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De la diplomacia a las armas

Cuatro días después de la visita de Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú y Kiev, las partes implicadas directa e indirectamente en la guerra y en la diplomacia continúan tratando de utilizar el viaje para sus intereses y colocar en los medios propios y ajenos su versión de los hechos y de su significado. En realidad, el baile de declaraciones comenzó en Kiev y que se desarrolló en un contexto notablemente alejado de la realidad. “El presidente Trump viene del mundo empresarial, en el que en el mundo empresarial piensas en las cosas en el contexto de win-win. Sabes, ¿cómo creas oportunidades para que ambas partes hagan lo que les interesa? La guerra es de suma negativa. Sabes, todo el mundo pierde con la guerra. En cambio, sabes, los negocios y la paz son de suma positiva y, con suerte, puedes encontrar grandes beneficios de eso de una manera importante”, afirmó Jared Kushner, orgulloso de su descubrimiento. Solo hace falta convencer a Moscú y Kiev de que se centren en lo mucho que pueden ganar con la paz para que esta guerra se detenga mágicamente y las oligarquías de ambos países y, sobre todo, la estadounidense, comiencen a ganar dinero.

La rivalidad no se limita al ámbito militar, sino que Rusia y Ucrania aspiran a superar al otro país en todo lo que se ponga por delante. En esa labor, es esencial saber presentarse como la parte vencedora en cada ocasión, también en lo que respecta a la diplomacia. Mantener el control de las negociaciones y dar a la población una sensación de contar con una táctica seria y la posibilidad de imponer su visión de la guerra y de la resolución. En Moscú, Rusia anunció el martes una conversación telefónica Putin-Trump en la que, según Yuri Ushakov, el presidente ruso dio a su homólogo estadounidense un informe detallado y “objetivo” de la situación en el frente, el intento ruso de presentar una imagen de control de la situación militar. A la hora de mostrar músculo diplomático, esa conversación entre presidentes es la principal baza de Rusia, que ha querido mostrar que el fin de semana de diplomacia comenzó en Moscú, siguió en Kiev y terminó con otra comunicación Rusia-Estados Unidos. Finalmente, ayer por la noche, las palabras de Trump consolidaron la imagen que Rusia quiere dar, presentando a Ucrania como el obstáculo para la paz. «Tuvimos una gran conversación con Putin. Él quiere llegar a un acuerdo. Si Zelensky quiere llegar a un acuerdo, eso será muy bueno», afirmó el presidente de Estados Unidos, sugiriendo que es Zelensky quien impide el acuerdo rápido que Trump ingenuamente aún cree que es posible.

Las palabras de Ushakov, que estos días ha insistido en que los objetivos rusos se encuentran al alcance de la mano, indican esa voluntad de mostrar confianza en la capacidad rusa de conseguir por la vía militar aquello que le exige a Ucrania en la mesa de negociación: la retirada de Donbass. Pese al aumento del coste de la guerra en la retaguardia y a la certeza de que la prolongación de la guerra es un lastre para la economía, Rusia insiste en que es capaz de seguir luchando hasta cumplir su misión, algo que trata de presentar como inevitable. Los avances desde el sur del frente de Donetsk son un indicio en esa dirección, aunque los retrocesos en la zona de Liman recuerdan que ningún progreso es sencillo en la zona más fortificada del frente más importante de esta guerra.

El objetivo de Ucrania estos días ha sido doble. Por una parte, Kiev trata de mantener viva la idea de que se ha dado un vuelco a la guerra y eso se percibe también en la diplomacia. Zelensky trató de hacerlo a base de una comparecencia pública en la que la población ucraniana le viera junto a los dos representantes de Trump, un gesto que Ucrania ha presentado como una forma de acercamiento de la Casa Blanca a Kiev. Convertido todo lo relacionado con la guerra en un juego de suma cero, cualquier acercamiento a Ucrania ha de ser fruto de un alejamiento de Rusia. Zelensky, que destacó importantes avances en el formato trilateral, que previsiblemente se limitan simplemente a la selección de varios países en los que pueden celebrarse negociaciones en el futuro, resaltó la primera visita de Witkoff y Kushner a Kiev como el reflejo de “una posición negociadora más fuerte” por parte de Ucrania. En realidad, no hay nada rompedor en la visita de Kushner y Witkoff, que solo puede presentarse como un cambio de postura de la Casa Blanca manipulando la realidad. El principal motivo por el que la visita de este fin de semana a Kiev ha sido la primera de Witkoff y Kushner es que, hasta hace unos meses, era Keith Kellogg el que visitaba la capital ucraniana, siempre para dar la razón a Zelensky y prometer trasmitir al presidente de Estados Unidos buenas palabras sobre Ucrania. El intento del presidente ucraniano de presentar como un cambio de parecer en Washington es un placebo para su población, que actualmente está padeciendo los efectos de la respuesta rusa a la escalada aérea ucraniana y que teme un invierno aún más duro que el de hace un año.

El segundo objetivo de Ucrania está lejos de ser diplomático. Como es habitual, tras la reunión con los enviados de Estados Unidos, el presidente ucraniano dio una versión de los hechos muy diferente a la de Steve Witkoff, que destacó avances significativos y se mostró optimista. Zelensky mantuvo también esa postura mientras los enviados estadounidenses se encontraban en el país, para dar un giro hacia la cuestión militar poco después. Según Zelensky, la reunión celebrada con Witkoff, Kushner y la presencia de los asesores de seguridad nacional de Alemania, Francia y el Reino Unido tuvo un fuerte componente militar en el que Kiev negoció con sus aliados sus necesidades de armamento. Ucrania ha apostado por el ataque como única salida posible en busca de una posición de fuerza en una futura negociación y ahora está sufriendo las consecuencias de esa decisión en forma de bombardeos rusos que no puede detener sin la inestimable ayuda de sus aliados. Ucrania necesita más financiación y más munición para paliar una situación creada por sus propias decisiones, tomadas conscientemente, y que siempre ha querido resolver apelando a la obligación moral que opina que cada país tiene de aportar todo aquello que Kiev exija. Ayer, Zelensky lamentaba lo que considera una “respuesta insuficiente” a los últimos ataques rusos e insistió en que “hay que detener esta agresión aquí y ahora, antes de que se extienda aún más”. El comentario es otro argumento más para exigir a los países europeos y a Estados Unidos más munición para la defensa aérea. En realidad, para ese momento, los aliados europeos de Ucrania ya habían anunciado el envío de munición para los sistemas Patriot.

“Nuevas contribuciones: defensa aérea, drones, obuses. 🇩🇪 Alemania: misiles interceptores para sistemas Patriot y para F-16, además de compras de drones. Reino Unido: cien millones de libras para armas estadounidenses vía PURL, 95.000 drones adicionales para fin de año, y decenas de miles de obuses de artillería de largo alcance financiados por otros países. Países Bajos: 300 millones de dólares para el proyecto Drone Line y 300 misiles antirdron.  Estonia: apoyo en 2027 de no menos del 0,25% del PIB. Noruega: el paquete de 200 millones de dólares previamente anunciado para misiles Patriot. España: dos millones de euros para combustible vía la Agencia de Apoyo y Adquisiciones de la OTAN, además de misiles de defensa aérea y municiones de artillería. Lituania: diez millones a PURL. Polonia: un nuevo paquete de 50 millones de euros que incluye defensa aérea. Suecia: un paquete de 28 millones de euros, incluyendo 14 millones a PURL”, informó ayer la cuenta oficial de la defensa de Ucrania. Esta guerra nunca ha corrido el riesgo de quedarse sin armas ni financiación, pero tampoco de quejas de Kiev. El martes, la misma cuenta se congratulaba por su éxito dirigiéndose a la UE. “Gracias, Unión Europea! Los Estados miembros acordaron la excepción para que Ucrania pueda adquirir productos cruciales para los sistemas de defensa aérea Patriot. El próximo desembolso de 3.200 millones de euros nos permitirá proteger mejor a nuestra gente y a la infraestructura crítica del terror de misiles rusos, incluidos los ataques balísticos. De cara al período de otoño e invierno, esta decisión es crucial”, escribía. Ayer, los medios ucranianos destacaban que los aliados europeos se han comprometido a adquirir para Ucrania mil misiles para los sistemas Patriot (posiblemente una mezcla de los deseados, pero escasos PAC-3 y PAC-2, más fáciles de encontrar en el mercado porque no están siendo tan intensamente utilizados en guerras como la de Oriente Medio). Pero, en la costumbre de considerar insuficiente toda aportación de sus socios, Ucrania no perdió el tiempo para exigir todavía más. Esa munición adquirida con la financiación europea no es suficiente y Kiev demanda a los aliados la entrega de 300 misiles más de sus arsenales. En realidad, la petición de Kiev responde a una realidad objetiva: la dificultad de producción de estos misiles requiere tiempo y, una vez producidos, la prioridad será siempre el suministro a los aliados -Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, etc.- y no a proxis como Ucrania.

Pese a las buenas caras que se produjeron durante las reuniones con Witkoff y Kushner, nadie en estos momentos cree en la diplomacia como vía de resolución de esta guerra. Ayer, Yuri Ushakov insistió en que no hay ningún documento en firme, ninguna propuesta de Estados Unidos sobre la que negociar. Con ello, el asesor de política exterior del presidente ruso negaba la versión de nueva hoja de ruta publicada por varios medios ucranianos citando fuentes rusas. Se trataría de un documento basado en el plan de 28 puntos rechazado por Ucrania y sus aliados europeos, en el que, en términos territoriales, cambiaría únicamente que el documento que esta semana se ha denunciado en la prensa ucraniana introduciría tropas de Naciones Unidas en una zona buffer para separar a los dos ejércitos.

Sin ninguna posibilidad de reducir la distancia entre las exigencias de Kiev y Moscú, la continuación de la opción militar es inevitable. “Los aliados de Kiev ven la guerra prolongándose hasta 2027 tras la reunión de Putin con enviados estadounidenses. Funcionarios europeos y estadounidenses se resignan a que la guerra de Rusia en Ucrania continúe el próximo año, reconociendo que la última iniciativa estadounidense de paz no avanzó con el presidente ruso Vladimir Putin”, escribía ayer Bloomberg, que solo se equivoca en la palabra resignación, al menos en lo que respecta a los países europeos, para quienes la guerra no es la peor opción, sino la forma con la que evitar temporalmente que Ucrania tenga que realizar concesiones políticas y territoriales que no están dispuestos a permitir.

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