situación para obligar al otro lado a negociar con un menor margen de maniobra. El primer objetivo de Ucrania es que Rusia tenga que aceptar el alto el fuego como prerrequisito para una futura negociación que partiera desde la base de la línea del frente actual, una opción que recuerda en exceso a los acuerdos de Minsk, que no resolvería las cuestiones políticas de la guerra y en la que Moscú no podría confiar en que los términos fueran a cumplirse. La negativa rusa a una tregua más allá del respeto a las dos capitales durante la visita de los enviados estadounidenses indica que el Kremlin sigue firme en sus exigencias. Lo mismo muestra el mensaje que Yuri Ushankov ha trasladado a la prensa. En su resumen de la reunión, el asesor del presidente ruso afirmó en que Vladimir Putin había reafirmado la voluntad de Rusia de continuar luchando en busca de sus objetivos y por una resolución de la guerra que trate sus causas fundamentales. En otras palabras, la parte rusa sigue firme en su idea de no aceptar un cierre en falso que suponga el final del enfrentamiento actual, pero que no dé lugar a un tratado en el que queden claras unas condiciones de paz y de seguridad posteriores al cese de las armas.
Ese escenario que Rusia trata de evitar a toda costa es el que buscan por todos los medios posibles los países europeos, presentes en Kiev para apoyar a Ucrania en su negociación con Witkoff y Kushner. Si la relación Rusia-Ucrania y las exigencias incompatibles de las partes para aceptar un proceso de resolución de la guerra son complicadas, la situación empeora aún más cuando se introduce el factor europeo, como Kiev ha hecho ya con la presencia de representantes de Francia, Alemania y el Reino Unido en sus conversaciones con Estados Unidos. Desde el punto de vista de las capitales europeas, la obligación de readmitir a Rusia como un país más en las relaciones internacionales occidentales supondría una derrota estratégica en su intento de aprovechar la guerra de Ucrania para derrotar militar, económica y políticamente a un enemigo histórico.
En estas circunstancias, cualquier un avance diplomático de los contactos de Witkoff y Kushner en Kiev y Moscú sería una sorpresa.
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