“En política, nunca creas nada hasta que no haya sido desmentido oficialmente”, decía aquella máxima de Napoleón que se confirma periódicamente. Ayer, en una de las muchas entrevistas que realiza a diario, Donald Trump se refirió a la visita de John Ratcliffe a Moscú, un viaje relámpago en el que el director de la CIA aterrizó en la capital rusa en un avión militar estadounidense y partió de nuevo hacia Riga apenas cuatro horas después. “El director de la CIA Ratcliffe ha estado en Rusia, en una visita más o menos rutinaria. Siento decepcionar a la gente. Odio decepcionar a la gente”, afirmó el presidente de Estados Unidos en declaraciones a Glenn Beck, una de las personalidades radiofónicas más conocidas de la derecha norteamericana. Teniendo en cuenta que la última visita de un director de la CIA a Moscú se produjo en 2021, cuando se empezaba a hablar de la acumulación militar rusa en las fronteras de Ucrania y Rusia proponía a la OTAN una negociación sobre la posición de Ucrania en la estructura de seguridad europea, la afirmación de Donald Trump no se corresponde con la realidad y reafirma aún más certeza de que la llegada de Ratcliffe está lejos de ser una visita rutinaria.
“La última visita conocida de un director de la CIA a Moscú tuvo lugar en noviembre de 2021, cuando William J. Burns, que dirigía la agencia bajo el mandato del presidente Joe Biden, advirtió a Putin y a sus principales asesores de que no atacaran Ucrania y les explicó claramente cuáles serían las consecuencias. Moscú lanzó su invasión a gran escala pocas semanas después”, recordaba ayer The Washington Post que, como el resto de medios estadounidenses, especulaba sobre el motivo de la visita. “La visita “se produce en un momento en el que Estados Unidos se esfuerza por poner fin a la invasión rusa de Ucrania y a la guerra con Irán, aunque el motivo de la visita no quedó claro de inmediato. Según ha informado TWSJ, Estados Unidos ha recopilado información de inteligencia que revela los preparativos iniciales de Rusia para una posible movilización militar en Ucrania, así como planes para poner a prueba la determinación de la OTAN”, añadía The Wall Street Journal.
Ambos medios, al igual que el resto de la prensa, apuntaban a una segunda hipótesis. “Las dos superpotencias se encuentran en bandos opuestos en el conflicto con Irán. Irán es el aliado más importante de Moscú en Oriente Medio, y Rusia ha proporcionado a Teherán información de inteligencia sobre la ubicación de los activos militares estadounidenses en la región. El Ministerio de Hacienda de Estados Unidos dio a conocer el lunes una amplia campaña de sanciones y presión diplomática destinada a asfixiar la economía iraní”, escribía The Washington Post. La idea de la visita de Ratcliffe para dar a Rusia la orden de abandonar a su principal aliado en Oriente Medio ha sido generalizada en las últimas horas. Sin embargo, la entrega de ese mensaje no requeriría de una visita secreta del director de la CIA, especialmente en esta administración estadounidense, que aspira a gobernar el mundo a golpe de post de Donald Trump en Truth Social y de Marco Rubio o Scott Bessent en X.
“Los canales de Telegram rusos difundieron un video de lo que afirmaron ser la caravana del jefe de la CIA, John Ratcliffe, saliendo del Kremlin ayer. Requiere verificación. Pero si Ratcliffe visitó el Kremlin y no se reunió con Putin, suena como si hubiera sido deliberadamente ignorado. No necesitaba ir hasta el corazón de Moscú para estrechar la mano del jefe del SVR, Naryshkin, cuya sede está ubicada en las afueras de la ciudad, no lejos del aeropuerto de Vnukovo”, escribió ayer Leonid Ragozin. Al margen de las declaraciones de Trump, difícilmente creíbles, el silencio marca esta visita, un motivo más para considerarla relevante. Pese a la guerra y a la práctica ruptura de las relaciones entre los dos países, tanto los ministerios como las inteligencias de Estados Unidos y la Federación Rusa han mantenido contactos periódicos, sin que se haya roto completamente la comunicación entre ellos.
“¿Por qué el director de la CIA Ratcliffe fue a Rusia? Los rumores dicen que Putin va a probar la determinación de la OTAN, o las sanciones iraníes, o Rusia atacando a Inglaterra”, preguntó Glenn Beck a Donald Trump, que respondió “ninguna de las anteriores”. Pese a las palabras de Zelensky del lunes, en las que anunció que se ha desarrollado un nuevo documento como base de la negociación con Rusia, ninguno de los grandes medios estadounidenses planteaba como hipótesis que el director de la CIA fuera la avanzadilla para presentar a Rusia ese nuevo plan, incluso un ultimátum relativo a esa negociación con Ucrania.
“Algo podría surgir de la visita del director de la CIA a Rusia. Estamos trabajando muy duro para poner fin a esa guerra. Ambos quieren verla terminada en este momento”, declaró Donald Trump a Glenn Beck, insistiendo otra vez más en que tanto Vladimir Putin como Volodymyr Zelensky están cansados de la guerra y desean llegar a un acuerdo para lograr su final. Ese discurso ha sido la base de la narrativa estadounidense desde que comenzaron sus contactos con los dos países en la primavera de 2025, ha sobrevivido a los momentos de crispación política e increíblemente se mantiene en el momento actual, aunque hace meses que no se producen negociaciones políticas. Si la realidad no se ajusta a la propaganda, no hace falta más que inventar una realidad paralela.
En fase clara de escalada, ambos presidentes defienden su derecho a responder a ataques y preparan una aún mayor intensificación de la guerra. Ayer, Bloomberg alegaba que “en la práctica, todos los marcos de negociación se han derrumbado, lo que ha dejado a las dos partes en conflicto de nuevo en el punto de partida”. El medio añadía que sus fuentes afirman que “Putin no pondrá fin a la guerra bajo la presión económica de las sanciones y los ataques ucranianos contra las refinerías y las redes logísticas rusas”. Sin posibilidad de desescalada, evidente ahora por la dinámica de la guerra, solo queda la intensificación. “Rusia está barajando la posibilidad de intensificar los potentes ataques con misiles balísticos convencionales contra Kiev, incluido el centro de la capital, y contra objetivos de infraestructuras en otras ciudades ucranianas”, explica el medio remitiéndose a sus fuentes, que contrastan con la especulación que, con fuentes ucranianas y balcánicas, se está produciendo en los medios estadounidenses, que dan por hecho que Moscú se plantea es atacar un país de la OTAN.
Al otro lado del frente, Zelensky también prepara cambios. “Hoy, estoy con nuestros guerreros que están defendiendo sectores extremadamente difíciles del frente. Nuestras posiciones en la región de Donetsk serán reforzadas por dos agrupaciones de fuerzas reestructuradas, que serán comandadas por el Héroe de Ucrania Denis Prokopenko y el Héroe de Ucrania Andriy Biletsky”, anunció ayer el presidente ucraniano. Cuando la situación empeora, el Estado ucraniano -tanto bajo el mando militar de Zaluzhny, como de Syrsky y ahora con Drapaty- recurre al sector más ideologizado y movilizado de la sociedad, la extrema derecha nacionalista, que ha hecho de su odio a Rusia y todo lo ruso, incluida la población de Donbass, su seña de identidad. Esa extrema derecha, que se movilizó contra los acuerdos de Minsk por considerarlos “una traición” a Ucrania y que siempre optó por la lucha hasta el final para derrotar a Rusia, ha dejado de ser un grupo marginal para convertirse en uno de los centros de poder militar en un Estado que ha hecho de la guerra su razón de ser.
Al margen de los motivos de la visita de Ratcliffe a Rusia y las declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de que se consiga un alto el fuego, la guerra sigue apuntando a una fase de intensificación tanto en la lucha de drones y misiles en el aire como en los enfrentamientos directos en la primera línea del frente terrestre, especialmente en la zona de Donetsk, donde Ucrania intenta recuperar terreno en el área de Krasny Liman y contener los avances rusos en el sur hacia Slavyansk y Kramatorsk.
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