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Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Preparando el invierno

Faltan aún cuatro meses para su llegada y entre cinco o seis para el momento más crítico, pero el invierno ya es una de las principales preocupaciones de Ucrania. La experiencia de hace unos meses, cuando las temperaturas se desplomaron por debajo de cero en las propias viviendas de la población, es un argumento de peso para prepararse para lo que puede ser una temporada aún más dura. La llegada de la primavera palió ligeramente el sufrimiento de la población ucraniana, que dejó de depender de la calefacción o de acudir a los puntos de calor instalados en las grandes ciudades, pero no solucionó el problema. La arrogancia con la que las autoridades ucranianas se refieren a la fortaleza de su país y se mofan de la debilidad rusa es una herramienta para ocultar las carencias propias de un Estado que depende de las subvenciones extranjeras para mantenerse a flote, pagar salarios y pensiones y seguir armando y equipando a su ejército, la parte prioritaria de la sociedad.

Y si en 2024 la Unión Europea intervino a bombo y platillo con su campaña de “generadores de esperanza”, un calificativo propagandístico para una acción que era poco más que relaciones públicas, la situación social del pasado verano requería de unas reparaciones prácticamente imposibles en guerra y que, en cualquier caso, pueden ser rápidamente revertidas por los drones o misiles rusos. Pocos meses antes de presentar sus interceptores de producción propia como la salvación contra los drones iraníes Shahed, Ucrania había comprobado su inoperancia ante las versiones modificadas y modernizadas que desde hace varios años se producen en Rusia.

La situación puede complicarse aún más este año ante la certeza de que Rusia ha comprendido la importancia de la guerra aérea, ha aumentado la producción de drones y misiles balísticos y comienza a utilizar versiones intermedias para causar más efecto con munición de coste reducido que es más potente que los drones, pero hace inviable el uso de los sistemas Patriot. Es el caso de los misiles Banderol, más veloces que los Shahed, pero mucho más asequibles de producir que un misil balístico (150.000-300.000 dólares según algunas fuentes occidentales, mucho menos según las fuentes rusas). Utilizar misiles PAC-3 de cuatro millones de dólares cada uno contra ese tipo de arma haría la guerra absolutamente insostenible para Kiev. Este tipo de arma está siendo utilizada ampliamente en los ataques contra Odessa, centrados en las infraestructuras portuarias, castigo por la campaña iniciada por Ucrania contra barcos que navegan a los puertos rusos del mar Negro y los ataques incluso en el Caspio o el Mediterráneo.

La lección que está aprendiendo Ucrania es que el próximo invierno será aún más difícil para su población, que no va a calentar sus viviendas a base de propaganda triunfalista sobre los ataques contra los almacenes logísticos de Wildberries en Rusia. Mostrar un trabajo previo de meses es la única vía con la que Zelensky y su equipo pueden evitar que la población culpe al Gobierno de no haber impedido una catástrofe humanitaria entre cuyas consecuencias está una aún mayor pérdida de población, un problema que Ucrania no puede permitirse empeorar.

“La campaña de Rusia el invierno pasado alcanzó su punto máximo en enero y febrero, los meses más fríos del año. El pico del clima frío dura unos cuatro meses y Ucrania logró superarlo heroicamente con esfuerzo. Este año va a ser peor porque Rusia tiene más misiles balísticos –y fíjense que Zelensky está usando la expresión «misil balístico» cada vez con más frecuencia– y Ucrania se ha quedado sin interceptores. Además, solo le queda 14 GW de capacidad de generación, cuando antes de la guerra eran unos 60. Rusia busca el golpe de gracia este invierno y la situación en Donbass también se está deteriorando. La escasez de personal y el programa de reclutamiento están avivando las tensiones internas en Ucrania hasta el punto de que ahora llevamos dos semanas de manifestaciones continuas en el corazón de Kiev. En mi humilde opinión, el tiempo se está agotando”, escribió ayer el periodista Ben Aris, con décadas de experiencia en la zona, que precisa que tampoco la situación de Rusia es buena, aunque Moscú cuenta con una cantidad de recursos que puede marcar la diferencia.

“El objetivo de Rusia ahora es destruir nuestros sistemas de suministro de agua. El invierno pasado se centraron en la electricidad y la calefacción, pero durante los cortes de luz se podía sobrevivir si se disponía de gas y agua. Sin agua ni alcantarillado, es difícil sobrevivir más de tres días”, afirmó el lunes Denis Shmygal, exprimer ministro y ahora ministro de Energía de Ucrania, para quien preparar el invierno no significa reparar daños, sino dar por hecho un escenario apocalíptico sin aportar grandes soluciones.

“Putin quiere acabar con nuestro sistema energético y paralizar nuestra economía y nuestra producción de armamento”, añadió Shmygal, describiendo también la estrategia que Ucrania está utilizando y aspira a endurecer contra Rusia. “También espera que, en invierno, nuestra sociedad se derrumbe por el agotamiento y presione a los dirigentes para que firmen la rendición”, insistió, volviendo a proyectar sobre Rusia una estrategia que es compartida y en la que Ucrania tiene todas las de perder. La escalada aérea actual ha evitado por el momento la desestabilización interna y ha recibido como respuesta un contraataque en forma de bombardeos, que ha minado tanto las defensas aéreas ucranianas que ahora la aviación rusa puede acercarse al frente de Donbass como no lograba hacer en el pasado.

“Él sangrará”, afirmó Shmygal en referencia a Putin, “pero nos arrastrará al invierno”. “Este es el escenario pesimista, pero mi optimismo es que sobreviviremos a este invierno, estamos preparados para ello”, añadió. Sin embargo, a juzgar por las exigencias, ni Ucrania está preparada ni aspira a hacerlo sin ayuda de sus aliados occidentales. “Unos 40 países y organizaciones han donado 2.100 millones de euros al Fondo de Apoyo Energético a Ucrania, creado y gestionado por la Secretaría de la Comunidad Europea de la Energía. Kiev envía listas de necesidades prioritarias a los gestores del fondo para que adquieran y entreguen los equipos. El fondo firmó 367 contratos de compra el año pasado y destinó 447 millones de euros a ayudas energéticas. Tres cuartas partes de “Ucrania está construyendo cubiertas protectoras para las instalaciones de almacenamiento de electricidad, agua y gas con el fin de protegerlas de los ataques rusos. Además, está distribuyendo calderas modulares y generadores eléctricos, que son más pequeños y están más dispersos que las centrales eléctricas convencionales, lo que dificulta que Rusia pueda inutilizarlos”, explicaba Politico para describir una preparación ucraniana que no parece excesivamente sólida.

la financiación se destinaron a la generación, distribución y transporte de electricidad”, explica Politico para describir la aportación de los socios de Ucrania a paliar los efectos del pasado invierno. “El equipamiento está siendo destruido y necesitamos una reserva para el invierno”, preció Shmygal para añadir que Ucrania precisa de 500 millones de euros adicionales antes de que llegue el invierno. Al final, todo se reduce a lograr más financiación de los aliados occidentales, que hace unos meses otorgaron a Ucrania un crédito por valor de 90.000 millones de euros que no solo debían destinarse al aspecto puramente militar. Nada es suficiente, así que, según explica Politico, Kiev exige también “400 millones de euros para ayudar al a compañía nacional de gas, Naftogaz, a recuperarse de los ataques rusos”. Exprimida hasta la saciedad la Unión Europea, en este caso, Ucrania busca ayuda de Canadá.

Preocupada por el invierno, Ucrania ha optado por una estrategia que incluye una escalada aérea con la que intentar acortar la guerra obligando a Rusia a ceder, un paso peligroso que se arriesga a provocar ataques todavía más duros. Para paliar esos efectos, Kiev insiste en sus mantras habituales: más misiles para la defensa áerea, idea que choca con la escasez existente en los arsenales estadounidenses a causa de la guerra contra Irán, y aún más dinero para financiar reparaciones que posiblemente no duren mucho tiempo.

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