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Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

Un agujero de 27.000 millones

El miércoles, los países europeos reafirmaron una vez más su compromiso con Ucrania, que para Kiev no se mide en palabras ni declaraciones, sino en misiles PAC-3, colaboración en la producción de drones y créditos que no tiene intención de devolver salvo que sea apropiándose de los activos rusos retenidos en la Unión Europea. Esos fondos, utilizados como garantía para la concesión de un crédito multimillonario para sostener la lucha durante dos años, han vuelto otra vez a la actualidad con el enésimo intento de los países del este de convencer a Bélgica para permitir su expropiación y entrega a Kiev. Ayer, 200 miembros del Parlamento Europeo firmaron una petición exigiendo esa intervención, una forma de piratería de difícil encaje legal. El expolio de esos fondos públicos y privados rusos sin que medie una declaración de guerra supondría un punto de inflexión en la relación entre la UE y Rusia y enviaría un mensaje de inseguridad absoluta del sistema financiero europeo para terceros países como China, poniendo en serio riesgo la estabilidad del continente. Aun así, periódicamente, Bélgica tiene que recordar a sus aliados que no está dispuesta a asumir el riesgo que implica ser el país más expuesto.

Estos días, Ucrania ha obtenido compromisos de compra de armas por parte de los aliados europeos de la OTAN, que adquieren gran parte de ese material en Estados Unidos, y un nuevo tramo de la financiación aprobada según el crédito de 90.000 millones, que Ucrania aspira a gastar en mucho menos que dos años, posiblemente para exigir una nueva concesión más adelante. Y aunque la viabilidad de la medida es más que incierta, Kiev puede enorgullecerse también de seguir siendo capaz de volver a poner sobre la mesa la idea de expropiar los fondos rusos. Acostumbrada a conseguir lo que quiere a base de insistir durante suficiente tiempo, Ucrania seguirá reclamando que esos fondos son necesarios para financiar el sostenimiento de su Estado y de su ejército, una tarea cada vez más cara en la que los costes se acumulan para los países europeos.

Para los aliados continentales, prácticamente todo está justificado para alcanzar el objetivo común de derrotar a un enemigo histórico, o al menos para llegar a un resultado que no sea una derrota. En esa relación de proveedor-cliente en la que Ucrania se encuentra tan cómoda, solo un aspecto puede dificultar la situación. No se trata de las derrotas militares, los abusos de poder escudándose en la ley marcial o la fuerza con la que Ucrania recluta a los hombres a los que envía inmediatamente a la guerra. Los únicos reproches serios que ha recibido Zelensky desde febrero de 2022 se han debido a la cuestión de la corrupción. Esa es también la cuestión que -al menos según el discurso público- hace peligrar la adhesión privilegiada a la Unión Europea que Kiev aspira a lograr en los próximos años. Sin embargo, la situación actual es diferente, ya que, por primera vez, trasciende un cierto malestar europeo por un despilfarro ucraniano que no enmarca en la corrupción.

“Cuando un grupo de funcionarios europeos llegó a Kiev el mes pasado para celebrar el Día de la Independencia de Ucrania, recibió noticias preocupantes. La Unión Europea, uno de los principales aliados de Ucrania, había formalizado a principios de este año un préstamo de más de 100.000 millones de dólares para el país. Sin embargo, Ucrania se enfrentaba ahora a un déficit presupuestario en materia de defensa inesperadamente elevado, según explicó el presidente Volodymyr Zelensky a sus aliados. Para poder llegar a fin de año, necesitaría 27.000 millones de dólares más”, escribe el medio neoyorquino describiendo el acontecimiento menos sorprendente de la guerra. La exigencia de más financiación no puede considerarse novedoso teniendo en cuenta que Kiev comenzó a insistir en que la financiación no era suficiente nada más recibir la aprobación del crédito multimillonario con el que Ucrania debía sostener sus gastos militares durante dos años.

Aun así, The New York Times da por buena la supuesta sorpresa de los y las representantes de los países europeos, que parecían no esperar la situación económica que ahora Kiev presenta sin el más mínimo pudor como argumento para exigir aún más dinero. “Los europeos comprenden que Ucrania está librando una lucha por su supervivencia, pero no esperaban un déficit presupuestario tan elevado, según cuatro diplomáticos europeos que, al igual que otras personas citadas en este artículo, hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a hacer declaraciones públicas. En privado, algunos se han preguntado si el dinero se está gastando de forma eficiente, según afirmaron dos funcionarios europeos, o si se están exagerando las necesidades”, continúa The New York Times.

“El origen del déficit presupuestario sigue sin estar claro y es objeto de cierta controversia. En una intervención en Kiev el mes pasado, Zelensky afirmó que parte del gasto se había producido bajo el mandato del exministro de Defensa Mijailo Fedorov, quien había abogado por cambios importantes en la industria de defensa y fue destituido recientemente, una medida que desencadenó protestas callejeras”, añade el artículo, permitiendo que Ucrania culpe al chivo expiatorio del verano, el ministro de Defensa cesado, la explicación más sencilla que el Gobierno de Zelensky podría encontrar para justificar el agujero con el que se permiten exigir más armas y aún más financiación. Entre apelar a la existencia de corrupción y culpar a un enemigo político, Zelensky ha elegido esta opción.

Mientras tanto, los países europeos siguen intentando comprender lo ocurrido. “Ahora, los responsables europeos se apresuran a averiguar de dónde proviene ese déficit, cuál es su cuantía exacta y si deben enviar más dinero este año, y de qué manera. Kiev también está pidiendo al Reino Unido, Canadá y Japón que ayuden a cubrir ese déficit”, añade el artículo, que advierte que la situación puede poner en peligro la relación de Ucrania con los países europeos, aún más importantes ahora, ya que Estados Unidos ha abandonado su papel de proveedor de asistencia para pasar a ser beneficiario del lucro de la venta de armas. Ingenuamente, el medio pretende hacer creer que los países europeos no eran conscientes de que Ucrania iba a utilizar esos fondos con la mayor rapidez posible. Es más, la intención de Ucrania debió quedar clara con su decisión de escalar la guerra para obligar a Rusia a una negociación en posición de debilidad a corto plazo.

“Estas carencias surgen porque la guerra se está volviendo cada vez más cara año tras año”, afirma Roksolana Pidlasa, presidenta de la Comisión Parlamentaria de Presupuestos de la Rada ucraniana, que añade que su país tiene que “tener en cuenta que las tácticas rusas cambian y eso empeora la situación para Ucrania”. Para Kiev, la situación siempre es sencilla: puede culparse a una persona concreta, en este caso Fedorov, o simplemente destacar que es Rusia quien empeora la situación. La solución también tiende a ser la misma: más financiación de los países europeos sin tener que justificar por qué las anteriores concesiones de fondos han vuelto a ser insuficientes a ojos de Ucrania. Hasta ahora, la reacción europea había sido unánime y se había traducido en la rápida -aunque no lo suficiente para Kiev- búsqueda de más fondos.

Por primera vez, la Unión Europea parece haber llegado a algún tipo de límite y busca conocer qué está ocurriendo. “Valdis Dombrovskis, comisario de Economía de la UE, se reunió el lunes con el Koretsky. El primer paso es «hacerse una idea clara de cuál es la situación presupuestaria o financiera», afirmó Balazs Ujvari, portavoz de la Comisión Europea, tras dicha reunión”, escribe The New York Times en referencia a la exigencia de información de la UE al primer ministro de Ucrania. “Zelensky ha hecho algunas propuestas sobre cómo podría ayudar Europa, por ejemplo, acelerando la concesión de su préstamo a Ucrania”, sentencia, aportando la clave de todo este asunto, que Ucrania aspira a recibir todo el crédito con mucha más rapidez de la que espera la Unión Europea, que debería ser consciente de que inmediatamente recibiría una petición de un nuevo crédito o, preferiblemente, de expropiación de los fondos rusos retenidos en los países europeos. Sin ninguna prisa por lograr una solución negociada a la guerra, las necesidades de Ucrania no solo no van a reducirse, sino que van a seguir aumentando.

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