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Armas, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

«Historia de la guerra»

“Coordinamos nuestro trabajo diplomático para las próximas semanas. Tres prioridades clave son la financiación de la defensa de Ucrania, nuestras operaciones de largo alcance y ataques de medio alcance; energía y preparativos para el invierno; y la implementación completa de los programas sociales necesarios en Ucrania, así como el apoyo a la actividad económica”, anunció ayer Volodymyr Zelensky en referencia a su reunión con el primer ministro Koretsky, cuya labor se centra en obtener financiación, conseguir más armas y preparar al país para un invierno que se presenta incluso más dramático que el anterior. “Para cubrir el déficit de financiación de la defensa de Ucrania y las necesidades energéticas, desarrollar aún más los programas sociales y apoyar la actividad empresarial ucraniana en esta etapa de la guerra, debemos aprovechar cada oportunidad posible para cooperar con nuestros socios. No se debe perder ninguna oportunidad. Esto es principalmente una tarea para los Ministerios de Asuntos Exteriores, Defensa, Finanzas, Energía y Economía de Ucrania. Necesitamos resultados reales”, añadió. La situación de Ucrania es cada vez más complicada a raíz del desgaste que la guerra supone para la población, la acumulación de daños y la actual escalada aérea, centrada no solo en objetivos militares sino también en los civiles (gasolineras, comercio naval, supermercados, etc. en ambos países) y Kiev busca soluciones.

Generalmente, los problemas de Ucrania se simplifican para resaltar que todo tiene una solución sencilla que suele reducirse a exigir un aumento de la contribución de los países aliados y exigir apoyo para la puesta en marcha de producción propia. Sin embargo, existe también una variante para solicitar financiación que se ofrece con una contrapartida: el acceso al laboratorio ucraniano, tan útil actualmente a la hora de preparar los ejércitos del futuro para librar el tipo de guerra moderna que está naciendo y creciendo en la frontera rusoucraniana y en la retaguardia de los dos países. Para ello, cualquier ayuda es buena y se acepta incluso la colaboración de aquellas figuras que han sido cesadas y desplazadas, entre otras cosas, ante el riesgo de que se convirtieran en demasiado poderosas. Como recogía el domingo Financial Times en una entrevista, el recién cesado ministro de Defensa Mijailo Fedorov aspira a ser la figura que logre una mucho mayor implicación de los países occidentales en la industria ucraniana.

Hace unos días, cuando su exigencia de avanzar hacia un proceso electoral caía en saco roto e incluso la misma oposición que aspira a liderar le insistía en que no se dan las condiciones mínimas para celebrar unos comicios, Fedorov acudió a la prensa para dar la voz de alarma. El conflicto, afirmaba, se encuentra en un punto de inflexión que no está produciéndose en términos favorables a Ucrania que “poco a poco”, está perdiendo la guerra. Sus palabras se unen a las advertencias lanzadas por otros miembros del establishment de producción militar, especialmente de drones, que alertan de la carencia de innovación tecnológica. «Fedorov dijo en invierno que había que hacer drones contra los Shahed a reacción, porque ahora los alcanzamos, pero en seis meses no podremos alcanzarlos. Han pasado seis meses: no los alcanzamos. ¿Quién hizo algo? Nadie hizo nada», ha declarado recientemente Oleksiy Babenko, CEO de Viriy, una de las principales start-ups dedicadas a la fabricación de los drones FPV que actualmente saturan el frente y hacen de regiones enteras zonas de muerte en las que el peligro puede aparecer en cualquier momento. El objetivo de este tipo de declaraciones es elevar el riesgo de derrota y alertar de una situación cuya gravedad se exagera para posteriormente presentarse como la persona que va a rescatar al país de una catástrofe acechante.

“El exministro de Defensa de Ucrania, Mijailo Fedorov, busca inversión estadounidense para un fondo de tecnología de defensa con el que espera escribir una «nueva historia» de la guerra contra Rusia mediante la creación y gestión de empresas dedicadas al desarrollo de nuevas armas”, escribía el domingo Financial Times, que explicaba que ese “instrumento iría más allá de un fondo de capital riesgo convencional, ya que podría crear empresas por sí mismo, además de invertir en start-ups ucranianas ya existentes, afirmó. Utilizaría capital occidental para desarrollar tecnologías fundamentales para la capacidad de Ucrania de resistir la invasión en curso de Rusia”. “No se trata exactamente de un fondo de capital riesgo al uso”, afirma Fedorov en el artículo para sentenciar que “estamos escribiendo una nueva historia de la guerra”.

Fedorov, que la semana pasada anunció que ha aceptado un puesto de asesor del Ministerio de Defensa de Italia para la modernización de su ejército, aspira a mantener una presencia pública y, sobre todo, preservar su influencia. El modus operandi de Fedorov es sencillo: reducir todos los problemas a retos que pueden solucionarse a base de tecnología. El punto de vista del exministro ucraniano está perfectamente alineado con la visión del mundo de las grandes tecnológicas de Silicon Valley, con las que mantiene una excelente relación y algunas de las cuales le han ofrecido ya unirse a sus filas. Por el momento, Fedorov ha rechazado sumarse a empresas como Palantir, con cuyo director ejecutivo tiene buena sintonía y comunicación directa. Es probable que las aspiraciones políticas que Fedorov ha sugerido estas últimas semanas hagan más factible un papel como el que está eligiendo ahora, siguiendo el ejemplo de los hijos de Donald Trump. La idea de los fondos de capital, que es exactamente lo que Fedorov está planteando, permite contar con una presencia pública, participar en el desarrollo de esas armas del futuro que el exministro opina que puede cambiar la historia de la guerra, y ganar mucho dinero. Como muestra el aumento de la riqueza de Donald Jr. y Eric Trump, invertir en empresas que se dedican al desarrollo de armas como los drones es tremendamente lucrativo ahora que se presentan como las armas milagrosas del futuro.

“Fedorov se negó a comentar si se reuniría con algún miembro de la Administración Trump durante su estancia en Washington, pero afirmó que estaría «encantado de ayudar a Estados Unidos a crear un ejército de drones, especialmente a cambio de misiles Patriot para que podamos sobrevivir este invierno»”, continúa el artículo de Financial Times, que introduce la pregunta de cuál ha de ser el papel de Washington. Evidentemente, el sector privado estadounidense es imprescindible para la creación de un fondo como el que espera crear Fedorov, ya que es ahí donde el exministro tendría que obtener la financiación para iniciarlo. Pero es el Estado el que toma las decisiones sobre qué se puede hacer con las armas y cuántas de ellas pueden ser enviadas a Ucrania. Esté produciéndose de forma coordinada con el presidente ucraniano que recientemente le cesó o no, lo que ahora plantea Fedorov es exactamente lo mismo que busca Zelensky: la colaboración público-privada de Estados Unidos para el desarrollo de drones y otras armas tecnológicamente avanzadas y cambiar el sentido de esta guerra.

La guerra ha dado a Ucrania una prisa de la que carecen otros países. Todo es más urgente cuando ha de ser rápidamente enviado al frente para compensar la inferioridad de recursos humanos y materiales con respecto a su oponente. Aunque hasta ahora no ha dado el resultado prometido, la tecnología es para Ucrania el salvavidas al que se agarra en cada momento en el que necesita una dosis de esperanza con la que prever una pronta victoria que no llega y animar así a sus aliados a invertir un poco más en el sector militar ucraniano a cambio de acceso privilegiado al laboratorio ucraniano. Los países europeos y Estados Unidos cuentan en Ucrania con un entorno ideal en el que testar sus armas en situación de combate de alta intensidad, contra las defensas de una potencia militar a la que históricamente ha considerado enemiga y está libre de cualquier reproche. Para Kiev es más importante contar con esa presencia extranjera, que aumenta el nivel de implicación de sus aliados, que exigir resultados inmediatos. El acceso a ese campo de pruebas que es la guerra es el principal reclamo para exigir armas se hayan experimentado lo suficiente o no y también para conseguir financiación para fondos de capital de riesgo con los que lucrarse del protagonismo obtenido en la contienda. En guerra, aún más que en paz, las aspiraciones políticas y el beneficio económico son el principal argumento tanto para los gobiernos como para quienes ya no forman parte de ellos

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