Los cambios realizados por Volodymyr Zelensky en los últimos meses buscaban, por una parte, apuntalar su poder y concentrarlo en unas pocas manos completamente leales a su figura y, por otra, adaptarse a la realidad del momento. La generalización de los vídeos en los que la población rechaza el reclutamiento, trata de defender a los hombres para evitar que sean movilizados por la fuerza y la resistencia en ocasiones organizada a la presencia de los agentes en las calles de las ciudades obliga a que la cuestión del reclutamiento sea siempre un aspecto clave de la política ucraniana. Desde 2022, y especialmente en los dos últimos años, la cuestión de la desmovilización ha sido también una exigencia que se ha planteado desde determinados sectores. El cansancio es un factor esencial a la hora de sostener el frente y poder seguir luchando. Sin embargo, en esta guerra de alta intensidad que requiere de recursos materiales y humanos de forma continua y en grandes cantidades, la necesidad de reponer las filas del ejército es permanente y no permite ciertos lujos como legislar la desmovilización.
Es más, durante las últimas semanas, en Ucrania se ha hablado de cambios en el sistema de reclutamiento, aunque no para reducir la carga que supone en la sociedad, sino para aumentarla. El rechazo manifiesto que han recogido varios medios críticos con Zelensky responde más a las críticas por el cese de Mijailo Fedorov que a un análisis objetivo de la realidad. La teoría de Fedorov era priorizar la guerra tecnológica, llenar el frente de drones e incluso de robots para preservar las vidas de los soldados, una visión idealista, utópica y alejada del día a día del actual conflicto. Los drones saturan defensas y causan enormes daños materiales y bajas al enemigo, pero no son suficientes para ganar una guerra. Al menos de momento, la tecnología no es capaz de sustituir a las tropas y, como admiten quienes gestionan la industria militar, ni siquiera es capaz de sustituir a la artillería.
“Los drones han pasado sin duda a ser uno de los instrumentos definitorios de la guerra moderna. Antes de su uso generalizado, los ejércitos nunca habían poseído un conjunto tan extenso de datos de reconocimiento combinado con la capacidad de ajustar el fuego de inmediato y evaluar los resultados de las decisiones militares. Los drones también han transformado por completo las reglas que rigen la destrucción precisa de objetivos individuales”, explicó Hennady Jirgy, director ejecutivo de Ukr Ammo Tech, que, sin embargo, añadió que “la artillería sigue proporcionando la escala y el ritmo del fuego, particularmente al atacar objetivos agrupados y áreas de concentración de manera simultánea. Una vez disparado, un proyectil de artillería no depende de un enlace de comunicaciones y no puede ser neutralizado por la guerra electrónica de la manera en que un dron puede hacerlo”. Lo mismo puede aplicarse a la enorme necesidad de tropas necesarias en el tipo de guerra que se está luchando, que no es solo una lucha mutua de drones y misiles en la retaguardia de los dos países, sino una larga batalla de desgaste pueblo a pueblo, en ocasiones calle a calle, para la que las necesidades de mano de obra humana no solo no descienden, sino que aumentan a medida que el frente se extiende.
Cubrir esas necesidades ha sido la principal obsesión de los dos países en guerra, pero ha sido especialmente complicado en el caso de Ucrania, con una población muy inferior a la rusa y que no ha conseguido imponer un modelo de incentivos económicos para estimular el alistamiento y se ha visto condenada a tener que justificar la movilización forzosa que ahora busca modificar, retocando ciertos detalles para que todo siga igual. Esta última semana, en una comparecencia pública, Vladimir Putin se refería al enésimo rumor ucraniano de que Rusia prepara una movilización. Como en ocasiones anteriores, la inteligencia ucraniana -la misma que actualmente se encuentra a tiros a nivel interno- llega incluso a poner fecha: después de las elecciones legislativas rusas. Se repite así la mención a fechas simbólicas -en el pasado han sido las elecciones presidenciales, el 9 de mayo, etc.- para advertir a sus aliados de que Rusia prepara una ofensiva y exigir así más apoyo militar. La respuesta rusa ha sido siempre la negación, que se ha ido confirmándose con el tiempo. Desde la movilización parcial de septiembre de 2022, Ucrania ha anticipado varias veces reclutamientos que no se han producido. Ahora, como denunciaba el presidente ruso, además de intentar utilizar la cuestión como una forma de conseguir más armamento y financiación, la desinformación ucraniana busca condicionar las próximas elecciones rusas, algo a lo que Rusia no puede responder de manera equivalente, ya que Ucrania no ha celebrado elecciones en los cuatro años y medio de guerra rusoucraniana y no tiene intención de hacerlo hasta que se consiga la paz.
A la alerta de movilización interna, Ucrania añade también que Rusia contará con otros 50.000 soldados norcoreanos, algo que la prensa occidental ya ha publicado como hecho sin necesidad de verificación. Como es habitual, cualquier palabra que procede de Moscú es propaganda, mientras que el discurso de Kiev se considera la verdad absoluta aunque, como en este caso, choque incluso con la inteligencia de un país amigo. Corea del Sur niega que haya evidencias de que la República Popular de Corea esté preparando el traslado a Rusia y posteriormente a la guerra de Ucrania de un contingente de esa magnitud.
La explicación más probable es que, ante el preocupante aumento de los episodios de resistencia a la busificación y la necesidad de cubrir las bajas en el ejército, Ucrania proyecta sobre Rusia sus propios problemas. Las últimas informaciones apuntan a que Zelensky estaría planteándose reducir el tope de la edad militar de los 60 a los 55 años, algo que refleja la dureza de la guerra y la necesidad de hombres que se encuentren en buenas condiciones físicas para soportar la dureza extrema de la guerra. La pregunta que surgiría en caso de reducir la franja alta de la edad de reclutamiento es si Ucrania aceptaría finalmente movilizar a su generación más joven, nacida en época de crisis demográfica y a la que Zelensky ha tratado de proteger para paliar el desastre de pérdida de población que está suponiendo la guerra. El viernes, un asesor de Vladimir Putin afirmaba que en la Ucrania actual “solo nace un niño por cada cuatro personas que mueren. Ucrania ha pasado el punto de no retorno en el camino hacia la extinción”. Rusia ni siquiera necesita utilizar la propaganda, solo tomar los datos oficiales aportados por el Estado ucraniano, que admite que las muertes multiplican por cuatro los nacimientos. La población ucraniana del futuro está naciendo hoy en día en Rusia, Polonia, Alemania o Canadá, no en Ucrania, país al que Zelensky espera que retornen, un regreso cada vez más improbable a medida que se prolonga la guerra y la población crea vínculos laborales, sociales y afectivos en los países en los que se ha asentado. De ahí que proteger a la cohorte de 20-25 años sea una prioridad para Kiev, que busca otras vías para ampliar el reclutamiento.
Estas últimas semanas, y en parte utilizando el discurso de igualdad, medios y lobistas han defendido la necesidad de incluir en el reclutamiento a las mujeres. Ellas, alega esta versión, pueden realizar tareas administrativas o de la retaguardia, algo que busca liberar a hombres para poder ser enviados a la primera línea y permite que esas mujeres que pudieran ser reclutadas permanecieran cerca de las familias y, de esa forma, seguir siendo, en un país con marcados roles de género, el sostén de la vida familiar y de los cuidados. La doble jornada de las mujeres como trabajadoras y cuidadoras, pero en esta ocasión aplicado a la guerra. Varias han sido las figuras que se han mostrado favorables a esta idea durante las últimas semanas. Entre ellas, y no solo para tareas de segunda línea, se encuentra Keith Kellogg, exenviado de Trump para Ucrania, ahora desde su faceta de lobista. “Ucrania debería movilizar a las mujeres Las mujeres luchan no peor que los hombres y deberían servir como parte de la sociedad. Mi esposa sirvió como soldado paracaidista y luchó en Granada. Mi hija se graduó de West Point, sirvió en paracaídas y luchó en Afganistán”, afirmó el general retirado, ofreciendo como ejemplo dos situaciones en las que Estados Unidos tenía, no solo el dominio completo de los cielos, sino una superioridad apabullante. Ese tipo de operaciones solo puede equipararse a la actual guerra de Ucrania cuando se trata de argumentar la necesidad de continuar luchando eternamente hasta conseguir unos objetivos imposibles, ya sea hasta el último ucraniano o hasta la última ucraniana. Al fin y al cabo, duplicar la reserva de movilización incluyendo a las mujeres implica admitir una necesidad de efectivos que solo puede entenderse ante unas pérdidas difíciles de sostener.
Aunque la cifra de bajas de Ucrania es el secreto mejor guardado de Occidente, cuya prensa ni siquiera se ha molestado en preguntar seriamente a las autoridades de Kiev, la intensidad de la guerra y la creciente necesidad de movilización hacen ver que se trata de un nivel muy elevado. Sí se informa, por el contrario, una cifra que los medios y el establishment político occidental han dado como buena en lo que respecta a la Federación Rusa: 30.000 bajas al mes que, según necesidades del guion, pueden ser solo soldados muertos o muertos y heridos. Ucrania, alega el Gobierno de Zelensky, cuenta con una tasa de bajas hasta siete veces inferior a la rusa. Y, sin embargo, los datos aportados recientemente por su mano derecha apuntan a lo contrario.
“¿Cómo se puede movilizar a las mujeres si no todos los hombres han sido movilizados? No hay necesidad de movilizar a las mujeres”, afirmó Budanov para negar la posibilidad de reclutar a mujeres. En su giro religioso y tradicionalista, el exdirector del GUR da a entender que hay suficientes hombres para cubrir unas necesidades que, sin embargo, son inmensas. “Por desgracia, tenemos que aceptarlo tal como es”, expresó en referencia a la movilización para añadir que “no podemos hacer otra cosa. Tenemos que encontrar el coraje y decir honestamente: no podemos movilizar a menos de 30.000 personas al mes. Este es el número mínimo necesario para mantener lo que tenemos”. Intencionadamente o no, el jefe de la Oficina del Presidente aportó una cifra de reposición equivalente al dato de bajas que Zelensky ha repetido constantemente como la cifra de soldados que Rusia pierde al mes, un indicio más de que existe un nivel similar en los dos ejércitos. La diferencia, sin embargo, se encuentra en que Rusia, que parte de una población muy superior, no está padeciendo el nivel de pérdida de población que padece Ucrania y es capaz aún de ofrecer incentivos económicos para mantener el reclutamiento. Con una constante pérdida de población y cada vez más dificultades de reclutamiento, puede que las próximas armas milagrosas que Kiev exija a sus aliados sean simplemente soldados.
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