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Armas, Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

Preguntas sin respuesta

“Actualización de DeepState que muestra los avances ucranianos en el eje Pokrovske-Velyka Novosilka, que se retrasó por razones de seguridad operativa. Ucrania ha estado avanzando en esta dirección desde finales de enero. La mayor tasa mensual de avance en esta dirección fue en febrero, pero continuó con más de 60 kilómetros cuadrados tomados en mayo y junio, cada uno. Los avances ucranianos se ralentizaron en julio”, escribía ayer Rob Lee, uno de los referentes en el seguimiento de la guerra desde el punto de vista occidental. Ese, una veintena de localidades en el frente sur, fundamentalmente en Dnipropetrovsk y Zaporozhie, dos áreas que no son prioritarias ni para Rusia ni para Ucrania, es el balance de la gran ofensiva de la que Zelensky lleva meses jactándose. En este tiempo, Rusia ha consolidado su control en zonas como Pokrovsk o Guliaipole, donde fue precario durante mucho tiempo, ha terminado la batalla por Chasov Yar, ha capturado prácticamente toda Konstantinovka -aunque Ucrania trata de contraatacar-, avanza hacia Dobropilia, se infiltra en Druzhovka -la siguiente ciudad-fortaleza en su punto de mira- y con sus drones FPV dificulta cada vez más la situación para Ucrania en Slavyansk y Kramatorsk.

“Hubo un tiempo en el que la línea que separaba la ciudad del campo de batalla estaba un poco más claramente definida: allá por 2022 y 2023, los grupos de evacuación de civiles (y los periodistas que los acompañaban) podían acercarse en coche a uno o dos kilómetros de las posiciones rusas para sacar a los residentes. Eso fue antes de que los drones empezaran a dominar el campo de batalla y de que el concepto de «zona de muerte» entrara en el lenguaje común. Hoy en día es un proceso tan gradual que resulta casi imposible determinar cuándo, exactamente, una ciudad deja de ser una ciudad. Una vez más, no es un proceso lineal y, según todas las fuentes, el ritmo al que la vida en Kramatorsk y Slavyansk se está deteriorando se ha acelerado en las últimas semanas”, escribió hace unos días en su blog personal el periodista Fabrice Deprez, que informa desde Ucrania para Financial Times. El triunfalismo de Ucrania es la visión parcial de una guerra de desgaste en la que todo se determinará en el frente principal, el de Donetsk, en el que, pese a las palabras de Zelensky sobre las dificultades rusas, el bando que más sufre es el ucraniano.

Aun así, Ucrania y la prensa occidental están instalando un discurso en el que, como afirmó Zelensky “Rusia ya no puede luchar sin tropas norcoreanas”, se dispone a realizar una movilización con la que tendrá que apresar a los hombres por la calle y escasea en recursos. En un claro ejercicio de proyección, tanto el presidente ucraniano como sus aliados mediáticos pretenden hacer olvidar que Ucrania lleva cuatro años a la caza de reclutas, que son miles los mercenarios extranjeros que luchan en sus filas y que el único motivo por el que puede seguir luchando y pagando sus sueldos y pensiones es la constante inyección económica que recibe de la Unión Europea y de las armas que los países europeos de la OTAN adquieren a Estados Unidos. Pese a las evidentes dificultades que implica la guerra, las grandes bajas que supone para todos los bandos una guerra de alta intensidad como la actual y el hecho de que Rusia financia con sus ingresos su esfuerzo bélico, las tropas ucranianas avanzan en frentes secundarios en territorios a los que Moscú estuvo dispuesta a renunciar en 2022, mientras que Rusia, que no ha realizado una movilización desde ese año, progresa en la parte más fortificada de la línea de contacto.

“Nadie puede garantizar que Rusia no regrese con uno o dos millones de soldados más después de una pausa e intente ocupar Ucrania nuevamente. La verdadera pregunta no es el territorio de Donbass. Es la seguridad”, ha insistido Zelensky en una entrevista concedida a CNN. Rusia no es capaz de luchar sin Corea del Norte, pero rápidamente será capaz de contar con dos millones de soldados, una cifra que nunca ha alcanzado para la guerra en Ucrania, con el objetivo de atacar la OTAN o la Unión Europea.

El presidente ucraniano necesita insistir en que la cuestión territorial no es la prioridad, sino que es preciso derrotar a Rusia -o a Putin, dos términos que utiliza como si fueran sinónimos- como única forma de garantizar la seguridad. El discurso de victoria ucraniana convive a la perfección con el del peligro inminente de invasión de algún país europeo. “No sabe cómo poner fin a esta guerra sin una ocupación a gran escala o una victoria decisiva para su sociedad. No entiende cómo hacerlo. Para él es más fácil buscar algún país más pequeño. No le importará si ese país es miembro de la OTAN o no. Quiere una victoria rápida. Estar 100% seguro de que ganará, ocupará o destruirá todas las autoridades. Y puede ser cualquier país”, continuó el presidente ucraniano sin que el periodista de la CNN preguntara por la evidente contradicción que supone que Rusia sea, a la vez, un país que no puede luchar y un peligro existencial para una alianza militar con muchos más recursos. El año pasado, la suma del gasto militar de Alemania y el Reino Unido en paz superaron el de Rusia en guerra. Quienes insisten en la amenaza existencial que Rusia supone para la UE y la OTAN no suelen explicar cómo un país va a luchar voluntariamente contra todo un bloque. Tampoco Zelensky tiene que explicar las fisuras del discurso ucraniano, que no solo se refieren a Rusia, sino también a sus propios aliados.

Nuevamente, el centro de la entrevista concedida a CNN ha sido la exigencia de munición para la defensa aérea. La obsesión de Ucrania no es paliar las dificultades que actualmente está suponiendo para Ucrania la respuesta rusa a la escalada ucraniana, sino evitar una catástrofe futura si Kiev llega en las actuales condiciones al invierno. Como indican incluso las cifras de la inteligencia ucraniana, la producción de misiles rusos supera la de misiles para la defensa aérea en Occidente. A ello hay que añadir que la guerra de Estados Unidos contra Irán ha supuesto un notable descenso de esa munición en los arsenales de los países que potencialmente podrían colaborar con Ucrania en el envío de esas armas.

“El ejército estadounidense ha agotado casi el 80% de sus misiles interceptores destinados a un sistema clave de defensa antimisiles, mientras que altos mandos militares estadounidenses advierten de que las reservas de munición del Pentágono se encuentran en un nivel «peligrosamente bajo», según varias fuentes familiarizadas con el asunto”, escribía el 4 de agosto la CNN, una afirmación negada por Donald Trump, que sigue insistiendo en que Estados Unidos tiene enormes cantidades de munición, algo tan cuestionable como la afirmación de que las tropas estadounidenses controlan completamente el estrecho de Ormuz. Incluso el Pentágono admite la atrición que ha supuesto la guerra en Oriente Medio. Y nadie, ni siquiera Donald Trump, niega que la capacidad de producción del complejo militar industrial estadounidense en lo que respecta a los misiles PAC-3 es limitada e inferior a la capacidad rusa de producir misiles y drones.

A estas alturas, solo Zelensky parece creer en la capacidad ilimitada de Estados Unidos para proveer a Kiev de las armas que necesita para destruir Rusia. “Este año tenemos dos veces y media menos interceptores que en 2025, afirmó a CNN para añadir que “Rusia lanza el doble de misiles balísticos al mes que antes”. El presidente ucraniano olvida decir que ocurre desde que Ucrania anunció una operación de 40 días con la que obligar a Moscú a negociar su derrota. “Cada noche hay ataques, y cuatro o cinco veces al mes sufrimos ataques masivos… noches terribles. Es gente realmente heroica y muy resistente. Pero está cansada”, añadió para proponer la solución a todos los problemas. “Si Estados Unidos nos vende el 5%, podremos pasar el invierno y salvar vidas. Si nos venden el 10%, destruiremos todos los misiles balísticos rusos. Yo tengo el 1%”, afirmó Zelensky en referencia a las reservas de munición para los sistemas Patriot. Tras la guerra contra Irán, en la que Estados Unidos gastó una parte de sus reservas, se calcula que la cifra de misiles PAC-3 para la defensa aérea ronda los 800 misiles. El 5% con el que Ucrania afirma que será capaz de solventar el invierno rondaría los 40 y el 10% con el que promete destruir todos los misiles balísticos rusos, sobre 80. Nadie pregunta a Zelensky con qué dinero -evidentemente se trata de la asistencia financiera de la Unión Europea, encargada de adquirir las armas para Ucrania- pretende adquirir esa munición o, sobre todo, por qué exige, solo para el invierno, un paquete de 300 misiles PAC-3 para los sistemas Patriot.

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