El curso político europeo ha comenzado con fuerza y, desde su primera semana, Bruselas ha querido remarcar cuáles son sus prioridades, entre las que destaca sobre el resto su principal proyecto geopolítico: la guerra de Ucrania y la lucha común contra la Federación Rusa. El endurecimiento de la postura contra Moscú es ideal para el momento actual, cuando la UE prefiere pasar página rápidamente y ocultar el reciente rechazo de Islandia a reanudar las conversaciones de adhesión al bloque. El voto negativo de la población islandesa a volver a abrir conversaciones en vistas a una futura entrada en la Unión Europea ha sido un golpe inesperado para Bruselas, que contaba con que las amenazas de Donald Trump sobre Groenlandia hicieran más apetecible la adhesión de un país rico, no de países en necesidad inmensa de fondos, como ocurre en el caso de Ucrania, mucho más deseosa de ser parte de un grupo de países con gran poder adquisitivo y capacidad para ofrecer subvenciones.
La adhesión rápida a la UE sigue siendo el principal plan de financiación de Ucrania, cuyo presupuesto padece una perpetua escasez de fondos. “Las decisiones necesarias para asegurar 30 mil millones de dólares para Ucrania deben ser aprobadas por votación”, afirmó ayer Volodymyr Zelensky, reprochando a la Rada no haber aprobado las leyes de desregulación exigidas por el FMI y otras instituciones internacionales para desbloquear la entrega de los siguientes tramos de los créditos que, sumados a la contribución a fondo perdido realizada por la UE, sostienen al Estado y al ejército ucraniano y dan una falsa imagen de que el país cuenta aún con una economía propia. “En cuanto a la otra parte del déficit presupuestario –los 27.000 millones de dólares adicionales necesarios para el Ministerio de Defensa–, estamos hablando con nuestros socios a todos los niveles. Pero para obtener financiamiento adicional, necesitamos hacer lo que Ucrania ya se ha comprometido a hacer”, añadió el presidente ucraniano.
En su búsqueda de esa financiación, el nuevo ministro de Defensa lo tiene claro. “La primera medida consiste en adelantar parte del préstamo europeo previsto actualmente para el próximo año”, afirmó Jmara, que añadió una segunda posibilidad, “colaborar con países que aún no se han sumado a este marco de financiación o que podrían aumentar sus contribuciones. El Ministerio ha identificado socios con los que se debería mantener una comunicación específica con el fin de atraer financiación adicional para necesidades concretas en materia de defensa”. Ucrania ofrece a todos los países la posibilidad, quizá el privilegio, de contribuir al esfuerzo militar ucraniano. Sin embargo, las grandes cantidades que Kiev demanda hacen que la única opción viable, el único actor dispuesto a desembolsar tales cantidades, sea la Unión Europea.
Kiev exige el adelanto de parte del crédito de 90.000 millones concedido esta primavera y espera recibir fondos previstos para el año que viene. Las necesidades militares aumentan y en paralelo lo hacen las exigencias de Zelensky a Bruselas, que acostumbra a reaccionar favorablemente en lo que respecta a peticiones para la financiación de la guerra. “La UE está sopesando una solicitud ucraniana de varios miles de millones de euros para adquirir misiles interceptores PAC-3 Patriot, mientras Rusia intensifica sus ataques aéreos. Bruselas espera aprobar la financiación ya la próxima semana, y también se están manteniendo conversaciones sobre una posible contribución de la OTAN”, escribía ayer Euronews. En la Unión Europea a la que regresa el espectro de la austeridad y cuando países como Alemania defienden la necesidad de reducción del gasto en los presupuestos, siempre hay capacidad para aumentar la inversión militar, especialmente si se trata de exigencias de Donald Trump o de adquisiciones de armas para garantizar que Ucrania pueda continuar luchando con garantías.
La nueva petición de Ucrania se produce en el contexto de grandes bajas y aumento de las dificultades de Kiev para responder a los ataques rusos, respuesta a la intensificación ucraniana de la guerra aérea, que iba a derrotar a Rusia y ha dado como resultado unas dificultades añadidas que Ucrania no quiso prever y que ahora trata de paliar. “Debemos ayudar a Ucrania a sobrevivir hoy. No podemos repetir esos errores. Múnich no debe volver a repetirse. Esta política espantosa, impotente e inerte de ceder ante el mal no debe repetirse. Si hoy decimos: «Solo es Ucrania», dentro de unos meses, un año o dos, alguien dirá: «Otra vez, solo es Polonia»”, afirmó ayer el primer ministro polaco Donald Tusk, que recuperaba uno de los símiles menos ilustrativos pero más repetidos de esta guerra, que Varsovia menciona siempre sin recordar que su país fue uno de los que se aprovechó de aquel pacto para aumentar su territorio.
“Que las palabras de Westerplatte lleguen a todas las capitales europeas, a Washington, a Ottawa y a Tokio. Todas las naciones y todos los líderes del mundo libre comprenderán que, ante el mal, no se puede dejar a nadie solo. Sé que hay demasiadas palabras y muy pocas acciones”, añadió en su discurso, perfectamente adecuado a las necesidades del momento. Necesitada de argumentos para justificar un nuevo aumento del gasto que supone la guerra, la UE ha sacado la artillería pesada para apuntar directamente contra Rusia tanto por sus actos en Ucrania como por la guerra híbrida que supuestamente está llevando a cabo en el continente.
“Un momento crítico para Europa: Alemania ha culpado ahora de manera definitiva a Rusia por un ataque con drones que podría haber sido mortal a escala terrorista. ¿Qué sigue? ¿Pedirá la Casa Blanca que rinda cuentas a Putin? ¿Cuáles serán las consecuencias, si las hay? Novedad: Alemania ha acusado a Rusia de estar involucrada en el ataque con drones frustrado que tenía como objetivo un ajetreado aeropuerto en Leipzig el mes pasado, dijo el martes el ministro del Interior del país. Estados Unidos había evaluado previamente que un dron cargado de explosivos descubierto en el aeropuerto del este de Alemania pertenecía a un servicio de inteligencia ruso, según informó a CNN un funcionario de defensa estadounidense en Europa”, escribió Jim Sciutto, uno de los periodistas estrella de CNN, que en 2022 publicó un libro en el que detallaba las intenciones rusas de utilizar armas nucleares contra Ucrania aquel otoño. Sciutto es el ejemplo paradigmático del periodista que se confirma con la palabra de los gobiernos o servicios de inteligencia de países afines para presentar como hechos que no requieren de más verificación cualquier acusación contra un enemigo.
Pese a que no se han presentado evidencias que prueben que Rusia trató de atentar con un dron contra una aeronave que portaba armas para Ucrania -los explosivos ni siquiera explotaron y las autoridades alemanas consiguieron hacerlo aterrizar sin que se produjeran daños-, la sincronización mediática y política es total: Rusia es culpable, ha de pagar por su actuación y los hechos son una evidencia de guerra híbrida que se suma a toda una serie de incidentes en los que tampoco se ha podido probar en ningún momento la participación rusa.
“Esta mañana hablé con el canciller Merz para discutir el ataque híbrido en el aeropuerto de Leipzig. Le aseguré que la UE se encuentra en plena solidaridad con Alemania ante este ataque de Rusia. Mantendremos a la UE unida a pesar de estos actos escalados y graves. El gobierno alemán ha tomado medidas enérgicas. Y el mensaje es claro: los ataques híbridos no quedarán sin una respuesta clara. Estamos unidos en nuestra determinación de resistir la agresión rusa. Disuadiremos a cualquiera que busque socavar nuestra libertad y seguridad. Rusia busca sembrar desconfianza y miedo en nuestras sociedades. Pero fracasará. Y estaremos junto a Ucrania todo el tiempo que sea necesario”, escribió von der Leyen, iniciando una oleada de mensajes similares por parte de las jefaturas de Estado y de Gobierno de los países de la UE, el Reino Unido y Canadá. “Los ataques de Leipzig tienen todas las características del terrorismo patrocinado por el Estado “, afirmó Kaja Kallas, con la habitual sonrisa con la que se refiere a la guerra. “El ataque híbrido ruso contra el aeropuerto de Leipzig de agosto es inaceptable y España apoya a Alemania de manera rotunda. No nos dejaremos disuadir por amenazas híbridas, nuestro compromiso con Ucrania es inquebrantable”, escribió Pedro Sánchez, que también había calificado de ataque híbrido la llegada de miles de personas migrantes a Ceuta el 31 de julio de este año. Como aquel episodio, el supuesto intento de ataque en Leipzig se produjo en medio de las vacaciones del establishment político, que solo un mes después ha comprendido que era algo grave que exige de medidas urgentes.
“La OTAN seguirá reforzando nuestra capacidad para disuadir y defender a todos los aliados frente a cualquier amenaza, incluidas acciones maliciosas como las observadas en Leipzig y en otros lugares de la Alianza. Los intentos de Rusia de intimidarnos, de socavar nuestra unidad y nuestra voluntad de apoyar a Ucrania son inútiles y fracasarán. Nuestro apoyo a Ucrania es inquebrantable, al igual que nuestro compromiso inquebrantable con la defensa colectiva de la OTAN”, afirmó Mark Rutte, secretario general de la OTAN, en una de cuyas cuentas se resumían los episodios de guerra híbrida de los que, sin mayor evidencia que las sospechas, se ha acusado a Rusia.
“¿Qué está pasando?”, se preguntaba una de las cuentas oficiales de la Alianza, que, citando episodios de “incidentes sospechosos” en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Alemania y Eslovaquia resaltaba su valor. “Son solo algunos ejemplos. Diferentes países. Diferentes objetivos. Una cosa tienen en común: atacar la infraestructura crítica y violar los espacios aéreos y aguas nacionales desde las sombras es cobarde. ¿Coincidencias? Europa necesita estar preparada. Y por eso la OTAN 3.0 importa más que nunca”.
Los mensajes que se han producido en las últimas horas -con un perfil extrañamente bajo de Ucrania, que acostumbra a elevar fuertemente la voz en cada ocasión que puede culpar a Moscú y obtener rédito político y militar- suponen el inicio de una nueva táctica política y mediática de utilización del concepto de conflicto híbrido, lucha en las zonas grises, para crear un ambiente en el que alegar que Rusia ya está en guerra contra la Unión Europea y la OTAN. Todo ello para justificar futuros aumentos del gasto militar y para rechazar toda apertura a la diplomacia que no se produzca en las condiciones de capitulación que siempre ha exigido ingenuamente Bruselas. Este endurecimiento político no se produce cuando se produce el incidente, sino cuando queda claro que el director de la CIA acudió a Moscú con la intención de sentar las bases -en este caso por la vía de la amenaza- para la reanudación de una negociación que se hace más difícil cuando los países europeos elevan la retórica para acusar a Moscú de actos de guerra en su territorio.
Esta nueva retórica europea coincide también con las últimas semanas antes de que comience el primer juicio contra uno de los acusados por el acto más claro de guerra híbrida que se ha producido estos años, el atentado contra el Nord Stream, un acto que, sin duda, sería resaltado como una grave acción de guerra contra Alemania y la Unión Europea en caso de haber podido culpar a Rusia. Sin embargo, las pruebas que con demasiada claridad apuntan a Kiev, no a Moscú, han obligado al establishment político europeo a un silencio cómplice que deja claro que ha de considerarse más grave una explosión que no se produjo que el estallido de tres de las cuatro tuberías copropiedad de un enemigo, Rusia, y un aliado, Alemania, preocupada por lo ocurrido en Leipzig, pero en silencio en lo que respeca a lo ocurrido en el mar Báltico.
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