“Los aliados solían preocuparse por si América lo haría. Ahora, amigos y enemigos se preguntan si América puede”, escribió ayer el periodista de The Wall Street Journal Yaroslav Trofimov para presentar su artículo sobre el temor de los aliados de Estados Unidos a una situación en la que necesitaran que Washington interviniera en su apoyo ante una amenaza inminente. No se trata ya de si Donald Trump tendría la voluntad de cumplir con sus obligaciones con la OTAN o de respetar las clausulas de seguridad mutua en tratados bilaterales, sino de las dificultades que sufriría aunque deseara hacerlo. “La escasez mundial de interceptores de misiles balísticos —en particular, los Patriot— y la incapacidad de los fabricantes estadounidenses para aumentar drásticamente la producción se han convertido en el talón de Aquiles de todo el mundo libre y sus aliados”, escribe Trofimov en el artículo, firmemente anclado en la mentalidad de la Guerra Fría, cuando la lógica de la división entre buenos y malos, capitalistas y socialistas, libertad y comunismo era ya una simplificación infantil de la realidad política y geopolítica.
“Existe ahora el riesgo de que se produzca una crisis aguda en diferentes escenarios provocada por la escasez de interceptores y de sistemas de defensa antimisiles”, afirma el académico y exasesor de seguridad de varios primeros ministros británicos John Bew, que destaca, ante todo, la situación en el Golfo Pérsico. Con un alto el fuego técnicamente en vigor a pesar de que hayan expirado los 60 días en los que el Memorando de Entendimiento preveía para la negociación de un acuerdo final entre Irán y Estados Unidos, el riesgo de reanudación de las hostilidades activas perdura e incluso aumenta con las amenazas de guerra económica total que Estados Unidos planteó el jueves a Irán. “Vamos a tener las sanciones más duras de la historia, y les digo, esto va a funcionar. Funcionó en Venezuela una vez que impusimos el bloqueo. Está funcionando en Cuba en este momento, y va a funcionar en Irán, y vamos a colapsar este régimen”, afirmó el jueves en una aparición en Fox News el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent.
Las medidas que anticipa no se dirigen solo contra Irán, para quien se prepara la versión moderna de un sitio medieval, sino contra todo país que mantenga relaciones económicas de cualquier tipo -incluso de comercio de bienes no sancionables- con Irán, una situación que hace prácticamente inevitable una tercera oleada de guerra. La experiencia de las dos guerras que se han producido hasta ahora y en las que Irán ha ido aumentando el nivel de su respuesta para ampliar el espectro de sus ataques apunta a una necesidad aún mayor de sistemas de defensa aérea, lo que supone un reto aún mayor para los arsenales de esos países y de su principal proveedor, Estados Unidos.
Posiblemente, el país más perjudicado por esa dificultad de producción de la munición para sistemas antiaéreos como los Patriot es Ucrania, que hace dos meses decidió elevar la apuesta, escalar la guerra aérea y exponerse a la respuesta rusa con la esperanza de que los resultados de los bombardeos rusos convencerían a sus aliados de que ha de tener preferencia a la hora de recibir los excedentes de las reservas -cada vez menores- y los nuevos misiles producidos. La evidencia muestra que el equipo de Zelensky no ha calculado correctamente cuál sería la reacción de sus aliados, que han reafirmado su voluntad de apoyar a Ucrania mientras sea necesario, han prometido las sanciones más duras que se hayan visto hasta ahora e insisten en que continuarán financiando el esfuerzo bélico ucraniano. Según Zelensky, Estados Unidos, que no ha confirmado ningún acuerdo, se ha comprometido a enviar mensualmente misiles para los sistemas Patriot. Sin embargo, las facilidades con las que los misiles balísticos rusos están impactando en sus objetivos en Kiev y otras ciudades de Ucrania y el hecho de que el mando ucraniano haya dejado de dar datos sobre la cantidad de misiles rusos y la tasa de interceptación muestran que la escasez de munición para la defensa aérea es real y posiblemente empeore en caso de reanudación de las hostilidades en Oriente Medio o si la guerra se prolonga más allá de este año, tal y como esperan todas las partes implicadas.
La actual realidad, en la que se suman las dificultades para obtener la cantidad de misiles para los sistemas Patriot que Kiev desearía para hacer frente a la respuesta rusa a la escalada aérea ucraniana ha obligado al Gobierno de Zelensky a buscar alternativas. El intento ucraniano de destruir la economía rusa destruyendo su comercio electrónico ha terminado con el comercio ucraniano saltando por los aires; los ataques contra buques que navegaban hacia puertos rusos han causado una respuesta que ha detenido las exportaciones marítimas ucranianas y los bombardeos con drones contra Moscú han tenido como consecuencia una situación cada vez más peligrosa en Kiev. Sin embargo, sin defensa posible, la opción de Ucrania es continuar atacando y hacerlo de una forma más decisiva. Encontrar la forma de escalar la guerra de forma que resulte inaceptable para Rusia es, desde hace meses, la obsesión ucraniana. Así lo narra en un artículo publicado esta semana por The Atlantic, en el que detalla la idea estrella que el recién cesado ministro de Defensa Mijailo Fedorov presentó a Volodymyr Zelensky como herramienta para conseguir que la oligarquía rusa obligara a Vladimir Putin a detener la guerra.
La idea planteada por Fedorov es simple: empeorar hasta casi el infinito lo que Ucrania lleva meses haciendo, lanzar enormes enjambres de drones para dificultar la vida civil en la Federación Rusa. Ya en el verano de 2025, Ucrania se ensañó con los aeropuertos rusos con el objetivo de poner en peligro la aviación civil, detener el tránsito aéreo y arruinar la industria del turismo no solo en Crimea, donde lleva siendo una obsesión desde 2022. Hasta ahora, los cierres de aeropuertos han sido puntuales, algo que Fedorov aspiraba a cambiar.
“A principios de este año, las autoridades ucranianas se dirigieron al presidente Volodymyr Zelensky con un nuevo y arriesgado plan para poner fin a la guerra con Rusia. Este plan implicaría ampliar su campaña de bombardeos para incluir una serie de objetivos y un tipo de armas que habían evitado durante mucho tiempo. Además de los ataques que Ucrania está llevando a cabo contra bases militares rusas, refinerías de petróleo, líneas de suministro y centros logísticos, los responsables querían lanzar oleadas de drones dotados de inteligencia artificial contra los aeropuertos de Moscú, con la esperanza de impedir que las aerolíneas internacionales volaran hacia y desde la capital rusa, según dos fuentes con conocimiento directo del plan, del que no se había informado anteriormente”, escribe en el artículo de The Atlantic Simon Shuster, un periodista con amplia experiencia en Ucrania y con gran acceso a fuentes oficiales de las altas esferas del Gobierno.
“Cuando los responsables presentaron el plan a Zelensky este invierno, este expresó fuertes reservas, según una de las fuentes. Le preocupaba que pudiera considerarse «piratería» si los drones alcanzaran un avión civil en Moscú, especialmente si los ataques causaran la muerte o heridas a pasajeros, personal del aeropuerto o miembros de la tripulación. Sin embargo, en su desesperación por encontrar un punto de presión sobre Rusia que pudiera reactivar el proceso de paz, Zelensky permitió que los preparativos para los ataques continuaran durante varios meses esta primavera y a principios de verano”, continúa Shuster, cuyas fuentes afirman que el objetivo era empeorar tanto la situación que las élites llamaran al orden al presidente del país.
“Obligar a esas aerolíneas a dejar de volar a Rusia haría la vida menos cómoda a los funcionarios, oligarcas y otros acaudalados partidarios del presidente Vladímir Putin. «Es posible que miembros de las élites acudan a Putin y le digan: “Tenemos un problema aquí”», afirmó una de las fuentes familiarizadas con el plan ucraniano. Ese tipo de presión por parte de las élites, junto con otras tensiones que la guerra está ejerciendo sobre la economía y la sociedad rusas, podría obligar a Putin a negociar un acuerdo de paz, según la fuente”, sentencia el artículo, cuya lógica parece haberse quedado en los salvajes años 90, en los que la oligarquía tenía el control del país y podía hacer y deshacer a su antojo.
Cantidades masivas de drones, inteligencia artificial y precisión absoluta para que, como preocupaba a Zelensky, las operaciones no fueran vistas como “actos de piratería” son la base de este plan que no solo carece de realismo, sino que muestra una actuación a la desesperada y con profundo desconocimiento de la realidad actual de la Federación Rusa, donde las exigencias de paz de una parte de la sociedad son superadas por las de endurecimiento de la respuesta a medida que el conflicto se ve como un ataque de Occidente y no solo como una guerra entre dos países vecinos. A juzgar por la descripción de Shuster, el plan no valoraba tampoco la respuesta de Rusia. La actuación de Moscú tras el inicio de la campaña de ataques ucranianos de larga distancia contra territorio ruso sugiere que Rusia no respondería suplicando a Ucrania reiniciar las negociaciones, sino que se produciría un endurecimiento equivalente. La Federación Rusa no podría detener la aviación civil ucraniana, detenida desde febrero de 2022, pero sí tendría la capacidad de hacer lo que no ha hecho hasta ahora, destruir infraestructuras como el aeropuerto de la capital ucraniana.
El ataque con drones contra la región de Moscú de esta semana, cuando Ucrania utilizó más de 600 aeronaves no tripuladas, muestra que la ambición de Kiev de saturar las defensas aéreas rusas y hacer imposible la vida civil normal no ha desaparecido. Sin embargo, planes como el de Fedorov, que desea utilizar armas que ni siquiera existen, no son inviables solo por las dudas de Zelensky, sino porque Ucrania precisaría de una asistencia que, por el momento, no ha logrado. “
Fedorov, tecnooptimista, siempre ha confiado en su capacidad de traducir su cercanía a figuras de alto nivel de Sillicon Valley en una asistencia a Ucrania que cruzaría todas las líneas rojas de la participación directa de Estados Unidos en la guerra. “En los meses previos a su destitución, Fedorov impulsó numerosos planes de alta tecnología para obligar a los rusos a negociar antes de que llegara el invierno. La revista *The Atlantic* informó a principios de este mes de que había solicitado ayuda a Elon Musk y de que Zelensky había pedido al presidente Trump que consiguiera la colaboración de Musk. Los ucranianos necesitaban que Musk permitiera el uso de Starlink, su red de comunicaciones por satélite, como herramienta de navegación para que los drones alcanzaran con precisión objetivos dentro de Rusia, incluidos los lanzadores de misiles balísticos rusos. Musk se ha negado a permitir el uso de Starlink sobre territorio ruso”, escribe Shuster sin mencionar algo obvio, que el plan de Fedorov necesitaba ese uso de Starlink. Hace cuatro años, Elon Musk impidió a Ucrania el uso de Starlink en Crimea alegando que no participaría en el estallido de una tercera guerra mundial. Ahora, Kiev busca, por el momento sin éxito, utilizar esa tecnología para el uso de armas de precisión contra objetivos civiles no solo en el sur de Ucrania, Donbass o Crimea, sino en el territorio de la Federación Rusa según sus fronteras internacionalmente reconocidos. Todo ello sin pensar en las consecuencias y sin dejar ningún espacio a una verdadera diplomacia.
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