“Un ataque con drones ucranianos alcanzó durante la noche un almacén de Wildberries en la región de Moscú, provocando un incendio durante un ataque aéreo a gran escala”, se jactaba ayer The New Voice of Ukraine, uno de los medios creados al son de la guerra para defender la versión ucraniana de los hechos. Mientras en la retaguardia Ucrania pierde infraestructuras críticas, industria, puentes y vagones de tren con los que mover el armamento hacia el frente, los medios ucranianos se jactan de ese gran éxito, hacer estallar por los aires -en realidad, la empresa negó daños graves, al contrario que en otras ocasiones, en las que ha admitido las pérdidas- almacenes de comercio electrónico.
En Kiev, la cuenta oficial de la defensa de Ucrania, publicaba un post en el que, sobre la base de una imagen de un sistema antiaéreo Patriot vacío, sin misiles, proyectaba un texto en el que afirmaba que “el ciclo se ha vuelto a repetir. Mientras las explosiones retumbaban en el cielo, lo que necesitaba era lo único que no podía encontrar, y tú estabas allí, en la encrucijada, esperando para hacérmelo saber”. El mensaje se produce apenas un día después de que la CNN publicara un reportaje que podía leerse como un contenido promocionado por el Gobierno ucraniano en el que el periodista estadounidense entrevistaba a un comandante de la defensa aérea al lado de su Patriot carente de misiles y ubicado en un lugar perfectamente fotogénico. “Esta es realmente una imagen desgarradora cuando tienes equipo, pero no puedes interceptar ningún misil”, afirmaba el oficial, que alegaba que no había podido disparar un solo interceptor en dos meses y medio.
Según la misma fuente, hace seis semanas que no se dispara un solo misil Patriot, algo que podría explicar las situaciones extraordinarias que se están viendo actualmente en el frente. Ayer, un caza ruso sobrevoló territorio bajo control ucraniano en una misión en lugar de actuar como es habitual, acercándose lo máximo posible al frente, pero sin arriesgarse a encontrarse en el rango de la defensa aérea ucraniana. Es probable que la carencia de misiles PAC-3 y PAC-2 no sea tan grave como la presenta Ucrania, pero la escasez es evidente. Pero aun así, Ucrania se muestra optimista, resaltando cada día sus sanciones de larga distancia contra Rusia.
Victoria y derrota conviven a la perfección en el discurso oficial ucraniano, aunque gran parte de la prensa se centre solo en la primera parte, ocultando no solo los problemas, sino incluso los resultados de los ataques ucranianos. “Ucrania lanza 637 drones hacia Moscú, según el alcalde, y una instalación de Wildberries resulta afectada”, titulaba ayer ABC. “Ucrania lanzó 620 drones contra Moscú y sus alrededores en la madrugada del martes, según afirmó el alcalde de la capital, en uno de los mayores ataques aéreos de Kiev contra la región, mientras que Crimea, anexionada por Rusia, informó de que sufrió cortes de electricidad tras los ataques”, añadía Reuters, que incluía el único éxito real -castigar a la población civil de Crimea por su deslealtad- del que ha sido uno de los ataques ucranianos más potentes de la guerra y que se centró especialmente en la región de Moscú.
Sin embargo, en lo que debería ser una pista de cuáles fueron los éxitos, ninguno de los muchos artículos que habló incluso de blitz o de ”ofensiva con drones contra Moscú” mostró imágenes de los impactos, posiblemente porque no se produjeron. Los medios solo podían aspirar a imágenes de la caída de metralla, algo poco apetecible si el objetivo es resaltar las enormes capacidades ofensivas ucranianas y la forma en la que Kiev ha llevado la guerra hasta Moscú. E incluso eso cuenta con una trampa, ya que el ataque se produjo en la “región de Moscú”, que rodea a la capital rusa, pero que no la incluye.
Varios centenares de drones ucranianos, explicó Clément Molin, una de las referencias del seguimiento diario de la guerra en las redes sociales. Aunque su análisis es estrictamente proucraniano, Molin criticaba ayer la opción de atacar la región más defendida de la Federación Rusa. La tasa de drones no derribados ronda el 10-20% en el caso de aeronaves no tripuladas rusas en Ucrania, explicaba, para añadir que, en lo que respecta a Ucrania, la tasa ronda el 2-5%, todo ello con datos ucranianos, cuya credibilidad es cuestionable, ya que acostumbran a pecar de triunfalismo. Molin añadía también el escaso rendimiento de la joya de la corona, los misiles Flamingo, en cuyo uso los impactos son la excepción y no la norma. El razonamiento de Molin, que se sumaba al consenso que se produjo ayer entre las cuentas de seguimiento de la guerra, argumenta que la escasa tasa de éxito obliga a seleccionar cuidadosamente los objetivos. De la misma forma que los analistas han jaleado los ataques ucranianos contra refinerías rusas, el intento de Zelensky de llevar la guerra a la puerta de casa de los rusos está provocando las críticas de quienes no acostumbran a negar la razón al presidente ucraniano. Hay “numerosos objetivos menos defendidos” y al alcance de los drones “en las regiones fronterizas”, sentenciaba ayer Molin.
Los objetivos no se limitan a las regiones de la Federación rusa según su territorio internacionalmente reconocido. Ayer, Antonio Grossi, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica y aspirante a secretario general de Naciones Unidas, denunciaba un ataque y exigía el cese “inmediato” de los “inaceptables” ataques contra la central nuclear de Zaporozhie, situada en Energodar, bajo control ruso desde marzo de 2022. La ausencia del culpable en los titulares es suficiente para deducir que no se trataba de drones rusos, aunque los artículos que hacen referencia al incidente no mencionan quién dispara periódicamente contra la única central nuclear ucraniana en manos rusas.
Esas “acciones inaceptables” que Grossi denuncia “están en absoluta contradicción con los siete pilares y cinco principios” de garantía de la seguridad de las instalaciones nucleares, algo aún más importante en un conflicto bélico y en un lugar tan cercano a la línea del frente. Los ataques no se producen únicamente en los alrededores de la central, desde la que Ucrania afirma que Rusia dispara artillería, pero que, a la vez, afirma que Rusia bombardea. Ayer, un dron impactó a las seis de la mañana en una parada de autobús utilizada por la plantilla de la central. Según las autoridades locales, el ataque dejó “16 víctimas entre personal y contratistas, incluyendo un fallecido y tres heridos graves”. Los ataques selectivos contra el personal de la central no se limitan al ingeniero jefe, asesinado por Ucrania hace unas semanas, sino que se extienden también al resto de la plantilla. Hay objetivos que son más sencillos que otros y las paradas de autobús no suelen ser lugares protegidos por la defensa aérea.
Para aquellos más complicados, Ucrania no solo cuenta con sus drones, que chocan contra las defensas de la región de Moscú, sino que dispone de la colaboración de sus principales aliados, entre los que destaca el Reino Unido, el más implicado de los socios occidentales de Kiev. “Apoyamos a Ucrania al 100% contra esta guerra ilegal dirigida por Vladimir Putin. Estamos proporcionando apoyo para que Ucrania pueda defenderse, y esa ha sido la posición británica a lo largo de todo este conflicto”, afirmó ayer el nuevo primer ministro británico Andy Burnham. El líder laborista quiso insistir en que el cambio de liderazgo no supondrá -como no lo ha supuesto en los cinco cambios de Gobierno que se han producido desde 2014- ninguna modificación en la forma en la que Londres va a gestionar la asistencia a Ucrania en la guerra común contra Rusia.
Esa cooperación va más allá de la compra de armas estadounidenses y suministro de financiación y se extiende a su uso en territorio de la Federación Rusa según sus fronteras reconocidas. Las palabras de Burnham respondían a la condena rusa que se había producido horas antes. “Las acciones de Londres tendrán, inevitablemente, consecuencias de las que tendrá que responder. Cuanto mayor sea su implicación en el conflicto y mayor su apoyo a la maquinaria terrorista de Kiev, más alto será el precio que pagará por ello”, afirmaba el comunicado ruso, que condenaba el uso de armamento británico en los últimos bombardeos. “Por primera vez, se utilizan drones británicos para llevar a cabo «ataques en profundidad» en el territorio continental de Rusia”, titulaba The Times. Con drones propios o ajenos, Ucrania continuará atacando objetivos sencillos en los territorios del sur, Donbass y Crimea, pero, ante todo, seguirá tratando de golpear aquellos lugares que le garantizan titulares más amplios e imágenes más espectaculares, ya sean las refinerías rusas o las dos capitales europeas, Moscú y San Petersburgo. Aunque eso implique un endurecimiento de la respuesta rusa en un momento en el que Kiev muestra a la prensa mundial sus sistemas Patriot carentes de misiles.
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