Entrada actual
Armas, Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania, Zelensky

Ambiciones: sanciones, Patriots y lucro

Con un resultado de 86-12, el martes el Senado de Estados Unidos dio un paso más hacia la aprobación, que ahora ya parece un hecho, de la legislación por la que el recientemente fallecido Lindsey Graham llevaba meses peleando. Profundo defensor de la vía militar como modelo preferible para resolver cuestiones de política internacional, el senador aspiraba también a aprovechar cada guerra para favorecer los intereses económicos de Estados Unidos. Fue Graham quien exaltó, de forma casi fanática, los beneficios económicos que el subsuelo ucraniano daría a Estados Unidos con la firma de la primera versión del acuerdo de minerales, que habría hecho del país una colonia extractivista al servicio de Washington. Años antes, Graham había promovido también un acuerdo similar con el que expoliar los recursos naturales de Afganistán. En ambos casos, los cálculos del senador estaban basados en exageraciones y recursos no probados o directamente inexistentes, fracasos por los que nunca tuvo que rendir cuentas en un puesto en el que siguió ejerciendo esa misma labor de lobby en busca del lucro.

Parte de la guerra de Graham, como la de Trump, está centrada en el gas y el petróleo, flujos comerciales que Estados Unidos aspira a controlar a nivel global. Solo así puede entenderse el ataque contra Venezuela, cuyo petróleo -como el resto de la economía- está ahora secuestrado y se mueve solo por orden y con permiso de Washington; la guerra contra Irán, en la que la desnuclearización de un país que carece de armas nucleares es solo una exclusa con la que justificar la agresión, y la participación estadounidense en los bombardeos ucranianos contra las infraestructuras petrolíferas rusas. En el caso de Rusia, el principal objetivo de Estados Unidos no puede ser controlar el petróleo como ha logrado hacer en Venezuela, ni imponer un bloqueo naval como trata de hacer contra Irán, sino expulsar del mercado normalizado a este gran productor, uno de los pocos que no está subordinado a las órdenes de Estados Unidos. Las sanciones al gas y al petróleo ruso, la desconexión del sistema internacional de pago SWIFT y el tope de precio al que Rusia puede vender su crudo impuesto por los países del G7 -y que ha sido abiertamente ignorado- son pasos a los que Estados Unidos quiere añadir ahora otra vía para tratar de privar a Moscú de sus principales clientes. “Las medidas propuestas se dirigirían contra funcionarios rusos, oligarcas y sus familiares, así como contra los bancos y las instituciones financieras del país, entre otros. También permitirían a Trump imponer aranceles a los productos importados de países que compran petróleo y gas a Moscú”, escribía ayer Financial Times para resumir la ley por la que presionaba Lindsey Graham.

La ambición de Estados Unidos de controlar para sí mismo y sus aliados el comercio global de petróleo ha garantizado a Zelensky dos de sus exigencias habituales: más armas, financiación e inteligencia para los ataques de larga distancia contra Rusia y sanciones aún más duras contra Moscú. Esa es la receta con la que Zelensky aspira a acortar la guerra y obligar al Kremlin a negociar en posición de debilidad, una receta simple y que ha conseguido un empeoramiento general de la situación de la guerra y a la que Ucrania se aferra como única vía posible de actuación en estos momentos. “Expuse mi visión de la victoria de Ucrania y las capacidades necesarias para alcanzarla”, afirmó ayer el recientemente ascendido Drapaty en referencia a su reunión con Alexus Grynkewich, Comandante Supremo Aliado de la OTAN. “En esta etapa, debemos reforzar las operaciones en múltiples ámbitos, impedir que el enemigo se infiltre en nuestras líneas defensivas y ampliar tanto los ataques de precisión de largo alcance como los de alcance medio contra el enemigo”, añadió Drapaty. Sus palabras son una admisión velada de que el frente terrestre se complica para Ucrania, donde Rusia ha avanzado recientemente en Chasov Yar, Konstantinovka y se infiltra en ciudades cada vez más cercanas a Slavyansk y Kramatorsk y de que la guerra aérea no está consiguiendo los objetivos esperados.

El 25 de junio, el presidente Volodymyr Zelensky anunciaba haber recibido del entonces director del SBU Yevheny Jmara, ahora ministro de Defensa un informe “sobre nuestro plan de sanciones de largo alcance, sanciones de mediano alcance y los resultados del Servicio de Seguridad de Ucrania –específicamente el Centro de Operaciones Especiales Alfa– en el frente. Aprobé una operación de influencia de 40 días para el Servicio contra el estado agresor con el objetivo de obligarlo a poner fin a la guerra”. Han pasado treinta días desde esa fuerte intensificación de los bombardeos de larga distancia contra la Federación Rusa y, como recordaba ayer Leonid Ragozin, “la crisis de combustible en Rusia y Crimea está siendo aliviada, la ofensiva continúa, la posición rusa sobre el acuerdo no ha cambiado ni un ápice. Son los ucranianos quienes están sintiendo el peso de la nueva fase de escalada”. Rusia ha respondido a los ataques ucranianos con drones y misiles contra sus infraestructuras endureciendo sus bombardeos contra infraestructuras ucranianas; atacando barcos que comerciaban con Ucrania cuando Kiev comenzó a hacer lo propio con los barcos rusos y endureciendo los ataques contra gasolineras y almacenes logísticos cuando las tropas de Zelensky iniciaron su campaña de destrucción de empresas de comercio electrónico y gasolineras rusas a plena luz del día. La consecuencia de los ataques ucranianos no ha sido una apertura rusa a la diplomacia según los términos de Ucrania o a la aceptación de una tregua aérea, sino a que los puertos ucranianos tengan que cesar su trabajo y la destrucción de la práctica totalidad de las gasolineras de la región de Járkov.

“Aquí es donde estamos mientras Zelensky visita la Casa Blanca. La operación de influencia del cambio de marea puede haber influido en Trump, pero eso es todo lo que ha logrado”, añadía Ragozin. “Afirmaciones infladas sobre bajas rusas, avances ucranianos limitados y ataques de largo alcance se utilizan para crear una realidad alternativa en Ucrania y Occidente, según la cual Ucrania ha revertido el curso de la guerra y está ganando la guerra. Esto se hace para propagar la continuación de una guerra no ganable para Ucrania”, argumentaba, en la misma línea Ivan Katchanovski.

Esa realidad alternativa a la que se refieren Ragozin y Katchanovski es parte integral de la estrategia de Ucrania, que se ha mostrado dispuesta a someter a su población a las consecuencias de la actual escalada y que, lejos de matizar sus objetivos ante la certeza de que las consecuencias para su territorio están siendo más graves que los daños causados a Rusia, aspira a aumentarlos aún más. “¿Está Crimea de nuevo sobre la mesa?”, preguntó a Zelensky Sean Hannity, presentador estrella del canal de televisión favorito de Donald Trump, Fox News. “Es una lástima que no lo esté. O al menos no todavía. Pero ya veremos”, respondió el presidente ucraniano, que añadió que “la tierra es muy importante. Es nuestro territorio. Es nuestra historia. Pero lo más importante es no perder personas”. Ucrania, que perdió a la población de Crimea hace más de doce años, aspira a empeorar la situación aún más para conseguir cuestionar -sea de forma real o imaginaria- el control de la península, territorio que Kiev solo puede recuperar con una imposible victoria militar completa sobre la Federación Rusa.

La apuesta por la escalada siempre iba a implicar una respuesta equivalente por parte de Moscú. Este ciclo sin fin de ataque-contraataque y venganzas mutuas eternas implica un fuerte aumento de las necesidades militares de un armamento cuya venta y entrega depende de la voluntad y disponibilidad de Estados Unidos. “Zelensky le dijo a Axios que le pidió a Trump un paquete de emergencia de invierno de interceptores de misiles Patriot, advirtiendo que las defensas aéreas de Ucrania están casi agotadas. Sin más interceptores, Zelensky afirmó que Rusia podría devastar la red energética de Ucrania este invierno, dejando a millones sin calefacción”, escribía ayer Axios en referencia a la reunión del presidente ucraniano en la Casa Blanca.

“«Los Patriots los necesitamos ayer», dijo, agregando que Ucrania necesita alrededor de 300 interceptores para el invierno”, explicaba Axios, poniendo número a la petición de Zelensky, que se produce en un momento poco favorable. Según el Center for Strategic & International Studies (CSIS), el inventario de misiles para los sistemas Patriot en los arsenales de Estados Unidos se ha limitado de 2330 antes del inicio de la guerra conta Irán a los 759-827 actuales. De ellos, Zelensky exige la entrega inmediata de 300. Esa petición expresa a Donald Trump es la misma que Zelensky realizó hace unas semanas a sus aliados europeos, a los que exigía también suministros de gas, combustible diésel, equipo energético y, por supuesto, más financiación como parte del paquete de preparación para el próximo invierno. Ucrania está ganando la guerra, afirman las autoridades ucranianas, europeas e incluso estadounidenses. Sin embargo, cuando aún no se ha llegado a agosto, Ucrania anticipa un invierno aún más duro que el anterior y se aferra a una táctica que garantiza el empeoramiento generalizado de esta guerra en la que los principales éxitos son las sanciones que perpetuarán la fractura continental más allá de la guerra y crecientes beneficios económicos para la industria militar estadounidense.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

julio 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.246 suscriptores

Estadísticas del Blog

  • 2.573.177 hits